viernes, 31 de diciembre de 2010

INDICE DE ENTRADAS NOTAS CORDOBESAS AÑO 2010

INDICE 2010 ( 196 ) NOTAS CORDOBESAS

ENERO ( 23 )


FEBRERO ( 18 )


MARZO ( 21 )

ABRIL ( 22 )


MAYO ( 20 )


JUNIO ( 12 )


JULIO ( 17 )


AGOSTO ( 15 )


SEPTIEMBRE ( 16 )


OCTUBRE ( 10 )






EL CASO RARO DE LA CASA DE LOS ANGULOS

Fachada de la supuesta Casa de los Angulos.

Todos los días cuando paso por la plaza de San Andrés, me llama la atención el caserón que hay en el número uno de la misma. Tiene un enorme patio interior y una palmera en el centro del mismo. El libro de los Casos Raros de Córdoba, recogen un caso que sitúan en lo que llaman Casa del Marqués de Villaverde, y D. Teodomiro Ramírez de Arellano discute ello por estimarlo un error, primero porque nunca vivieron en esa casa, y segundo porque el título nobiliario es posterior su concesión a la fecha del caso, 1597. D. Teodomiro sitúa la leyenda, por tanto, en la Casa de los Angulos.

Cuando en su libro hace una descripción de la plaza de San Andrés, después de citar la casa que entonces era propiedad de Antonio Castilla, de fachada renacentista, con dos ajimeces similares al que hay en la actual calle Barroso, dice también que enfrente: “...hay unas hermosas casas de pobre exterior, propiedad del señor don Rafael Cabrera, quien las adquirió del señor marqués de Villaseca. Es la solariega casa de los Angulos, una de las familias más ilustres de España, y a quien principalmente representan los marqueses de Guadalcázar por el señorío del Alizné...”, y continúa aclarando: “Entre los conquistadores de Córdoba figura el nombre de Martín Sánchez de Angulo. Aquí estableció su casa, ya casado con doña María Freire de Andrade,”  por lo que podemos entender que el error es el de cambiar Villaseca por Villaverde.

Ajimeces de la casa renacentista.

Expuesta esta aclaración pasamos a la leyenda o al caso raro, como queramos llamarla. Cuenta que la plaza del Salvador fue un lugar de contratación de mano de obra, una mañana posiblemente por obtener un trabajo, que a todas luces debía ser mísero como los tiempos, se generó un altercado entre los ansiosos obreros por poder llevar algo de dinero a su casa, y en el mismo resultó muerto uno de ellos. El causante de la muerte –nos sabemos quién fue el agresor- corrió San Pablo abajo perseguido por los aguaciles, y cuando iban a alcanzarlo se metió en la casa de los marqueses. El titular había fallecido esa noche y aún estaba el duelo en la casa. Los aguaciles pidieron permiso a la viuda para buscar en la ella, pero ésta les dijo que allí no había entrado nadie y que se sentía muy incomodada por que la molestaran en tan tristes momentos.

Uno de los perseguidores se quedó en la puerta y otro fue a ver al corregidor D. Jerónimo de Mendoza –debo aclarar también que he buscado en los corregidores que ha habido en ésta ciudad y no he encontrado ninguno con ese nombre, cuestión  posiblemente errónea también-. Este hombre, continua reflejando el caso, era pequeño y delgado pero irascible y bastante duro, equilibrando con el genio las otras carencias físicas. D. Jerónimo se personó en la casa y le manifestó a la reciente viuda su contrariedad por no colaborar con la justicia en permitir el registro de la casa, y que por ello podría escapar el culpable. La compungida marquesa le explicó que, no era el momento de revolver su casa con el drama de la muerte de su esposo y más aún estando de cuerpo presente, diciéndole que, seguramente, si había entrado, ya habría huido de allí.

El corregidor entró en una acalorada disputa con ella, no atendiendo a sus razones, dando órdenes a los aguaciles para que registraran la casa. La marquesa haciendo alarde del orgullo característico de los aristócratas se levantó y salió al balcón a ordenar a sus criados que impidieran el registro y expulsaran a los alguaciles de su casa, en esto el corregidor la cogió del brazo y eso hizo que ella hiciera un movimiento que, sumado a su corpulencia y a poca del corregidor, hizo a éste caer por el balcón muriendo en acto.

Vista aérea de la supuesta Casa de los Angulo.

Si importante fue el revuelo por impedir el registro, mayor fue por la muerte accidentada de la primera autoridad de la ciudad. Llegó mucha gente y el Alcalde de Justicia, quien hizo registrar la casa pero no fue hallado el buscado. Decretó que la casa se constituyera en prisión para la marquesa poniendo una guardia en ella. Al día siguiente se efectuaron ambos entierros y con una gran rapidez se celebró el proceso, y aún a pesar de los ruegos de la nobleza cordobesa fue condenada a muerte la marquesa, más como estaba embarazada se le dio un plazo de unos meses hasta que diera luz a la criatura.  En evitación de que ocurrieran más desgracias, el rey -no dice la leyenda cual, pero por las fechas debía ser Felipe II (1556-1598)-, dio orden de que se trasladará a Madrid y que el Duque de Osuna –posiblemente Pedro Téllez–Girón y Velasco-, se hiciera cargo de ella en su casa. El Duque trató de influir en el rey, pero este se mostró inflexible, no obstante pasó el tiempo y ya próximo el parto, volvió a pedir el Duque audiencia y le dijo al monarca que: “no iba a pedirle la vida, porque sólo era digna de la muerte, pero sí que por lo que más amase en el mundo sacase de pila y tomase bajo su amparo al infeliz fruto de sus entrañas, que al venir al mundo se encontraba sin padre y a su desgraciada madre en el camino de la eternidad. La triste situación de esta señora, unida a sus relevantes prendas de hermosura, nobleza y gallardía, conmovieron al rey, quien le dio palabra de acceder a su demanda.” O sea que la belleza era también, entre otras cosas, un atenuante penal para la aristocracia.

Bautizóse el hijo póstumo del marqués, y el Duque con otros miembros de la nobleza intercedieron nuevamente ante el rey que accedió a que no volviera a Córdoba, si no a Écija dónde fijo su residencia. Y colorín colorado… Como se podrá ver, como en casi todas las leyendas o casos extraños, las imprecisiones son notables. Ya en nuestros días, en la casa de al lado, un establecimiento de bebidas –que aún está pero cerrado- sucedió otro accidente, creo que con resultado de muerte.

Bibliografía: Casos Raros de Córdoba y Paseos por Córdoba.
Fotografías: de Google.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

LA CALLE DE MANCERA

Calleja de Mancera desde la entrada de Gutiérrez de los Ríos

El otro día, cuando hablábamos de la Casa del Duende, hacíamos referencia a una calleja que existe de tiempo inmemorial frente de la citada casa y que, además se ve reflejada también en la porción del plano que se publicaba. Es una calleja sin salida que se llama Mancera, y de nombre antiguo Mansera, con entrada por la calle Gutiérrez de los Ríos o Almonas.

La "presunta" Casa del Duende desde la calle Mancera, en la esquina de Pintor Bermejo.

Una mancera o esteva es una pieza que colocada en la parte de atrás del arado, sirve para dirigir la reja y apretarla contra la tierra, además de servirle de guía, es la pieza corva y trasera del arado donde se apoya la mano del que ara.

 Rótulo de la calle con el azulejo debajo del nombre antiguo

Cuentan allá por la mitad del siglo XVI, en el Santuario de la Fuensanta, en su pórtico, entre los votos, ofrendas por los milagros recibidos, existe una tablilla, que dejó allí en su día un obrero del campo, un labrador. Era el día de la Fuensanta, y el citado trabajador se puso a trabajar sus tierras. Otro amigo, le recriminó el que trabajase el día de la Fuensanta, a lo que el primero le contestó que a él no le importaba los días de nadie, que lo que le importaba era su propio interés y su casa.

Como se conoce que, el desprecio a su Día, no le sentó nada bien a la virgen, dicen que providencialmente -no veo yo la providencia por ningún lado-, de pronto al decir lo mencionado, se le quedó la mano pegada a la mancera, sin que, a pesar de los esfuerzos que hacía se la pudiera despegar. Con la madera pegada a la mano, conocedor del “feo” que le había hecho a la Virgen de la Fuensanta, se fue corriendo al Santuario, mancera en mano, se postró de rodillas ante la imagen y le pidió sinceramente perdón por la ofensa. Como por arte de magia, al terminar la oración se le soltó la mano de la madera, y entre llantos dio las gracias por el favor recibido, dejando allí la madera marcada con su mano, como símbolo y testigo del milagro ocurrido. 

Partes del arado

Si miramos el esquema del arado romano, vemos que si desde el terreno, tuvo que ir el "Mancera" con el arado hasta el Santuario, ya había cumplido de antemano la penitencia por el agravio, aunque es cosa complicada desde luego. Luego, viendo el detalle de la mancera, que tiene una hendidura, en el ánimo como siempre de buscarle una justificación al milagro, podemos pensar que se le podría habersele hinchado la mano por cualquier razón, y en el propio terreno de labor asustarse y rogar el perdón, bajado la hinchazón y ya está el milagro realizado, pero...

Detalle ampliado de la Mancera

Aquello fue muy sonado en la ciudad, y este pobre hombre era señalado al pasar por la calle, como parte del suceso y de las “malas maneras” de la virgen, porque la verdad, buenas, lo que se dice buenas, no fueron. A raíz de ello se quedó con el apodo de "Mansera", “secula seculorum” como la tabla del arado. Como era vecino de la citada calle, se la llamó desde entonces la calle de Mansera, modificada por el paso del tiempo llamándose Mancera, que es como se la conoce ahora.

Para terminar,  unas curiosidades: En Cuba se llama mancera a la artesa que se pone debajo de las mazas del trapiche, en los ingenios del azúcar, para que el zumo de la caña caiga en ella. Luego existen unos pueblos, como los de Villa Arriba y Villa Abajo del detergente, que son Mancera de Arriba en Avila, y Mancera de Abajo en Salamanca.

Bibliografía: T. Ramirez de Arellano.
Fotos del autor y de la red.

lunes, 27 de diciembre de 2010

CUATROCIENTAS ENTRADAS EN EL BLOG



Cuando decidí -siempre empujado por Conchi, que es sostén de este “mamarracho” que suscribe, antes lo fue Lola, mi madre, pues queramos o no siempre nos sostiene el género contrario-, abrir un blog y llenar de caracteres páginas digitales en blanco del Word o de previo papel, virgen o no, nunca pensé llegar a cuatrocientos trabajos. Hoy los cumplo, bueno los cumplimos, porque aunque uno escribe “sus cosas o sus notas sobre esta ciudad”, sin espectadores no hay posibilidad de teatro o circo. Por lo tanto, sin los lectores esto sólo serían cuatrocientos papeles digitales manchados, aderezados por fotografías y ya está.

Otra de las cosas que te permiten el hecho de rellenar estos espacios, es conseguir amigos y amigas. Unos te ponen en situación de firme, y otros te dan una palmada en la espalda, ambas cosas son necesarias, la primera para que no te lo creas y la segunda para que no decaigas. Hay momentos muy prolíficos y momentos de producción cero, según el ritmo circardiano, en una palabra de diario, sumados a las influencias de todo lo que nos rodea. Unos tiempos eufóricos y otros pesarosos. Lo importante es utilizar siempre una de las cuatro reglas, la suma. Es cierto que sería mejor la multiplicación, pero el paso corto siempre lleva más lejos, es el dosificar el caminar.

Mi padre decía que, “sabiendo las cuatro reglas, leer y escribir, ya podías ser un hombre de provecho”, puede pensarse que esto viene poco a cuento, pero lo decía mi padre y trasladado a su época era cierto. Y lo menciono también porque él me enseño a leer y a escribir, luego la Amiga de la cale Badanillas, Señoritas Carmela y María, un poco el colegio S. Eulogio y otro D. Enrique en el San Antonio de Padua, hicieron el resto. Sin ese punto de partida de la lectura esto de hoy, las cuatrocientas entradas en este blog, hubieran sido imposibles. Luego con el transcurso del tiempo José Muñoz se fue quedando un poco atrás, por el enorme salto tecnológico dado por la sociedad, yo creo que en menor medida que yo con mis hijos, por haberme movido en parámetros muy cercanos a los de ellos de siempre. Todavía me considero muy parejo a sus conocimientos, aunque iniciando el declive, desde luego me estoy refiriendo a los intelectuales o tecnológicos, no a los de la vida que es la rama alimentada por la experiencia, aunque ya se sabe, ”hay quien lleva cuarenta años de municipal y no sabe dónde está el ayuntamiento”.

Claudia

Hoy, viendo a mi nieta Claudia que es -no voy a dejarme llevar por la pasión-, listísima, como la mayoría de los niños y al mencionar la mayoría suavizo lo de la pasión, que quieras que no está ahí.  Todavía no tiene cuatro años y ya escribe su nombre y aún a pesar de que aún no lee de corrido, conoce las letras y números; cuenta y tiene una memoria prodigiosa. Y domina otras facetas que hace muchos años otros niños no teníamos con la ayuda de la tecnología actual, por ejemplo: conoce los colores; números; días de la semana; etc. en inglés, y maneja todos los artilugios electrónicos sin ningún tipo de problema. Antes con una cartilla, un lápiz de Johann Sindel, una goma Milán, y unas lecciones a la luz de una lámpara incandescente de 40 vatios, te tenías que apañar. También la gran enciclopedia del saber, la Dalmáu Carles Pla de Grado Medio colaboraba, o la radio -el que la tenía-, y esa era toda la percepción exterior. Hoy las percepciones exteriores son inmensas así como los medios y las posibilidades. Yo me imagino la satisfacción de mi padre conmigo, semiatracción circense, que con algo de menos edad que ni nieta, ya leía casi perfectamente gracias a sus lecciones, cuando me hacían leer el periódico en público.

Enciclopedia Dalmáu Carles Pla, Grado Medio.

La posibilidad actual del medio que nos ocupa, de expresar con texto, imagen o sonido, o sonido e imagen mezclados –vídeo-, lo que quieres decir libremente, “sinde” que nadie te coloque una espada de Damocles en la cabeza, es algo que debíamos proteger con toda la fuerza posible. La posibilidad de que lo que haces, en el mismo momento que lo haces, lo vea todo el mundo que tenga acceso a la red de redes, Internet, y que quede ahí para su consulta posterior -no sabemos hasta cuando-, pero que quede -salvo que un día ocurra el cataclismo del PEM (pulso electromagnético), u otro cataclismo humano-, es difícilmente creíble. Nuestras mentalidades de tiempos en los que la censura, persecución, cárcel y muerte, formaban parte de los frenos a la libertad de expresión y de pensamiento, difícilmente podrán liberarse de ese aspecto negativo. Por ello es necesario defender como podamos, uñas y dientes si es necesario la posibilidad de que, las generaciones venideras, puedan seguir utilizando este medio y otros libremente, aunque las perspectivas del mundo actual señalan un gran retroceso en todo, social, intelectual y en materia de libertades individuales y colectivas, si no al tiempo, y ojalá peque de pesimista. 

Primeras Notas de Claudia

Como estamos en un mundo computarizado, el protocolo HTTP, 400 es un código de una solicitud de mal cliente. CD (siglas de compact disk también) significa cuatrocientos en la numeración romana, y HHHH en la griega. El círculo se divide en 400 grados centesimales. 400 es el 111110000 del sistema binario, y el 190 del hexadecimal. Su cardinal es cuatrocientos y su ordinal cuadringentésimo. Y como siempre, desvarío y me salgo “por los cerros de Úbeda” y digo “pegos”, todo ello para aderezar y decir lo importante que para mí son cuatrocientas entradas, impensables el año pasado, vamos que son muchas entradas.

Lo único cierto es que lo celebro, y no me creo aún haber llegado a este número, por ello doy las gracias a la “empujadora” citada en el primer párrafo, y a Pepe Muñoz mi padre. Y a todos los amigos/as que con sus comentarios, palmadas o críticas, o simplemente sabiendo que están ahí, aunque no compartan lo expresado -que además es lógico-, me enriquecen diariamente.

Gracias a todos por aguantarme.

domingo, 26 de diciembre de 2010

LA CASA DEL DUENDE

Martín, el Duende.

De entre las muchas leyendas sobre nuestra ciudad, hay una bastante atractiva, de la que se ha escrito mucho. La fuente principal de ella está en el Libro Paseos por Córdoba de D. Teodomiro Ramírez de Arellano. Concretamente la cita en el Paseo 4º, referido al Barrio de San Andrés, titulado La Leyenda del Duende. Para orientarnos, leemos antes otra, ésta referida a la calle Mancera y en un párrafo al final dice:

“En la acera de enfrente y formando rincón, está la casa número 55, conocida por la del Duende, cuya tradición contaremos. Después hallamos una casa de fachada antigua y fea, que es una de las muchas almonas o fábricas de jabón que hubo en aquella calle y le dieron nombre; hoy le dicen la Almona de Paso, porque atravesando el patio se sale por otra puerta a una calleja llamada como ella y de allí a la calle del Huerto de San Andrés. Es una de las varias casas que aún quedan en Córdoba con aquella incómoda servidumbre.”

Plano de 1851 donde marcamos supuestamente la casa del duende.

Partiendo del párrafo citado, buscamos en los planos que disponemos, cuando la llamada Almona de Paso era solamente eso, una casa de paso, y ambas callejas Pintor Bermejo y Torre de S. Andrés no tenían aún salida a Gutiérrez de los Ríos -antigua Almonas, que es el nombre, por el que se conoce la calle por la mayoría de los cordobeses-, tratando de ubicar el lugar exacto de la Casa del Duende.

Cita la leyenda que el Duende que se llamó Martín –casi todos los duendes se llamaban así, de ahí supongo el llamarles colectivamente martinicos- tenía el título de duende, otorgado por la Divina Providencia por haber abofeteado a su padre, imaginamos que antes lo pasaría a mejor vida, no creemos que pasará directamente a duende, lo cierto es que no especifica la leyenda como sucedió el traslado. Luego se enamoró de la señora “hermosa y rica” porque era duende no tonto, –nunca en las leyendas, salvo en la de Blancanieves, con la bruja, y así así-, son las señoras feas y pobres-, a la que envidiaba su hermano, porque el padre de ambos la había tratado mejor en la herencia, y claro, que mejor manera de que pasara a la suya su parte, que quitar de enmedio a la hermana.

Vista aérea de la supuesta casa del duende (Google)

El enamoradizo duende que no dejaba de dar la vara a la señora, a la que le asqueaba por lo feo y bajito que era, decidió irse de la casa a otra por la Judería, cerca del colegio San Roque (¿?), ya que estaba hasta el c… de él. Martín, el duende, le dijo varias veces que no lo hiciera por lo que le pudiera ocurrir, que mientras viviera allí no le pasaría nada, porque él estaría atento a los manejos de su hermano, como había hecho alguna vez. Pero era superior el rechazo por el pequeño y feo Martín, que se mudó al fin,  y mira por donde el hermano le buscó las vueltas y, en la esquina de la Judería -donde estaba la Jeringuería de Juana-, la mató al amanecer de un día de Nochebuena del siglo XVI -que mala leche, hasta el día de Nochebuena-, cuando iba a los maitines a la Catedral. Como iba embozado nadie supo quien la mató y después se hizo cargo de su herencia.

¿Y qué ocurrió después? pues que el asesino se fue a vivir a la casa de la calle Almonas y una vez allí y pasados unos años, se encargó Martín de quitar de en medio al hermano –esperó varios años, no pudo hacerlo en cuanto apreció por la casa, es que los duendes no tienen prisa, por ser eternos posiblemente-, La casa estuvo varios sin días sin movimiento, lo que alertó a una vecina que estaba siempre pendiente de quien entraba o salía -la clásica vecina de todas las comunidades-. Cuando se abrió la casa, por la autoridad, -competente, por supuesto-, lo primero que vieron fue al duende Martín que les dijo:

"Podéis dar sepultura en sagrado a este cadáver, porque no ha sido él quien ha puesto fin a su vida; lo ha hecho la Divina Providencia en castigo de ser el asesino de su hermana, y ya que la justicia de la tierra dejó impune su delito, la del cielo ha querido castigarlo por mi conducto".

El duende estricto cumplidor de la normativa cristiana, que a los suicidas obligaba a enterrar en lugar distinto, no sagrado, no así por el contrario a los asesinos que, cosa curiosa, eran enterrados donde los demás. Era sólo una discriminación parece con los que decidían quitarse la vida, porque claro se lo encontraron colgado de una viga por una cuerda. Aunque no fue suicidio si no un crimen de la Divina. Y una vez dicho esto, Martín desapareció totalmente y para siempre, porque se supone que la acción buena lo retiro de duende –la buena acción había sido un asesinato-, claro la Divina Providencia, que era la que valoraba las acciones, le dio entonces el finiquito, por ser la que lo había contratado.

Plano catastral actual, creemos que la casa es la número 39.

Fotos del autor menos de la del Duende que la ha facilitado la Divina Provicencia y otra de Google.
Bibliografía: Paseos por Córdoba de T. Ramírez de Arellano.


(Texto completo de La Leyenda del Duende)


"Los ancianos de aquellos alrededores, en su sencilla y entonces muy común credulidad, contaban que en el siglo XVI moraba en esta casa una señora muy hermosa y rica, a quien un hermano tenía gran envidia por haber sido mejorada en el testamento de sus padres. Quiso primero convencerla a que las particiones fuesen iguales, y no consiguiéndolo, concibió el criminal propósito de asesinarla con el mayor sigilo y heredar él todo, ya que no le daba la parte apetecida.

A la vez había en la casa un duende, ser humano condenado por la Providencia a vivir penando mientras el mundo exista, por el inaudito crimen de haber abofeteado al autor de sus días, anciano indefenso, que en su educación había invertido gran parte de su fortuna. Este duende, llamado Martín -nombre obligado de todos los de su gremio-, se enamoró hasta el delirio de aquella dama, la que no podía menos de sentir repugnancia al ver tan espantosa figura, pues además de medir poco más de media vara eran todas sus facciones tan exageradas, que infundía espanto a los pocos que llegaron a verlo; mas así y todo, evitó siempre que el hermano consumase sus criminales intentos.

Por otro lado, la señora, no queriendo sufrir las persecuciones de Martín, buscó casa para mudarse y arrendar la suya. Súpolo él y, presentándose, le rogó no lo abandonara, ya que no podía seguirla. La enteró del peligro que la amenazaba, le ponderó lo mucho que la había servido y todo fue inútil. A los pocos días la hermosa joven vivía ya con su doncella cerca del colegio de San Roque, quedando cerrada la casa, que nadie quería por temor al duende, que gozaba de gran fama en todos aquellos alrededores.

Llegó la Nochebuena, y la señora fue a los maitines a la Catedral, donde la vio el hermano, que saliéndose la esperó en la esquina de la Judería, en la que al pasar le dio tal puñalada en el corazón que la dejó muerta, sin que nadie se apercibiese de ser el autor de tan horrendo crimen. Presentose después, fingiendo el más sincero quebranto, y todo quedó en el silencio, y dueño él de todos los bienes que aquélla poseía.

Pasaron dos o tres años, y considerando que la casa de la calle de Almonas nada le rentaba por la fama del duende, en quien él no creía, determinó habitarla, mudándose a ella tan tranquilo, porque ni el menor ruido turbaba su aparente sosiego. Una noche despertó muy fatigoso, se echó mano al cuello, sintió una soga e iba a arrojarse al sucio para encender luz cuando tiraron de él, y sin poderse valer, se encontró colgado de una viga, pagando bien pronto el crimen cometido.

Aquel día y los dos o tres siguientes permaneció la casa cerrada, y extrañándolo los vecinos dieron parte al corregidor, quien hizo hundir la puerta, y encontraron el cadáver colgado de una viga, llamando aún más la atención de todos un hombrecillo de horrible aspecto que, dirigiéndose a la autoridad, le dijo con voz bronca y descompuesta: "Podéis dar sepultura en sagrado a este cadáver, porque no ha sido él quien ha puesto fin a su vida; lo ha hecho la Divina Providencia en castigo de ser el asesino de su hermana, y ya que la justicia de la tierra dejó impune su delito, la del cielo ha querido castigarlo por mi conducto". Al mismo tiempo desapareció, dejando a todos sorprendidos y logrando que la fama de este suceso llegue hasta nosotros, que por cierto no le damos el crédito que nuestros antepasados.”

sábado, 25 de diciembre de 2010

ALEJANDRO "CANTAOR DE VERDAD" COMO SU TATARABUELO RAFAEL CARRERAS.

Alejandro Muñoz, expresivo cantaor flamenco.

Un hijo guitarrista, Gabriel Muñoz, un nieto cantaor, Alejandro (ahijado de Gabriel y sobrino), pueden ser la herencia genética de un abuelo (no yo, sino del mío) lo que se traduce en su bisabuelo y tatarabuelo respectivamente,  Rafael Carreras, cantaor como citaba Eugenio Noel en una de sus crónicas.


Párrafo de Eugenio Noel en el que cita a Rafael Carreras.

“…toca también el Mellizo y canta Rafael Carreras, el maestro barbero de la Mezquita, cantaor de verdad, por el estilo viejo…”

Gabriel Muñoz, guitarrista flamenco.

Luego nunca mejor eso de que “de casta le viene al galgo”, evidentemente mi genética no ha recogido el arte flamenco como elemento reproducible, pues peor no lo puedo hacer, por lo que no corresponde mi traspaso a ellos. Cabe entonces suponer que algo quedara del maestro Carreras “cantaor de verdad” para la tercera y cuarta generación, ya que de la segunda nada de nada.

Rafael Carreras.

Maneras no le faltan a Alejandro, sobre todo no hay nada más que fijarse en la expresividad de sus manos, que dice bastante. Claro es joven y le queda mucho camino que recorrer para decantarse por un estilo determinado, de momento las bulerías no se le dan mal y los ayes son lo bastantes profundos hasta el extremo de hacer que se “rasgue uno las vestiduras”, vieja costumbre judía que significa dolor intenso.

La desaparecida Casa Camilo en la calle Morería.

Hemos tenido oportunidad de escucharlo el día de Nochebuena, aunque no ha sido una de sus mejores actuaciones.


Actuación de Gabriel Muñoz en Canal Sur en el programa Flamencos con Futuro: una joven Remedios Castro, (concursante actual del programa La Copla), el cantaor Jesús Corbacho, el cajista Sergio Gómez y el bajo Pedro Delgado.

Con está actuación os deseo

FELICES FIESTAS A TODOS.

viernes, 24 de diciembre de 2010

LA CASA DEL CALLEJÓN

Cardenal Herrero 14, la Casa del Callejón,
hoy Hotel Restaurante Los Patios

De entre las muchas casa de vecinos que había en el barrio de la Judería, una tenía una notable significación para mí, la Casa del Callejón. Hoy día 24 he hecho, lo que nunca había hecho después de que dejó de ser casa de vecinos, entrar en ella. Ahora es el Hotel Restaurante Los Patios. Propiedad de la hija de D. Antonio Moyano, el "maestro" del Colegio San Eulogio, y cuyo gerente, Sergio -nieto de D. Antonio-, me atendió con la amabilidad que caracteriza a esa familia. Me permitió hacer las fotografías con las que se aderezan esta modesta reseña. Hablamos de muchas cosas, bueno... hablé yo, le referí todas las personas que habitaron esa casa, de las que yo recuerdo; le señale dónde se hacia la candela el día de nochebuena, pero cincuenta y tres años atrás; andurreé por el establecimiento tratando de situar viviendas, patios y los elementos que están en mi memoria. Hablamos de su familia, supe de los que ya se habían ido y de los que quedan, y no pude saludar a su madre porque había salido. Tengo que reconocer que la visita ha sido para mí un excelente regalo de nochebuena.

El Callejón

La casa del Callejón era como su nombre indicaba. Una puerta de entrada de madera y un largo callejón con una reja en su frontal y un balcón superior. Luego hacía un giro a la izquierda, continuando el callejón, en él y en una puerta al frente de esta porción del callejón vivía una familia, Julio Sierra e Isabel, con sus dos hijos, Juan y Paqui, una de las chavalas más atractivas de barrio. Juan después fue un excelente técnico electrónico. Julio era guarda nocturno de una cafetería -creo que Dunia-, que existía en el Gran Capitán, y desgraciadamente se lo encontraron muerto una mañana, lamentablemente había fallecido seguro de algún problema cardiaco durante su guardia nocturna. 

Este patio antes estaba formado por el
 del recreo del colegio y la otra porción de callejon.

Antes, y a la derecha había un pasillo, donde estaban las puertas de la familia del Sargento Carmona, un militar retirado -con lo que significaba el uniforme en esos tristes tiempos- y su esposa, y la de la familia Surañes, Rafael y Conchi -que creo ejercían como de caseros-. Rafael era camarero del Hotel Meridional, su esposa era una morena guapísima, a la que recuerdo siempre de negro. Tenían cuatro hijos, tres niñas y un niño, la hija mayor Conchi, era muy parecida a su madre a la que superaba en belleza. 

El pasillo anterior se bifurcaba en otro a la izquierda, donde había un patio con un árbol en el centro y dos viviendas. A la derecha Julia y Miguel, que era único hijo del Sr. Carmona, el sargento retirado. Éste matrimonio era modélico, Julia, la esposa, era la bondad personificada, Miguel, gran aficionado a la pesca, empleado de banca y excelente persona. Tenían  cuatro hijos, Paqui, Marisa, Isabel y José Miguel, a cuál mejor. Frente a la vivienda de Miguel y Julia, había una escalera estrecha, empinada que subía a otra donde vivían Pepita y el zapatero, ahora inexistente.

Escalera de subida a la planta alta y pasillo de acceso al patio del árbol

Volvemos al pasillo anterior, en él estaba la escalera que subía al piso alto. La vivienda del balcón al Callejón, era la de Amador, Paco, Pepín y su madre Josefa, que también era viuda de ferroviario. Ésta era la cabeza de familia como se decía; Amador tenía una gruesa suela de zapato para compensar un problema ortopédico, era joyero y tocaba la trompeta bastante bien por cierto, otras ventanas de Josefa daban también al callejón. 

En la región de Lain, en el este de Francia, cerca de Lyón y la frontera Suiza, hay una pequeña población que se llama Bourg and Bresse, famosa por sus pollos de patas azules. Visitando la Casa de España de la localidad en el 1993, se nos acercó una familia al saber que éramos de Córdoba y me dijeron: 

-¿Usted es de Córdoba? nosotros somos de Bélmez. 

-¡Sí, claro! Hombre Bélmez, cerquita de Córdoba, en la sierra. –le contesté. 

–¿Y de qué barrio son ustedes? –me volvió a preguntar- porque nosotros tenemos familia en Córdoba en el barrio de la Mezquita, frente a la Puerta del Perdón, en una casa de vecinos. Allí viven mis primos, uno de ellos se llama Salvador. 

Inmediatamente comprendí de quién me hablaba, por el pueblo al que hacía referencia y la casa y le dije: 

-No, usted está equivocado, -le rectifiqué- su primo se llama Amador y su hermano Paco se casó con Uchi, una prima suya que vivía en la misma casa, también de Bélmez y la madre de Amador es Josefa, viuda de ferroviario. 

No contestaron nada más que ¡Sí! Y se echaron a llorar. Hacía treinta años que no sabían de ellos y un “extranjero” les vino a rectificar el error del nombre de su primo y a aclararles que estaban bien. Nos dieron un abrazo, muchas veces las gracias y no se separaron de nosotros todo el rato, además de invitarnos a su casa. Les prometimos que le haríamos llegar el vídeo del encuentro a su familia, en el que saludaron y se dirigieron a ellos directamente. A miles de kilómetros, unos cordobeses, preguntan por unos familiares y resulta que son conocidos por el que suscribe. Increíble la casualidad.

Arriba también vivía Angela y Márgara, Rosario y Vicenta, y Esperanza y sus hijos Mariano y Gabriel el Guardacoches de la Mezquita con su gorra de “Garde Voitures”, en francés. Al que Sir Alexander Fleming le regaló un vale para penicilina, en su visita a la Mezquita, cuando le oyó toser al abrirle el coche, y se enteró, por medio del intérprete,  que había estado en el sanatorio de Puerta Nueva con tuberculosis.

El pilón del patio que podemos llamar principal.

Bajamos nuevamente la escalera y entramos a otro patio que tenía un pilón y muchas flores. A la izquierda unas cocinas y la casa de Paco Aranda y su madre, que también era viuda de ferroviario. Paco era mi amigo predilecto, luego por razones desconocidas dejamos de hablarnos y hasta hoy. Todavía cuando le veo me dan ganas de llamarle la atención y preguntarle por su familia. Las ventanas de su exigua vivienda, como todas, más o menos, daban al citado patio anterior, el del árbol. A la derecha la casa de Francisca y Ángel, (Francisca López y Ángel Caballero Leal, natural de Benalúa de Guadix, Granada) una buena mujer y un buen hombre. Tenían tres hijos: Rafalín, Manolín y Pepín. La vivienda era una sola habitación separada con una cortina y la cocina fuera, en el patio. Ángel trabajaba en la Electromecánicas. Rafalín era nervioso y se ganó el apelativo de “Caballo Loco”, por gustarle las películas del oeste e imitar los relinchos de los caballos muy bien. Se hizo camionero y partió al noreste de España de charnego, a colaborar en progreso de esa zona. Sufrió un accidente que lo retiró. Hicimos la mili juntos en la misma compañía, en el 68, en Cerro Muriano. Manolín, “de Francisca”, uno de los “Maîtres” más elegantes y profesionales de esta ciudad: Taberna la Mezquita, Los Califas, Churrasco, Caballo Rojo, el Bosque, etc. ya está retirado, era como James Steward de joven. Pepín “el chico” un gran carnavalero de mayor.

Lo que era la entrada a la vivienda de Francisca López y Ángel Caballero

A la derecha había otra escalera -ahora no está- donde vivía Francisco y Manuela y su hija María Luisa, “Uchi”, que posteriormente se casó con su primo Paco, el hermano de Amador y Pepin. Esta familia era natural de Belméz, como la de sus primos, un pueblo de la serranía en la cuenca del Guadiato. También vivía Magdalena su hija y unos estudiantes. Debajo de la escalera estaban los servicios comunes, los retretes, y las pilas para lavar la ropa. Ahora es un bonito patio con un pozo.

De vuelta al patio, estaba la vivienda de la abuela Teresa, también de la sierra, de Villaralto, Su hija era una señora, bajita, guapetona y aparentemente seria, por lo menos para mí, seriedad que seguramente encerraba timidez. El ser madre soltera, en esa sociedad mojigata de los cincuenta, seguro que marcaba. Era una mujer  muy trabajadora y tenía una hija que se llamaba Teresita. Esa vivienda la compartía también otra familia que habían recogido, una señora amiga con dos hijos, ya mayores, uno de ellos se llamaba Germinal, conocido de mi primo Paco, siempre me llamó la atención ese nombre republicano, no sé cómo lo consintió el régimen del General. La falta de intimidad en esas viviendas daba como resultado situaciones desagradables de “voyeurismo” de los clásicos espetaores, por lo que había que buscar los momentos adecuados para el aseo que evitaran  lo primero. 

El patio principal y enfrente lo que fue la vivienda de la abuela Teresa.

Teresita era algo especial, despuntaba su listeza y capacidad para el estudio. Era, según apreciaciones de un niño, una delicia de niña, guapa, tímida, dulce, con el natural encanto de la chica de pueblo recién llegada a la ciudad. Tenía nueve años. Para mí era lo más delicado y adorable que habitaba en la casa de vecinos mencionada. Era meses más joven que yo y nos teníamos, un cierto apego, ahora se llama “feeling”. La verdad es que con nueve años no podía haber otra cosa. Los mayores, en este caso mis padres -sobre todo mi madre-, y creo su abuela, sabían de nuestra común empatía, y veían con buenos ojos, lo que evidentemente era una infantil cercanía, de dos niños que simpatizaban entre sí. Otros chavales mayores que nosotros, sabedores de nuestro afecto, nos incitaban a otras cuestiones. En cierta ocasión prácticamente me obligaron a que intentara levantarle la falda, cuestión imposible y por la que por poco me gano un guantazo. Eso ocurrió en la Puerta del Perdón, debajo de la torre, en uno de sus rincones.

Las nenas y nenes de la casa del callejón (no están todos)

Las navidades, eran especiales en las casas de vecinos, especialmente en ésta se hacía una enorme candela en el callejón y allí se cantaba, bailaba, bebía y comía, bueno se comía algo menos, no estaban los tiempos para derroche. El día de Nochebuena era la fiesta por excelencia, en esos tiempos no se celebraba la Nochevieja, sin embargo, las mías eran tomarme las uvas dos veces, escuchando una la BBC de Londres con mi tío Pepe, y luego la de nuestro horario con la Puerta del Sol de Madrid. Esa Nochebuena del cincuenta y siete hicieron un baile, un viejo y desvencijado tocadiscos cuyo altavoz era la tapa fue el elemento musical, bailé con Teresita todo el tiempo que duró la fiesta, que fue en casa de Francisca –bailar es un decir, por ser un pésimo bailarín-. Aquello me resultó maravilloso. Teresita era como se dice el primer amor, si se puede llamar así esa atracción por una niña. Lo cierto es que esas sensaciones se quedan en lo más recóndito de tu cerebro siempre. Arreglando los versos de Rafael de León podría decir: “Cuando contigo bailaba, yo inocente me pensé, que ese baile nos casaba, como marido y mujer”. Después, ya despuntando la adolescencia, a Teresita la pretendieron varios chicos. Ella ya se estaba haciendo mujer aceleradamente, y yo me quedaba atrasado como niño. Los niños como siempre más torpes. Eso desde luego no era óbice para que sintiera celos de todo el que se le acercaba. Hasta el extremo que en cierta ocasión, obcecado por ellos y por su adelantada madurez, le tiré una naranja del Patio de los Naranjos que le dio en la cintura, y lloró lo suyo. Para que, Doña Teresa, su abuela, visitó muy alterada mi casa y lo puso en conocimiento de mis padres, más que nada de mi madre. Después la reprimenda fue antológica. Hoy en día hubiera sido procesado, era un caso típico de "violencia de género" pero entonces con diez años no se tenía edad penal.

En este lugar se hacía la gran candela de la nochebuena.

También sucedió otro episodio que me hizo, y me hace todavía algunas veces, sentirme miserable: Teresita, estudiaba en un colegio de niñas de la plaza de Jerónimo Páez -ese edificio abandonado hace años, en la esquina con Antonio del Castillo-. Cierto día hablando con una compañera de colegio, me fui de la lengua y le dije que le gustaban los nenes –cosa por otra parte normal, vamos, natural-, a la susodicha le faltó tiempo para decir lo que sea en el colegio, con la crueldad habitual de los niños, no sé qué diría. Otra vez Doña Teresa a mi casa, llamando a voces a mí madre desde la calle, pues fui señalado como el autor del entuerto, que lo era, aunque manipulado después -no se como, pero debería ser muy grave la manipulación, por el notable enfado de Doña Teresa-. Aquí la reprimenda no fue verbal, sino en forma de zapatilla de mí madre, cuyas suelas quedaron señaladas en mis glúteos por varios días. La teoría del castigo corporal de mí madre era; golpes en la cabeza no, pero en el trasero no le pasa nada. La verdad es que aquello funcionaba.

Cardenal Herrero, 32

Luego la vida le dio duro. Pasados algunos años se casó con un individuo cuya afición a la bebida la llevó a separarse de él. No fue un tiempo de rositas para ella, ignoro desde luego, si hubo algún otro tipo de maltrato. Se separó y luego se unió a otro chico y desgraciadamente tampoco funcionó la unión. Tuvo una gran alegría cuando fue reconocida por sus hermanos de padre, al que ella no conoció, y con los que se lleva extraordinariamente bien. Ella buscó sus orígenes y los encontró. En resumidas cuentas, una valiosa mujer que, al igual que el ave fénix volvía una vez y otra a renacer de las cenizas. Yo siempre me he preguntado que podría haber ocurrido si mi madurez hubiera ido pareja a la suya, y nuestras vidas hubieran estado más cerca consolidando ese sentimiento o atracción, de niños. Es lo que pudo haber sido y no fue. Nunca lo sabré, es esa bifurcación de caminos, de decisiones que modifican vidas. Cuestiones que entran dentro de lo que se llama el destino; el, estaba escrito musulmán; o el, estaba de Dios, de los cristianos. Siempre optamos, desde nuestra insignificancia, considerar que esas decisiones son decididas por un ente superior, quizás tratando de delegar la responsabilidad decisoria en él, pero no es así, las decisiones las tomamos los humanos sin “divinidades” que nos guíen. Lo que sí es cierto es que no puedes rebatir esas teorías, porque “siempre te encuentras con Ramírez, tires por donde tires”.

 Otra gran casa de vecinos, C/ Medina y Corella 4.

Recuerdo una vez que la vi, con motivo del sepelio de Teresa, su abuela, en el Sagrario de la Mezquita –puede resultar contradictorio un sagrario en la mezquita pero es así-, de negro, con ese halo especial por la tristeza del momento, con ojos llorosos, que me hizo verla más guapa aún, a pesar de la triste situación. Después, muchos años después,  la he visto alguna que otra vez por la calle, pero nunca me atreví a llamarle la atención, sobre todo tenía necesidad de pedirle perdón por el naranjazo y el comentario estúpido. Siempre que me cruzaba con ella tenía la sensación –no era una sensación, era verdad, comprobada a posteriori– de que no me conocía. Posiblemente había perdido la “pinta” para ella. En un encuentro con mi hermana, le preguntó por mí: 

-¿Y Paquito? –dijo. 

-Muy bien, me ha dicho que te ha visto por la calle de vez en cuando. –contestó mi hermana.

¿Y por qué no me llama la atención? yo no lo he visto, o ¿a lo mejor ya no lo conozco? ¿Ha cambiado mucho? –le preguntó nuevamente. 

–Bueno, no creo, no es el niño delgado de entonces... No, no ha cambiado mucho. –le aclaró Loli.

Lo cierto es que nunca le llame la atención. Es llamativo lo fuerte que se afianzan en nuestro cerebro, determinados recuerdos, que si bien es verdad se han almacenado en una recóndita zona, cuando estaba libre de otras tonterías, la verdad es que son muchos los años que tienen de vigencia. La realidad es que están ahí, es el film de la vida, contigo como director y guionista. Realizado a tu medida. Una película de tu propiedad absoluta. Guiones platónicos, que a lo largo -largo es un decir, porque es un soplo- de tu vida, has usado muchas veces, cambiando sólo la protagonista. En unos “ella”, era la Loli de “Novio a la vista”, o la Beatriz Fontana de “Diego Valor”, o la Rocío Dúrcal de sus comienzos, incluso la delgada y feílla chica de la calle Céspedes, para terminar con la niña bonita de la calle Mucho Trigo, con un perfil de princesa de cuento de hadas, que es la que al final te hace ganar el Oscar, y compartir nietos. La filmografía platónica es variada, según el momento y la edad. La película verdadera, la más taquillera, la que se proyecta a diario, está ahí, lo que ocurre es que el rodaje afortunadamente no ha terminado aún, el clip de la claqueta acaba con nosotros.

La Judería.

Después, de mayores, he hablado con Teresita y he tenido oportunidad de pedirle perdón por hechos acaecidos hacía muchos años, casi cincuenta y cuatro, que ella apenas recordaba, sí, por el contrario, pensaba que yo la odiaba, cosa que le aclaré que no era así si no al revés, eran los celos de un niño, tonto por más señas. Para mí seguía siendo esa niña delicada que tanto me gustaba, y en mis recuerdos sigue igual, no ha cambiado. Hablamos de nuestras respectivas familias, y sobre todo de nuestros nietos e hijos y comentamos aquellos tiempos y mencionamos a personas conocidas, de las que muchas ya no están. Hablamos de su casa, la del Callejón, en la que existía una elevada dosis de solidaridad, esa que funciona entre los que menos tienen, que se ha convertido por mor de los tiempos, en un bonito hotel y restaurante. Otras casas de vecinos en tiendas, u otro tipo de comercios, para vender una Córdoba no lejana que no fue así desde luego.

Fotos del autor y otra del díptico del Hotel Los Patios.

jueves, 23 de diciembre de 2010

EL PUENTE DE ABBÁS IBN FIRNÁS (III)

Una vista general

Con un aún amenazante cielo esta mañana, me desplacé hoy 23 de diciembre de 2010, al puente para tratar de dar fe a su casi culminación. El personal estaba dándole los últimos toques, acicalándolo para la inauguración definitiva. Bien es cierto que acabará en una glorieta, cercana al Parque Joyero, en la carretera del Aeropuerto, en espera del tramo que lo enlace definitivamente con la carretera de Palma del Río, un tramo complicado por tener que salvar tres caminos de hierro, el convencional hacía Málaga y el convencional para Sevilla y de alta velocidad para Sevilla y Málaga, de difícil ejecución constructiva y presupuestaria en este caso por los malos tiempos que nos ha tocado vivir.

Escultura central que representa a Abbás Ibn Firnás con sus alas volando.

Tiempos crueles y desgraciados, gracias al insaciable capitalismo (que ahora llaman mercados, como daños colaterales a los asesinatos de civiles en las guerras ), que campa a sus anchas por el mundo y al que nadie culpa de la problemática que sufrimos, sólo son culpables las pensiones y los sueldos de los trabajadores, que padecen una resignación alienante y lamentable. Mientras los grandes empresarios siguen ganando inmorales repartos de beneficios, sin responder con su patrimonio real, no con el de la empresa, a gestiones algunas seguramente delictivas, cínicas, como una que ante el embargo de uno de ellos que los capitaneaba, sólo tenía el pobre para pagar su embargo seiscientos euros, vamos el miserable importe de un salario mínimo, y que tuvo la desfachatez de pedirle a la clase trabajadora que trabajase más y cobrase menos, pero que seguro que sus sustanciosos sueldos, o repartos, de la temporada de vacas gordas los tiene como muchos, a buen recaudo. Y no me refiero como se puede comprender a los pequeños empresarios que esos si que pagan con su peculio particular, y algunos con su vida, si no a los especuladores y grandes corporaciones. Todo ello con la colaboración de gobernantes servilistas, que han perdido el sentido de la dignidad ideológica, y buitres acechando su caída definitiva, para coger lo que les apetezca con el mínimo esfuerzo.

Desde Amargacena

Volviendo al puente, parece que la inauguración podría ocurrir la semana que viene, antes de que acabe 2010 o en los primeros días del 2011. Son bastantes años de trabajos y de dificultades, bien en forma de restos arqueológicos, o de intensas lluvias. La prueba de carga se ha efectuado sin problemas, y seguido las recomendaciones de la Confederación Hidrográfica –no sé si se sigue llamándose así- en cuanto a la luz o vanos del mismo. No he tenido la posibilidad de colarme para poder hacer las fotografías “in situ”, y las que aporto son de las cercanías, desde ambas orillas, así como unos cortos vídeos. 

Desde la orilla izquierda

Con unos centímetros de más, por la acumulación de barro en las suelas de las botas, que fue harto difícil quitarse, decidí hacer una última fotografía desde la carreta de las Ermitas, a distancia, aprovechando una búsqueda de exteriores de la película El Cristo de los Faroles, para ese experto cinematográfico que es nuestro colega Werrybee. 

Desde la orilla derecha (1)

Hemos pasado en esta ciudad de un Puente Romano, que soportaba la N-4, y el llamado Puente Nuevo; al del Arenal que también estuvo un tiempo sin ir a ningún sitio; el de la autovía, que pasó desapercibido, lo mismo que cuando pasas por él, que no te das cuenta que estás pasando el gran río de Andalucía, y que seguro no contó con las problemática de cualquiera de los puentes en los que interviene el gobierno municipal; 

Desde la orilla derecha (2)

una pasarela puente enmohecida, siguiendo la moda del momento, cuya inauguración “medallista” nos iba a llevar al Megapalacio caro e inacabable del Sur, también idea de la era “medallista”, que le está costando a esta ciudad un ojo de la cara, pasarela que sustituyó una obra de Calatrava y que se marchó por la obstinación del gobierno municipal a Mérida, después de quitarse la arena de las zapatillas el afamado arquitecto;  Al de Andalucía esbelto y moderno, pero que aún está inacabado, como casi todas las sintonías de esta ciudad –hay otro en la ronda norte que posiblemente se caerá antes de que la faraónica obra que lo tiene que complementar se terminé, ¡cuánta inversión para el automóvil en todas las ciudades!-, y ahora el que nos ocupa.

Soportes orilla derecha

De dos a siete puentes, en corto espacio de tiempo, si tenemos en cuenta el que pasó del Romano al Nuevo, que fueron siglos. Los demás se han ido midiendo en décadas y alguno en lustros. Como el que no se conforma es porque no quiere, mal vale tarde que nunca. Sirva esta entrada para cerrar una trilogía dedicada al casi paisano del siglo IX, Abbás ibn Firnás primer hombre en volar, eso sí, después de Ícaro.

Paneles informativos

Dos trabajos anteriores dedicados a este puente:



Desde la sierra

Vídeos




En un amplio universo de noticias referidas a Abbás ibn Firnás, me permito poner una muestra de los enlaces para el que quiera profundizar en su conocimiento.










Fotografías y vídeos de la entrada del autor, el resto de su correspondiente web, blog o medio informativo.