Ayer decidí, forzado por la falta de empatía de algunos profesionales de la medicina pública, pedir una segunda opinión sobre mis intervenciones de cataratas. Llegué a dos conclusiones; una la sabía de antemano, en la Seguridad Social hay grandes profesionales, pero también como en la vida hay algún que otro “malage”, -mal ángel- mala sombra, o quizás amargado. La segunda opinión me vino de la medicina privada, mi hijo Gabriel habló con un amigo suyo para pedir una cita en el Hospital de la Arruzafa y así lo hicimos. Se manifestaron los resultados al corroborar el excelente -palabras del oftalmólogo que me atendió-, trabajo quirúrgico. Tuve la malasombra de que se me complicó la operación del ojo izquierdo, y me tocó ese porcentaje de sumas de imponderables que siempre están ahí y complican las cosas.
Plantilla del Hospital
Resalté la preocupación que tuvo el profesional del bisturí, que hizo un seguimiento exhaustivo del postoperatorio hasta quedar tranquilo de haber resuelto el caso. Luego hablamos de ese cincuenta por ciento curativo que tiene la empatía y confianza en quien cuida de tu salud, y la profesionalidad. Hablamos también de lo divino y humano y descubrimos que el profesional que me operó lo ha fichado la medicina privada. Pero eso fue la clásica anécdota. Si hablas bien de lo que merece hablarse bien los resultados son siempre felices, las conclusiones las que tienen que ser. Me pasó lo mismo cuando después de esa pancreatitis litiásica, y posterior colecistomía, en la pública, fui a la revisión para el alta y me atendió una doctora -el equipo quirurguico eran mayoría doctoras-, salió la conversación sobre el especialista que me atendió los “diecialgo” días de la hospitalización, y la doctora al recibir mi contestación y los parabienes del doctor que llevó el caso, no pudo aguantarse y me dijo satisfecha, está usted hablando de mi marido. Las casualidades de la vida.
Restos antes de construir la ampliación del Hospital
Pero también pasan las cosas al contrario, cuando uno habla mal de alguien con o sin razón. Estaba con un amigo en una corrida nocturna y considerando lo estaba haciendo mal, puse como un trapo al presidente. Mi amigo no compartía mi opinión taurina estaba callado. Al salir, en el callejón del antiguo coso de Los Tejares, se paró con un señor y le dio un beso. Se despidieron. Yo le pregunté: ¿Quién es? -me dijo: -El presidente del festejo… –-Pero… -traté de ampliar mi sospecha. Y me remató –…y mi padre. –Oye perdona, pero estoy en la posición de, tierra trágame. –No te preocupes yo se diferenciar a mi padre del Presidente, al que tú desde tu criterio, que también comparto, lo ha hecho mal. Pero va esto no de anécdotas comprometidas algunas, con la salvedad de que si tratas de ser ecuánime y vas con la verdad por delante, te llevarás algún que otro chasco pero también alegrías, que compensan, quien no se mancha de pintura es el que no pinta, sino de medicina pública y privada.
Más restos acueducto
He de decir que soy partidario de la medicina pública, pero llegado a la conclusión de que pueden convivir perfectamente los dos sistemas, siempre que los conciertos sean correctos, no haya comisionistas e intermediarios ambiciosos y haya luz y taquígrafos en ellos. Como mi presencia en esa medicina obedecía a una decisión familiar, he de manifestar que quedé muy satisfecho del trabajo y método empleado, e incluso no hubo pegas por la factura del servicio, lógica por cierto. Las “conocencias” de mi hijo, seguro, fueron positivas para buscar un hueco en la lista y esperar algo menos, pues también va habiendo algo de masificación en todos los servicios. Estamos muchos en el mundo. Lo importante es que nos aclararon que la lesión que tengo en la mácula, es de muchos años atrás, sin precisar si fue un pequeño desprendimiento, afortunado por no caer en un lugar clave.
Restos prehistóricos (foto Arqueocórdoba)
Que la visión es aceptable para mi fecha de nacimiento. Corroboré una cosa que no he dudado nunca, que tenemos estupendos profesionales en cada orilla del río público-privado de la medicina. Que sabemos que los medios públicos son muy poderosos en cuanto a posibilidades. Por otro lado decir que nosotros, en nuestra familia, dependimos de “igualas”, durante muchos años en los que yo que no estaba dado de alta en la Seguridad Social, por trabajar en la joyería "particularísimamente negra" de entonces. Y que de niño y de joven, por ser mi padre empleado civil del Ministerio de Defensa, no tenía mi padre Seguridad Social, teníamos concierto con profesionales privados de la medicina y nos atendía en el Hospital Militar de San Fernando, como médico de cabecera un médico militar.
Nuevas instalaciones Hospital
No quiero dejar pasar mi sensación muy positiva sobre el Hospital Oftalmológico de la Arruzafa, en todos los niveles, fundamental en el trato del personal. Sin olvidar - esto puede tener poco que ver-, que conocía el lugar, concretamente ese subsuelo cuando no era hospital, era un solar, y antes la Huerta del Tablero que es un hervidero de restos romanos, árabes y visigodos, y alguno de más de tres mil años, como los de la cabaña prehistórica. Que están visibles los que han considerado los arqueólogos más importantes después de datarlos, y que puedes admirar después de haberte arreglado el problema fundamental -hay otras especialidades-, que te ha llevado a un Hospital privado especializado en solucionar problemas de la vista de sus clientes. Aquí un trabajo que hice para el blog hace trece años, sobre las maravillas arqueológicas que guarda el subsuelo del Hospital de la Arruzafa.
Sobre los restos arqueológicos del Hospital de la Arruzafa
Fotografias personales, de Arqueocordoba y web del Hospital
Bibliografía citada y del Blog
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