martes, 29 de diciembre de 2009

EL ÓRGANO DE SAN HIPÓLITO


Organo de San Hipolito
Luminosa fotografía del órgano.


El órgano de San Hipólito es del siglo XVIII, y no vale hacer juegos de palabras. Joseph Corbacho lo construye en 1735, tal y como figura la inscripción en su tubería. Es uno de los instrumentos de su género más importantes de Andalucía. Está compuesto de dos teclados de 45 teclas de octava corta. Su mueble se compone de tres cuerpos: el bajo donde se aloja la maquina, la cadereta inferior y la consola; el medio que está sobre las cornisas, y dónde se ubica la lengüetería y aloja la tubería mayor; y el superior donde está el ático y la coronación, sobre amplias cornisas, constituida por la parte central y dos laterales, que a su vez contienen los escudos de Castilla y León. Está decorado con pintura al temple sobre estuco y con algunos perfiles dorados.

Después de haber quedado inutilizado a mediados del pasado siglo XX, fue restaurado gracias al proyecto Andalucía Barroca, en el taller de los artesanos Organeros, Joaquin Lois, en Tordesillas (Valladolid), quiénes le reforzaron la estructura y recuperaron las tuberías.

La compañía de Jesús lo ha cedido en uso, al Conservatorio Profesional de Córdoba, para el estudio de música antigua.

En el Decreto 364/2009, de 27 de octubre, de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, que inscribe la Antigua Real Colegiata de San Hipólito, en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz, como Bien de Interés Cultural (BIC), figura la siguiente descripción del órgano:

“En el último tramo de la nave se dispone un coro alto, en el que se conserva un importante órgano barroco, de la escuela cordobesa del siglo XVIII. Su caja, de madera tallada y policromada, muestra los cinco castillos del instrumento en el cuerpo bajo. El central es mayor y se adelanta en el plano; los intermedios son triples, dispuestos ligeramente en chaflán, cóncavos, y los extremos dobles. Sobre la cornisa, en el ático, el número de castillos se reduce a tres y están flanqueados por escudos. En la pared frontal lucen dos grandes marcos de yeserías con retratos de Alfonso XI y su esposa, obras del siglo XIX que rodean un lienzo de la Adoración de los Reyes.”

Un espectacular instrumento que se puede escuchar desde el 28 de noviembre de 2007, en los oficios de las doce, después de cuarenta y cuatro años de mudez.


Perspectiva del coro y el órgano.


Bibliografía: Jesús Sampedro (Organista)

lunes, 28 de diciembre de 2009

LA LOMA DE LOS ESCALONES


Loma de los escalones
Loma de los Escalones


La primera vez que subí, hace bastantes años, por la Loma de los Escalones, tengo que reconocer que me llamó enormemente la atención. El trozo de calzada de guijarros, cerca del cortijo de Los Velascos, donde sus caballos pastan libremente; el pequeño puente romano sobre el arroyo de Linares, que sufre de abandono; la zona de estratos que se prolonga al otro lado de la carretera N-432, donde se encuentran -yo no he encontrado nada-, fósiles de lo que posiblemente fuera un fondo marino actualmente elevado. Ahora no se puede pasar por el camino y tienes que cortar por la vereda señalizada.


Puente romano
Puente romano en estado deplorable, camino de la Loma de los Escalones.


Luego la Loma en sí, un camino tallado en la roca. Pensar que por esa vía los romanos bajaban todo el mineral extraído de la cuenca minera del Muriano, es nada menos que asombroso. La vía a Emérita Augusta. Si ya de por sí la subida del ferrocarril era complicada, dibujada con la canción que simulaba el sufrimiento de la máquina de vapor del ferrocarril:

¡Qué fatigas…, que trabajo…, cuesta arriba…, cuesta abajo…!

¿Cómo lo sería con carros, con ese desnivel y el piso irregular?

Una vez pasada la zona de estratos, el camino se bifurca y el de la derecha con el arroyo a su izquierda busca San Cebrián Alto.

Volviendo a la Loma de los Escalones, una vez la coronas, a la derecha está la explotación de la cementera, que le ha dado una enorme puñalada a esa zona de la sierra, y llegan con su cercado al centenario algarrobo casi, del que leí hace poco que lo habían desmochado groseramente, hasta el extremo que puede peligrar, por culpa de las manos desaprensivas, lo que naturaleza no ha podido hacer en cientos de años.

Te imaginas que estás encima del túnel de La Balanzona, cuando llegas a su altura, y ves, si te desvías a la derecha, la estación del ferrocarril, con la huella del abandono de bastantes años, y respiras en el lugar una tristeza especial.

Luego la curva del Frenazo, con Villa Enriqueta a la derecha, y el Frenazo propiamente dicho que si ya de por si estaba cerrada, ahora hubiera tenido que hacerlo obligada por el desvío de la nueva N-432, circundando Torreárboles. Puerto de las Malagueñas, respiro de ciclistas, con la visión de Cerro Muriano abajo.

No he querido meterme en libros de caballerías, con la de expertos en veredas que hay y luchan por su mantenimiento. Sólo he pretendido recordar un paseo muy hermoso por esa parte de la sierra, y si con ello hago recordar a alguien que sigue existiendo la Loma de los Escalones, me doy por satisfecho.


Caballos en los Velascos
Caballos pastando en la finca de los Velascos


Fotografias: cabecera; www.caminomozarabe.es, resto del autor.

domingo, 27 de diciembre de 2009

EL LAGO DE LAS CANTERAS DE PEDROCHE


Una vista del Lago
Una vista del lago.


Existe en las antiguas canteras de Pedroche, en una explotación abandonada de su parte sur, lindando con el canal del Guadalmellato, cerca de la Campiñuela, una extensa masa de agua que llena la antigua cantera que explotaba la cementera.

Vista aérea del Lago
Vista aérea desde Google.

Un verdadero lago, cuya profundidad debe ser considerable, teniendo en cuenta cómo eran esas explotaciones a cielo abierto, que seguro se formaría por alguna veta de agua que la llenó imparable. Otras explotaciones de la zona han sido llenadas con escombros, y otros materiales indestructibles, como pueden ser la de la carrera del caballo a la entrada del camino del Santuario de Linares.

Otra vista del Lago
Una vista del Lago.

Tiene el lago un perímetro de unos mil setecientos metros, y una anchura máxima de cuatrocientos. De contorno irregular como puede verse en la fotografía aérea de Google. Puede llegarse a él por varios sitios, bien por un camino que existe a la derecha, una vez has subido la cuesta de Pedroche, y que se bifurca a la derecha otra vez en otro, dejando a la izquierda el que continúa para Linares, que pasa por un pequeño aeródromo y helipuerto, que usa un club para volar los prototipos de aviones de de radio control; o desde el camino de la Campiñuela, accediendo después al de servicio del canal de riego del Guadalmellato, que estos días viene a tope de caudal, como pude comprobar cuando visité ayer sábado 26 de diciembre, el aljibe enterrado del Sombrero del Rey, a la altura del sifón del puente de Pedroche, aliviándose en el arroyo del mismo nombre.

Merece la pena el paseo, por una zona agradable para disfrutar de nuestro lago particular.

Hermoso alcornoque
Hermoso ejemplar de alcornoque.



Vídeo de diversas tomas fotográficas del lago.


sábado, 26 de diciembre de 2009

EL SOMBRERO DEL REY, ALCUBILLA DEL ARROYO PEDROCHES.


ElSombrerodelRey
La alcubilla el Sombrero de Rey de Pedroches como estaba antes de su entierro.

“Más abajo cruzaban las vagonetas colgantes, llevando el material hasta la fábrica, lo que hoy hace una cinta transportadora que derrama gran cantidad de vertido en el arroyo y lo empuerca, lo que denuncio a la Agencia de Medio Ambiente. Hubo un cortijo junto al viejo puente; y aún se conserva el manantial conocido como Sombrero del Rey que no ha llegado nunca a agotarse, ni en verano. Aquí hubo una venta llamada de Pedroches con sala nocturna de recreo. Algo más abajo, hay un puente romano ya restaurado por donde discurría la Cañada Real Soriana.” Del Libro “Arroyos de Córdoba”, de Francisco Carrasco, editado por el Ateneo de Córdoba.

Como consecuencia de un extraordinario trabajo de La Colina, sobre alcubillas en Córdoba, esta mañana lluviosa de sábado, del día 26 de diciembre, he querido “in situ”, ver la del Sombrero del Rey, cerca del puente del arroyo Pedroches, que tantas veces ha sido lugar de juegos de muchos niños, a la hora del perol en la zona del arroyo Pedroches con la familia.

 pgu2001-R13  ElSombrerodelReyInterior

El desplazamiento de la N.432 ya provocó en su momento que quedara casi enterrada, o cuando menos al borde de la desaparición. Después con la ampliación de la vía, posiblemente preparando la ronda de circunvalación norte. Esta ronda es un sistema general que, partiendo de ahí discurre por detrás de la fabrica del cemento hasta el cruce de los Santos Pintados. Ronda que no sabemos cuando la veremos terminada en su totalidad.

Volviendo a la alcubilla que nos ocupa.
 Supuesta entrada Puentedelarroyo

Tenemos dos fotografías del paso del Arroyo de Pedroches por debajo de la carretera, antigua N-432. Una destapada la alcubilla y otra tapada. En las rayadas determinamos lo que a continuación exponemos. Si tomamos como referencia la alberca que existe a la derecha, la orientación de su lado más estrecho que es noreste suroeste, y lo prolongamos paralelo a la carretera, vemos como se ha desplazado la boca del embovedado del arroyo hacia el puente de pedroches, y la alcubilla está (supongo) debajo de la boca de alcantarilla, que se visualiza, y en la que no he podido mirar por lo embarrado del terreno. Ignoro que habrá debajo. Lo ideal hubiera sido hacer una caseta de hormigón, con esa boca de entrada y después enterrar el Sombrero del Rey, dejándolo protegido.
 Bing 1  Bing 11
 Google 3  Google 33

No sé si eso será lo que habrán hecho, porque el enterramiento fue muy rápido, pero ojalá y sea lo que decimos ya que, conociendo el paño, lo dudamos bastante.

En una serie de artículos publicados en el Diario Córdoba en 1996, dice José Aumente Rubio sobre el arroyo Pedroche:

“…En la Biblioteca Municipal, en la Sección de Fuentes y Cañerías, se conserva un documento de 1724 relativo a los manantiales del arroyo de Pedroches. Es una Real Cédula de Felipe V para el encauzamiento de los manantiales cercanos al arroyo de Pedroches…”

…éste venero, nombrado Sombrero del rey, nacía en el mismo arroyo Pedroche en las inmediaciones de la hacienda del Majano, dejando a mano derecha el camino de Linares, dirigiéndose su ramo de cañerías por medio de varias hazas hasta llegar a un arca o descanso que existe junto al huerto de la Palma, siguiendo todo el camino abajo hasta pasar por frente a la huerta del Pilero saliendo al Marrubial, hasta la alcubilla principal en frente a la Puerta de Palsencia, desde dónde se repartía el agua a la zona oriental de la ciudad…”

“…venero de la Palma, cerca del Molino de los Ciegos que daba un rendimiento de 195 litros de agua por minuto…”

Fotografías facilitadas y propiedad 
de Luis Moreno de la Palomera













Video de Fotografias



Video actual como está la alcubilla

Datos de Google Earth
Coordenadas geográficas: 37º 54'22 01'' N y 04º 45'46 11'' O, a una altitud de 122 m. y las imágenes son del vuelo del 16 de agosto de 2007.


Las fotografías de la cabecera y el interior de la alcubilla son de Saqunda.
El resto de fotografías son del autor,
y las aéreas de Google y Bing.
El plano del PGOU 2001

jueves, 24 de diciembre de 2009

EL SABAT CALIFAL DE LA MEZQUITA


Mezquita Omeya
Mezquita omeya y a la derecha arriba, el Sabat

El origen de estas calles cubiertas, que eran los "sabat", es sin duda del mundo árabe. En sus ciudades aparecen con notable frecuencia. Esos lugares entre un edificio y otro pueden, por la anchura de algunos, servir incluso de vivienda. Lo que aquí nos ocupa es el pasadizo o “sabat” que se utilizaba como unión entre el Alcázar del Califa-que estaba situado donde hoy el Palacio Episcopal- y la Mezquita, de forma que el paso del califa a la oración, lo fuese dentro de la máxima seguridad y discreción.

Fue un complemento a la “maqsura”, de los comienzos del Islam para proteger al Califa de posibles atentados. Se dio la circunstancia de que de tres Califas asesinados dos lo fueron en el lugar de oración.

Puerta de San Miguel
Puerta de San Miguel

En la Mezquita de Córdoba se supone hubo dos “sabat”. El primero cuando gobernaba el Emir Abd Allah (888-912), y unía el alcázar musulmán con la Mezquita a la altura de lo que hoy es la Puerta de San Miguel. L.Golvin mantiene la hipótesis de que sería un solo arco de unos tres metros de altura. Alhaken II lo mandó derribar porque con la ampliación de la Mezquita hacia el sur (965) que a su vez traslado el Mihrab, ya no cumplía su objetivo.

Sabat emiral
Sabat emiral

Entonces se levantó un nuevo “sabat”, de unos cinco arcos por la anchura de la calle en ese lugar. El geógrafo ceutí Al-idrisi dice que tenía ocho puertas interiores, entre el Alcazar y el muro de “quibla”. Estuvo en uso hasta 1610, año en que por reformas en el Palacio Episcopal, el Obispo Mardones le metió la piqueta destructora.

Sabat califal
Sabat califal

Miguel Salcedo Hierro, cita en su libro sobre la Mezquita un texto atribuido a Ambrosio de Morales, testigo presencial ya que vivió y murió en 1591, en el Hospital de San Sebastián, actual Palacio de Congresos, y vería a diario lo que quedaba de él.

Puerta interior del Sabat (se ve la escalera a la planta superior)

“De la parte en que el muro occidental se une formando ángulo con el meridional, salía, como ya dijimos, y duró hasta el principio del siglo XVII, “una alta puente” de sillería que atravesaba la calle hasta el palacio episcopal que está enfrente y en otro tiempo hasta el alcázar, porque había servido a los califas de pasadizo cubierto para ir desde éste a la Mezquita, cuyo edificio, según era sólido y de extraña manera cerrado, más que tránsito parecía cárcel o fortaleza.

Plano hipotético del Sabat de L. Golvin

Tenía de ancho más de veinte pies (5 metros 572 milímetros) y estaba todo atravesado por arcos muy fuertes y espesos, y cubierto de bóveda. Cada arco vacío estaba entre dos divididos por un muro, en cuya parte media había una puerta que se cerraba con hojas forradas de hierro y bronce, y así quedaban ocho piezas divididas por un arco. Estas ocho piezas tenían otras tantas puertas, de las cuales, las cuatro primeras miraban a occidente, por lo que era necesario estuvieran allí encerrados, para abrir, dos porteros; sin que se pueda imaginar, a que fin fue tanto encerramiento por esta parte de la Mezquita, estando hacia el norte tan abierta por las diez y nueve que desembocan en el atrio; mas nosotros juzgamos que el objeto no era otro que la seguridad del alcázar por aquel lado”.

Plano de planta del Sabat de F. Hernández

En la Web Islámica están publicados unos textos de L. Recio, sobre el "sabat":

Al-Idrisi describe el mismo, diciendo:

“A la derecha del mihrab entre los dos muros de la Mezquita Aljama, hay una puerta que abre al alcázar por un pasadizo contiguo. Este pasadizo se halla cerrado con ocho puertas, de las cuales cuatro se cierran del lado del alcázar y cuatro del lado de la Mezquita-Aljama'. Al Maqqari a su vez, en el siglo XVII, recoge un texto mucho más antiguo de Ibn Said (1286), citando otro más antiguo aún, de Ibn Baskuwal (1183), en el que apunta lo que sigue: 'Ninguna puerta se ve sobre el muro sur salvo una, al interior de la maqsura , construida sobre la quibla que conduce al sabat , que enlaza con el alcázar de los califas. Por este pasadizo el soberano pasaba desde el alcázar a la Mezquita para la oración pública”.

Grabado de Martin Seiller, 1659 en el que se ve el Sabat

Se reflejan también en la misma Web citada textos de las:

“Actas Capitulares del Cabildo Catedralicio, en las que en las Cuentas de la Fábrica Catedralicia de los años 1581, 1609, 1618 y 1620, se van estudiando paso a paso las necesidades ya de destruir este monumento de infieles que afea nuestra casa.”

Dibujo de Wingaerde
Supuestos restos del "sabat" en el dibujo de Wingaerde de 1567

El dibujo de Wingaerde de 1567, permite con más voluntad por mi parte, que evidencia concreta, la visualización de una edificación unida al muro de la “quibla” que pudiera ser el “sabat”, o lo que quedara de él, en los últimos años de su existencia. En la infografía de la Mezquita, se representa el “sabat” califal (fotografía de la cabecera). El pueblo llano lo llamó los “arquillos”. Pero algo curioso, T. Ramírez de Arellano no lo cita en el Paseo por el barrio de la Catedral, o por lo menos yo no lo he localizado. Hay datos en contratos de alquiler de casas adosadas al Sabat.

Puerta del Sabat
Puerta del "sabat" en el muro de la Mezquita.

Hace un par de años se suscitó la polémica de si los restos encontrados al final de la calle Torrijos, con motivo de la reparación del pavimento ¿eran o no los cimientos del “sabat”? (yo estimo que son sin ninguna duda). Restos arqueológicos que se protegieron, taparon y se marcaron en el suelo, como podemos observar en la fotografía.

Cimientos sabat
Lugar de los polémicos restos de la cimentación del "sabat"

Conferencia sobre El Sabat


Fotografías del autor y de diversas publicaciones.
Bibliografía:
M. Salcedo Hierro, Web Islam, Nieto Cumplido, L. Recio, L. Golvin, Guadalupe Pizarro

miércoles, 23 de diciembre de 2009

LA TELEVISIÓN DEL CONVENTO.


La tele del convento


Otro de mis múltiples y variados trabajos que justifican el refrán, “aprendiz de todo, maestro de nada”, fue cuando estuve con un amigo y después sólo, allá por los ochenta del siglo pasado, instalando antenas colectivas de televisión y parabólicas.

De entre la mucha clientela -normalmente amigos-, y trabajos realizados, siempre me acordaré cuando visité un convento para reparar la instalación. Por mediación de mi primo Paco, que les trabajaba en la rama eléctrica, fui llamado a reparar la televisión. Evitaré ser más explicito en los datos, aunque los casi veinte años pasados habrán borrado todas las referencias. La Superiora del mismo era una simpática castellana, de una educación exquisita, relativamente joven, estimando esta juventud el no haber alcanzado aún los cincuenta años de edad.

La comunidad no era muy amplia, creo recordar que la formarían unas cinco o seis religiosas. La juventud antes mencionada de la Superiora sólo acompañaba a ésta, porque el resto la superaban en edad. Me abrió la hermana portera, o la que estaba en ese puesto ese día. Me hizo pasar a una especie de comedor-cocina-estar, dónde había un pasado de moda televisor, con más achaques de la cuenta, de sintonizador manual en el frontal, y el cual una vez realizada la primera inspección visual, comprobé que adolecía también de una notable carencia de señal.

Les pedí me dijeran donde estaba instalada la antena. Una monja me acompañó por una serie de pasillos hasta una escalera, que acababa en una pequeña azotea, en la que en un oxidado mástil había una desvencijada antena, también de la misma edad o mayor que la del televisor. Desmonte la misma, no sin dificultad por el óxido de los tornillos, resané la conexiones, las protegí nuevamente, y vuelta a ponerla en su sitio orientándola adecuadamente.

Otra vez en la cocina-comedor-estar. Cambio de los conectores, terminal de la pared, y limpieza del sintonizador que por culpa del polvo tenía unos críticos ajustes. Les aconsejé, en primer lugar, la sustitución del televisor por otro más moderno con mando a distancia, pero junto a la respuesta de sus carencias económicas, me dijeron que si sólo se veía un canal que les daba igual. Les pregunté cuál y decidieron que la primera cadena de TVE. Allí la ajuste con la máxima calidad. Y una vez pasada la revista por la Superiora, la pregunta habitual:

― ¿Cuánto le debemos Francisco? ―preguntó.

Consideré que el trabajo había sido poca cosa, y ante las dificultades económicas expresadas decidí no cobrar nada.

― No es nada señora. –le contesté. Siempre es un inconveniente para mí dirigirme a las monjas, lo de hermana me resultaba ridículo, llamarlas por su nombre de trabajo demasiado complicado y por eso opté por el tratamiento de calle.

― Pero Francisco eso no puede ser, su trabajo debe tener un precio. ―me contestó la Superiora.

― Bueno, vamos a hacer una cosa, si a usted le parece bien, yo no les voy a cobrar nada, y a cambio les pido que me tengan en cuenta cuando hablen con su “jefe”, ya que yo no soy creyente, pero “porsi”. ―les propuse en un tono jocoso, con el ánimo de dejar saldado el asunto.

― ¡Eso está hecho Francisco! ―me contestó― ¡Hermana Carmela! ―dijo dirigiéndose ahora a una delgada y alta monja que estaba presente, bueno, creo que presentes salvo la de la puerta estaban todas― Cuando rece el rosario esta tarde acuérdese de pedir por Francisco y su familia. ―concretó.

― Hermana Superiora, ―contestó la llamada hermana Carmela― yo no tengo inconveniente en pedir por Francisco y su familia, pero debe saber que a mí no me toca hoy el rosario.

― ¡Pero bueno, esto que va a ser Sor Carmela! ―le dijo nuevamente.

― Que si quiere yo lo hago cuando me toque, pero hoy no me toca. ―le replicó.

― ¡Bien, ya hablaremos después ¡ ―le contestó, y dirigiéndose a mí me dijo en un tono más bajo― Son como niñas a pesar de su edad Francisco, no lo ve.

― No se preocupe Superiora, yo me hago cargo, pero mi intención no es crear ningún conflicto. Ha sido una ocurrencia. ―le contesté en un tono confidencial.

― ¡De conflicto nada Francisco! ―dijo sor Carmela que me oyó― es que no me toca hoy, lo haré mañana.

― Francisco, ¿quiere tomarse algo; un café, un refresco…? ―interpuso la Superiora para capear la protesta.

― Bueno le acepto un refresco, pero que no esté muy frío se lo digo por mi garganta que es bastante frágil. ―le dije.

― Hermana, ―dijo dirigiéndose a otra monja que tenía encima de su hábito un delantal― traiga un refresco de los de fuera de la nevera y además unas magdalenas.

Con la toma del refresco que era un fanta de naranja, y la ingesta de un par de magdalenas caseras, que por cierto estaban bastante buenas, tanto que me acordé de la letra de Carlos Cano:

“/ En el convento de las esclavas de Santa Rita. / Andan las monjas dale que dale/ por la cocina/”.

Terminó mi estancia en el convento. Claro me quedé sin saber de la recomendación celestial pedida. No habían pasado dos días cuando recibí una nueva llamada del convento. En ella me decían que no se veía nuevamente la televisión, que se habría roto.

Vuelta al convento. Hermana portera, cocina-comedor-estar. Otro par de magdalenas en un plato y un fanta de naranja estaban encima de la mesa. A la vez que la aclaración:

― Francisco hemos sacado el refresco del frigorífico para que se vaya templando. ―dijo la Superiora.

― Muchas gracias. ¡Superiora, aquí han tocado! ―le dije al comprobar que el precinto de pintura de uñas que había dejado en el sintonizador había desaparecido.

La Superiora se dirigió a la plantilla que estaba presente preguntándoles. Las contestaciones: Yo no sé. Yo tampoco. Se habrá roto sola. A mí no me mire.

― Mire, ―le dije señalando al sintonizador― aquí había una gota de laca de uñas, a modo de precinto y para fijarlo, y no está.

La Superiora ahora en un tono más inquisitorial, les volvió a preguntar:

― Si Francisco dice que han tocado, alguna debe haberlo hecho. ¿Quién ha sido? ― dirigiéndose a todas.

Las monjas se miraron entre si algunas encogiéndose de hombros. La situación era tensa, hasta que, quizás por lo abrumadoras de las evidencias, Sor Carmela –otra vez Sor Carmela- dijo:

― He sido yo, que anoche quise ver a Rocío Jurado que me gusta mucho, y como no me podía dormir me bajé y toque el botón porque no era en la primera cadena.

― ¡Pero como miente ―le dijo la Superiora― desde luego…!

― ¡Yo no oí que no se podía tocar!―aclaró en su defensa.

― Bueno no pasa nada, ―intervine en la intención de calmar los ánimos― esto ocurre por tener un televisor viejo, ya se lo dije el otro día, estamos así por usar un solo canal.

― ¡Pero si lo que tienen que hacer es no ver la televisión, ganas me dan de dejarla rota! —dijo la Superiora.

Volví a sintonizarlo, a ponerle el precinto, y a recomendarles la adquisición de uno de nueva generación. Me comí las magdalenas y me bebí el Fanta, con la sensación que cada vez que iba al convento se generaba una bronca. Les volví a decir que el trabajo no era nada. Y aprovecharon para decirme que habían cumplido la petición por mí y por mi familia dos días seguidos. Se lo agradecí y me marché.

Hubo una siguiente llamada, unos meses más tarde y les dije que no hacía ya ese trabajo, que tenía una responsabilidad distinta e incompatible con él, y que les enviaría un amigo. La Superiora, aprovechando que el Pisuerga pasaba por… allí, me hizo una petición ciudadana, que estaba en mi mano resolver, y que afortunadamente se resolvió satisfactoriamente para la congregación.

Lo que nunca sabré es si esa responsabilidad que tuve, fue fruto de la intervención celestial –que no lo creo-, o de la infernal –lo creo más-, porque valorando lo mal que me fue, o no lo pidió, o lo pidió de mala gana, la “joía” de Sor Carmela.


…/ Queda la hermana tornera / Vestida de Satanás / Y fue a robar la receta / del dulce de Navidad. / Alacena de las monjas / Que te dan gloria Bendita.../…

martes, 22 de diciembre de 2009

NAVIDAD EL 25 DE DICIEMBRE, ¿POR QUÉ?


Portal de Belen
Nacimiento o portal de Belén.

A raíz del desplazamiento del calendario que trasladó el solsticio de invierno a casi finales de diciembre, se me ocurre pensar el porqué de la celebración de la fiesta cristiana de la Navidad el veinticinco de diciembre.

Es verdad que cada año que pasa, esta fecha va perdiendo el sentido que tenía hace por lo menos cincuenta años. La americanización de la misma, la utilización de esta para el "sano" ejercicio de comprar, comprar y comprar, la está despojando de la pátina religiosa que tenía cuando menos en mi infancia. Cierto que eran tiempos del nacionalcatolicismo, y todo en este país estaba ribeteado de esas tendencias obligatorias. Pero en el pueblo llano calaba el mensaje de una comida especial, canciones de amor, y de solidaridad, con paisaje nevado (en este hemisferio norte por lo menos), etc.

Yo no estoy pensando en una celebración de índole cristiana, porque en el fondo esta celebración entraña una antigüedad mayor que la del cristianismo en sí. Si es cierto que nosotros, dado el corto espacio que llevamos en esta línea del tiempo, siempre la hemos conocido cristiana, quizás más ortodoxa que ahora, aunque quizás más familiar.

El cristianismo conmemora el nacimiento de Jesucristo, fiesta que lo fue por vez primera allá por el siglo IV (336) de nuestra era. Navidad significa en latín nativitas igual a nacimiento. Sin embargo la fiesta del nacimiento se siguió celebrando en el imperio oriental junto con el bautismo, el 6 de enero. En épocas posteriores se aprobó la celebración el 25 de diciembre, manteniendo el 6 de enero para la celebración del bautismo de Jesucristo.

¿Por qué fue elegida esa fecha del 25 de diciembre? Hay varias teorías, pero la que más influencia tiene es la de que, posiblemente se pretendiera utilizar la festividad del solsticio de invierno, o el nacimiento del sol invicto. Oriente aceptó la fecha del veinticinco de diciembre y el bautismo el seis de enero, pero por el contrario occidente dejó el seis de enero para celebrar la adoración de los Reyes Magos, con sus regalos útil e inútiles de oro, incienso y mirra.

Aunque todo está utilizado hasta la saciedad por las distintas generaciones, las fiestas llamadas paganas por los cristianos eran las siempre dedicadas a las labores agrícolas de principio de invierno, o a efemérides astronómicas determinadas. En Roma se celebraba una fiesta de intercambio de regalos en diciembre, a mediados del mes, que era la Saturnalia. Esa misma fecha del veinticinco era la dedica a Mitra, el dios persa de la luz, que griegos y romanos la habían acoplado al culto de Efebo y Apolo.

En primero de año, en la antigua Roma había una festividad de regalos, y decoración del hogar, además de acordarse de la caridad con los más necesitados. No tiene nada que ver que el año romano empezara en marzo para utilizar estas costumbres. Con el declive del imperio se fueron introduciendo costumbres de la Germania y de los celtas, que se acoplaron a los ritos cristianos, comida abundante, fuegos y decoración arbórea.

Por lo tanto, a poco que se hurgue en la antigüedad más cercana, nos encontraremos que las celebraciones navideñas, la constituye, una mezcla de las más variadas tradiciones, de la Grecia milenaria, rituales celtas, e incluso gotas de cultos religiosos orientales. Y si tuviéramos la suerte o desgracia, según se mire, de poder doblar la edad vivida, veríamos como –aún a pesar de ser muy poco el tiempo- se va notando el cambio de tradiciones. Eso lo tenemos claro en noviembre, antes los santos y los difuntos, gachas y D. Juan Tenorio, y ahora la colonización de Halloween. Y así todo.

En mi barrio la navidad era, dentro de la miseria familiar en la que nos encontrábamos, compartir lo poco que se tenía. Una copa de aguardiente, un pestiño y cantar alrededor de una candela. Nada de comidas solemnes, de etiquetas, de turrones, y de volver a casa en esas fechas. La candela de la Casa del Callejón, en el ídem de entrada, alumbraba amores infantiles, y problemas adultos, que en esa noche brillaban con una luz especial. La fiesta era sólo en nochebuena, el año nuevo no se celebraba. Y si hurgamos en las uvas de Nochevieja, es una costumbre de hace poco, por el excedente que había de estas y el invento de usarlas de esta manera.

Por lo tanto las celebraciones parten de ritos o costumbres ancestrales, utilizadas por la religión de turno para acomodar un día de asueto o solaz esparcimiento a la moda del momento, y cuando digo moda no estamos hablando de moda de temporada, si no de muchísimos años más.

No obstante desde una respetuosa laicidad; para los cristianos Feliz Navidad, y para lo no Felices Fiestas o días de asueto. Y como no, venturoso año próximo. A todos nos hace falta que unos pocos dejen de atesorar -incluyo también la clase política y quiero ser prudente-, para que unos muchos puedan vivir, porque a lo largo de la historia aunque la cuerda se parte siempre por el lado más débil, si siguen esos pocos apretando, esos trozos de cuerda que queden pueden servir para anudar algunos desenfrenos de codicia. Que se den cuenta de lo finito de la producción, de las materias primas, y sobre todo de la vida.

lunes, 21 de diciembre de 2009

SOLSTICIO DE INVIERNO


Solsticio de invierno
Solsticio de invierno en Stonehenge, de Itxu.


Esta lluviosa mañana del día 21 de diciembre, esperando la cantinela de la Lotería de Navidad de mañana, que nos dejará como siempre igual de pobres. Después de ir dos veces al centro comercial para buscar un “router wifi” que viniera bien al modem de cable de mi amigo Juan, para su portátil, surgió el debate:

― Juan, está entrando el invierno ahora mismo, estamos en el solsticio de invierno. ―le dije.

― Efectivamente empiezan a acortar las noches. ―contestó.

― Bueno si nos basamos en el refrán: “Santa Lucía alargan las noches y acortan los días” ― añadí― es lo contrario.

― No, empiezan a acortar las noches, así que el refrán es: “Santa Lucía, acortan las noches y alargan los días”, que es como rima. ―dijo.

― La rima es la misma incluso cambiando el sentido del refrán. Pero ya no estoy seguro del mismo, ―dudé ― cuando suba a casa lo compruebo.

Efectivamente el refrán en el sentido que dijo Juan es el real. Pero como las dudas te hacen escudriñar en tus papeles, aproveche para hacerme una pregunta: ¿Sí hoy es el solsticio de invierno, cómo es que Santa Lucía es el día trece? Y conseguí la aclaración, efectivamente la culpa la tuvo Gregorio XIII que le añadió, para compensar los defectos del Calendario Juliano, diez días más al año 1582, del 4 de octubre pasó al 15 de golpe, que fue la fecha de la implantación del calendario que nos rige, el llamado gregoriano, como el canto de Miguel el sacristán de S. Juan de Letrán.

Como la iglesia no cambió la fecha de la Santa, patrona de los invidentes, se quedó atrás con refrán incluido y, como la verdad es que protestamos poco, pues eso. Antes de lo de Gregorio el solsticio era el trece de diciembre. Hay muchos más dichos, todos con el mismo sentido sobre Santa Lucía.

“Por Santa Lucía crecen los días la patica de una gallina”, “Por Santa Lucía, mengua la noche y crece el día”, “Por Santa Lucía, achica la noche y agranda el día”, “Por Santa Lucía, la más larga noche y el más corto día” y varios etc. más.

El solsticio es el momento en el que el sol alcanza su máxima posición, con respecto al ecuador celeste. Su nombre viene del latín, como casi todo lo científico, solstitium (sol sistere o sol quieto). Lo contrario es el solsticio de verano, el veintiuno de junio - en nuestro hemisferio norte, en el sur viceversa-. En el círculo polar ártico, el sol se mantiene este día del Solsticio de invierno, por debajo del horizonte las veinticuatro horas. En el solsticio de invierno, en las culturas celtas y romana, se celebraba el triunfo del sol sobre la oscuridad con grandes hogueras.

En la casa donde nací, que tenía postigos de madera en las ventanas, con rendijas por la vejez, que dejaban pasar el sol y verse reflejado en la pared, -otras veces el efecto hacía de cámara oscura que permitían ver en el techo lo que ocurría en la calle proyectando en éste, el pasar de un automóvil o los viandantes-, tenía marcados los solsticios y los equinoccios, en la pared de un año para otro. Era cuestión de esperar la hora de la efeméride para hacer una pequeña marca con un lápiz, marca disimulada pues si la veía mi madre, me llevaba una reprimenda y el posterior escobillazo de cal acababa con mi Stonehenge particular.

La realidad es que hace unas horas, dejando a un lado la rectificación gregoriana como anécdota, concretamente a las 13,42 hora española, ha sucedido la entrada oficial del invierno y Juan tenía razón “acortan las noches y alargan los días” y a mí, una vez más, me han fallado las neuronas.


Solsticio de invierno
Solsticio de invierno de Piglove

Fotografías de Piglove e Itxu.

domingo, 20 de diciembre de 2009

¡ALTO A LA GUARDIA CIVIL! UN PEROL EN LA PALOMERA.


Alcubilla de la Palomera
Alcubilla de la Palomera. Cubierta.

El perol, dentro de la platería cordobesa era un hecho muy cotidiano. El día por excelencia para celebrar los peroles era el lunes. Y no digamos que fuese el día de San Eloy, que es el patrón de la platería. Suficiente que un lunes cualquiera a la entrada al taller alguien dijera ¡Qué buen día hace hoy! para que inmediatamente se pusiera en marcha la logística y cada uno se encargara de una determinada parcela para preparar el perol.

Los lugares más habituales eran cualquiera, pero normalmente en la ciudad habían unos más peroleros que otros; el Cañito Bazán; la Palomera, Pedroches; Linares; etc. Recopilar los avíos de siempre: sardinas, pan, vino, arroz (magro o pollo) y pare Vd. de contar. La parroquia se conformaba con poco.

Cierto día de mil novecientos cincuenta y nueve, en el taller se decidió hacer un perol en la Palomera. Era un lugar cercano, tenía agua y era terreno de serrezuela, es decir entre Pinto y Valdemoro. Con el puente de hierro de la vía de Almorchón cerca, que permitía alguna excursión, e incluso bajar por las escalerillas metálicas a las columnas bases del puente, y hasta esperar el paso del tren, para lo que había que guarecerse adecuadamente. Vamos una aventura, peligrosa y estúpida de juventud y de menos juventud también.

Como consecuencia de que la intendencia actuaba lentamente; plaza de mercado; panadería; comprar el vino; etc. y algún torpe que la retrasaba más con su torpeza, el perol empezaba siempre tarde, luego los preparativos previos y el guiso al final, a las tantas. Ese día entre unas cosas y otras, se había echado la tarde y aún se estaba con el perol. En la Palomera había un sitio que le llamaban los almendros, era una mesa natural que estaba algo más arriba de la alcubilla. Una meseta cómoda que incluso permitía jugar a la pelota, no sin riesgo de tener que bajar al arroyo a por ella, si algún “Puskas” del grupo chutaba más fuerte de lo normal.

Como digo, había caído la tarde, es decir era ya de noche, y se estaba acabando el perol cuando se le ocurrió a un oficial decirle al nene, al aprendiz de doce años, que bajase a por agua a la alcubilla. Eso era un reto para cualquiera y mucho más para un niño, la única luz era la del rescoldo de la candela, pero a medida que te alejabas entrabas en la oscuridad más absoluta. Eso sumado a los ruidos habituales del campo, hacían bastante siniestro el recorrido, luego estaba la dificultad añadida de no ver la vereda de bajada y ser ésta empinada.

En realidad no existía necesidad de agua, era la preparación de una broma a la que tan dados eran los talleres con los aprendices. El nene cogió la damajuana e inicio el camino hasta la alcubilla, todo ello a oscuras, pues no había ni una simple luna, aunque fuese en menguante. Llegada a la alcubilla; pies dentro del agua de salida de la misma; ruidos de los nocturnos, a los que habías molestado con tu presencia; llenado de la damajuana, y vuelta a subir. El silencio y la oscuridad más absolutos nuevamente. Llegada al lugar del perol y… lo que faltaba, allí no había nadie, hasta la candela estaba apagada, nadie, lo que se dice nadie. En eso consistía la broma, en dejar al nene solo en el campo y desaparecer los demás. ¿Bueno y ahora qué? Se preguntó el semiasustado chiquillo, de semi es un decir, el asustado del todo.


Alcubilla de la Palomera, caño
Caño de la Alcubilla de la Palomera.

El miedo agudiza el ingenio, recordó que cuando bajó a la alcubilla, había visto la motocicleta Montesa 125 cc. de uno de los jefes, ya que los demás habían venido en el autobús del Barrio del Naranjo, y después por el Castillo del Maimón andando hasta la Palomera, y pensó, ¿la moto la tendrá que recoger alguien?, pues me voy a la moto y espero. Efectivamente eso hizo, cogió la damajuana y se bajó nuevamente a la alcubilla. ¡Menos mal! La Montesa 125 cc. estaba allí. Entonces sólo quedaba esperar. Eso no quiere decir que el miedo hubiera desaparecido, en todo caso el de sentirse definitivamente solo si, porque alguien vendría por ella. Se arrimó a la motocicleta y se dispuso a esperar.

No habían pasado unos minutos, cuando escuchó unos cascos de caballerías y vio aparecer dos señores a caballo, con unas oscuras capas y un tricornio que destacaba en la cabeza. No hace falta haber estudiado en Salamanca para saber que era la pareja de la Guardia Civil a caballo.

― ¡Alto a la Guardia Civil! ―Alto para qué, se pregunto el chaval, si no se había movido, y mucho menos tenía intención de hacerlo, pero…

― Buenas noches. ―balbuceó.

― ¿Qué es lo que estás haciendo aquí? ¿De quién es esa motocicleta? ¿De dónde eres? ―La batería de preguntas era tal que no daba tiempo a contestarlas, todo ello sin bajarse de los caballos. Y si daba miedo la noche, peor era lo que entraba con los personajes y con el movimiento y resoplar continuo de los caballos.

―Miren ustedes yo soy aprendiz de platería, y estamos de perol todo el taller en los almendros, allí arriba ―dijo señalando el camino―, me han mandado a por agua, que aquí está la damajuana, y cuando he subido no estaban en el lugar del perol. Creo que es una broma y entonces me he bajado hasta la moto a esperarlos.

― Arriba no hay nadie, hemos pasado nosotros por allí. ―dijeron.

― Claro que no hay nadie se habrán escondido. ―les aclaró.

― No será que has robado la moto. ―Le acusaron.

― ¡Robar la moto yo, pero si es de Pedro, que es clavador y es el hermano del jefe que es Rafael Martínez! Le estoy diciendo la verdad. ―decía el chiquillo comprobando que sería imposible convencer a los guardias. El asunto por lo tanto se ponía feo.

― ¡Venga, tira para el Barrio del Naranjo, delante de nosotros. ―Le ordenaron.

― ¡Pero señor…! ―dijo el muchacho dirigiéndose al que daba las órdenes― si lo que he dicho es verdad.

― ¡Tú te crees que la Guardia Civil es tonta! ¿No? ― le gritó.

― No señor le digo lo que ha pasado.

― ¡Que te calles y “pa” arriba!

Más serio y feo no podía estar el asunto. Pero en ese momento se oyeron unas voces desde arriba, desde los almendros:

― ¡¡Nene cuando vas a traer el agua!! ¿Qué te pasa?

La criatura, que ya se veía en el cuartelillo, vio el cielo abierto y se volvió a dirigir a los guardias civiles para decirles:

― ¡Ven ustedes como estaban allí, que era una broma! ―Los guardias se miraron entre si y dijo unos de ellos, el que siempre llevaba la voz cantante:

― ¡Venga súbete con ellos y se acabó el perol ya, cada uno para su casa! ¡Que no son horas! Vamos a dar una vuelta y si cuando volvamos estáis todavía por aquí os vais a enterar. ―le dijo tirando de las riendas al caballo para que enfilara el camino de subida de la alcubilla.

― ¿Entonces me puede marchar con los compañeros del taller? ―les volvió a preguntar, como si no se creyera que lo dejaban ir.

― ¡Sí, “jumo” corre ya! ―ordeno el guardia.

Decir correr es decir poco, volar es lo que el chaval hacía cuesta arriba. Al llegar al lugar del perol hubo algunas risas que se callaron cuando éste contó lo ocurrido y las instrucciones recibidas de los de la Benemérita. Órdenes que no se creían algunos, y que pensaban era un truco para contrarrestar la broma. Menos mal que uno de los oficiales se asomo al borde del altozano, desde donde se veía el camino que discurría hacia el puente de hierro, y vio las siluetas de los caballistas.

― ¡Que está diciendo la verdad, que la Guardia Civil va por el camino, y si estos dan la vuelta por el puente de hierro los tenemos aquí ya mismo! ―dijo.

Recoger los trastos fue igual de rápido que la subida del chaval con la damajuana, y no digamos bajar, que era más cómodo. Incluso el propietario de la moto que le había dado la poliomielitis de chico y cojeaba, ni siquiera se le notaba el vaivén normal que hacia al andar. Bajada a la fuente de la Palomera, recogida de la motocicleta y el resto carretera y manta camino del barrio del Naranjo a coger el autobús.

Ya no se hablaba de la broma, sino de la detención del aprendiz y la aventura vivida por éste al haber sido detenido temporalmente por la Guardia Civil.

― ¡Menos mal que no era el Cabo de la Magdalena! ―dijo un gracioso.

― ¡Como si lo fuera, “enterao”! Tú no sabes lo que entra, sin saber lo que va a pasar. ¿Si vas a acabar en el cuartelillo? ¿Si te van a dar una guantazo, o qué? Y luego el susto de tus padres.

Y así fue como acabó, un perol, de los muchos, de la platería, con broma incluida al aprendiz, y con detención pasajera de éste y recomendación de la Guardia Civil, porque según la autoridad no era hora de estar en el campo, y de como el embromado aprendiz, se había convertido en un personaje con algo serio que contar, y que fue la comidilla de días posteriores. Y la de aclaraciones que tuvo que dar, a las visitas, algunas exageradas para darse más bombo…

Fotografías de La Colina, un experto en aguas de la ciudad.

viernes, 18 de diciembre de 2009

EL TELÉFONO EN CÓRDOBA, ISAAC PERAL Y DON MANUEL SIDRO


Primera central telefónica en la casa de los Páez.

Diez años faltaban para que acabara el siglo XIX, en julio de 1890, cuando se estableció comunicación telefónica entre Córdoba y Madrid. En esas fechas visitó Córdoba Isaac Peral, el ilustre marino inventor del buque submarino, cuya réplica está varada en el puerto de Cartagena. Ya había pasado el inventor antes por Córdoba, y prometido ante el entusiasmo de la ciudad volver, y estaba cumpliendo la promesa.

Ricardo de Montis, el ilustre notario de esta ciudad y de sus más notables acontecimientos, había escrito de la visita de Peral en julio de 1924:

“Dicho día fue de júbilo extraordinario, de gran fiesta a los cordobeses. El comercio cerró sus establecimientos mucho antes que llegara el tren que conducía al egregio marino y todas las casas de la población aparecieron engalanadas con vistosas colgaduras. Córdoba entera marchó a la Estación Central de los ferrocarriles para recibir a Peral.

Este dirigióse a las Casas Consistoriales, en un carruaje Dumont, perteneciente a los Duques de Hornachuelos, seguido de una interminable comitiva, en la que figuraban las autoridades y corporaciones de todas clases, comisiones de los centros artísticos, literarios y recreativos, la Prensa, los gremios y las sociedades obreras, con banderas y estandartes…”

“…Peral, desde el balcón central de la Casa Ayuntamiento, presenció el desfile de la comitiva y dirigió la palabra al pueblo, saludándolo en términos muy efusivos…”

Al día siguiente y siempre según D. Ricardo:

“…El día 29 de Julio por la mañana el señor Peral, siempre acompañado de autoridades, corporaciones, gremios y numeroso público, estuvo en la Mezquita y en la Academia Politécnica establecida por don Manuel Sidro de la Torre en la casa de Jerónimo Páez.

Desde dicho centro docente saludó a las redacciones de los periódicos locales por el teléfono que el señor Sidro acababa de instalar en Córdoba.”

Este fue el acontecimiento sumado a la vista de D. Isaac. Una cuestión tan nimia hoy en día y que fue en su momento un gran acontecimiento, que el cronista le llamó:

”…invento maravilloso que, en aquella época sólo poseían algunas ciudades…”

Hoy cualquiera desde cualquier sitio, puede utilizar el artilugio de Graham Bell, para multitud de cuestiones que dejan la trasmisión de la palabra a un lado muy secundario. La mayoría de los negocios televisivos y radiofónicos no pueden prescindir hoy de sus ingresos. Y en aquel entonces, cuando sólo había en Córdoba tres o cuatro empresas que se unificaron después en la Compañía Telefónica Nacional de España por Decreto real de 1924, no atentaban tampoco sus instalaciones a la estética del “sky line” cordobés. Como la antena de distribución de líneas que estaba instalada en la entrada del Palacio de los Páez, donde existía la Academia Politécnica del Sr. D. Manuel Sidro de la Torre. A través de la puerta de lo que hoy es el Museo Arqueológico se ve el rotulo de la Academia.


Central de Gondomar
Central interurbana de la calle Gondomar


La telefonía en aquel tiempo tenía esa sola central que hemos citado, en la plaza de Jerónimo Páez. En 1928 se estableció el servicio automático y entró en funcionamiento la central de las Tendillas, dónde se trasladó la de la calle Gondomar.


Central de las tendillas
Construcción de la Central de las Tendillas


Justo es reconocer que D. Manuel Sidro de la Torre fue uno de tantos pioneros que colaboraron en el establecimiento de las nuevas tecnologías en nuestra ciudad.

Torre de distribucion
Torre de distribución de lineas de la casa de los Páez.
Academia Politécnica.

Bibliografía: R. de Montis
Fotos: Archivo Municipal