Cartel de la película Carmen de Vicente Aranda
De una forma u otra participamos con el rodaje. Yo tuve la suerte de estar muchas veces con el equipo de dirección, e incluso insinuar lugares exteriores que fueron aceptados, evitando tener que efectuar desplazamientos del equipo de rodaje. Concretamente entre los dos puentes en la orilla izquierda del Guadalquivir. Otros elementos como la fábrica de tabacos (cuadra principal), la sala de juicios, los dormitorios de tropa (nave superior que también fue dormitorio del escuadrón de Sementales, anteriores inquilinos de Caballerizas), el patio de armas, una calle, (en la sala de arneses), el calabozo de José (en el picadero) etc. Todo ello se realizó dentro del edificio de Caballerizas Reales.
Es increíble cómo funciona la logística de un rodaje, en la mayoría de ocasiones es un reloj. La relación con el equipo de dirección, el comer con ellos y el estar en muchas de sus reuniones, e incluso el tener acceso al guión, y aprenderme la sentencia que tenía que leer un actor profesional -creo que era Simon Shepherd-, me hizo osar proponerle a Vicente Aranda, que me diese la oportunidad de iniciar “mi carrera cinematográfica” con ese papel de magistrado. Me dijo que no, que iba a ser uno de los Generales del Tribunal, porque el Magistrado estaba ya contratado, todo ello a pesar de recitarle toda la sentencia, y considerar él que me la sabía bien. Me quedé en General, pero al no existir vestuario adecuado para mí, o por otras razones que no vienen al caso -creo que no le caía bien al encargado del mismo-, me “degradó” y me quedé en un simple sargento secretario del Juzgado.
Mis hijos también fueron extras en la tropa, que formó en la plaza de armas, tropa, como es lógico, sin conocimientos militares mínimos de orden cerrado, por la razón de que la mayoría no habían hecho la “mili”, lo que suponía un verdadero desastre en la formación, en la que se procedió a la degradación de José (Leonardo Sbaraglia). Había que ver lo que sufrió con los movimientos militares Richard Walker, Ayudante de Dirección, que se encargó directamente de estas escenas.
Fue muy interesante el trabajo de Benjamín Fernández, director artístico, con un Goya en su haber, habiendo participado en, Los Otros, Gladiator y otras superproducciones. Cualquier escena por insignificante que fuese estaba dibujada en papel, e incluso construida una maqueta para conocer el ángulo de la luz y planos necesarios. Otro importante trabajo era el de Paco Femenía, Director de fotografía, con un currículo fuera de lo normal en la cinematografía nacional y extranjera -creo que también premio Goya-, cuyas órdenes eran seguidas al pie de la letra. Un ejemplo: a su indicación, sobre la luz del picadero, obligó a tapar los enormes ventanales porque no era la adecuada según su criterio para las escenas que allí se rodaron.
Como metomentodo que soy me permitía comentar a Vicente Aranda, algunas cuestiones que amablemente me razonaba, me explicaba, o mejor me sacaba del error, todas sin embargo las escuchaba. Creo que su tolerancia era superior a lo normal. Claro que entre col y col una lechuga, con mí repertorio de chistes amenizaba las situaciones de rigor, en las reuniones, salvando cuando el “silencio se rueda” decretaba que no se oyera una mosca. Se daba la circunstancia que me preguntaba muchas veces sobre uno u otro chiste contado, para que se lo repitiera, ya que le había hecho bastante gracia, para posiblemente aprendérselo bien:
–Paco -decía-¿Cómo es el chiste ese del otro día, de James Bond con el Alcalde de Fernán Núñez que se llamaba Am Brosio? Cuéntamelo otra vez.
Le volví a proponer al Director que me podía aprovechar para otras escenas, en función de haber releído el guión, incluso con las anotaciones profesionales al margen, y saberme muchas de ellas –era echarle mucha cara ciertamente por mí parte-, vamos todo en el ánimo de entrar de lleno en la cinematografía. Inclusive me preguntaba algunas cosas y a mi respuesta me decía:
-Paco te lo sabes bastante bien, pero quédate mejor de General que no habla.
Al final como he dicho, por motivo de mi degradación fui Secretario del juzgado. Incluso en una fotografía le estoy hablando de un tema y la titulé, en plan guasa, "discutiendo una escena con el Sr. Director". Y así llegó el día del rodaje de la escena del juicio. Maquillaje primero, vestuario, y espera, muchas horas de espera para el momento estelar. Bueno no era para mí el primero, ya había salido de niño en el Cristo de los Faroles, de Antonio Molina, y de maldito en D. Juan Tenorio en el teatro. Yo emitía uno de los gritos de los malditos que se oían en la Hostería del Laurel:
-¡Cuán gritan esos malditos, pero mal rayo me parta si en concluyendo esta carta, no pagan caros sus gritos!
Pues yo era uno de esos malditos, que no salió ni al escenario, ya que el jaleo fue entre bambalinas. Paco Femenía, director de fotografía me dice, sabedor que era el Secretario del Juzgado:
-Paco, que no me vayas a mirar a la cámara, tu a lo tuyo, a tu papel.
Todo ello a sabiendas de que podía joderle la escena. Después de varias tomas -quiero aclarar que no por mi culpa, pues me porte estupendamente-, una vez el corten definitivo fue dado, me dirigí a él y seriamente le dije:
-Paco, esta escena ha sido el comienzo y final de mi carrera cinematográfica, primero por la degradación de General a Sargento, y luego porque mi estreno como actor no ha pasado de los dos segundos, quizás menos. Ha sido el papel más corto de Carmen y creo que de toda la cinematografía española y parte del extranjero.
Se partía de risa.
–Luego comiendo hablamos –me dijo-, pero han sido más de dos segundos.
Ana Vila de producción siempre se reía, y Vicente me miraba como diciendo, valiente follonero estás hecho. O la risa y palmada de Benjamín el Director Artístico cuando le dije:
-¡Has visto Benjamín como han acabado con mi carrera cinematográfica, en un momento!
Lo cierto es que la experiencia mereció la pena, y más que la frustración cinematográfica, que no deja de ser un chiste, la de estar relacionado con esa serie de profesionales, y sentirte formar parte del equipo, evidentemente no de actores, no hace falta recalcarlo. No se vieron malos modos en ningún momento, y me llamó la atención la autoridad de cada uno de ellos en su parcela. El Director coordinaba el toque final, aunque claro está controlaba todos los pasos previos, en este caso era también coautor del guión. Bueno si, vi cabreado una vez a Vicente, cuando nos dijo que en la copia para Italia querían hacer una serie de modificaciones, que para él eran importantes. Lo que no especifico yo, son las razones que tenían los italianos.
El trabajo de presencia en exteriores, búsqueda y recomendación, al ver que había sido efectiva y estimo que rentable no tener que salir el equipo fuera, fue para mí satisfactorio. Y sobre todo las sobremesas que era donde se cocía el meollo de todas las cuestiones, una especia de consejos de dirección. Jay Benedict (Prósper Merimeé) simpático pero hablaba poco español. La simpatía y campechanía de Antonio Dechent (el Tuerto) o Ginés García Millán, la belleza de Paula Echevarría, o la de Paz Vega –a la que veíamos lo justo-, pero ambas espectaculares, aunque no se quedaban atrás muchas chicas extras trabajadoras de la fábrica de tabacos.
Luego estaba Leonardo Sbaraglia el galán, una persona sencilla que lo demostró con creces él y su joven esposa en el coctel de presentación. Sin olvidar a Juan Alexander de producción, sin cuya invitación personal no hubiéramos podido estar en la fila de butacas de los actores en el estreno del Gran Teatro.
Leonardo Sabraglia y una extra.
Luego estaba Leonardo Sbaraglia el galán, una persona sencilla que lo demostró con creces él y su joven esposa en el coctel de presentación. Sin olvidar a Juan Alexander de producción, sin cuya invitación personal no hubiéramos podido estar en la fila de butacas de los actores en el estreno del Gran Teatro.
–Nos vemos en el estreno Paco. -Me dijo un día.
-No estoy invitado.
-¡Quién dice eso! –y dirigiéndose al secretario le dice- ¡Dos pases para la fila de actores para Paco y su mujer!.
Para asistir a la “premiere” lo que estaba previsto era llegar a la puerta, preguntar por un compañero y si podía te entraba, primero si podía salir, y si no te volvías por el mismo camino de la alfombra a tu casa, y claro el productor Juan Alexander lo valoró a su manera. Eso nos permitió pisar la alfombra roja a Conchi y a mí con todos los “honores”, además de compartir fila con los actores, principalmente con Antonio Dechent. Desde entonces siempre que le vemos una película suya me dice Conchi:
–Paco, tu amigo Antonio.
Paco Femenía
El anecdotario es muy amplio para reflejarlo en una modesta entrada como es ésta. Lo aprendido de ese mundo muy interesante. La relación con esos personajes como: Vicente Aranda (Director y coguionista), Richard Walker (Ayudante de dirección), Juan Alexander (Producción), Ana Vila (Directora de producción), Marisa Muñoz (Jefe de Producción) una compañera más a la que tratábamos a diario; Paco Femenía (Director de Fotografía) un gran profesional de la fotografía; Benjamín Fernández (Director artístico) y extraordinaria persona, con el que compartíamos muchos momentos al día, que nos habló de sus otras producciones y de personajes tan especiales como Amenábar que es su amigo. Inma una compañera, la persona que conozco que sabe más de cine disfrutó con Benjamín porque siempre estaba dispuesto a contestar a todas las preguntas que le hacía;
Miguel Sese (Maquillaje), Natalia Sese (Peluquería), Yvonne Blake (Vestuario) salvo el encargado que fue el que me degradó; Reyes Abades (Efectos especiales) un artista, y muchos que se me olvidan seguro y a los que pido disculpas. Los carpinteros electricistas, atrezo, etc. unos artistas que te hacían de cartón piedra cualquier cosa, hasta la verdina del pretil del puente romano, cuando quitaron las farolas y taparon los registros; el calabozo; la cueva; la cruz del camino. Eso sí, los dulces de la pastelería eran reales –y bastante buenos, lo que hizo que desapareciera la tienda muy pronto- y los puros -malos pero reales también-, aunque no lo notaba un amigo al que se los regalábamos y se los fumaba.
Sala de Juicios y dormitorio de tropa.
Miguel Sese (Maquillaje), Natalia Sese (Peluquería), Yvonne Blake (Vestuario) salvo el encargado que fue el que me degradó; Reyes Abades (Efectos especiales) un artista, y muchos que se me olvidan seguro y a los que pido disculpas. Los carpinteros electricistas, atrezo, etc. unos artistas que te hacían de cartón piedra cualquier cosa, hasta la verdina del pretil del puente romano, cuando quitaron las farolas y taparon los registros; el calabozo; la cueva; la cruz del camino. Eso sí, los dulces de la pastelería eran reales –y bastante buenos, lo que hizo que desapareciera la tienda muy pronto- y los puros -malos pero reales también-, aunque no lo notaba un amigo al que se los regalábamos y se los fumaba.
En líneas generales, una grata experiencia y un frustrante comienzo y fin de lo que pudo ser una brillante carrera cinematográfica que, fue una de las más cortas de la cinematografía española, no llegó a dos segundos.

















