Como he comentado en otro sitio, referirse a cualquier lugar de esta ciudad es muy complicado, pues en cualquier rincón de la misma, existen muchos años de historia tapados que afloran al hacerlo. En esta ocasión nos referimos al monasterio de Ntra. Sra. de la Victoria que, en el grabado de Guedson (perdón por mi fijación de los grabados antiguos, Baldi Wyngaerde, Guedson, etc. que para mí son sin duda una fuente de misterio e inspiración investigadora de lugares de nuestra ciudad) figura al lado oeste del mismo entre la Puerta de Gallegos y la no abierta aún de Hierro, en el lugar que se denominó después como la titular del convento, y hoy es el paseo del mismo nombre, el Paseo de la Victoria. En mi niñez le tomé una cierta inquina al nombre, por pensar que conmemoraba la victoria fascista sobre el gobierno de la segunda República. Afortunadamente no fue así. También se llamó anteriormente Paseo del General Primo de Rivera.
En el lugar, en 1293 o años cercanos, se fundó el Monasterio de Ntra. Sra. de las Huertas, por estar rodeado por ellas. Fértiles huertas que existían desde las murallas de la ciudad hasta la Arruzafa, y por toda la vega del río. En sus comienzos fue santuario, sin poder demostrar que antes del periodo árabe, hubiese en ese sitio algún edificio dedicado al culto. Normalmente es lo que sucede a lo largo de distintas dominaciones.
“E mando que fagan un cáliz de plata con su patena para con que consagren el cuerpo de Dios, é por que sea mejor servido el altar de la dicha casa de Santa María de las Huertas con él. Mando que lo tenga cualquiera que y fuere emparedada, para que lo dé cada día, con que digan misa. E mando que den para una cama de ropa que pongan en el hospital de Santa María de las Huertas cien mrs”.
Por lo tanto está demostrado que en este sitio hubo lugar de recogida de mujeres. El lugar se supone estuvo en el lado de la epístola, donde había una capilla, de bajo techo, con arcos, compuesta de tres pequeñas salas.
El matrimonio real católico, Isabel y Fernando (la dama montaba más) en una de las dos o tres veces que recalaron en Córdoba, como eran devotos de la Virgen de la Victoria, cambiaron el nombre de las Huertas por el de la virgen de su advocación. Nombre que tenía cuando los Mínimos ocuparon el convento. Por el año nueve del mil quinientos, llegó a Córdoba el General de la Orden de San Francisco de Paula o Mínimos, con la intención de fundar un convento y el Obispo, parece ser, mandó las emparedadas a otra comunidad, y le cedió Santa María de las Huertas con la obligación de que mantuviesen el nombre, según figura en la escritura de cesión. Expedida en 1510, y que dice:
“Monasterium tituli Sanctae Mariae de Victoria de hortis de cetero nuncupandum".
Una vez propietarios del convento, la orden de los Mínimos, consiguieron ampliar el terreno y edificaron la iglesia y demás dependencias, como siempre con la caridad de la “piadosa” ciudadanía. Dicen los textos referidos a ella, que tenía una nave amplia, con un artesonado en el techo de una cierta calidad artística. La capilla Mayor la sufragó D. Cristóbal de Angulo y Doña Ana Ponce de León, su esposa, con el compromiso de que se pudieran enterrar en ella el matrimonio y una hermana de Doña Ana, por esa razón le donaron unos terrenos en la huerta la Dehesilla y el cortijo La Urraca.
El resto de altares fueron costeados por otras personas, sirviendo de sagrario la antigua capilla citada. El edificio no era uniforme, parece ser que lo único que merecía la pena era un claustro que tenía de hermosas columnas, con una fuente en el centro, que regaló el Marqués de Priego y Señor de Aguilar.
En una obra posterior, por problemas con el agua del arroyo del Moro, se encontraron sillares y monedas, lo que demuestra que el lugar había sido usado en épocas más tempranas. Esta comunidad que la componían seis decenas de individuos aproximadamente. Tuvo una exclaustración en 1810, y luego la definitiva en 1836, año en que compró el monasterio D. Francisco García Hidalgo, y veintiséis años después lo vendió al Ayuntamiento, el cual lo derribó en 1867 para hacer el Paseo y Jardines de la Victoria y ampliar el campo de la Feria. El huerto estuvo un tiempo de vivero para los jardines, y todo el conjunto del nuevo paseo se convirtió en la ronda oeste de la muralla de Córdoba.
En el plano puede verse el paseo circular que se construye en 1854 y que se ve en el grabado detrás del convento, por cuya fachada principal pasaba un camino hacia el sur y por su fachada norte discurría el llamado de San Jerónimo, bifurcándose ambos en la esquina del convento. El arroyo del Moro discurría en dirección oeste-este, y en la citada esquina, giraba hacia el sur y hasta la Huerta del Rey estaba cubierto.
(1) El llamado emparedamiento o voto de tinieblas, duró en España hasta el siglo XVII, concretamente en 1693 se prohibió, había dos tipos el voluntarios (¿?) y el que se ejercía como castigo, era algo parecido a lo que le ocurría a las vestales de la antigua Roma cuando perdían la virginidad que, normalmente se la quitaba el sacerdote cercano. Normalmente estos recintos estaban cerca de las iglesias, de las que recibían la misa y algún alimento por una rejilla que era el único contacto con el exterior.

