
Fotografías de Internet y autores citados




Segundo periodo de la vida del niño
Desde la cuarentena hasta la dentición sexto u octavo mes, las enfermedades eran asignadas a la salida de los dientes. Desde Hipócrates hasta casi ciento cincuenta años, se ha mantenido como tradición popular, con muy poca base científica. Las más frecuentes eran la diarrea, encías hinchadas, fiebres, convulsiones o espasmos.
Según la teoría galénica de la medicina, las fiebres eran causadas por trastornos de la digestión causados por la dentición primera. Dentro del capítulo de las convulsiones colocaban enfermedades conocidas hoy día como convulsiones por la fiebre, meningitis, tétanos y epilepsia. Para la epilepsia según 'Arib ibn Sa'id, seguidor de Galeno, se colgaba del cuello del niño un palo de madera llamado fawlaniya, y a la vez darle un jarabe de cebolla albarrana cocida en un recipiente puesto al sol. Para la diarrea había numerosos polvos, píldoras y emplastos. Para el niño estreñido hacían unos supositorios hechos con miel cocida, bórax y un poco de estiércol (¿?)
Para el tratamiento del estrabismo se le dejaba un luz encendida al lado contrario de la desviación para forzar la mirada al otro lado.
Tercer periodo de la vida del niño
Desde el sexto u octavo mes hasta los 6 o 7 años, primera dentición hasta caída de los dientes de leche. En esta etapa se empieza con el lenguaje, a andar y se realiza el destete. Para que comience hablar se le frotará la lengua con miel y sal gema, en el ánimo de fortalecérsela. Se le hablará con palabras fáciles para que vaya aprendiendo y para andar se le fabricará un andador de madera provisto de unas ruedas llamado por las árabes al-hál.
Afecciones de garganta
En esa época no había diferencia en las afecciones de faringe o de laringe. Pensaban que las inflamaciones venían de la supuración de humores que, del cerebro pasaban a través de las vértebras a la garganta. El motivo pudo ser al observar algunos abscesos retrofaríngeos que daban la impresión de que el pus venía de detrás, de las cervicales. El síntoma más significativo de las afecciones era el dolor al tragar e incluso la dificultad en respirar, ahogo y opresión. Los árabes llaman a la angina dubha, que parece significa degollar o ahogar. Con esa palabra se designaba a as anginas o a la difteria. Luego en el siglo XVII será descrita la difteria como el "garrotillo", por un médico español.
El tratamiento de la afecciones de garganta, con gargarismos de arrope de uva o de membrillo, y emplastos calientes con cocimientos de plantas. No hablar ni gritar. Aspirar el perfume de los arrayanes, humedecidos con agua. Para el asma, enfermedad conocida como una grave dificultad al respirar, se trataba con baños de agua caliente y luego después un preparado de granos de algodón machacados, pasta de cebada y todo cocido con leche de mujer.
Cálculos renales
En aquella época se daba con notable frecuencia la litiasis renal en los niños, Es posible que estuvieran enmascaradas otras enfermedades renales. Debemos considerar que la alimentación tuviera un papel especial en el aumento de la litiasis en ese tiempo. El tratamiento era base de baños de agua caliente, infusiones a base de achicoria y anís, y tenía una cierta fama el agua de una fuente en Priego, que según al-'Udri tenía la virtud de disolver los cálculos.
Lombrices
Se distinguían entre largas y pequeñas. Las pequeñas son los oxiuros -el que da brincos- de Galeno, Hipócrates y Aristóteles. Las largas son las áscaris lumbricoides muy frecuentes. Se trataban con medicamentos amargos y emplastos en el vientre. Por otra parte echo de menos un método para acabar con ellas que consistía en una ayuda de agua templada con ajo de notables resultados. En cierta ocasión cuando uno de nuestros hijos tuvo lombrices empleamos el método del ajo, pero el niño después de haberle introducido casi un litro de agua de ajo en el intestino, cerró el esfínter y estuvo casi todo el día que no había quien se acercara a él, evidentemente estuvimos a salvo de los vampiros también.
Enfermedades cutáneas
Además de las descritas pupas e impétigos, en casi todos los tratados de medicina figuraban los forúnculos, abscesos y escoceduras de las nalgas y muslos, cuestión que se atribuía a la corrupción de la leche en el intestino del niño. Hoy en día se piensa que es fruto de una mala digestión. Se bañaban en agua de rosas y untaban las ulceras de aceite de rosas o emplasto de cera o albayalde. En un tratado de pediatría del XVII se utilizaba también el albayalde para el escoriado.
Periodo prepuberal
Entre la muda de la dentición de leche y la definitiva es un periodo en el que 'Arib ibn Sa'iddescribe la viruela y el sarampión, que podían darse desde luego en otros periodos de la vida. Otro famoso médico árabe Abu Bakr al-RAzi, en su obre sobre la viruela y el sarampión ya describe estas enfermedades, señalándolas como infecciosas. 'Arib las describe meticulosamente desde su inicio hasta el final. Las divide en cuatro tipos, según las pústulas (su color y su forma) y su maduración, las fases de pápula, vesícula y pústula. Diferencia una viruela grave y otra benigna, sospechando que se trataría de la varicela, generada por un virus distinto. Otras clases de viruela eran graves, las de vesículas de grasientas de color verde o violetas, duras y de forma verrugosa. El príncipe Hishan, hijo de Alhaken II, posiblemente tuviera unas viruelas de las que curó. Estuvo aislado 43 días en el Alcázar. El tratamiento de la viruela como el del sarampión, se efectuaba a base de escarificaciones en las venas del cuello, jarabes de frutas; manzanas, membrillos, peras y granadas. Se encendía fuego con madera de lentisco o tamarisco cerca del niño para estimular la aparición del exantema o las vesículas. Nuestros contemporáneos creían que si al niño se le abrigaba con ropas rojas "fogaba" la enfermedad.
Circuncisión
Era una práctica corriente hacerla en el periodo entre los ocho o diez años, que era cuando se pensaba que el niño podía soportar mejor el dolor y estar mejor preparado para superar el riesgo de la operación. Para hacerla circuncisión primero se bañaba al niño y en el baño, con delicadeza se comprobaba si tenía adherencia entre prepucio y glande, pues convenía quitarlas antes de la circuncisión, despegándolas con aceite. Se distraía al niño. El cirujano experto y con experiencia, realizaba una ligadura con un cordón por donde iba a cortar. No se debía cortar con tijeras por el temor de hacer un corte curvo. La hemorragia se sostenía espolvoreando la herida con unos polvos compuestos de pétalos de rosas, flores de granado, sangre de drago, incienso negro, toronjas, hojas de arrayan secas y acíbar, A partes iguales. Luego se añadía cenizas de madera de tamarisco y lentisco. Majado y cernido y listo para usar. A los tres días se le quitaba la sangre coagulada con el polvo y se untaba una pomada cicatrizante a base de almártaga y albayalde, con cera blanca y aceite de rosas, mezclado con clara de huevo hasta hacerse pomada. Esta práctica no estaba prescrita por el Corán pero era una tradición.
Última etapa, la pubertad
En este periodo se pueden dar muchas de la afecciones de la infancia y, otras, se quedan para siempre, como dice puede ocurrir con la epilepsia. Pero si la epilepsia sobrepasa el umbral de la pubertad acompañará al ser humano hasta su muerte. Era frecuente observar niños que habían tenido convulsiones no volver a tenerla de mayor. Pero la epilepsia con una base orgánica no tiene porque curarse con la pubertad.
'Arib describe también la histeria en las jóvenes perfectamente, achacando su cuadro clínico a una retención de la menstruación en la matriz. Histeria viene del griego y significa útero o matriz.
El acné o barrillos, la obesidad, el excesivo crecimiento de las mamas en las muchachas y el poblamiento excesivo del pubis y axilas, determinaban que en el siglo X la juventud era explosiva o que a los jóvenes de aquel tiempo gustaban de mujeres de exuberantes curvas y pequeños senos. Los poetas describían los gustos de la época. Ibn Hazm en el Collar de la Paloma dice que lo más importante era la hermosura física, por eso eran muchos los tratamientos para los barrillos, vello excesivo o senos gruesos. Para esto último propone un tratamiento a base de comino amasado con agua o tiras de lino sumergido en vinagre, que se untarían en los pechos, luego se los vendarían durante tres días. Repitiendo el procedimiento varias veces al mes. Para el exceso de vello pubiano o axilar, untaba esas zonas con un ungüento a base de raíz de pimienta, albayalde, alumbre y agua de beleño con vinagre. De esa forma tratarían de competir con la rubias del norte.
Debemos considerar que la Pediatría y Obstreticia árabe del siglo X, había alcanzado un nivel que superaba el del mundo antiguo conocido. Es de hacer notar ausencia de sangrías y purgantes y el intensivo uso del baño caliente, factor de higiene que en los reinos cristianos brillaba por su ausencia.
En las escaleras de Fernando Colon desde Diario de Córdoba, en el edificio de la fotografía ha estado plantada durante muchísimos años una parra, que a mí siempre me llamaba la atención, cuando iba con mi padre a la Corredera o plaza Grande, como la llamábamos.
Una parra como la que he pretendido disimular con mala fortuna por mi parte, pero podemos hacernos una idea. Nunca supe si había sido plantada o salió de casualidad. Lo cierto es que un día cualquiera de un año cualquiera también, dejó de estar la parra en esa pared. Evidentemente los dueños de la casa la tenían dirigida para que llegara hasta el tejado, sola no podría haber subido hasta arriba. No he encontrado tampoco fotos de la misma.
Desde hace años, sigo un blog de cuando en cuando -ahora desde que tengo el empleo eventual en la Calleja menos, ya que tienes una obligación por la cual te "pagan"-, que con un tinte erótico festivo, publica variados y curiosos reportajes o entradas. Uno de los últimos está referido a unos tiernos infantes, tan tiernos como los Kañero y Kairo de nuestro admirado Manuel Harazen -admirado porque he estado leyendo en Supersticiones, entradas antiguas y me he quedado asombrado de muchas de ellas sobre todo las referidas al norte de áfrica en la zona cartaginense-, digo como esos tiernos y juguetones felinos porque ellos -los conozco bien porque mi madre era una aficionada a los gatos-, tienen en cada pata y manos, con carácter retráctil unos garfios que, a voluntad, pueden sacar y hacerte bastante daño. Por lo pronto siempre sus arañazos se te infestan. Las bolsas donde guardan esas armas son un nido útil para estudiar microbiología. A pesar de su exagerada limpieza habitual y diaria, nunca se llegan al interior de las fundas.
Pues bien una vez expuesta la comparativa de lo juguetones, candorosos, y bonitos que son los felinos, contrastada con su capacidad de matar a todo bicho que se les ponga delante, y al dueño incluso -no matarlo desde luego- pero si darle un susto, por su independencia y defensa de lo que consideran su territorio, vamos a ver que en esas fotografías de hermosos infantes se esconden también asesinos. Asesinos de adultos y de otros niños, con armas que le han causado a la humanidad más daño que los cuatro jinetes del apocalipsis.
Surgió el debate ¿si hubieses podido quitar de la circulación a esos tiernos infantes, en su no menos tierna infancia, lo hubieras hecho? Las contestaciones fueron de lo más variado. Desde la tesis de la problemática de la modificación del futuro, a que podía llevarte al matar al susodicho niño, y que te estuvieras matando tú también porque no nacerías, aunque por el contrario hubieras salvado a mucho millones de personas. Hasta otras basadas en la moral y buenas costumbres.
Lo cierto es que en el fondo, en la infancia, paralela a la indefensión que tienen todos los humanos cuando son niños, hasta que crecen y se hacen políticos, algunos, políticos hijos de puta, en ese momento homicida que planteamos, son verdaderamente niños indefensos. Resulta increíble desde luego que después se conviertan en lo que fueron, y más increíble es que no sintieran ni frio ni calor al apretar el "botón" unos, otros utilizar la pluma, que significaba dejar sin padres a otros niños como habían sido ellos.
Es posible que en sus infancias, su entorno, su familia, e inclusive su adolescencia, forjara en ellos su madurez criminal, por esa suerte de factores que si se conocieran podría utilizarse para poner a elementos de esta especie a buen recaudo. Hubo una novela que se llama "Los niños de Brasil" en la que falló el experimento de clonación por esos factores "ambientales".
De todas formas aquí están estas criaturas para que en la prolongación de este verano que va a empalmar con el del membrillo -que alegría lo del verano- para que juguéis al acertijo de saber quienes son.
En el BOJA número 91 se publica una Resolución de 24 de abril de 2009, relacionada con la apertura de un procedimiento para optar con carácter de interinidad a unas cátedras de guitarra flamenca del Conservatorio Superior de Córdoba.
El 23 de junio de 2009, publican una Resolución a la que añaden la lista del baremo definitivo de los aspirantes a la Cobertura Provisional de Cátedras.
El 24 de junio de 2009, publican la adjudicación provisional de la Cobertura Provisional de Cátedras. En la lista adicional figuran siete plazas de profesores de guitarra flamenca. Es decir los nombres, apellidos y puntuación del baremo de siete profesores titulados superiores de Guitarra Flamenca que optaban a las siete plazas. Uno de ellos el sexto por orden estuvo ocupándola el curso anterior 2088/2009.
El 4 de septiembre de 2009, publican las listas definitivas y sólo figuran ahora cinco personas, quedando fuera el sexto que ya trabajó el año pasado en el mismo puesto y el séptimo que era nuevo este año.
Pero lo curioso es que parece ser que han contratado en el lugar de estas dos cátedras suprimidas de un plumazo, a dos personas sin titulación ninguna. Sin desmerecer a éstas, pero lo cierto es que no se pudieron presentar al concurso porque no reúnen los requisitos necesarios. Y sin desmerecer a éstas personas que pueden ser unos virtuosos, no pueden ser docentes porque no tienen realizado el CAP, entonces ¿que enseñan en el Conservatorio?.
¿Cómo se explica esto? ¿No dan más salida a los afectados que el contencioso porque finaliza la vía administrativa? ¿No huele esto raro, muy raro? Todo ello sin ningún tipo de explicación. ¿Qué diferencia hay con los métodos de ministro Barroso y Castillo cuando solicitó una plaza en Veterinaria Rafael Castejón? ¡Ninguna! Seguro que lo habrán adornado, o a lo mejor ni siquiera, la impunidad con la que se hacen las cosas permite todos los juegos de cintura posibles. Evidentemente tengo constancia de que van al contencioso los afectados pero, someten al ciudadano a unos gastos que éste no puede soportar, mientras los servicios jurídicos de la administración están pagados por los propios ciudadanos a los que se les limitan sus derechos.
La verdad es que es lamentable.
Es muy aventurado desde luego, comparar con aquellos tiempos, en los que los conceptos de diversión y cultura diferían de los actuales. La oferta cultural y de entretenimiento en la actualidad es amplia, en ocasiones muy amplia, enorme diría yo. Ya no es sólo la prensa escrita y el teatro como antaño, ahora están: el cine, los soportes informáticos personales, Internet, etc. Se puede elegir lo que uno quiera en el momento que se desee. Antes las limitaciones eran las que eran y paralelo a las carencias, la iniciativa de la ciudadanía era más activa.
Pasó igual con el cine ¿Cuántas salas existían en Córdoba? ¿Cuántas quedan? Es lo mismo que ocurrió con la moda del video, proliferaron por doquier videotecas, con los cambiantes sistemas de reproducción; 2000, Beta, VHS, y ahora el DVD, y dentro de este último diferentes variantes.
Gran Teatro en 1970.
En Córdoba, hemos tenido en las últimas décadas, varios teatros. El Gran Teatro, el Duque de Rivas, el Palacio del Cine, y el Góngora. Luego estaban los pequeños, pero que podían usarse como tales, el Osio, en Cañero, y el Séneca en el Campo de la Verdad, el del Centro Filarmónico y el de Oscus, el Avanti de los Salesianos, el Liceo del Circulo de la Amistad, el Coliseo San Andrés de verano y posiblemente alguno que otro más privado. También cuando cambió la tendencia, tuvimos cines que podían haber sido teatros en potencia, evidentemente sin grandes posibilidades de escenario.
Pero en el siglo XIX teníamos los siguientes:
Teatros:
Principal.- En la casa número nueve de la calle Ambrosio de Morales. Fue el Coliseo Aristocrático de Córdoba y fue destruido por un incendio.
Recreo.- En un edificio de la calle María Cristina que fue derribado para hacer la calle Claudio Marcelo, era el llamado Teatro democrático de Córdoba.
Iberia.- En las antiguas oficinas de la calle García Lovera hoy Endesa.
San Fernando.- En la calle María Cristina (entonces del Arco Real).
Cervantes.- Cerca del anterior.
Moratín.- En la calle Jesús María, frente al Palacio de los Marqueses de Valdeflores.
Gran Teatro.- En Gran Capitán, lo construyó la banca Pedro López Morales.
Teatro de Verano.- En la calle Gondomar, en los patios de lo que fueron después las Escuelas-Asilo de la Infancia.
Variedades.- En el Paseo del Gran Capitán, contiguo al casino republicano.
Teatro-Circo Gran Capitán.- En el Paseo del mismo nombre.
Teatros particulares:
Calle de los Huevos.- Fundado por José Gálvez 1812.
Casa del Bailio.- De la Marquesa de Rosales.
En la calle Alcántara 1824.
Plaza de la Trinidad.- Palacio de los Duques de Hornachuelos.
En la Iglesia de los Mártires, 1836.
En el corral de Bataneros, 1838.
Liceo.- 1843, dio nombre a la calle que luego se llamó Alfonso XIII y posteriormente fue el Circulo de la Amistad.
Casa Núm. 5 de la calle de Fitero.
Plaza del Conde de Priego.- En el Palacio de los Marqueses de Ontiveros.
Gran Teatro en la actualidad.
Por lo tanto en el siglo XIX contamos 10 teatros principales y 9 particulares, es decir la friolera de 19 teatros. Es cierto que a lo largo del siglo XX, tuvimos cincuenta y tantos cines de verano y ahora sólo cinco, y teatros algunos menos que en la actualidad.
Hoy día contamos con: el remozado Teatro Principal de Ambrosio de Morales, el Gran Teatro, el Teatro de la Axerquía, el Liceo del Circulo de la Amistad, el del Colegio Salesiano Avanti. Luego están diferentes salas de actos que podrían considerarse como tales, como la del Conservatorio de Danza, y el Conservatorio de Música. Podría encuadrarse en ellos también el del Palacio de Congresos.
A mí me salen nueve.
Lo llamativo de la comparativa es el número de Teatros que había en ese citado siglo XIX y no se estaba preparando la ciudad para ser la Ciudad Cultural de 2016.
Teatro Duque de Rivas en el año de su cierre.
Nunca valoramos lo suficiente lo que aportó a nuestra sociedad la civilización árabe. Muchas de las cosas cotidianas que nos rodean tienen su origen en esa civilización. La numeración, sin la cual no podríamos calcular cuánto tenemos que pagar de hipoteca, ni los bancos contabilizar sus ganancias. Se imaginan lo difícil que sería hacer cualquier cálculo en números romanos, por poner un ejemplo.
Hace bastantes años, cayó en mis manos un artículo del Sr. Arjona Castro, que trataba sobre la pediatría y la puericultura en la Córdoba del siglo X, basado en el Tratado de Obstetricia y Pediatría, "Kitab jalq al-yanin wa tadbir al-habala wa al-mawludin" del médico árabe cordobés 'Arib ibn Sa'id, Historiador y ministro de Abderraman III y de Alhaken II, que devoré avidamente, y que he releído muchas veces después. Describía los avances en la medicina del siglo X, relativa a la rama señalada, por los doctores del Califato. Dibujaba cuestiones que todavía hoy se tienen en cuenta.
Me viene a la memoria el criterio de un pediatra, que tenía consulta en S. Andrés y que trató a mi hijo mayor cuando bebé, y que se asemejaba al seguido por esos doctores califales. Para ellos la terapéutica estaba concebida de la siguiente forma: primero empleaban la dietética, configurada según cada niño, y si esta fallaba entonces se recurriría a la farmacopea. Ese método seguía siempre el citado pediatra con mi hijo, cuando sufría de cualquier problema habitual de la infancia. Para ello siempre tenía la dieta adecuada, o el remedio natural. Pero en cierta ocasión nos desplazamos a Madrid, y tuvimos la mala suerte de que el niño tuvo una diarrea y el doctor de allí, que seguro desconocía los criterios médicos ancestrales del sur, le recetó una dosis de antibióticos, que hicieron que el color rosado de sus mejillas se quebrara y quedara como color ch... de mona.
En aquellos tiempos, todas las plantas que se usaban en la medicina, estaban recogidas en el Calendario de Córdoba (almanaque de agricultura, hipología y medicina), dónde se señalaban los lugares y el momento de recolección de las plantas conocidas. En la novela "Los Cipreses de Córdoba", se hace una detallada descripción de las virtudes de otra planta muy actual, novedosa en la Córdoba de esa época, que es el Áloe.
Volvamos a lo principal que nos ocupa y que son, los métodos empleados con los pequeños hace once siglos, es decir más de mil años, que se dice muy pronto.
La cuarentena
En ese tiempo la asistencia a los partos normalmente se ejercía por los familiares cercanos, o una experta que ejercía de partera o comadrona. Ésta, en el momento del alumbramiento, procedía a cortar el cordón umbilical, y debía retrasar el corte del mismo hasta que el niño empezase a llorar. En la actualidad se hace lo mismo pues se considera que esa pequeña transfusión extra que recibe de la madre, es fundamental para sus defensas.
El cordón umbilical se debe cortar a cuatro traveses de dedo -el través de dedo es una medida médica que equivale a 5 ó 6 centímetros-, del abdomen. Ligando primero fuertemente para evitar hemorragias. Se cortaba con un cristal o palo afilado, nunca con hierro por considerarlo de mala suerte.
Después se procedía al lavado del nacido en agua, salada con sal, costo, zumaque alholva y cebada, todo menos ojos, nariz, y boca. Después debía de frotarse con agua y un cocimiento de arrayán, para quitar cualquier resto que le quedara. En otras ocasiones se usaba para lavar agua con ceniza. Había que hacer hincapié en el secado, para evitar lo que llamaban perjuicio de la humedad. Importante también la cuna, que debía tener colchón ni duro ni blando, para que no se le deformara la columna y sobre todo que se le aflojaran las carnes. La cabeza debería estar siempre algo más elevada que el cuerpo.
La alimentación.
La primera alimentación debía ser miel mezclada con agua o untada en un dedo. Después le daría una nodriza el pecho cuatro días, evitando recibir el de la madre en este tiempo. Suponemos que sería para evitar que recibiera los calostros. Eso hoy en día está superado por los beneficios que se estima tiene esa primera leche materna sobre todo en materia de anticuerpos.
La alimentación primaria en ese tiempo no tenía más alternativa que la lactancia natural. Si la madre no podía darle el pecho no había más remedio que buscar una nodriza.
Es muy curioso y significativo el retrato que se hacía de la nodriza, como debía ser: primero joven, entre la segunda o tercera década de la vida, de piel blanca o pelirroja, con tiempo de haber parido, multípara, que ya hubiera criado a varios y que no estuviese embarazada. Existía la creencia de que el embarazo corrompía la leche. Sin embargo Mahoma, decía por otra parte que, el había visto a muchas mujeres persas o bizantinas criar estándolo y no perjudicaba a sus hijos. La cantidad de recién paridas que perdían a sus hijos por la gran mortalidad infantil, permitía que hubiera muchas nodrizas o posibles amas de cría libres. Debía tener el ama de cría -continuamos con la descripción estándar de ésta- buen color, y también su carácter. Los pezones de mediano tamaño, para evitar dificultades al lactante. Su leche debía ser blanca, dulce, con aroma, ni fluida ni espesa, sin mucha nata. El método de comprobarlo poner una gota sobre una uña. Su régimen alimentito debía estar controlado, no comer picantes, salado o ácido, evitar los puerros, el apio, la cebolla y el ajo. Me atrevo a pensar que todas estas prácticas estaban más dirigidas amas de crías y a niños de familias de un nivel elevado.
Decían que, durante la menstruación no debía coitar para que la leche no se corrompiera. El mejor alimento eran ubres de cabra o cordero y mucha leche. El vino mezclado con agradables especias -la prohibición del alcohol no sería aún efectiva-. Debía frotarse lo pechos a diario con aceite de alholva. La duración de la lactancia debía ser de al menos dos años o treinta meses. Así se protegería al niño de una serie de enfermedades infecciosas.
El destete debería ser progresivo, para que el niño se fuera acostumbrando a ingerir sólidos. Los primeros sólidos consistían en unas bellotas de harina de sémola, azúcar y leche para chupar, e ir acostumbrándolo a masticar y deglutir. Después se le podía dar carne de pollo o de perdiz tierna, para ir pasándolo paulatinamente a otros alimentos. Tras varios periodos se suspendía definitivamente el pecho.
Enfermedades habituales de la cuarentena.
Ulceras o aftas.- A estas se las llamaba al-jurr, traducido alhorre o costras. Había tres formas principales: blancas, rojas y negras. Para las rojas se espolvoreaban éstas con un compuesto de pétalos de rosa, azafrán, creta, azúcar y mirra -en un anuncio de TV en que le regalaban un móvil a S. José, éste pregunto ¿Y esto para qué? Y le contestaron ¿Y la mirra, para qué? Pues ya lo sabemos-. Las negras con toques de zumaque, arrope de frutas verdes y piedra azul (sulfato de cobre).
Vómitos o tos.- Se creía entonces que la tos era causada por el aire frío que le penetró a los pulmones después de salir del vientre de la madre. Ésta se trataba con ajo -daba calor- mezclado con leche, hinojo hervido y colado. También se le administraba un eluctario o mejunje; goma arábiga, tragacanto, regaliz y alfeñique. En el siglo XV se empleaba idéntica formula, recogida en un tratado editado en Zaragoza. Para la tos se bañaba al niño con agua caliente, se le frotaba la cabeza con miel y se le provocaba el vómito, apretándole la base de la lengua con el dedo para que echase las flemas, que se suponía producían también la tos. Hasta hace poco se le daba jarabe de ipepacuana.
El insomnio.- Para esta afección se usaba el jarabe de adormideras (jashjash) que también quitaba la tos. Este remedio fue introducido por los árabes pero está datado de bastante antes. En el Papiro de Ebers se le recomienda para ello. Hay que tener en cuenta que de la papaver sonniferum se extrae el opio, y de lo que estamos hablando es posiblemente de una infusión de pétalos, o semillas, cuyo poder es infinitamente menor. Hasta hace poco se ha utilizado como remedio casero.
Otras patologías.- Había otras patologías del periodo que estamos señalando, como la inflamación del ombligo, el dolor y la supuración de oídos, las costras y pústulas en la cabeza o cara, llamadas sa'fa o ribba , que hoy se llama impétigo. Para lo primero era la opinión del doctor rapar la cabeza, con una pasta depilatoria y un ungüento a base de almártaga (o litargirio= protoxido de plomo), albayalde, ceniza de cepa de vid, aceite de rosas y cera blanca, todo ello disuelto en yemas de huevo, También describe en este capítulo la llamada enfermedad de la cabeza gorda, que posiblemente englobaría las hidrocefalias o el céfalohematoma del recién nacido.
Hasta aquí, de forma lo más escueta posible, lo referido por nuestro paisano 'Arib ibn Sa'id, al primer periodo de la vida del niño. Continúa detallando el segundo periodo, que va desde la cuarentena hasta la erupción dentaria del séptimo u octavo mes. El tercero lo señala, desde el octavo mes hasta los 6 ó 7 años, terminando con la aparición de la pubertad.