jueves, 21 de noviembre de 2013

EL AQUA VETUS AUGUSTA A SU ENTRADA EN CÓRDOBA, DESDE LOS OJOS DE UN PROFANO.

Una vista del acueducto Aqua Vetus Augusta

Córdoba es una ciudad desde el comienzo de su historia muy bien abastecida de agua. Cuando se fundó la ciudad, se le puso nombre que ahora tiene y pasó a ser Colonia Patricia, se procuró por los fundadores, buscar no sólo el mejor lugar para el asentamiento, sino dotarlo también de un abastecimiento de agua adecuado.

Trazado dirección oeste este parcialmente destruido

Durante los años que corrieron desde el 27 a.C. hasta el 14 d.C., es decir unos cuarenta y cuatro años, se construyó el acueducto principal y primero de la ciudad, de los tres de que dispuso, el Aqua Vetus Augusta. Dicen que alimentaba unas cien fuentes, unas doscientas casas y otros tantos edificios públicos. En los siglos II y III, se construye el segundo, el Aqua Nova Domicitiana Augusta, por la zona norte de la ciudad, arroyo de Pedroches y de la Palomera y luego un tercero que es el que tenemos en la Estación de autobuses.

En dirección al oeste en buen estado

Luego hubo un notable abandono de estas infraestructuras durante la época visigoda. Durante el periodo árabe incluso se reformaron y actualizaron estas conducciones, bien es verdad que se aprovecharon para la ciudad palatina de Medina Azahara. Después de la conquista, pasaron a sufrir el mismo abandono que en anteriores gobiernos cristianos. La fama de que el agua no era un elemento tan valorado por la "reserva espiritual de occidente", como para romanos y árabes, posiblemente fuese la causa de ello. Control posterior de este valioso líquido elemento durante un tiempo, mayoritariamente, por la Iglesia católica. Luego los poderes públicos, protegieron este bien común. 

El mismo trazado anterior

Después, en el siglo XX se realizó una obra de categoría, con un canal primero desde el pantano de Guadalmellato, y dos conducciones de agua a la ciudad, una por gravedad, y otra a presión, que nos ha permitido disfrutar a los cordobeses siempre de este servicio, e incluso en periodos de sequía, abastecer a ciudades cuenca del Betis abajo.

En esta fotografía el trazado va dirección a la ciudad

El liquido elemento, ahora en estos tiempos se ha tornado en un bien apetecible, de considerable valor para los intereses privados que pretende poco a poco, hacerse con el control del mismo, y explotarlo a costa de su encarecimiento y control, que es lo peor. Lo conseguirán, a no ser que el pueblo tome conciencia del verdadero valor que tiene el agua. La escasez de la misma y la necesidad de que no deje de ser un bien general, debe ser siempre controlado por los poderes públicos.

Un trozo destruido

Según textos este acueducto alimentaba la ciudad, con un caudal entre 20.000 y 35.000 m3 de agua diarios. Tiene una longitud de unos 19 km. y recogía las aguas de los manantiales del Arroyo Bejarano y Caño de Escarabita, en Trassierra y se reforzaba con los Veneros de Vallehermoso en la inmediaciones de la carretera de Trassierra, a la altura de la Huerta de la Gitana, más o menos, para situarnos un poco geográficamente.

Al fondo a la izquierda el centro comercial

Siempre desde mi escasa preparación arqueológica, pero compensada ésta por los textos de los eruditos, manifestaré que su construcción estaba realizada con ese cemento romano, el opus caementicium, de demostrada calidad, y revestido en su interior por ese magnífico impermeabilizante que era el opus signinum. Con las famosas mediascañas en sus rincones que favorecían su limpieza, como la mayoría de las construcciones hidráulicas de ese tiempo.

Lamentable estado de abandono

Estaba construido en bóveda de medio cañón, de 90 x 64 cm de luz y un grueso de paredes de 35 a 40 cm. En la mayoría de su recorrido era de trazado subterráneo, salvo en el acueducto de Valdepuentes, que es Monumento Nacional, y salva con tres esbeltos arcos califales el arroyo del mismo nombre, y además le cede su nombre al Aqua Nova, que se denomina también Acueducto de Valdepuentes. 

Un tramo rectilíneo en aceptable estado

Una de las importantes peculiaridades de esta conducción, es el sistema de los llamados pozos de resalto, para reducir la velocidad de la caída de agua, concretamente en la zona de Valdepuentes, que pasa de la cota de cuatrocientos y algo metros a las de doscientos. Tiene del orden de 34 pozos de resalto en ese lugar, que de no tenerlos destrozaría la fuerza del agua la obra. Además de servir estos pozos para su limpieza. Para esto último tenía también, a lo largo de su recorrido, accesos tapados con losas para el mismo fin, así como su mantenimiento, desenarenado, reparaciones, etc..

Plásticos, suciedad, destrucción.

Pues bien, la otra mañana -ya había estado antes con los amigos Ángel Martos y Pancho Gamero-, decidí darme un paseo, con los primeros fríos (hacia más que en Burgos), para ver el estado en el que estaba el trazado, desde el arroyo de Cantarranas hasta la barriada de Figueroa. Y allí estaba, rodeado de jaramagos, bien es verdad que menos selva que cuando estuve la primera vez, pero en un total abandono. Y tiene la friolera de más de dos mil años. Este tramo está casi estudiado en su totalidad, lo que pasa es que existen muy pocos sitios ya donde se pueda ver su excavación.

Camino de la ciudad

Y diremos como dijo en cierta ocasión D. Carlos Castilla, como no se vea pronto posiblemente ya no se verá nunca más. Tramos que estaban descubiertos ahora son modernas calzadas, eso sí sin coches afortunadamente, por la explosión, de la burbuja, y el parar de la locura urbanística. Afortunadamente existen excelentes trabajos de la excavación, y además se puede jugar con la fotografía aérea de ese medio tan importante de que disponemos, Google o Bing, aún gratuito, que nos permite seguir una línea de tiempo y ver el antes y después, así como también el vuelo de los USA que nos traslada más de 60 años atrás. 

Otro tramo que tiene destruida la cubierta

Llama la atención de los expertos una quiebra que hace el trazado, y que podemos ver en las fotografía aéreas, parece que no existen razones geográficas que obliguen a ese cambio de dirección, buscando mantener la pendiente lógica. Bien es verdad que rodea las curvas de nivel, pero la diferencia de cota no es lo suficiente exagerada para impedir la continuación de un trazado recto.  

Destrucción total

Una bonita teoría habla de la posibilidad del respeto a un bosque sagrado, del que parecen quedan huellas en forma de paleo raíces, que obligase a dar el rodeo, ya que, aunque existen precedentes de rodear una propiedad, ante la negativa del dueño, al ser una obra del interés general podrían haberse empleado soluciones administrativas. 

Dos agujeros en la cubierta

Sin embargo esos bosques por su carácter sagrado no podían ser usados arbitrariamente por el Estado. Decir que su trazado acababa  en otro quiebro hacía el sur buscando la muralla norte de la ciudad, cercana a la Puerta de Osario, por donde accedía a Córdoba en altura. Y que por esa zona apareció una inscripción que fue la que determinó el nombre del acueducto.

Vista del interior

Su abandono definitivo se produce cuando el terremoto del siglo III, el mismo que destruyó el Teatro y lo convirtió en calerín y muladar. Hay fotografías que demuestran un zigzagueante  trazado posiblemente debidas a los movimientos del terreno y la escasa consistencia en ese lugar de la obra. Al no ser las fotografías que lo atestiguan de mí propiedad remito al siguiente párrafo y al trabajo citado donde pueden verse.

Otro tramo destruido

En el excelente trabajo de D. Ángel Ventura y Doña Guadalupe Pizaro, que recomiendo, y que se llama "El Aqua Augusta (Acueducto de Valdepuentes) y el abastecimiento de agua a la Colonia Patricia Corduba", que se presentó al "V Congreso Europeo sobre las obras públicas romanas", dentro de la ponencia "El acueducto romano de Córdoba". 

Fotografía aérea de Google de 2006, en azul el trazado y el quiebro señalado

En este trabajo se puede disfrutar de una completa explicación científica al respecto, ya que las pretensiones de esta entrada en el blog es manifestar la pena del abandono de nuestro patrimonio, sin entrar en cuestiones profesionales en las que un profano como yo se puede perder irremediablemente, por aquello de que zapatero a tus zapatos. 

Fotografía aérea de Google de 2011, en azul el trazado

Plano del acueducto



Fotografías y vídeos del autor
Bibliografía del trabajo citado

sábado, 16 de noviembre de 2013

HOMENAJE DEL ATENEO DE CÓRDOBA A FRANCISCO CARRASCO

Portada del libro

En el artístico Salón de los Sentidos del Círculo de la Amistad, se celebró ayer día 14 de noviembre, el homenaje del Ateneo de Córdoba al poeta Francisco Carrasco, con un libro dedicado al mismo y una lectura de poemas de los poetas que han colaborado en él.

Antonio Varo, Antonio Flores, Francisco Carrasco y Moreno Calderón

Por no ser un asiduo de la poesía mi conocimiento de Francisco Carrasco lo es solo por su libro "Arroyos de Córdoba". Manuel Ortas, del Ateneo de Córdoba, me facilitó amablemente una copia del extraordinario trabajo de Francisco Carrasco, ese romántico geógrafo y poeta de nuestros arroyos. Cito una pequeña muestra al referirse al milenario curso del Arroyo del Moro:

Francisco Carrasco

"...entrando en la Huerta de Segovia entre naranjos que, en primavera, obsequian con el virginal aroma del azahar. Esta es una de las huertas de más encanto de nuestra sierra con la de la Huerta de los Arcos. Es reino de la dama de noche y el heliotropo en las noches cálidas del verano cordobés."


Antonio Varo, Antonio Flores, Francisco Carrasco y Moreno Calderón

Por ello con mi ejemplar de "Arroyos de Córdoba", pretendí antes de comenzar el acto, que me dedicara éste su autor y me dijo tener dificultades visuales que le impedían hacer la dedicatoria adecuadamente, cuestión que comprendí. Mi gozo en un pozo.

Presentación del acto por el Presidente del Ateneo Antonio Varo

Intervención de Antonio Varo Presidente del Ateneo.

 

La mesa estaba compuesta por el Presidente del Ateneo, Antonio Varo ,  el responsable de la Sección de Poesía del Ateneo Antonio Flores, el poeta Manuel Gahete, que prologó el libro, el Delegado de Cultura del Ayuntamiento, Sr. Moreno Calderón, y el homenajeado Francisco Carrasco. La sala a rebosar.

Intervención Juan Miguel Moreno Calderón Delegado de Cultura

 

Abrió el acto Antonio Varo, que glosó la figura del poeta, así como diversos aspectos de la edición del libro, entrando en datos sobre el mismo y sobre la personalidad del poeta Francisco Carrasco. Tomó la palabra al Delegado de Cultura del Ayuntamiento de Córdoba Sr. Moreno Calderón, quien manifestó haber dejado otros asuntos para asistir al acto y expreso su admiración y amistad por el homenajeado.

Intervención de Antonio Flores Presidente de la Sección de Poesía del Ateneo

Intervención Antonio Flores Presidente Sección Poesía Ateneo

 

A continuación Antonio Flores volvió a citar aspectos de la relación con el homenajeado así como se extendió en el capítulo de agradecimientos para la realización de la obra, entre los que incluyó al Ayuntamiento. 

Manuel Gahete leyendo una sinopsis de su prólogo del libro

Luego  Manuel Gahete leyó una sinopsis de su interesante prólogo de veintidós páginas, que se pasea por la vida y obra de Francisco Carrasco, que por su calidad merece ser leída detenidamente.

Intervención Manuel Gahete prologista del libro

 

Antonio Flores llamando a los distintos poetas que iban a leer sus poemas

Después Antonio Flores fue llamando a cada uno de los poetas que iban a leer su poema en el libro. Lo hicieron en número de veintinueve de los cincuenta y siete que han publicado poemas en él. En unos el poema estaba dedicado exclusivamente al homenajeado, y en otros formaba parte de su poemario. Todos ellos fueron emotivos y precisos, destacando algunas lecturas con una dicción y tono declamatorio muy llamativo, por lo menos para este modesto oyente.

La mesa del acto Homenaje a Francisco Carrasco

Divido este apartado en tres bloques para comodidad de los lectores.

Bloque primero, contiene la lectura de poemas de los siguientes poetas:

Primer bloque de lectura de poemas


Mercedes Castro, Manuel de César, Manuel Gahete, Juana Castro, Alfredo Jurado, Antonio Flores, Antonio Varo, Araceli Linares y Balbina Prior.

Bloque segundo, contiene la lectura de poemas de los siguientes poetas:

Segundo bloque de lectura de poemas

 

Benita Barrionuevo, Carmen Quero, Diego Martínez, Encarni García, Federico Abad, Fernando Sánchez, Fernando Serrano, Francisco Alemán, Javier Ortiz y José de Miguel.

Bloque tercero, contiene la lectura de poemas de los siguientes poetas:

Tercer bloque de lectura de poemas

 

Enrique Sánchez, Manuel Sánchez, Mari Carmen Álvarez, Mari Cruz Garrido (leyó Paco Otero), Mari Luz Escuín, José Mariscal, Pilar Sanabria, Rafael Cerrejón, Rafaela Sánchez, y Soledad Zurera.

Luego al final, el "poeta de los arroyos y del campo cordobés" como fue llamado por algún colega, agradeció al Ateneo en la figura de sus presidentes Antonio Perea y Antonio Varo, el esfuerzo para seguir llevando la nave cultural por su singladura y a todos los poetas presentes y no presentes su colaboración y cariño por su persona.

Francisco Carrasco el poeta homenajeado

Palabras de agradecimiento de Francisco Carrasco






Antonio Varo cerró el acto no sin antes obsequiar a Francisco Carrasco un cuadro con el dibujo que es portada en el libro, obra de M. Clementson. Al final la foto de rigor con todos los poetas asistentes.

Cierre del acto a cargo de Antonio Varo

 

Fotografías, vídeos y audio del autor

martes, 12 de noviembre de 2013

LAS CUEVAS O CANTERAS CALIFALES DEL PARADOR DE LA ARRUZAFA

Cantera califal sala principal al fondo entrada segunda sala

Lo más importante de esta entrada no son las canteras subterráneas, si son califales que seguro lo serán, o si antes lo fueron romanas, que a lo mejor también, lo más importante es el interés de una plantilla de profesionales, trabajadores de a pie, de Paradores Nacionales, que han visto en estas cavidades creadas por hombres de hace muchos años, como un acicate para poner en valor un parador, el de La Arruzafa de Córdoba, y que sume este atractivo patrimonial a sus muchos atractivos que tiene de por sí. Y sobre todo se demuestra como se preocupan los trabajadores por su empresa y como lo público puede ser atractivo y rentable si su gestión es adecuada.

Entrada cueva que fue bodega y central de transformación

El parador nacional de la Arruzafa es un lugar maravilloso, incluso en los rigores del estío cordobés. Unas maravillosas vistas sobre el valle -si el califa tenía allí su residencia de verano no era por casualidad-. Una  buena cocina actual, de diseño, y unos extraordinarios profesionales. Mi familia ha tenido la ocasión hace unos días de estar en él, en un acontecimiento muy cercano, y todos hemos quedado muy satisfechos. 

Un aspecto del techo de la cueva de la bodega

Volvamos al parador y a sus cuevas o canteras. Cuando se decidió construir el parador, en la década de los cincuenta del siglo XX, aquellos lugares eran huertas, las afueras de la ciudad. El ex-Convento de San Francisco de la Arruzafa, la finca El Patriarca, y el Cañito Bazán, lugar, este último, de peroles cordobeses por excelencia. Una conducción posiblemente árabe, dotaba al lugar de lo esencial, buena agua y sombras. En los alrededores también existían unas canteras al aire libre.

Otra vista del techo

Antes, los antecedentes -no tenían que ver con el boom turístico posterior-, eran la Fonda de la familia Rizzi, en la que se había convertido el ex-Convento de San Francisco de la Arruzafa, ahora dentro del recinto. Luego, la construcción del Parador Nacional de Turismo, como así se llamaba. Era un cruce de caminos, la carretera de subida a la Ermitas, a la derecha el Cañito Bazán que era esquina necesaria con el convento y su cruz de Humilladero, y luego la inconfundible silueta del parador a la izquierda.

Un trozo de piedra desprendida

Puestos de acuerdo procedimos a la visita profana de las cuevas, ninguno éramos expertos en nada de lo que íbamos a ver, por lo menos yo no lo soy seguro. Mis conocimientos de geología son los que son, veía algo más desde luego que el "consumista del Realejo", pero algo más tan solo. Un profesional de la cocina, otro de mantenimiento, un escenógrafo y un jubilado, era el cuarteto. Una lámpara portátil, linterna y las cámaras fotográficas. 

Antigua bodega

Visitamos tres cavidades solamente, aunque hay alguna más. La primera ha estado siendo usada mucho tiempo, como bodega, y sección de transformación, que posteriores modificaciones la han dejado en desuso. Incluso fue vivienda como veremos al final. Reúne la condiciones de una correcta accesibilidad y con poca inversión se podría adecuar para visita, por lo menos para poder degustar unos caldos rodeados de un patrimonio de muchos siglos. La segunda, enorme, con claros tientes de cantera, con marcas de extracción de sillares en las paredes, y señales de herramientas en éstas y en el techo. Y la tercera en el exterior del recinto.  

Entrada a la cueva principal

Llama la atención que la llamada segunda, debido a sus enormes dimensiones está dividida por otras secciones del establecimiento hotelero. También las formaciones de carbonato cálcico, y sobre todo la invasión de la plantas y árboles del exterior, cuyas raíces buscan ávidamente la humedad y los productos que puede ofrecerle la tierra. A la pobre luz de las linternas o los flashes, muestran su grandiosidad. ¿Romanas las canteras? ¿Califales? Lo más seguro es que en ambas épocas las utilizarían. Califal seguro por estar más cercanas. Las terrazas del prehistórico mar de Tetis, dejaron su impronta en las laderas de la serranía con sus sedimentos marinos. Los sillares que de allí salían pasaron a formar parte de los palacios y construcciones de la época en Córdoba.



Al fondo de esta cueva cantera, que numeramos como la segunda, por el orden de la visita, una oquedad en altura permitía el acceso a una nueva sala, también muy grande con ramificaciones cegadas por los sucesivos derrumbes. Allí el tiempo había dejado sus restos, e incluso algún hueso de algún animal, de tamaño considerable, adornaba algún rincón, dándole el tinte adecuado. Su uso habitual durante las ampliaciones y reparaciones, permitían sacarnos de la abstracción y ver que estábamos en un lugar habitado, por los tabiques divisorios que existen en alguna pared .   

Marcas de la extracción de los sillares

La habilidad de David, más joven hizo que esta cueva la viéramos después en fotografías. Esta la llamamos sala 2ª de las canteras califales. Derrumbes y más huesos de animales. No hubiera sido extraño encontrar alguno humano, las cercanías del convento y su uso durante siglos podrían permitirlo, pero no, eran de animales. Esta es la mayor y aún lo sería más, porque como hemos comentado está dividida por paredes que serían necesarias para su uso posiblemente de almacenes del parador.

Cantera principal

Luego salida al exterior, un precioso jardín, las pistas deportivas y la dificultad, había que pasar entre el seto y la cerca del cerramiento exterior, para acceder a la boca de la más conocida. La que siempre ha estado al albedrío de la calle. Que ahora por la vegetación y la cercanía de la cerca, hace dificil un acceso cómodo.La última vez que entré en ella era casi un niño, hacía medio siglo y un lustro más. Un cafre quemó a un murciélago enorme, de una envergadura casi de medio metro, como digo en otro sitio, porque decía que era Drácula. Valiente animal, el amigo.  

Sala segunda en la que se observa la notable profundidad

Esta estaba casi como entonces, claro ahora el abuso de los indeseables e incívicos ciudadanos, porque en aquel entonces no habían tirado allí aún sillas de plástico, botellas e incluso televisores. Una empinada rampa y peligrosa, para bajar a ella, las señales de las herramientas de la cantera, cuyas paredes, algunas, están como las dejaron los últimos canteros, y digo algunas porque hay mucho derrumbe, que impide verlas todas.

Sala segunda otra vista

Luego una gatera, que me hizo echarle valor y acordarme de cuando el teniente "Cantimplora", en el antiguo patio del campo de deportes de Lepanto, allá por el 68 nos decía: -¡Cuerpo a tierra y a reptar como las serpientes!  Además de echarnos tierra encima para que nos imagináramos, según añadía, que lo que nos caía encima era metralla. Y lo curioso es que para eso -esa es la pena-, le pagaban.

Un rincón de la sala segunda

Un perfecto estratega, que nos decía en las soporíferas secciones de teórica, que en la explosión de una bomba atómica lo primero que había que hacer era no mirar al lugar de la explosión, porque nos quedaríamos ciegos del resplandor. -Qué más da quedarse ciego, teniente. -le contestábamos algunos (que habíamos leído el manual Vencer) si nos iban a quitar del mapa las distintas ondas mortíferas. Pero en fin, sus conocimientos desde luego no eran los de Enrico Fermi, el Nobel del proyecto Manhattan.

Derrumbe a la derecha

En resumidas cuentas, cuerpo a tierra y a pasar al segundo sector. Este tenía más derrumbes y nos llamó la atención una especie de oquedad en una roca que parecía un hueco de mortero, una especie de molino para triturar algo. Y más osamentas, en este caso un cánido casi completo. Luego la sospecha por culpa del barro, que la regañina estaba asegurada, so pena que la limpieza de pantalones y coderas quedara en perfecto estado de revista, continuando con el argot cuartelero.

Otro rincón de la sala segunda de la cantera principal

Y los recuerdos repetidos, murciélagos. Casi del mismo tamaño, en la sala interior donde menos llega la luz, salvo la escasa por la "gatera". Estos se soliviantaron un poco con la procedente de la linterna y procuramos molestarlos lo menos posible, los tres éramos y somos -Manolo no nos acompañó en esta-, individuos algo civilizados. Solo el flash para poderlos fotografiar, pero con las dificultades lógicas de no poderlos enfocar bien.

Rampa de bajada a la cueva exterior

Tengo conocimiento por Pilar López, conocida de las redes sociales, que sus abuelos vivieron en una de las cuevas, la que después contuvo la bodega del Parador, antes de la guerra incivil, e incluso ha tenido la deferencia de facilitarme una fotografía de las personas que la habitaron, sus abuelos, el matrimonio formado por D. Francisco Márquez de la Fuente y su esposa Doña Ascensión Fimia Espino, además de su seis hijos.

Familia de D. Francisco Márquez y Doña Ascención Fimia

Doña Ascensión trabajaba algunas veces en la casa del torero Rafael Guerra Bejarano, "El Guerra". Y Don Francisco fue capataz de algunas fincas del Brillante. De la que se acuerda su nieta, era la inmediata al Cañito Bazán. Después D. Francisco se incorporó a la Renfe de la que era trabajador antes de la guerra. Después marcharon a Jaén. También vivieron en el Zumbacón.

Vista de la entrada de la cueva exterior desde abajo de ésta

Otro interesante testimonio sobre las cuevas. 

"La propiedad de grandes partes de los terrenos de esa zona de la sierra era de la familia Montijano y, de nuevo de "oidas", me dijeron que la zona del Parador fue vendida a la sociedad Carbonell (de esto no estoy seguro). De las cuevas de la Arruzafa puedo contar que en el almacén del sótano, hay una tapiada, que los albañiles que trabajaron en la construcción del Parador me contaron que entraron por ella hasta cansarse. También que no pudieron hacer el desagüe de la piscina porque dieron con una cueva enorme, así que la piscina desagua directamente a la cueva. Y por último estaba la cueva del algarrobo o de la higuera o de la mula, en la esquina sur-este de la finca (se ve desde la calle nueva que va paralela a la tapia). Esa era enorme, tanto, que los escombros del vaciado de la piscina se volcaron allí. Y la piscina tenía 1.000 metros cúbicos, y aún así no se tapó nada más que una pequeña parte. Hubo un tiempo que el Parador tenía un par de hortelanos que cultivaban los terrenos y araban con una mula "La Española". La cueva "se acondicionó" para cuadra de la mula."

La que denominamos gatera desde la sala interior

Y otro amigo, Patxi Guerrikabeita me dice:

"Yo he sido un habitual de la zona, por mi afición a los fósiles, y antes de que hiciesen la piscina había una cueva con una gran entrada. En el fondo de ella había, que yo me acuerde, dos galerías. Las entradas de las mismas habían sido acondicionadas por el hombre. Nunca fui capaz de acercarme mucho, porque de ellas salía viento, y porque las linternas de petaca eran un lujo carísimo. Se decía que Abderramán I preso de la nostalgia, hoy sería una depresión de caballo, se refugiaba en ella. Total, que vaya usted a saber, donde termina la realidad y empieza la fantasía, sobre Abderramán I." 

David se aventura por uno de las pasillos

Bueno la realidad es que los tres testimonios son fruto del recuerdo, de la memoria de las personas y ahí quedan sin quitar ni poner nada. Los recuerdos son como son, sagrados para su propietario. Lo real es que hemos visitado las cuevas, cuatro espeleólogos de pacotilla: Timoteo, Manolo, David y quien suscribe. 

Especie de mortero

A los que agradezco haberme permitido ese placer, de haber retornado 55 años hacia atrás, y a los dos primeros desearles que su lucha por el mantenimiento de los puestos de trabajo de su empresa, con la colaboración del tercero David, sea fructífera y consigan el ansiado premio, que es poner en valor el patrimonio geológico-histórico del Parador Nacional de la Arruzafa. 

Los murciélagos


Fotografías de David Gutiérrez y del autor. 
Una facilitada por Pilar López.
Mi agradecimiento a Timoteo Manolo y David.