jueves, 9 de julio de 2020

PARÍS Y AUGUSTE RODIN

Vista del Museo Rodín desde el norte

Después de haber subido a la Torre Eiffel nos sentamos en el césped del Campo de Marte. Todo es grande en París. Por un lado y debajo de la Torre veíamos el Palacio de Chaillot, desde su terraza, la vista de la Torre es impresionante. Esa terraza que hemos visto en las películas al nazi de Hitler mirar la conquista de París. Pues como decía echados en el césped del Campo de Marte se nos acerca un Sr. y nos dice -Si vous plait ¿son de Córdoba? Nos miramos asombrados y le dijimos al ciudadano que preguntó: -¡Siii! Leche, que alegría y ¿cómo lo sabe usted? ¿En que se nos nota? -Bueno –contestó- el acento es inconfundible, y la verdad es que yo voy todos los años a La Carlota, y son muchos ya.

La escuela militar

Los Inválidos

-Pues no sabe la alegría que nos ha dado señor, muchas gracias. –Que disfruten me tengo que marchar me llaman del autobús, mucho gusto. –Muchas gracias, adios. Y se marchó el buen señor. Nosotros nos levantamos al poco rato y enfilamos el Campo de Marte hacia la Escuela Militar con la estatua ecuestre del Mariscal Joseph Joffre. Son inmensos los edificios, increíblemente inmensos. Y esta zona que es de grandes espacios abiertos lucen más. Giramos a la izquierda por la Avenida de Tourville y la dorada cúpula de los Inválidos brilló con el sol del atardecer. Ahora el Boulevard de los Inválidos buscando la salida al Sena.

Detalle de la Puerta del Infierno

La puerta del Infierno

A la derecha la Rue de Varenne y el Museo Rodin, había que verlo, era por la tarde y nadie nos dijo nada al entrar, hace muchos años, lo menos un cuarto de siglo. Entramos sin pagar nada, olímpicamente,  en el patio, a la izquierda, estaba la maravillosa Puerta del Infierno, nos ensimismamos en ella y delante del edificio central a la izquierda también, los Tres Hombres y a la derecha el Pensador con su preocupación manifiesta. No se podía pasar al edificio central, estaba pendiente el cierre, le dimos la vuelta y un hermoso jardín se nos presentaba hacia el sur, nos paramos y cuando acordamos habían cerrado, vamos las puertas estaban ya cerradas: -¡¡Ne pas fermer, ne pas fermer, si vous plait ¡¡"y nos la tuvo que abrir el personal. Nos dijo lo que fuera en un chaval joven empleado del museo.

Los tres hombres

 El pensador

Nosotros pensamos lo del dicho: “Arte diabólico es, pues para hablar el gabacho un Fidalgo en Portugal, llega a viejo y lo habla mal, y aquí lo habla un muchacho”. No sería muy agradable lo que nos dijo, pero pudimos salir, menos mal sin problemas. Luego un barrio de embajadas de todo el mundo. Seguimos la larguísima Rue de Bourgogne, hoteles de lujo y famosos comercios conocidos, nos llevó a la Plaza del Palacio del Borbón (hasta aquí pensamos, claro son oriundos, luego al final se hacen de Bermudas), espaldas de la Asamblea Nacional. Ahora el Sena majestuoso, un ejemplo de río integrado en la ciudad. Vuelta a mirar el frontal neoclásico de la Asamblea Nacional, desde el puente de la Concordia.

La Asamblea Nacional

 La plaza de la Concordia

Ahora no había problema, estábamos delante del obelisco que se trajeron de Egipto. Jardín de las Tullerías a la derecha y Avenida de los Campos Elíseos a la izquierda, con el arco del Triunfo que enmarcaba el lejano de la Defense. Nosotros íbamos a cenar esa noche a un restaurante coqueto de la Rue Rivoli. Pedíamos el Menú del Día, y cuando decían de beber siempre decíamos: -Eau de robinet (del grifo) o fraiche (fresca), porque si pedías algo de beber te cobraban más que el propio menú del día. Entonces pagábamos en francos, no existía el euro. Tenía un traductor electrónico que ponía la frase y me daba la traducción. Pero si había pegas, mímicas de jarra y giro de muñeca como de grifo.

El hotel

La torre de Montparnasse

La “grandeur française” es cierta, negarla es una verdadera tontería, París es una ciudad maravillosa, y su agua magnifica, la del “grifé”. Eso sí para entrar al servicio tienes que pasar por taquilla. Fue un momento complicado político de atentados, que en ocasiones parecía una ciudad tomada por el ejército y la policía. Pero no tuvimos ningún problema ni en el transporte ni andando por la calle de día y de noche. Pudo ser suerte desde luego. Luego había que volver al Hotel Montparnasse, frente al rascacielos negro con las Galerías Lafayette debajo y lo haríamos en el metro y andando. Los hoteles son peores que en España a igual número de estrellas, salvo que sea de super lujo, ahí no hay grandeur que valga. En el nuestro daban unas instrucciones para pasar al otro lado de la cama  y la ducha era un tubular. Por lo menos no nos quedamos a dormir dentro del Museo Rodin.

Fotografías de Google e Internet
Bibliografia del recuerdo personal.

miércoles, 8 de julio de 2020

DE COMO SIN QUERERLO RUEDAN COSAS ALREDEDOR DEL MUNDO DEL TORO

El premio de los "no titulados"

Plaza de toros de Écija -que le queda lo justo-, yo estaba en un perol en un pueblo de la campiña, Baena, y decidimos ir a ver una corrida a la sartén que ahora es Montoro. De Baena a Écija a ver una corrida de toros. Ni soy ni era aficionado y menos en esa plaza que te clavaba las rodillas el de arriba, además de marearte con los humos de los cigarros puros. Antes de la corrida un plumilla local, que no pasó de eso, se nos acercó -más a quien con el que yo estaba que a mí-, y sacó una conversación de su interés. Yo inocente pensando que estábamos hablando de lo divino y humano, le dije al plumilla –Qué por qué muchas veces mentían para sacar verdades. Para qué dije eso, aquello que no dejaba de ser una tontería, me puso en la lista de personas no gratas para ese individuo. Que malamente le sentó. 

El premio de "los titulados", como lo de Rodin pero en cacafú

Tenían algo de poder y comprobé al poco tiempo, como lo ejercían. Sacó el susodicho, una noticia que me afectaba con un titular falso y tendencioso, da igual el contenido, era falso. Al verlo di la orden que se suprimiera la suscripción a ese periódico si teníamos alguna en el ámbito de mi responsabilidad, creo recordar que el motivo era no pagar a un medio que miente. Aquello afectó y mucho. Ya era enemigo público. Ahora era la empresa, entraba en juego el jefe del plumilla el cual me puso como un trapo con calumnias, injurias y más mentiras, un par de números despues, pero se quedó sin suscripción, como el aquel torero que se quedó con la antena sin ajustar en su hermosa finca, porque no tenía dineros suficientes para pagar al técnico. Antes, algunos amigos del gremio, habían intentado hacerme llegar un mensaje de que debía de reconsiderar lo de las suscripciones, yo le dije que no pagaba un medio que mintiera. Y así se quedó. 

Boulevard de Saint Michel

Otros colegas de la oposición, de buena fe, me dijeron; -Paco por qué te enfrentas a esta gente. Se vive mejor teniéndolos contentos. Yo le contesté –Te agradezco el consejo pero yo no voy a vivir de esto, que es transitorio, me la suda esta gente, todos no desde luego, porque sería injusto. Que hizo mi “jefe”, almorzar con quien me había puesto como un trapo, desde su cuarto poder –a mí me la seguía sudando-, y negoció publicidad institucional y buen trato para sus aspiraciones, y de defenderme naranjas de la china, así de claro y de crudo. 

Esquina Rue de la Harpé con la Rue Saint Severin

Aquello pasó y me convertí en un maldito para una parte del gremio (bueno yo es que soy un "exagerao"), incluso me dieron un premio que era una mierda, si una mierda, porque eso parecía, era como el pensador de Rodin pero en mierda. Lo tomé con filosofía, no había mala intención, era un poco el muñeco de feria del momento. Luego está aquello que éstas personas escriben y, la mayoría de las veces, al otro día, lía pescado en la plaza, o se transfiere a los alrededores de un ano cualquiera y vuelve a su origen, lo que procede de ese origen desde luego. También hay verdaderos literatos que merece la pena leer, y comprometidos, pero al final todo va al mismo sitio señalado, es muy efímero.

Estado de abandono de la molesta plaza de Toros de Écija

Fui odiado por el jefecillo, aunque creo que es demasiada pretensión por mi parte, más bien despreciado, le dio coraje que un “mindundi” osara retarlo. Luego en un acto tuve la oportunidad de poner en un brete al jefe plumilla, que vivía del cuento revolucionario de un currículo personal, a saber. Le dije en público que yo no le guardaba rencor a nadie a pesar de los insultos recibidos y que mi mano estaba tendida si el susodicho quería estrecharla. Extendí la mano y se hicieron eternos los minutos hasta que subió el tal al escenario. Me dije, si no sube estaré toda la noche con la mano extendida, un poco como el que guiñó a la mujer del guardia civil, en un tren y se tiró todo el viaje guiñando, porque el bigotudo guardia lo vio, y le dijo que era un tic. 

Una cordobesa en París

Le empujaron a subir, luego me lo contaron unos amigos: -No quería subir pero le dijimos que era peor porque quedaría mal ante todos. Subió. Respire, porque vamos, lo que me esperaba con la mano extendida. Me estrechó la mano, bueno hizo como que me la estrechó, vamos que no hubo propósito de enmienda. No me miró y dijo al micrófono: -Mi medio no insulta, informa. Nada más que esa frase y se bajó. Y una mierda lo de que no insulta informa, eso está escrito, y no existió ninguna defensa de ninguno de mis compañeros, en absoluto. Alguna cosa en "petit comite" pero públicamente nada. Aquello era como Juan Palomo. Ya se sabe las puñaladas más dolorosas las de cerca.

La misma cordobesa delante de Notre Dame

Bajé el brazo y di por terminado el asunto. No volví a rehacer la suscripción. Y tampoco sé si a mis espaldas se rehízo ordenada por otras instancias. No me importaba aquello, lo importante estaba hecho, el pulso al “cuarto poder”, echado. Y a la mierda todo. Unos años después iba con Conchi por París un atardecer. Nos habíamos bajado del metro en la Garé de Saint Michel, pasado la Rue de la Harpe, esquina a Rue Saint Severin, entrando al Barrio Latino, no había gente por las calles. Y al dar la vuelta de la esquina, nos dimos de cara con un matrimonio con unos niños que conocí en el acto, era el que “no insultaba e informaba”. Me dio alegría, hice ademán de decirle hola buenas noches, pues ver un compatriota en París casi de noche y cruzarme con una familia española era algo especial, pero tiró del niño para un lado y me volvió la cabeza. ¿Eso fue un desagravio? no en absoluto, me demostró que me la guardaba, que le había hecho la puñeta, que era un rencoroso y que se merecía que me olvidará de ese individuo y de su estirpe. 

Y en las escalinatas del Sacre Coeur

Luego lo comenté con Conchi y dije, que pequeño es el mundo, París la ciudad de la Luz, entrada al Barrio Latino, buscando una música de acordeón al atardecer (que no oímos) y nos encontramos con esa situación. Sobrevenida desde luego por una observación a otro insignificante del reparto en una plaza de toros, incomoda e insalubre como es para mí, la de Écija y que le queda lo justo. La moraleja es que el mundo de la información es (ojo, siempre salvo honrosas excepciones que hay muchas) canallesco y sus personajes muchas veces insignificantes se creen que son poderosos, pero son unos sátrapas, su poder está basado no en el código deontológico, sino en prácticas poco recomendables (reitero que no todos por favor, que no se entienda un ataque a la profesión si no a aquellos miembros de la misma que hacen méritos para ello).

En la Torre Eiffel al fondo la torre de Montparnasse 

¿Qué saqué en limpio? que una serie de periodistas no titulados, que se ganaban la vida con la información también, me dieran un homenaje, como desagravio, se consideraran mis amigos y me regalaran una bicicleta, de época y pequeñita, por aquello de la lucha contra el automóvil, durante una comida que, se celebró en un -vaya tela-, restaurante taurino. Si yo era enemigo del poder titulado, era amigo entonces de los no titulados. Así es la vida, la mayoría de las veces. Los caminos del Señor son inescrutables. Todo empezó y terminó en las cercanías del arte de Cuchares.

Fotografías del autor, de Internet y de Google.
Nota: Los personajes y hechos retratados en esta historia son casi ficticios. Cualquier parecido con personas verdaderas, vivas o muertas, o con hechos reales pueden ser una coincidencia.

sábado, 4 de julio de 2020

SAN JERÓNIMO NORTE BUSCANDO ACCESO CÓMODO AL CAMINO DE LA FUENTE Y ALGO MÁS SOBRE EL AGUA ALLÍ.

Visita de Sir Alexander Fleming 1948

Es posible que sea un pesado, que cuando cojo un carril me pase como al tonto y me cueste soltarlo, y sobre todo cuando no hay mucho dónde mirar, por ello pido disculpas. Buscando la posibilidad de encontrar un acceso fácil que evite toparse con el ganado que casi siempre está pastando en los alrededores del cortafuegos que nos lleva a la puerta superior y Camino de la Fuente de los Frailes, he tratado de acceder por el norte, concretamente por el noroeste que es por donde se aproxima la cerca que circunda el Monasterio a la pista de bajada al mismo, aproxima es casi un subterfugio se une casi al camino. 


Recordatorio del camino de la Fuente

Aparte de la verticalidad del terreno, la tremenda espesura vegetal del mismo hace materialmente imposible circular por la cerca, la cual está en un estado mucho más deteriorado que el resto visible, esa parte no ha tenido mucho arreglo. Bajar no sería problema pues solo son dos o tres metros, pero en ese lugar no existe limpieza del terreno, los metros reglamentarios que procedan, junto a la cerca. Por lo menos en el tramo comprobado. Es la vertiente que soporta todo el peso vegetal por el norte. 

Una postal de Señán

Una vista de Paisajes aéreos Españoles

Por lo tanto el camino más idóneo es, o subiendo desde el torrente de la curva de la CO-3314 al cortafuego y luego el exagerado desnivel a la loma, o bajar desde el cortafuego por arriba zona de los panales de abejas, que también se la trae el desnivel muy parecido. Otra opción consiste en limpiar la caja del camino desde el entronque con la CO-3314, una empinada pero corta cuesta y seguirlo hasta, primero el cruce del cortafuego, y luego hasta la puerta, para mí la más idónea, un riesgo de esta, circular por la carretera hasta el punto.

La cerca norte bajada

Otra vista

He de reconocer que el tiempo no es propicio para aventuras, la calor, el calor, la “caló” se ha echado encima y es en determinados momentos insoportable, a partir de las nueve de la mañana ya no es hora de moverse por el campo, por lo menos para determinadas edades. El tramo de subida de retorno hasta el vértice geodésico se me hizo insoportable, creí que no llegaba arriba. Es verdad que es el que tiene más desnivel pero vaya tela. 

Por otro lado

Estado deteriorado de la cerca por ese lugar

Estuve rondando luego al día siguiente la puerta de entrada para ver si alguien de casualidad hacia acto de presencia. Unos niños jugaban en la explanada sur, que bien podrían ser familiares de los guardeses. Unos perros ladraban cansinamente, como justificando su sustento diario, desde las casas desde las que se fotografió Sir Alexander Fleming cuando la visita en el 1948. Es una panorámica preciosa en una foto que se publica, en la que me parece conocer a Castejón, y evidentemente al científico, que no le habían puesto el sombrero cordobés, aunque lamento no conocer a la aristocracia local.

Una preciosa vista

Abajo la lonja donde nos refugiamos del agua en una visita

Que falta nos hace una casualidad, como la que yo buscaba y la que se encontró Fleming, y como a Picasso la inspiración le venía trabajando, por eso trato de auto disculparme en el primer párrafo por la fijación por las cosas. Ahora la fijación es completar ese camino a la Fuente de los Frailes, saber además si sigue surtiendo agua al Monasterio y si es posible usar el camino en su totalidad, que estimamos que sí. He tratado de buscar referencias al agua en el Monasterio y no las he encontrado, sólo hay un blanqueo, en mi opinión de Gracia Boix, respecto a un comentario del agua que llegaba allí del Aqua Vetus, supongo, y una pequeña referencia lógica además. 

La puerta de entrada

Bajo relieve de San Jerónimo

Parece que consideran más importantes las normas y otras cuestiones monacales. Dice Gracia Boix en su libro “El Real Monasterio de San Jerónimo de Valparaíso de Córdoba” y pone en boca de Fray Ambrosio de Paulo el mismo Ambrosio de Morales: “años después, refiriéndose al despoblamiento de Córdoba la Vieja, que suponían a consecuencia de la escasez de agua, trata de desmentirlo diciendo que “el gran golpe de agua, sale a cien pasos de los muros de la dicha ciudad antigua y por dentro de esta huerta –se refiere a San Jerónimo- pasa cubierto un caño con casi un muslo de agua. 

Los cipreses miran al cielo pero están afianzados en el suelo

La otra parte del paseo de entrada

El caño grueso que tiene el mismo Monasterio lo lleva a aquella ciudad por conducto de piedra, cuyo principio está agora de pie, y lo demás se ha consumido en las Obras del Monasterio”, de lo que se deduce que tenían los sillares mucho más cerca de lo que era de suponer, y para realizar las obras, deshicieron el acueducto que conducía la aguas a Medina Al-Zahra, y aún lo confirma al aclarar que “cuando había que atravesar el acueducto algunos valles, le hicieron hermosos puentes que daban el nombre a los valles, llamándoles Valle de Puentes: los cuales yo vi antes que para edificios del Monasterio de San Gerónimo que está allí cerca se deshiciesen”. 

Una de las puertas de la cerca la más cercana a San Rafael

"Lo que demuestra que, si Ambrosio de Morales (1513/1591) vio deshacer el cercano acueducto, consideramos es totalmente absurdo pensar que comenzaran a extraer sillares de las ruinas de Medina Al-Zahra cuando le compraron al Cabildo Catedral parte de ella, teniendo mucho más cerca, al alcance de la palanqueta, sin grandes problemas de transporte, una construcción con inmejorables sillares e ideales para sus propósitos que, hasta es muy posible, les estorbara para sus fines, es decir, que le conviniera dejar expedita la heredad para el mejor desenvolvimiento en la ejecución de las proyectadas obras del Monasterio y el libre laboreo de la tierras circundantes,”

Durante gran parte del camino oeste la cerca va con el 

Pero sin tener en cuenta el interés aparente en contrarrestar que la construcción de San Jerónimo, significó la utilización evidente de los restos de Medina Azahara, cosa normal en todas las épocas, que siempre han utilizado bien destruyendo o de otra manera, lo anterior, lo que llaman la atención son unas contradicciones que se dejan entrever de lo expuesto de Ambrosio de Morales: “el gran golpe de agua, sale a cien pasos de los muros de la dicha ciudad antigua y por dentro de esta huerta" –se refiere a San Jerónimo- pasa cubierto un caño con casi un muslo de agua. Ambrosio ya sabemos lo que dijo su padre de él cuando su castración, era un loco. Luego se ordenó en 1533, con 20 años cuando su testosterona era diez mil veces más importante que la mierda de la mía hoy, y el monasterio empezó su construcción ciento y pico años antes 

Un ángulo de 90º hacia el este

Y, “El caño grueso que tiene el mismo Monasterio…”. Como se come esto, a cien pasos de los muros de Medina Azahara, por dentro de esta huerta, que está arriba del Monasterio, salvo que se refiriera a otra en el terreno llano, y un caño grueso que tiene el mismo Monasterio. Todo complicado desde luego. Habrá que imaginar que la huerta será no en el recinto actual si no abajo, pero si es abajo no podía subirse al agua arriba y surtir las fuentes del Monasterio. ¿Y el caño del Monasterio de dónde venía? Llama la atención que parece haber una especie de depósito circular, por encima del Camino de la Fuente y la Puerta, pero no está comprobado que lo sea.

La bajada desde el ángulo hacia el este

Y Nieto Cumplido en su libro “San Jerónimo de Valparaíso”, refiere poco sobre el abastecimiento del agua, cuestión fundamental para la vida allí, al Monasterio, en su libro dedicado al lugar. “El agua necesaria para la cocina, las fuentes los baños y las letrinas, fue contemplada desde el comienzo como un bien absolutamente necesario para el desenvolvimiento de la vida diaria. El lote de tierra donado por doña Inés Martínez y su hijo Martín contaba con una fuente. No mucho más tarde, en 1422, el Monasterio adquiere en Valparaíso un pedazo de tierra con agua, cerca de la huerta del Monasterio, que posiblemente fue encauzada hacia una única fuente, la conservada hoy en el extremo oriental del conjunto monumental, próxima a la cocina hasta pasar por los baños y llegar a la fuente central del claustro. Todo ello bien concebido, ordenadamente trazado y organizado, y convenientemente aprovechado.” En otros lugares habla de cisternas, pero no se extiende. La realidad es que aclara poco o casi nada y lo que dice es que esa obra necesitaba agua en cantidad.

Comienzo del cortafuegos sur

Que hubiera hecho yo. Por ejemplo si el interés hubiese sido utilizar el agua del acueducto, Aqua Vetus para el Monasterio, ya que no servía para la ciudad palatina, hubiera continuado por la cota antes de la bajada a Valdepuentes, el agua de la Fuente de Mayorga o la Teja -cota 350 m.s.n.m. la misma de la Fuente de los Frailes-, de la finca el Hornillo, propiedad de los monjes, seguido la misma para llevar el caño a la altura máxima, donde están las albercas y poder regar todas la terrazas y lo que hubiera hecho falta, lo mismo que a posteriori se suponen hicieron con el agua de la Mina de la Fuente de los Frailes, que es la que muchos cientos de años después ha alimentado la huerta. Seguimos buscando.

Fotografías de Paisajes Españoles, prensa y autor
Bibliografia la citada de Graci Boix y Nieto Cumplido

miércoles, 1 de julio de 2020

PEQUEÑAS HISTORIAS DE LA VIDA QUE NO INTERESAN A NADIE EN PARTICULAR PERO QUE ESTÁN AHÍ.

Del palacio de Barcia

Antes de entrar al trabajo Pascual, Eduardo y yo que pensábamos estábamos fondones -los tres compañeros de trabajo-, salíamos a correr por esas huertas de la entrada del Blog de la Alameda del Obispo. Precisamente por esa cornisa que seguramente la había modelado el río con sus crecidas. Casi llegábamos a la Huerta de los Ríos, por lo menos el camino acababa en la carretera de Casillas, huerta que a mí me recordaba las almezas de niño y la aventura que significaba ir desde la Mezquita a por almezas tan lejos. Casi cuatro kilómetros y otros tantos de vuelta.

Las huertas en el siglo XIX

Las huertas en el vuelo de los americanos

Eduardo nos daba a Pascual y a mí, y él se comía otro, un altramuz, porque decía que un altramuz en ayunas era muy bueno para adelgazar. Aquella ingestión daba pie a empezar la mañana con un chiste, por el nombre popular del altramuz. Yo intuía por ser más lector de temas científicos que ellos, que era un cuento chino, pero que más me daba si Eduardo lo pensaba así. Pascual que era un presumido, hizo unos juegos atléticos que le hicieron caer de espaldas en el suelo, se había escurrido con unas hierbas. Aparentemente no se adoleció de mucho, y siguió como si nada haciendo boxeo de salón sin espejo. Todo quedó ahí.

Vuelo interministerial de 1977

Vuelo de 2010

Eduardo era novio de Mari Pepi, y Pascual de Manoli, ellos y otras parejas más nos reuníamos en nuestra casa, la de Conchi y mía, porque nosotros fuimos los primeros en casarnos, en tener casa propia. Aquello era como la fonda de todos. Los fines de semana dábamos cuenta de los pollos del Kikiriki de la Avd. de Barcelona, Muhammad Iqbal para ser más exactos. Tenían cada uno en nuestra casa hasta su vaso para el wiski del final. Me acuerdo del vaso de Pascual ponía en letras blancas un nombre de whisky “Dewar's White Label”. Voy a salto de mata con la cronología de las cosas que salta de atrás a delante, o viceversa, sin miramientos haciendo lo que llaman flashback.

Antiguo laberinto 

Mari Pepi en mi casa estaba embarazada, en la calle no. En casa era donde se quitaba todos los artilugios que llevaba oprimiéndole la barriga, para que sus padres no notaran que estaba creciéndole. Allí era libre sin tener que ocultar nada. Al final se casaron y nació un niño muy guapo por cierto. Luego la fatalidad hizo que un camión dando marcha atrás dentro de un solar derribara una pared y el niño que iba con un familiar por la acera murió debajo de los escombros. Un verdadero drama que nos hizo a todos polvo. 

Dentro del laberinto

Pascual ya llevaba tiempo con problemas de salud, un médico que teníamos ambos, que murió muy joven, me dijo un día contestándome a mis preguntas siempre pesadas y comprometidas, que tenía cáncer, no fue tan claro por aquello del secreto profesional pero se intuía. A mí no hay quien me quite que el tumor empezó con el golpe de la caída tonta, en el camino de la cornisa de las huertas. Siempre pensé eso, ese golpe desencadeno algo. Ahora otro flashback o analepsis en castellano.

Parte de los muros gordos del Maimón

Pascual me había contado que su padre le había obligado a hacerse un análisis de sangre porque tenía metido en la cabeza que no era su hijo. Como si eso se pudiera averiguar así, pero la celotipia alcohólica que tenía diagnosticada, por su afición al vino –nos sabemos que era antes si el huevo o la gallina- le hacían sospechar de la fidelidad de su mujer. Los alcohólicos al sufrir de impotencia piensan, si yo no puedo hacer nada con mi mujer, ésta se buscará otro. Luego se descubrió que era verdad, el hombre sabía más de la cuenta, era borrachín pero no tonto. Pascual era hijo de su mujer y un vecino vivo que le pilló a la señora uno o varios momentos débiles.

Más sobre los muros

Eduardo llevaba semanalmente a Pascual en un seiscientos a Sevilla al tratamiento de la quimioterapia, o radio no lo recuerdo bien. Aguantó el tiempo reglamentario hasta casarse con Manoli. Pasaron unas semanas después de la boda, pocas. Cierto día Manoli apareció en mi casa diciéndome que Pascual quería verme -ya apenas se levantaba de la cama, la morfina lo tenía muy cansado-, porque quería despedirse de mí, ya que pensaba que esa noche se moriría. Allí que fui y estuve con él tratando de convencerlo, de que la medicación le creaba ciertos delirios, me decía que habían venido a visitarlo varias veces unos personajes a avisarle de que se moriría pronto, fue una situación compleja. Nos dimos un abrazo y le dije que me tenía que marchar, nos despedimos y esa misma noche murió. 

Del antiguo palacio de Barcia

Todas esas cosas las fui pensando por el Camino de las Huertas, porque todas esas cosas forman parte de ese extraño e incontrolado almacén del subconsciente, recuerdos que se van enlazando, o entrelazando, en una maraña de esas historias que nadie escribe, y que se queda solo en eso, en recuerdos personales. Luego el tiempo y otras circunstancias me hizo conocer a su hermanastra, es una excelente persona, mujer y madre, yo sabía que eran hermanos, el parentesco es hermanastros pero suena mal. Con toda la confianza del mundo, me dijo; -Paco te tengo que contar una cosa de Pascual, porque sé que era muy amigo tuyo. Y yo le dije: -¿Te la cuento yo? Coincidimos. A ella le pareció raro que yo lo supiera, pero es que un cabo de aquí y otro de allí te hace hilvanar cosas, que no te interesan pero que están ahí.  

Detalle de los muros

Manoli lo pasó muy mal con el fallecimiento de Pascual, muy mal. Él en el fondo no se merecía la entrega de esa mujer, por lo menos es lo que pensaba yo. Todos los días era una visita al cementerio, aunque cayeran chuzos de punta. Luego la vida arregla las cosas, conoció a otra persona, se volvió a casar y tiene ahora una familia maravillosa, me consta y me alegra mucho. De Eduardo hace mucho tiempo no sé de él, era un tipo muy especial, vivimos alguna que otra anécdota berlanguiana, pero no es el momento, ya que todo se centra en un recuerdo motivado por un paseo de amigos, con altramuz previo por las antiguas huertas de los alrededores del Palacio de las fiestas del Obispo Barcia, por aquello de que la jodienda no tienen enmienda.

Fotografías del autor y planos de Internet
Bibliografía cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia