Desde que sufrí el atropello en un paso de peatones, en la puerta de mi casa, por un conductor que decía conmigo en el suelo que no me había visto a desesperadas voces, no he parado de tener problemas con la prótesis parcial de cadera, no puedo separarme de mi casa -siempre con el bastón- más de un kilómetro sin tener que detenerme por el dolor. Afortunadamente a los tres meses de recetarmelas el Médico rehabilitador, me están dando sesiones de "ondas de choque" que, esperemos mejoren la situación.
La infiltración de la cortisona no surtió efecto positivo ninguno, y yo no puedo quejarme de los rehabilitadores, que se están preocupando bastante del asunto. ¿Por qué toda esta gramática parda? Simplemente para justificar el problema que tengo para los desplazamientos. Me ha costado llegar a la sala expositiva, me bajé del bus en Rep. Argentina y desde allí a Manriquez han sido todo dificultades.
Eso sin contar las añadidas para pasar por la calle de los Judíos con los turistas ocupando toda la calle, a la altura de la Sinagoga, e impidiendo el paso de los oriundos. Son una verdadera marabunta, son más las molestias que los beneficios que dejan estas plagas.
Nos interesa aparte de las penas personales, reseñar la exposición de dos grandes pintores, José Luís Muñoz y Violeta Muñoz, como el nivel de afecto y admiración que le tengo a los artistas, es grande, prefiero transcribir el texto que tiene la exposición en su folleto, así no cargo las tintas como me gustaría.
“Una búsqueda compartida.
Hay vocaciones que se aprenden al paso, creciendo entre lápices y conversaciones. Respirando el olor del aguarrás y descubriendo, casi sin darse cuenta, que mirar también puede ser una forma de crear.
Esta exposición reúne en un mismo espacio la obra de José Luis Muñoz Luque y la de su hija, Violeta Muñoz Camuñas. Dos artistas unidos por la sangre y por una misma inclinación hacia el dibujo y la pintura, pero también por algo más difícil de explicar: una manera compartida de entender el arte como espacio lúdico de búsqueda.
La muestra inaugura un nuevo espacio expositivo del Centro de Arte Rafael Botí, concebido para acoger obras de pequeño y mediano formato, y abre la temporada artística de otoño de 2026. Y no es casual que sea justamente una exposición construida alrededor de la idea de continuidad la que inaugure este nuevo espacio, símbolo por ello de una etapa que nace mirando al futuro sin renunciar a las raíces.
José Luis Muñoz nació en Córdoba en 1969, en un entorno familiar en el que el arte formaba parte de la vida cotidiana. Hijo de pintor, creció con los lápices al alcance de la mano y encontró pronto en el dibujo una forma natural de observar y de contar el mundo. En la Escuela de Arte Mateo Inurria conoció a su pareja, la también pintora Victoria Camuñas, bajo la emblemática vidriera de Prometeo, un encuentro que marcó desde entonces su trayectoria personal y artística. En 1993 se licenció en Bellas Artes por la Universidad de Sevilla.
En 2006 nació Violeta. A partir de ese momento, José Luis comenzó a pintar cada año un retrato de su hija. Lo que pudo comenzar como un gesto íntimo, casi familiar, terminó convirtiéndose en una singular colección de dieciocho obras que permiten seguir, a través de la pintura, el paso de la infancia a la juventud. Cada retrato registra un cambio, una edad; pero también el modo en que una mirada de padre aprende a contemplar cómo crece aquello que más quiere. Como escribió Serrat, "a menudo los hijos se nos parecen"
Y en esta historia, la frase del cantautor adquiere una dimensión reveladora. Violeta crece rodeada de forma espontánea de expresión, hasta que, al cumplir dieciocho años, decide emprender su propio camino e ingresa en Bellas Artes, en la misma Facultad por la que décadas antes había pasado su padre.
Pero esta exposición no habla únicamente de una herencia artística, sino que también lo hace de la necesidad de encontrar una voz propia.
Frente a la mirada madura de José Luis, construida a través de los años y el oficio, aparecen los trabajos recientes de Violeta, todavía abiertos a la exploración y al descubrimiento. Sus obras no son una prolongación de las de su padre, sino el comienzo de un recorrido propio. En ellas hay frescura y búsqueda, pero también se reconoce ese territorio común en el que ambos aprendieron a mirar.(texto del folleto expositivo)
La flor de la transformación Leandro,Violeta Muñoz
Estamos en definitiva ante el diálogo entre dos generaciones. Una conversación que no necesita palabras porque se establece a través de los cuadros: entre quien enseñó sin proponérselo y quien aprendió mirando. Digamos que entre la experiencia y el descubrimiento.
José Luis pinta a Violeta mientras crece.
Fotografías, malas, de la exposición.
Bibliografía del folleto expositivo.





















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