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martes, 30 de enero de 2024

OTRO ABANDONADO FUE EL TRIUNFO DE LA PLAZA DEL POTRO

Triunfo en la Plazuela de San Hipólito

Ordenando fotografías me encontré una del Triunfo de Verdiguier ubicado en la antigua Plazuela de San Hipólito, que se llamó antes Plaza del Ángel y está dedicada hoy a San Ignacio de Loyola, por la cercanía de San Hipólito y ser la Real Colegiata de la Orden religiosa de la Compañía de Jesús. En la fotografía, en el rincón suroeste de la Plazuela con el fondo de la Ermita de la Alegría se ve el Triunfo que hoy está instalado en la Plaza del Potro. Como las dos últimas entradas han ido de abandonos, me puse a estructurar una, pero cuando iba a empezar comprobé que ya había publicado una hacía cuatro años, se llama “Plano del primitivo emplazamiento del Triunfo de la Plaza del Potro”Y otra hacía ocho en 2016, "El triunfo del potro de Miguel Verdiguier". No es la primera vez que me pasa -dos mil trescientos veinticinco artículos son muchos para una memoria normal-, además está eso de que la edad no perdona. Ya puesto seguí, pues refrescar la memoria no es malo.

Plaza del Potro de Alber Kahn, 1904, sin el Triunfo

De la entrada citada del Blog de 2020:
“Fue en el año 1924 cuando se accedió al traslado. Y la petición definitiva fue llevada a cabo por parte de Enrique Romero de Torres: que entre otras cosas añadió:”(...) estaba casi destrozado en un rincón de la Plaza del Ángel, y era objeto de profanación por las noches, se restaurase y se trasladara a la Plaza del Potro, y con beneplácito del R. P. Superior de los Jesuitas residentes en San Hipólito, en unión de algunos vecinos que contribuyeron a los gastos del traslado.” Y el 27 de octubre de 1924 tal y como mencionan las dos leyendas que tiene la triangular basa: 

Del plano de 1884 de Casañal.

DESDE UN RINCÓN DE LA CIUDAD DONDE SE HALLABA FUE TRASLADO AQUÍ ESTE MONUMENTO RESTAURADO EN EL AÑO MCMXXIV.” (Inscripción noreste.) “EL DÍA 27 DE OCTUBRE DE 1924 SE CELEBRÓ CON GRAN SOLEMNIDAD LA INAUGURACIÓN Y BENDICIÓN DE ESTE TRIUNFO OBRA DE ESCULTOR D. MIGUEL VERDIGUIER” (Inscripción noroeste.) Se demuestra la dejadez monumental que siempre ha tenido esta ciudad, por lo que no podemos achacarla ahora sólo a estos tiempos. La importancia de este plano es la representación exacta del lugar del emplazamiento original del Triunfo de Verdiguier hoy en la Plaza del Potro.”  Se había instalado allí en mayo de 1768, por lo que estuvo en el rincón de la plazuela, hasta su traslado a la del Potro, 156 años.

Triunfo ya en el Potro

Hace cien años, en 1924, ya se quejaba de la desidia municipal Enrique Romero de Torres, como siempre se quejó su padre, como se han quejado siempre otros cordobeses (uno de ellos Carlos Castilla del Pino con su artículo "Apresurese a ver Córdoba", en el Nº 538 de la Revista Triunfo), y como nos quejamos actualmente. El hijo de Romero Barros lo llamó dejadez monumental y el tiempo demuestra que no es por ser el Consistorio de este o aquel color, lamentablemente es por ser el mal endémico. 

El destruido por el árbol que se ve detrás

El del capitel abajo del fuste

El de la Estación de FF.CC. 

Otra cosa son los traslados: el de los Padres de Gracia, hoy semidestruido y en reparación en los talleres de los Rueda, procedía de una azotea sobre la Plaza del Salvador, eran "los Ojos del Conde", antes estuvo en la Hacienda de la Albaida; el de la puerta de la Cárcel, cuando se hizo la Avenida del Alcázar, se trasladó a la Plaza de la Estación, luego cuando se fue la Estación se le dió la vuelta para que mirara a la ciudad, antes miraba a los viajeros que entraban a Córdoba; el del actual jardín del Santo Cristo de la Misericordia, de la antigua entrada a la Casa de los Locos, con su capitel invertido, estuvo antes en el patio del Manicomio. A otros se le quitó la reja, como al de la Plaza de la Compañía.

Fotografías del autor, del Plano de Casañal y de Albert Kahn
Bibliografía de la entrada del Blog Notas Cordobesas 

lunes, 25 de noviembre de 2013

APRESÚRESE A VER CÓRDOBA


Hoy ha sido uno de esos días que se pueden tachar de muy interesantes. Antonio Moreno, un estudioso del cine en Córdoba, que tiene un programa quincenal en PTV Telecom sobre la utilización de Córdoba en el cine como plató, durante el pasado siglo XX, y una de las mejores colecciones de películas rodadas en nuestra ciudad, tenía interés en buscar unos exteriores de una película filmada en los años veinte, que sospechaba había sido en el cortijo de Córdoba la Vieja, a las faldas de Medina Azahara.

Primera cuestión interesante: tuvo la gentileza de llamarme para que lo acompañara a la visita al cortijo. Una vez allí nos recibió Juan SanMiguel uno de los propietarios, que luego nos presentó a su hermano Enrique. Este último, con una amabilidad fuera de lo común para con unos desconocidos, nos demostró su hospitalidad, era conocedor también de las dos películas que parece ser rodaron en la finca. "El león de Sierra Morena" y "La tierra de los toros". Luego visitamos el lugar del rodaje que salvo ligeras modificaciones (estamos hablando de cerca de noventa años) era el de la película, que visionamos allí para comparar.

Luego supimos de primera mano, el detalle del campo de prisioneros que la citada finca tuvo durante un tiempo en la guerra civil, detalle que yo conocía y corroboró Enrique. Antonio (segunda cuestión interesante del día) me regaló un ejemplar de la Revista Triunfo del año 1973, concretamente el número 538, donde se publicó un artículo de D. Carlos Castilla del Pino, que en dos entradas de este blog había citado yo, y como tal decidí publicarlo íntegramente y sus fotografías, porque es un documento que tendrá validez siempre. Muchos lo conocemos pero otros muchos seguro que no.

El artículo de D. Carlos Castilla del Pino:

"APRESÚRESE A VER CÓRDOBA"

"Salvo excepciones, cualquiera estaría dispuesto a aceptar que el hecho de que España no hiciese a su debido tiempo la revolución industrial constituye una desgracia irreparable. España -la faz de España- sería, con la mayor probabilidad, distinta, como lo fue tras la invasión árabe, y luego tras la Reconquista cristiana. Pero la negatividad que supone el no haberse incorporado en su momento nuestro país a lo que fuera el requerimiento industrial europeo, podría ofrecer hoy día una contrapartida positiva en algún sentido, a poco que existiese una mínima sensibilidad histórica: el desarrollo económico actual podría hacerse -debería nacerse, mejor dicho- de manera que fuese compatible con la pervivencia del pasado y de los caracteres mismos de la ciudad, que la hicieron cuando menos habitable.


Esto es lo que queda de los que fueran alguna dependencias de la llamada "Veterinaria Vieja", un edificio del siglo XVII, que no hubiera desentonado en Salamanca, en Coímbra o en Bolonia

A mí me interesa el pasado -las huellas de nuestro pasado- no sólo a modo de adorno que ofrecernos a nosotros mismos y a los que nos visitan, cosa de por sí bastante importante. Me interesa que el pasado perviva en nuestras ciudades y pueblos, porque, paradójicamente, satisface necesidades elementales que la nueva ciudad está lejos de dar cumplido fin. Me refiero al hecho de que estas ciudades y pueblos sigan siendo habitables (cuando grandes masas los despueblan es "por otra" razón). Porque resulta que esas elementales instancias que son el vivir en relativo silencio, pasear, contactar uno con otro en tanto personas, o sea, como conciudadanos, sólo es factible allí donde la ciudad todavía existe en tanto fue hecha por y para los hombres. Así se explica el comportamiento de tantos de nuestros emigrantes, que salen de sus tierras ante la imperiosa necesidad de subsistir, pero que una y otra vez regresan a las mismas, aunque sea pasajeramente, precisamente para convivir, porque esto del mero convivir emerge como necesidad, una vez que la de subsistir ha sido satisfecha. Posiblemente, ciudades como Écija, Antequera o Ronda, Cáceres o Trujillo, Plasencia, Ciudad-Rodrigo o Cuenca, Toledo o Salamanca, por sólo citar unas pocas, no han sido edificadas de acuerdo a la acepción actual del vocablo "planificación". La ciudad, creo, se hizo, o mejor, se fue haciendo concorde con necesidades de toda índole, que van desde la climática y la defensiva a la artesanal y profesional. 


Uno de los más graves atropellos arquitectónicos se comete actualmente en el que fuera palacio del vizconde de Miranda, hasta hace poco Colegio de las Adoratrices. Los capiteles califales han sido vendidos a anticuarios. El palacio contenta soberbios artesonados. 

La consecuencia de todo ello es que cada ciudad de esta índole tiene el carácter que le es propio, o sea, su individualidad. En manera alguna, hay homogeneidad -ni siquiera entre pueblos de una misma comarca o región, aunque, con toda suerte de aproximaciones, pueda hablarse del pueblo andaluz, castellano o gallego-, porque la identidad entre ciudades, como entre individuos, sólo puede ser expresión de la más opresiva forma de alienación, impuesta, desde luego, por unos pocos. Hoy, sin embargo, se tiende a la ciudad-igual, y las colmenas inhumanas lo mismo se edifican en Torremolinos o Sitges, a cien metros del mar, que en Badajoz o Segovia. El resultado de todo ello es el divorcio ostensible entre lo que la ciudad es y lo que debiera ser a tenor de los factores ecológicos, sencillamente porque la ciudad se planifica al margen de los ciudadanos, en armonía con los exclusivos intereses de un grupo de ellos. Córdoba era una ciudad -y todavía lo es en alguna medida, aunque el futuro próximo se muestre en este sentido con tintas sombrías- que se podía habitar. Pero está dejando de serlo en virtud de una hábil y sutil maniobra. Se ha considerado un recinto monumental, y fuera del mismo se deja hacer, dentro de unas limitaciones que no son suficientes para evitar la pérdida del carácter que le ha sido propio. Pero Córdoba no será la misma porque se respete (?) el mínimo círculo de la judería y el que circunda a la Mezquita. El carácter de Córdoba está también en el barrio de Santa Marina, en La Piedra Escrita, en el conjunto de Santa Marta o de San Francisco, en la extensa área que comprende San Pedro, la calle de la Palma, de Alcántara, del Aceituno, la de Santiago y del Sol, el ámbito de la Magdalena... Mi experiencia de "guía" durante los años que vivo en Córdoba, me ha deparado siempre, ante visitantes que ofendería denominándoles turistas, que estas zonas aludidas y muchas más muestran el notable contraste entre lo que fuera remotamente la Córdoba árabe y judía y lo que ha sido la cristiano-popular, salpicada de palacios y casas solariegas de la aristocracia rural. Usted puede pasear esta Córdoba, sentarse en algunas de sus plazas vivir la experiencia del testimonio directo de sus habitantes, sencillamente porque el "hábitat" hace posible todavía hablar con el que pasa. Usted puede vivir la propia evolución histórica de la  ciudad, las modificaciones lógicas habidas, merced a los distintos signos que entre sus calles se ostentan. Porque la Historia no debe estar meramente en museos y archivos, sino que, allí donde ha sido respetada, está sobre todo en la propia ciudad.


De esta casa sólo se conserva el dintel nótese la incoherencia, incluso, de la edificación efectuada, tan escasa de imaginación como sobrante de mal gusto.

Córdoba está, como he dicho, dejando de ser. Y hay que reputar su devastación, ante todo, a la especulación del suelo. Pese a las tímidas limitaciones impuestas, sobre todo en lo que concierne a la altura, han sido sacrificados ya los palacios del conde de Priego (siglo XVI), del conde de San Calixto (XVIII), del marqués de Valdeflores (XVIII), del vizconde de Miranda (XVIII), del marqués de la Fuensanta del Valle (XVI), la casa de los Ceas, popularmente conocida como Casa del Indiano. (del XV); el Ayuntamiento (siglos XVI-XVII) y un conjunto de casas solariegas que sería prolijo enumerar (por ejemplo, en la plaza de San Juan, en la calle de San Pablo, en la Trinidad [*], etcétera). No sólo son pérdidas irrecuperables en tanto edificaciones simbólicas del pasado, que podrían ser perfectamente utilizadas hoy, sino que la misma espacialidad que tales edificaciones conlleva ha sido definitivamente perturbada. Tras la torre de la Malmuerta -algo semejante a lo ocurrido con la torre de Valencia en Madrid- se alza un bloque de pisos. La plaza del conde de Priego, para citar uno de los más graves ejemplos de destrucción inimaginable, era realmente un asombro: el palacio formaba un ángulo recto, con sus dos fachadas de u n a sobriedad impresionante; otro lado del rectángulo lo forma afín la fachada del convento de Santa Isabel, con ventanales de celosía a unos ocho o diez metros sobre el suelo; al frente, la iglesia de Santa Marina cerraba parcialmente el espacio apenas iluminado, de manera que la vivencia habitual, apenas anochecido, venía a ser una mezcla de recogimiento y temor. La destrucción comenzó emplazando allí el monumento a Manolete, horrendo pisapapeles de tamaño descomunal, tiene el honor de figurar en la antología del mal gusto mundial. (Véase Gillo Dorfles, Kitsch, An Antology of bad Taste, Studio Vista. London, 1969. Página 84. Tras el primer plano del monumento, puede ver el lector parte de la fachada del palacio desaparecido). Hubo entonces una oposición encubierta a que a Manolete se le erigiese un monumento, y luego, a su emplazamiento. 


También tras la fachada de esta antigua casa solariega, se edifica actualmente un bloque de pisos.

Recuerdo que su elevación se hizo gracias al producto obtenido de una corrida en la que hubieron de lidiarse once toros, amén de una charla de aquel inefable académico que se llamó en vida don Federico García Sanchiz: el buen sentido del público hizo callar a tan ilustre charlista apenas abrió la boca para emitir toda suerte de tópicos acerca de "la Córdoba de Maimónides y de los Abderramanes", y le obligó a limitarse a contemplar la corrida como uno de tantos y a que le dejara en paz. Pero el monumento se hizo. Y cuando un cordobés sensato -"discreto", diría Baroja-, con toda suerte de precauciones, hizo una tímida protesta a que a Manolete se le erigiese tamaño artefacto, en esta ciudad en la que Séneca, Lucano, cualquiera de los Emires y Califas, Maimónides, Albucasis y varias docenas más de ilustres nacidos, no poseían aún nada que los hiciese recordar, alguien salió con la razón: "Es que ésos no eran católicos...". En una segunda etapa, el propio palacio ha sido demolido para edificar en su lugar una casa de pisos, eso sí, de corte seudoandaluz, con el aire de alegría estúpida quinteropemaniana que nada tiene que ver con lo que quiera que sea eso que, por llamarlo de alguna manera, denominamos "lo andaluz" (es curioso que el descubrimiento de la lógica tristeza y la seriedad del andaluz, que se corresponde tanto con el "cante hondo" cuanto con Bécquer, Machado, Lorca o Juan Ramón Jiménez, tuviera que ser entrevisto gracias a extraños tales como Borrow, Baroja u Ortega, entre otros).


He aquí convertido en solar lo que fuera palacio del Conde de San Calixto. En los últimos treinta años, hasta su demolición, fue Jefatura Provincial del Movimiento. El derribo ha sido patrocinado por la  Excma. Diputación Provincial.

En ocasiones, antes de la destrucción-construcción, se obliga a la empresa, como si fuera una exigencia drástica, que respete la fachada, y así vemos surgir engendros de pisos tras la fachada del ya demolido palacio del vizconde de Miranda; o tras la casa del Indiano, un artificioso decorado muy propio para un film de Imperio Argentina o Lola Flores.  

Cualquier ciudad del mundo habría encontrado usos para estas edificaciones, desde grupos escolares -Córdoba, tan necesitada de ellos- y Colegios Universitarios, hasta bibliotecas públicas, salas de concierto, teatro municipal, incluso hoteles o mesones, si no mediante el interés económico, capaz de convertir en solar útil, si se le deja, a la propia Mezquita. Hoy están en peligro inmediato, por ejemplo, la casa del Marqués de Boil y el soberbio palacio del marqués de Benamejí, que conserva todavía intactos incluso los jardines descritos por Baroja, a principios de este siglo, en "La Feria de los Discretos", y que ha sido durante años Escuela de Artes y Oficios.


La plaza del Conde de Priego ha quedado convertida en esto: el edificio del fondo ha sustituido al demolido palacio, mientras el monumento a Manolete -una  de las muestras del "kistch" mundial- se alza en el centro.

Para calmar sin duda la mala conciencia ante los hechos someramente apuntados, en Córdoba ha entrado la peligrosa obsesión reconstructora. Es muy probable que nuestros "reconstructores" consideren salvajes a los ciudadanos de Roma, que no han rehecho el Foro o el Coliseo, o que estimen indolentes e incultos a los atenienses, que no han tenido interés en reconstruirnos el Partenón, dejando los fragmentos del mismo esparcidos por la Acrópolis. Aquí, en Córdoba, no se trata de dejar a las ruinas en condiciones, todo lo más, de que no se arruinen más: eso se estimaría en poco. Hay que hacer de nuevo -absolutamente de nuevo- la Sala del Trono del palacio de Medina Azahara, hasta ofrecernos una ridícula parodia de lo que fue; hay que hacer íntegramente de nuevo el inmenso templo romano, aunque, desde luego, con columnas de escayola y capiteles de lo mismo; hay que hacer de nuevo la totalidad de las almenas de la muralla del Alcázar Y construir un foso escuálido, capaz de ser saltado por un infante en jolgorio, porque -como me dijo el teniente de alcalde de su momento- "después de dos inviernos" "¿qué americano sabe que esto que hacemos no tiene más de quinientos años?"; hay que estropear definitivamente la puerta de Sevilla, único resto de arquitectura militar visigótica que poseemos, con bloques de piedra simulada; hay que pintarrajear de colorines absurdos la portada románico ojival de la capilla mudéjar de San Bartolomé, o hacer que nos sonrojemos ante los que, al visitarnos, nos preguntan: "¿Pero, qué es eso?", cuando contemplan la horripilante fachada del Hospicio (hoy Diputación), estucada para simular mármoles veteados. Y así sucesivamente. 


La "casa del Indiano", del siglo XV, sólo conserva esta portada. Da pasoa una calle decorada al modo quinteropemaniano, un tipo de arquitectura andaluza inexistente fuera de un escenario adecuado al "Séneca" o a "Malvaloca"

Imagino que una ciudad plantea innumerables y muy complejos problemas, sobre todo en etapas socioeconómicas de transición. Pero ha de haber, necesariamente, forma de resolverlos, y se podrá aprender, sin duda, en Roma, en Florencia, en Pisa, Urbino, Siena, o simplemente recurriendo al buen sentido. Cuando hablo de que se respete la huella del pasado, no estoy defendiendo la pervivencia de la miserabilización que, para las actuales exigencias, ofrecen sin duda muchas muestras de arquitectura popular, como las clásicamente denominadas casas de vecinos. No planteo el problema en alternativa, y, desde luego, ignoro cuál sea su solución racional. Quiero simplemente llamar la atención sobre que no es permisible -perdón: no debiera ser permisible- que una ciudad se destruya ante nuestros ojos, y con una rapidez que no hace honor a la tan cacareada apatía de los españoles. Probablemente, la mayor parte de los que colaboran en esta tarea pertenecen al grupo de los que hablan reiteradamente de "valores eternos" y sitúan a España como "reserva espiritual de Occidente". Nunca se dio tan ostensible desparpajo entre la espiritualista retórica al uso y la práctica utilitarista. A lo peor, hablando como hablo, se me incluye, una vez más, entre los que forman en el grupo de esa curiosa entidad que ellos mismos denominan "anti-España".

Alberto Moravia dijo hace años que Córdoba era la ciudad más bella del mundo. Por principio, hay que considerar esta frase inexacta. Sólo en un arrebato disculpable puede emitirse, porque, de hecho, nadie, ni Moravia, ni Fidías redivivo, posee una vara para dictaminar sobre medidas estéticas. Yo me limito a decir que Córdoba me parecía muy bella y que, para mí también, no era intercambiable. Si usted, querido lector, pretende tener idea de lo que Córdoba era nada más que hace diez años, ha de apresurarse. Porque de algo de lo que fuera puede no quedar huella alguna cuando venga, o, por el contrario, puede hallarlo todavía, pero bajo la forma de esperpento. 

C. C. DEL P. Reportaje gráfico; ZURITA.

(*) En la plaza de la Trinidad fue demolida la casa en donde murió don Luis de Góngora, pese a la oposición, solamente oral, claro es, de una gran mayoría. Sobre el solar ha sido edificada la residencia del Opus Dei"


Páginas de la revista Triunfo portada y el artículo.


Portada

Pág. 20

Pág. 21

Pág. 22

Pág. 23

Fotografías y bibliografía de la Revista Triunfo.

miércoles, 11 de enero de 2017

DE LA "ESTRELLA DE LOS DESEOS", DEL BLOG "FOLKLORE DE LOS FÓSILES IBÉRICOS"

El fósil milagroso en cuestión (Blog de Astu)

Un buen amigo, Astu, tiene un extraordinario Blog dedicado a la paleontología, que se llama Folklore de los Fósiles Ibéricos, en el que trata los temas de una forma muy peculiar, llana, y asequible a todos los conocimientos. Hace un tiempo me preguntó por la famosa (entre los extranjeros de nuestra ciudad, es decir en el turismo) Estrella de los Deseos, de un muro de la lonja de la calle Torrijos, esquina al Triunfo, cuando estaba documentando sus trabajos. Al que sea, en su momento le dio por decir que era milagrosa, y claro con lo necesitados que estamos muchos de que hayan milagros, en este país de pícaros, ladrones y miserables, por lo menos para llegar a fin de mes, se agarra uno a un clavo ardiendo.

Ubicación de la Estrella en la lonja del muro oeste, esquina sur

Ya sabemos los oriundos que beber en agua de la fuente del olivo, del Patio de los Naranjos, otorgaba un plus especial para casarse. Ahora hemos visto monedas en la fuente, al estilo de la de Trevi en Italia. Luego estaban otros mitos interiores de la Mezquita; El Cautivo; El Colmillo del Elefante; el Buey reventado del púlpito del Altar Mayor; San Cristobalón (este dentro de los milagros oficiales de la religión), la columna que huele a azufre si la frotas (pues vino del infierno); y un variado número de etcéteras. 

Fósil enquistado en el sillar

Creo que el verdadero milagro es el de la belleza de la Mezquita y su entorno, a pesar del atentado sufrido al enquistarle la Catedral católica, y el actual de la alevosa inmatriculación, por un precio similar al que llevó a la horca a uno de los más famosos traidores de la historia, Judas, por treinta monedas de oro, hoy treinta euros. Y si se lee como se tomó posesión del bien público -que nunca debió de dejar de serlo-, no deja de ser una maniobra anacrónica y esotérica pura y dura,  que le hace a uno sin esbozar una maliciosa sonrisa y un ligero ladeo repetido de la cabeza a la vez, como diciendo: -Bueno venga. 

Lonja del muro oeste en ruinas, finales del siglo XIX 

Yo he estado manipulando la famosa Estrella de los Deseos, y al igual que cuando veo un meteoro luminoso en el cielo (estrella en este caso fugaz), se me cae una pestaña, o cualquiera de las muchas, pido siempre el mismo, honradez en los gobernantes y castigo para los defraudadores, ladrones y gentes de mal vivir, que no coinciden con el mal vivir forzado del pueblo llano y honrado. Pero como estos deseos cumpliendo los ritos, los formulo  siempre y sigue el mal gobierno de este país, no confío mucho en ello.

Lonja del muro oeste una vez reformada, principio del siglo XX


Vista actual

Pero el verdadero espíritu de esta entrada es que visiten el Blog de Astu, y sobre todo lean los dos capítulos dedicados a la Estrella de los Deseos del sillar de biocalcarenita de la Mezquita de Córdoba, y al igual que el artículo de Castilla del Pino en Triunfo, apresúrense a visitarla porque pronto, si "Dios no lo remedia" (que ya puestos es el único que puede hacerlo, ya que estoy seguro de que si existiera no iba a permitir determinados comportamientos), ya ni siquiera se llamará así, en esa moda de cambiar la historia que estamos viviendo a diario en muchas cuestiones.

Un grabado del mismo lugar del romántico Trevor Hadson

Los dos capítulos dedicados a la Estrella de los Deseo del muro oeste de la Mezquita en su esquina sur, en el Blog: FOLKLORE DE LOS FÓSILES IBÉRICOS:



Que los disfruten pues no tienen desperdicio.

Una curiosidad añadida, en 1862 estaban los muros de la Mezquita enlucidos

Fotos del Blog de Astu, Google y autor.
Bibliografía del Blog Folklore de los fósiles ibéricos

jueves, 28 de noviembre de 2013

LA CASA DE LOS BAÑUELOS, ARTÍCULO DE RAFAEL ROMERO BARROS, 20-06-1891



Unas entradas atrás veíamos un artículo de Carlos Castilla del Pino, publicado en la revista Triunfo en 1973, pero no ha sido sólo el insigne psiquiatra el que se ha preocupado por las cosas de esta ciudad. D. Rafael Romero Barros publicó uno que se llama "La casa de los Bañuelos" y que se publicó en el Diario Córdoba un sábado 20 de junio de 1.891.

En el libro de Doña Cristina Martín López, "Córdoba en el siglo XIX, Modernización de una trama histórica", libro indispensable para los que quieran conocer nuestra ciudad y su "modernización", viene publicado en sus páginas números 502-506 correspondiente al capítulo de Conclusiones, como documento nº 6.



Puede parecernos un poco largo pero no tiene desperdicio, demuestra que los poderes públicos son iguales de incompetentes en todas las épocas y que su vara de medir además compleja, se mueve a muchos acordes distintos de la partitura del interés general. En este caso son unos "servidores públicos", de hace la friolera de ciento veintidós años. 

No es el sentido de esta entrada en el blog hablar de D. Rafael Romero Barros, pero hay que puntualizar que no era cordobés tampoco, como Castilla del Pino, era  paisano de Juan Ramón Jiménez, de Moguer (Huelva) y cuando escribió este artículo tenía 59 años. Fue Pintor, excelente pintor, restaurador y conservador, además de arqueólogo, su gran pasión. Fue el promotor del actual museo Arqueológico y miembro de la Comisión de Monumentos y un gran defensor del patrimonio de Córdoba.



"LA CASA DE LOS BAÑUELOS(1)

Como amantes del arte y de todo lo que pueda honrar a nuestra amada Córdoba, no podemos considerar sin amargura, que esta noble ciudad que fuera un día la más preciosa joya de reyes poderosos y corte de ilustres dinastías que le dieron gran renombre y la dotaron de tantas y tan bellas construcciones, haya venido perdiendo lentamente la herencia que aquellas cultas razas le dejaron, hasta llegar al triste estado en que se encuentra, cuando debió preservar de todo riesgo aquel legado, y conservarlo con orgullo, como perenne recuerdo de su antigua magnificencia.

Si volvemos nuestra vista hacia el pasado, y sin fijarse en las preseas que hubo adquirido en las épocas romana y visigoda, nos detenemos a admirar tan solo por las prolijas descripciones que, a guisa de inventario, nos dejaron los cronistas musulmanes; las obras fastuosas que exornaban a la patria adoptiva de los hijos de Moabía; el alma se entristece al conocer las maravillas del arte muslemita que Córdoba reunió y las que ha perdido, destruidas en mal hora, por el odio inveterado que engendrara entre cristianos y muslimes una lucha de ocho siglos, y por la intolerancia artística de aquéllos, arraigada largo tiempo, y nunca bien justificada.

Y a mas de esta riqueza arquitectónica perdida, y de la que, si en parte maltratada, llegó a salvarse al fin de aquel naufragio; ya avanzado el período Medioevo, cuando a medida que los príncipes cristianos ensanchaban sus fronteras, y por la vecindad y el mayor trato, hubo de templarse la ojeriza que apartaba a entrambas razas, y fueron admirándose en un arte sus opuestos ideales. Córdoba vio alzarse en su recinto, sobre las ruinas de los obras islamitas, multitud de hermosas fabricas religiosas, militares y civiles, inspiradas en aquel consorcio peregrino, y más tarde el Renacimiento, con sus doctrinas neoclásicas, y aceptando en su atavío las galas mudéjares, la dotó con mano espléndida de gallardos edificios que le dieron nuevo lustre y sobre tantas grandezas; también la injuria del tiempo y de los hombres, han pasado como un soplo de muerte.


Busto de Rafael Romero Barros que está en el patio del Museo de Bellas Artes

El espíritu de escuela, por extremo intolerante, y las ideas exclusivistas que en la anterior centuria en Europa dominaban; la estética estragada de un arte en decadencia, y las revoluciones parciales que sin tregua, desde aquel lapso histórico al presente, se han venido sucediendo, concertando su influencia, y haciéndola extensiva a nuestra patria, han caído sobre nuestros monumentos, cual torrente, asolador, dejando en pos de sí una inmensa estela de ruinas.

La mano de los hombres, mas funesta y destructora que el roce de los siglos, secundada por la aversión a lo antiguo y por el deseo insaciable de lo nuevo; la carencia absoluta del buen gusto, viciado por la moda que todo lo demuda y lo trastorna vulnerando con única anarquía serenos dogmas, con plagios incoherentes y frívolos engendros, ha ido destruyendo templos suntuosos, castillos, fortalezas, alcázares y casas señoriales, que formaban de consumo el ornato más bello y singular de nuestro suelo, borrando sus tradiciones, sus recuerdos, su cultura y defraudando al par su historia, al arrancar aquellas páginas gloriosas del libro de las artes patrias.

Así es que, a vuelta de tantas y tamañas desventuras, a la ciudad que fue cuna de reyes, y extendió por el mundo los destellos de su gloria, sólo queda su modesta corona de rosas y azahares, su cielo siempre azul, su caudaloso río y su eterno suelo, convertido en una alfombra espléndida de flores que encubre, como lauda funeraria, el sepulcro donde yacen los despojos de su pasada grandeza:  y si no lo perdió todo, si aún conserva algún reflejo de su esplendor antiguo, dado nuestro desdén hacia la edad pretérita y el deseo innovador que nos anima, no ha de quedar de aquél, en breve, ni aún señales, y entonces, no cabrá otro recurso al artista y al poeta, a los admiradores de lo grande y de lo bello, si han de hacer sentir al alma algún consuelo, ante el desolado campo del presente, sino meditar en los escombros de aquella grande obra de once siglos, registrar su historia, evocar sus tradiciones, arrancar a las piedras los secretos del pasado, preguntar por su grandeza a los genios que habitan sus ruinas y transportarse con la mente a aquellas épocas de gloria, para verlas revelarse, cual misión halagadora, llenas de misterio y de poesía, entre las densas nieblas de los tiempos.


La familia de D. Rafael Romero Barros en el patio de su casa

No exageramos: ¿qué conserva aquella Córdoba famosa tan realzada por los bardos muslemitas de los grandes monumentos que en su suelo levantara el genio del Oriente? Quédale tan sólo informe y mutilada su mezquita. ¿Qué le resta de las obras que debió al sereno ideal de la Edad Media y al del arte innovador de la Moderna? Algunas viejas cámaras, capillas u oratorios, mutilados en parte y transformados con vulgares apostizos, y en cuyas tracerías y encalados atauriques apenas se vislumbra el gusto en que se inspiran, y muy mermados restos y portadas, rotas y maltrechas, de casas palaciegas que aún ostentan sus blasones quebrantados o cegados por la cal, entre yerba y vil maleza.

Nada se exagera: ahí tenemos como ejemplo la torre de la Malmuerta, severa y elegante fabrica de la Edad Media; el castillo de la Calahorra, construcción militar de origen árabe, baluarte famoso reedificado por artífices mudéjares, y en cuyos muros, teñidos con la sangre de mil héroes, se ve escrita la historia de diez siglos; ¿en qué estado se encuentran? Ahí están proclamando nuestra inercia y abandono, mutilados y ruinosos, dados al olvido mientras que la yerba y los abrojos desunen sus sillares (2).

La puerta del Puente, erigida por Hernán Ruiz, artista perteneciente a una ilustre rama de arquitectos cordobeses, puerta llena de históricos recuerdos, único ejemplar que poseemos del gusto clásico restaurado, de bella construcción y de grandioso aspecto, y se ve casi en equilibrio, sin apoyos, sostenida en sus dovelas, soterrada y amenazando ruinas, de tal modo que sus carcomidos sillares apenas puede sustentar el peso del cornisamiento, sin que una mano se extienda por salvarla de tan cercano peligro, si no por amor al arte patrio, para evitar al menos que ruede por el polvo el tímpano que ostenta el escudo nacional y el nombre del monarca que en un siglo fue el más temido y poderoso de la tierra (3).

La capilla de San Bartolomé, la Sinagoga, la casa de las Campanas, las arcadas y fragmentos mudéjares del convento de las Capuchinas y los del de Santa María; la portada de la iglesia de San Jacinto, la de la casa de Páez, la puerta del Perdón y otros varios monumentos víctimas del abandono y de frívolas reformas, ¿qué son sino mermados restos de la riqueza monumental que esta ciudad atesoraba y que habrán de perecer, y no muy tarde, bajo la acción del hombre y de los tiempos?
Esquela del fallecimiento de D. Rafael Romero Barros en Córdoba el 2 de diciembre de 1895

La revolución, entre otros monumentos, demolió la hermosa puerta de Baeza, la negligencia, el convento de los Mártires con sus artísticos restos y sus leyendas piadosas; la necesidad de abrir una ancha vía destruyó los últimos vestigios del palacio mudéjar de los Venegas, exigencias o mejoras locales, no bien definidas, derribaron el arco que enlazaba la Albolafia de los jardines del antiguo Alcázar, la puerta de Sevilla y las torres albarranas que exornaban la ciudad con sus severos paramentos y sus bellas y almenadas cresterías; el convento de Regina, el de la Dueñas, con sus ricos artesonados, sus torbeas, sus caladas arquerías y alicatados de brillante labor y colorido; y el deseo de construir a la moderna, hundió la ermita de los Reyes, la casa de la Cuadra, y, por último, la alineación hoy proyectada en la calle de Diego de León, amenaza destruir la antigua casa de los Bañuelos, añadiendo una pérdida mas y muy sensible al ya largo catalogo de asolaciones funestas.

Y hemos dicho una pérdida mas, porque la casa señorial de los Bañuelos, con sus mutilaciones, la irregularidad de su planta, con el aspecto sombrío que le prestan sus muros ennegrecidos por la patina del tiempo, es muy digna de que se conserve como monumento de interés artístico, por más que nuestras palabras sean extrañas a los que en cuanto a construcciones se declaren partidarios de lo nuevo y lo bonito, y prefieran por barato a lo sólido y grandioso, a las piedras esculpidas y a los bronces, el estuco, el yeso, el zinc y el cartón piedra y las demás frusterías, con las que por lo común, tiende a revestir la moda las fabricas modernas.

Este edificio es por extraño interesante, no sólo por su edificación rara y sencilla y por el tipo original que ostenta, cuanto porque pertenece a ese ciclo histórico, notable en los anales del arte, en que se asocian y compenetran las tradiciones del estilo mudéjar, cercanas ya a su término, con los primeros ensayos del Renacimiento, iniciados en España en el último tercio del siglo XV.

Y no porque este maridaje (sic) de ambos gustos en general, ofrezca novedad o rareza, lejos de eso, es natural y frecuente en el progreso del arte, verlo realizado a maravilla en esta y otra clase de edificios de su época: mas en el que estudiamos, esta de tal manera avenido y concertado, que si no aventuramos el decir que le imprime una faz única entre todos los congéneres que cuenta la península respecto a los de Córdoba y tal vez a los de toda Andalucía, sí la ofrece por excepcional y peregrina, y este es a mi modo de sentir su mayor mérito. Además, su estructura admirable, la perfecta trabazón de sus sillares, diestramente borneados y dispuestos uno de canto y dos de largo, cual los usa el arte constructor de la Edad Media, servir pueden de modelo a la edificación moderna.


Primer proyecto de alineación de la calle Diego León. del libro de 
Doña. Cristina Martín "Córdoba en el siglo XIX, Modernización de una trama histórica", 
en él se puede ver el tacón de la casa que desapareció después.

Su puerta de entrada, aunque sencilla y desfigurada, ofrece rasgos especiales: la proporción del vano es vitrubiana, y los cuadrantes de círculo, que en los ángulos entrantes superiores, a manera de ménsulas sostienen el dintel, recuerdan en su arranque el arco apainelado de origen mudéjar, truncado por la clave y alterado, por el compás de los artífices cristianos.

En derredor de esta puerta, se extiende por el muro un severo almohadillado de progenie clásica, que debió decorar la parte inferior del frontis, desde el zócalo a la imposta, pero del que sólo conserva una estrecha faja, en el espacio comprendido entre el dintel y la imposta memorada, habiendo sido el resto víctima del revoque y de la cal que la embadurnan.

Abrése en el piso que se eleva encima de éste y sobre ancha moldura en forma de boltel, de carácter gótico-germánico, amplia ventana a la que guarda tupida y férrea reja, guarnecida en torno a manera de espacioso marco, por una elegantísima labor almohadillada, de muy finas aristas esculpidas en bisel y engendrando un rico adorno ajedrezado de geométricas figuras de realce, admirables por su acabamiento y perfección; cuya labor, aunque en sus líneas generales ofrece clásico, en sus combinaciones revela la influencia del arte muslemita en aquella edad, no extirpado aún de nuestro suelo.

Vertical a esta ventana y elevado sobre ella en otro piso, rompe el muro un ajimez, compuesto de dos preciosos arcos florenzados, inscriptos en un sencillo arrabá abierto en el mismo muro, cuyos dos arcos comparten esbelta columnilla de mármol blanco que se apoya en antepecho cerrado, con un nervio de resalto en su promedio en forma de pilastra y sin ostentar otro exorno, y a cuya columnilla corona un capitel arábigo del mismo mármol y de calado y primorosa talla, sobre el que descansa un cimacio en forma de artesón, también en piedra y de la misma cepa, y el que a la par sostiene la aloharia o arranque central de los dos arcos, los cuales, con tales elementos, forman un gracioso parteluz que seduce la vista y la recrea con su graciosa elegancia.

Otro proyecto de alineación de la calle Diego León, no el definitivo, pues se reformó también nuevamente
con el derribo del Hotel Suizo y la creación de la Plaza de las Tendillas. Del libro de 
Doña. Cristina Martín "Córdoba en el siglo XIX, Modernización de una trama histórica", 

Elévase como remate sobre este piso, que prosigue por el lado izquierdo y constituye el buque de esta casa, una torre o mirador cuyo eje se desvía ligeramente a la derecha de la línea central de los dos vanos inferiores ya descritos, a cuyo mirador perforan por su frente dos claros rectangulares de escueta y apaisada forma, y a los cuales promedia en su antepecho, como en el del vano inferior, otra pilastra resaltada.

A nuestro entender, este edificio debió extenderse más por el lado del Oriente y sobre el extremo elevarse por otra torre semejante a ésta, para buscar simetría, entrambos flanquear en la línea de fachada de la cual salía hacia el frente otro cuerpo de menos altura, que aún conserva el costado de Occidente, con cuadrada ventana y fuerte reja, y cuyo cuerpo, erigido sin duda como baluarte para defender la entrada, no es raro encontrar en construcciones palaciegas del período Medio Eva¡, por las continuas luchas que agitaban a aquellas sociedades belicosas.

El ala oriental, si existió cual suponemos, puede ser la parte destinada a almacenes y graneros y a la servidumbre; que la de Occidente, que hoy subsiste bien claro demuestra que fue la principal, con la puerta ya descrita, guarnecida aún de clavos repujados a martillo, con su portal espacioso, en donde desemboca en amplia escalera y sus dos hermosos arcos remontados de gallarda periferia, que dan ingreso al patio, el cual conserva en el lado Oriental y en el del Norte, elegante arquería peraltada, abierta entre recuadros de filetes planos de realce, que sirven a los arcos de arrabá y sostenida por columnas y capiteles de diverso origen, dimensión y forma.

Situada en esta casa, en el lugar más preferente del área donde estuvo situada la ciudad romana, puesto que da vista a la extensa vía (aún existente) que entraba por la puerta de Plasencia, atravesaba la ciudad y salía por la del Puente, a seguir el camino que llegaba a Cádiz, (4) y en el centro también de la Almedina, o sea del recinto que ocupó la corte árabe; claro es, que dicha casa esta erigida sobre las más selectas reinas de ambos pueblos, y no es por tanto maravilla, ver aprovechadas en su labra, columnas y capiteles de génesis romana, visigoda y árabe, miembros de respetable abolengo, que por su solidez o belleza, no desdeñaban de utilizar en sus obras, ni los altivos magnates, ni menos los arquitectos cristianos o mudéjares.

Este edificio pues, cuya existencia data al parecer de los últimos años del siglo XV, (5) reúne además en su ventaja, a su especialidad y rareza, la circunstancia de aparecer dentro de aquel período histórico en que se operaba una crisis laboriosa en las esferas del arte arquitectónico: período por extremo interesante y de provechoso estudio, puesto que, en las construcciones que en dicha edad produce, se ve la resistencia que el arte indígena, apegado a sus viejos dogmas, opone a la invasora tendencia del arte del Renacimiento, a cuya resistencia trata éste de vencer, no imponiendo sus preceptos sino lenta y cautelosamente, introduciendo en el antiguo decorado del arte del país, sus severas líneas; y a veces, como en la edificación que analizamos, mezclados con las galas del arte muslemita, y de aquí que este edificio en su estructura ostente este tipo original e híbrido, en el que alternan el influjo clásico, el morisco y el mudéjar, engendrando una mezcla peregrina de diversos elementos hábilmente combinados, no muy fácil de encontrar en otras construcciones de su época.

Nada mas añadiremos a lo dicho acerca de esta antigua casa, reliquia venerable de esta época mejor; sólo antes de acabar recordaremos que aparece como nota discordante en el risueño concierto de las modernas viviendas, con las que la ciudad de los Omeyas, va encubriendo los girones de su regio manto, está llamada a desaparecer de nuestro suelo...

Mucho amamos al arte y mucho mas a esta ciudad encantadora digna de mejor suerte, y si este amor nos impulsa de continuo a defender sus monumentos, aunque mal parados y ya desposeídos de sus más hermosas galas, porque en ellos se contempla todavía algún destello de su antigua gloria, sin embargo, como edificio de particular dominio, al que no alcanzan las leyes que el estado tiene impuestas para la conservación de los monumentos de arte, seríamos los primeros en resignarnos (no sin sentimiento), a ver desaparecer este edificio, siempre que la conveniencia pública como necesidad urgente é inexcusable lo exigiera; pero al decidir acerca de la demolición de esta casa de interés arqueológico, meditase con calma si la alineación y ensanche de esa vía, ha de producir tan grandes beneficios, que éstos puedan compensar la pérdida de aquél, si es que, compensarse pueda la pérdida de un monumento: considérese si posible es llevar, a término, dada la topografía de esta ciudad, el plan general de alineación que se proyecta, despojando a Córdoba del carácter de ciudad morisca que aún sostiene, antes de acordar el derribo de la casa de los Bañuelos, amenguando con otra nueva pérdida, el ya exhausto tesoro monumental de esta ciudad insigne.
Rafael Romero Barros"

"(1) De las investigaciones que hemos hecho, buscando la antigüedad de este edificio, resulta que desde el año 1420, en que aparece Antón Toro de Bañuelos, fundador del Beaterio de San Zoilo, hasta 1650, en el que Joseph Bañuelos hace pruebas para ingresar a un hijo suyo en la Orden de Santiago, toda esta ilustre familia vivió sus casas principales en la collación de San Miguel, antes con mucho de que se modificara, bajo el gusto que hoy ostenta Ms. Archivo de la Comisión de Monumentos.

(2) En la torre de la Malmuerta existe una lapida de piedra, en la que el rey Don Enrique, para conmemorar la obra, mandó grabar, entre otras, estas palabras: "Para que los buenos fechos de los reyes no se olviden, etc. ¿qué diria el buen D. Enrique si viera el aprecio que tenemos de su torre?".

(3) Ha muchos años que la comisión de Monumentos viene pidiendo, si no la restauración, que originaría grandes gastos, la reparación al menos de esta puerta, que amenaza una próxima ruina, sin que sus reiteradas gestiones hayan obtenido el menor éxito. Además, por nuestra parte, hemos insistido tenazmente por medio de la prensa, sin haber sido más afortunados. Por último: en el artículo que publicamos en el Diario de Córdoba intitulado "La arquitectura española en el s. XV", reproducido en el Boletín de la Real Academia de San Fernando y por la Sociedad Central de Arquitectos, al describir dicha puerta nos condolíamos del abandono en que se encuentra, y declinábamos la responsabilidad que a la expresada comisión de Monumentos pudiera exigirse, manifestando que esta Corporación guarda en su archivo numerosas comunicaciones que prueban su interés y las gestiones practicadas para obtener su reparación, como medio de conservarlo y de evitar quizá algunas desgracias.

El Gobierno superior, al que debieron de llegar sus ecos, mandó formar el presupuesto de restauración y de reparación, los cuales fueron hechos con toda diligencia por el distinguido arquitecto Señor Luque y Lubián, amigo y compañero nuestro en la citada comisión, y remitidos a la superioridad sin pérdida de tiempo; han transcurrido ¡cuatro años! sin que prolijo trabajo haya producido efecto. Damos a quien corresponda por última vez la voz de alerta; véase el estado en que se halla dicho monumento; considérese las trepidaciones con que el tránsito de vehículos de carga lo conmueven de continuo, y si la puerta se hunde, y al perderla se originan desgracias, conste que no será la culpa de la comisión de Monumentos.

(4) Si se quieren pormenores detallados de esta vía pueden hallarse en la monografía que publicamos en la Revista de España, titulada "Consideraciones históricas acerca de las basílicas de San Vicente y San Acisclo". CXIX, págs. 16-33.

(5) No es cosa fácil puntualizar la edad de un monumento, puesto que, si bien el arte ofrece rasgos fisionómicos que marcan los períodos de sus evoluciones, éstas no se realizan de un modo radical en breve plazo, y además se retrasan, se estacionan ó adelantan según el espíritu de las localidades, de lo que se ven muchos ejemplos, y la del edificio que estudiamos, por su excepcional carácter, aún más, lo dificulta: sin embargo, colocamos su origen casi sin temor de equivocarnos entre los -últimos años del siglo XV y los primeros del siglo XVI-, en el espacio en que, aparte de algunas excepciones, duró aquel periodo de transición en España."


Una buena e inquieta, culturalmente, amiga, Isabel Burón me ha enviado está portada del Córdoba de año 1917, que expone quizás la única fotografía que exista de la casa de los Bañuelos. Nos presenta el rincón que formaba la casa con la calle del Liceo o Alfonso XIII, a la izquierda, y a la derecha la casa nº 9 de Diego León que desapareció después y es la que hacia frontal con la plaza y esquina con la de la Plata o Victoriano Rivera. y lo más gracioso era la peregrina justificación "el deseo de que con la demolición desapareciese la suciedad de las callejuelas contiguas". 

"Córdoba : semanario independiente: Año II Número 33 - año 1917 - En su portada-editorial se lee: De la Córdoba destruida: La casa de Bañuelos, bella edificación que como tantas y tantas otras de interesante carácter cordobés, fue demolida para procurar un ensanche que de nada ha servido, aduciéndose entonces el deseo de que con la demolición desapareciese la suciedad de las callejuelas contiguas; es decir, que el criterio estribaba en limpiar con la piqueta y no con escobas y agua, que es como parece que debe hacerse."

Una vista de una acera de la plaza con baranda, allá por los sesenta de siglo XX.

Hoy el recuerdo queda en el nombre de la plaza que se llama Mármol de Bañuelos. D. Teodomiro Ramírez de Arellano dice en su Paseo por el barrio de San Miguel al referirse a esa plaza:

"Salimos a la plazuela del Mármol de los Bañuelos, nombre que lleva también la calle que sigue hasta la plazuela de San Miguel, y lo toma del mármol colocado en el rincón y que hemos conocido con doble altura en el centro, hasta que una galera lo rompió y lo llevaron a la esquina de la calle de Diego León, trasladándolo después a su actual sitio cuando se colocó la acera. Es una hermosa columna romana, y la tradición dice que a él estuvo atado San Zoilo mientras lo martirizaron sacándole los ríñones.

La casa que hace rincón, propia de los marqueses de Valdeflores y habitada por el notable jurisconsulto don José de Illescas, es la solariega de los Bañuelos, una de las primeras familias de la antigua nobleza de Córdoba, de la que han figurado muchos individuos."

La misma acera anterior pero sin baranda

Luego están las leyendas alrededor de este apellido, con el caso de una mujer de la familia, Doña Elvira de Bañuelos, novicia de Santa Inés, que tuvo amores con Juan de Vargas en contra de la opinión de su familia. No tienen nada que ver con la lucha de D. Rafael Romero Barros por el patrimonio de la casa solariega de la familia Bañuelos, es posiblemente una leyenda, pero ahí queda  también.

Una vista aérea actual

Fotografías de la Red
Bibliografia "Córdoba en el siglo XIX, Modernización de una trama hstórica", Cristina Martín López

viernes, 15 de junio de 2018

TOMÁS EGEA, EXPOSICIÓN EN LA SALA VIMCORSA

Cartel de la exposición

Cada día se da uno cuenta que sabe menos de todo, que es lo mismo que decir que no sabe uno nada. La exposición de Tomás Egea, un madrileño al que gustaba Córdoba para vivir, que ha sido dibujante, diseñador, vidriero... y muchas cosas más en el mundo del arte. Que ha innovado, que tiene una impronta personal y que los cordobeses hemos convivido con su obra, sin saber muchos que era suya y que ha formado parte de nuestro universo diario. El pasado 23 de enero falleció a la edad de 84 años, en Córdoba. 

El autor (foto El Día de Córdoba)

El autor (foto Juan Manuel Vacas)

Tomás Egea Azcona nace en Madrid, en un Madrid republicano, cuando tiene tres años y durante otros tres vive los horrores de la incivil guerra. Estudio Bellas Arte en la Escuela Superior de San Fernando, donde también estaba Antonio López el pintor, del que fue amigo. Innovo con Rafael de la Hoz, en un congreso en México, cuando ilustró en un comic -yo soy más de decir tebeo- la conferencia del arquitecto. Luego esa colaboración continuó en el tiempo entre ambos artistas.

Bodegas Campos

Mural farmacia calle Lucano

Mural Banco Coca

Reloj sol Diputación Córdoba

Tiene muchos premios en su haber y enumerarlos sería exhaustivo, lo mismo que sus trabajos. La Cordobapedia, Wikipedia cordobesa de andar por casa, seguro puede ampliar el conocimiento del artista. Portadas de libros y revistas, carteles, murales, ilustraciones, vidrieras, pirograbado, cerámica, etc. como podrá disfrutarse en la exposición. Quien no recuerda, es verdad que con algunos años encima, el mural del Banco Coca en el edificio Regina de nuestra ciudad, que él diseñó, y Rafael Moreno realizó en acero inoxidable. Fue símbolo de la modernidad absoluta, en una ciudad que lo fue todo, pero que llevaba muchos años siendo cada vez más provinciana. 




Salas de la exposición

El mural se perdió y parece ser que luego apareció, como por arte de magia, en el Campus de Rabanales. Bienvenida sea su recuperación. Los murales de la Facultad de Medicina también son suyos; el mascarón del reloj de sol del patio del convento de La Merced, a la calle reyes Católicos, lo vemos todos a través de la reja del palacio, que luego fue falangista de la Puerta Rincón; la decoración de ascensores de la Diputación; el mural de la farmacia de la calle Lucano; la cerámica de la piscina del Hotel Los Gallos; la imagen comercial de Bodegas Campos; murales en iglesias y muchos etcéteras.




Más salas de la exposición

Pero como siempre que hago una entrada de una exposición, recomiendo que lo mejor es visitarla, por las razones de que mis fotografías, son malas, y en este corto trabajo no se puede expresar la variedad y calidad de lo expuesto. También hay que decir que ni mucho menos se podrá conocer toda su obra, pero puedo garantizar que, la exposición presenta una muestra muy extensa y variada de sus trabajos. Que el malogrado autor, cuando se estaba preparando la exposición colaboro en su diseño. Podría seguir dando razones pero lo mejor es ver las cosas de primera mano. 

 
 Altar mayor Iglesia Miralbaida / Autorretrato mirando por la ventana

 
Campesino / Carlos Castilla del Pino

Textos de la exposición, dice el Comisario: 

"Me gustaría pensar en Tomás Egea (1933-2018) como en un personaje de cómic. No sé si estaría pintado por su admirado Chumy Chumez o por la mano vibrante de Saul Steinberg. Lo veo leyendo la revista "Chicos" en un refugio en plena guerra civil, paseando por la Gran Vía en los años cincuenta con su amada Lola Valera, compartiendo juventud e intereses artísticos con amigos como Antonio López o visitando París con algunos miembros del Equipo 57. Después, vuelta a esa Córdoba de los cincuenta donde los pintores industriales cuando les preguntabas sobre la gama de color o maneras de decorar tu casa te decían, "haga usted un Mondrian". Esa Córdoba de posguerra en la que contacta con Rafael de La-Hoz, convirtiéndose en fiel amigo y colaborador en sus proyectos.

Constructores

Photomaton 

 Gran Beata 1966

Lava más blanco

Pienso en el Tomás Egea que en el momento del desarrollismo de la Costa del sol realiza el diseño para locales como Meliá Don Pepe en Marbella o el Tropicana en Torremolinos, un restaurante de ambiente polinesio en el que hizo murales abstractos de tipo africano. Pienso en él como el único arquitecto sin conocimientos de arquitectura que pudo realizar el Pueblo Andaluz, una construcción que le llevó a conocer a personajes de la época como el director de cine Edgar Neville con los que tramaba ponerle a una plaza del pueblo el nombre de Plaza Picasso en el tiempo en que el artista malagueño estaba exiliado del país por el régimen franquista. Pienso en todas las colaboraciones con José Meliá, las puertas del ascensor del Meliá Castilla que realizaste con Emilio Serrano, los murales marineros de la Mata Hari, los motivos marinos de ese Caballo Blanco del Puerto de Santa María hoy totalmente derruido.

Los Caciques 1963

Los poderes

Orla del sindicato vertical 1974

Pareja en construcción

Veo tus gafas del momento y te pienso en plenos setenta realizando carteles como los de la Manifestación por la autonomía de Andalucía, esa paloma que se multiplicaba por las paredes de la ciudad creando una trama geométrica y óptica maravillosa. Pienso en cómo en los ochenta asimilaste la nueva modernidad del Bote de colón y esa cultura visual de la cual eras un crítico partícipe. Pienso en esas contradicciones, en trabajar para un arquitecto y construir obras como Ruinasa. Pienso en que eras tan humano que sólo el ser humano puede vivir en esa contradicción.

Cartel Inauguracion Nuestra Ciudad Galería Estudio 52 1984



Comic 1972

Hoy, paseando camino de casa después de iniciar el montaje de la exposición he pasado por el mural de la farmacia que hiciste en la calle Lucano, después por el de Bodegas Campos y por el de la Iglesia de Santiago. Tres imágenes tuyas de las muchas que pueblan la ciudad. Tres imágenes tuyas como esas muchas que guardo en mi recuerdo, en las interminables tardes en tu casa preparando esta exposición en la que no está todo tu trabajo, pues habríamos tenido que tener una invitación del MoMa para poder incluir en ella todo lo que hiciste, pero sí una selección que tú me ibas escribiendo en ese listado coloreado con el plano de la sala que conservo como uno de esos preciados regalos que me hiciste.

Retrato de mi suegra 1970

Retrato de Paco Pascual 1985

Retrato de un mafioso 1977

Ruinasa (constructor) 2004

Te pienso como un personaje de cómic al igual que tú me llamabas Capitán Trueno por la rapidez a la hora de localizar algunas de las piezas que están en la exposición. Te pienso ahora en la inauguración de esta exposición que estaba hecha para ti y contigo. Al final me dejaste sólo ante el peligro, pero espero que allá donde estés compartiendo charlas con Steinberg, Picasso y Duarte, estés feliz viéndola, amigo Tomás Egea. Era un reto necesario, pues fuiste artista de artistas, amigo y cómplice de todos, figura esquiva en la construcción de esa Córdoba moderna que hoy palidece.
Jesús Alcaide, 2018.

A tu medida

After

Más textos:
La relación de Tomás Egea con el mundo del dibujo, el arte y [a pintura se inicia a muy temprana edad. Desde que a los nueve años se trasladan de Murcia a Madrid y comienza a estudiar Bachillerato en los Hermanos Maristas, este interés por el mundo del dibujo se acentúa, dibujando en la propia revista de la escuela y también, por encargo de[ hermano Teófilo, pintando unas Inmaculadas de gran tamaño que harían conocido en el colegio por su destreza con las tizas de colores y el carboncillo.

Sin título

La mode

A mediados de los años cincuenta ya decide abandonar sus aspiraciones profesionales en la medicina por el mundo del arte, e ingresa en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando en Madrid, donde entre otras personas conocerá a la que será su esposa Lola Valera. Tal y como cuenta en un relato biográfico, cuando entra en la Escuela de San Fernando comienza pintando bajo el paradigma realista, pero será [a influencia de Carlos Sáenz de Tejada la que le lleva a iniciarse en una figuración de[ natural bajo el signo de[ expresionismo con la que irá realizando algunos retratos como el de Carlos Castilla del Pino (1,962) y ciertas obras de una ya avanzada crítica social como Los caciques (1963), Campesino (c.1963) o La gran beata (1966), con los que conseguirá participar en el Salón Córdoba (1964).

La novia

La tribuna

Recuerda Tomás Egea que en plena guerra, durante los bombardeos en Albacete, su padre le liaba en una manta y lo llevaba al refugio. Una noche, cuando apenas contaba con 4 años, estaba con el "TBO" en las manos y mientras veía una historieta que años después supo que era de Urda, sonó la sirena y la familia sale hacia el refugio, quedándosele grabado en el recuerdo esa relación entre el mundo del comic y su infancia en una España en guerra, que leía en revistas como "Chicos", "Roberto Alcázar y Pedrín", "El guerrero del antifaz", "Jorge y Fernando" o el tebeo fascista "Juan Centella".

Todo sobre mi madre

Trabajo todo el dia

Su primer tebeo lo realiza en el colegio con un amigo de apellido Miralles y tenía por título "Aquí Loquilandia". Posteriormente, hacia 1952, empieza su relación con la revista Molinete, publicación de la Institución Teresiana con la que colaborará a lo largo de toda la década, creando tiras cómicas como "La marabunta", el fantasma "Guti", "Mariquita y Jo" o "Casandra". Por estas fechas conocerá también al crítico de arte José María Moreno Galván que le pone en contacto con Juan Francisco Aguirre de la revista Blanco y Negro con los que desde 1958 realizará algunas ilustraciones.

El dia de mañana

Es de destacar

Un año después, hacia 1959J, tras contraer matrimonio con Lola Valera, viajará a París donde convivirá con algunos miembros del Equipo 57 y conocerá a Serna, dibujante de "Jaimito" que le presentará al director de la revista "Bibi Fricottin" con los que empieza a trabajar, creando uno de sus personajes más queridos, Boby Le Diable. El vínculo de Tomás Egea con el mundo de la arquitectura nace de la amistad que establecerá con Rafael de La-Hoz a partir de 1957 hasta el fin de sus días. La primera colaboración entre ambos surge hacia 1957-58 en la casa que el cuñado de Tomás Egea, el constructor Federico Valera, construye para la familia Lovera Porras en la calle Jesús María, donde ambos realizan una fachada en gresite con composiciones de color en azul, rojo, ocre y blanco que recuerdan a las construcciones neoplasticistas de Mondrian.

Pienso muy seriamente

Primera Comunión


Con Rafael de La-Hoz también realizará por esas mismas fechas el mural de cerámica mate de[ Bar Ivory en la calle Morería (1953), un mural cerámico de azulejos con módulos circulares para la tienda Zafra Polo (1962) o el que será uno de sus proyectos más recordados en la ciudad, la fachada en metal y los pirograbados para el Banco Coca en Córdoba (1965) en el edificio Regina, un mural de acero inoxidable de 60 m2 y un pirograbado en cuero plateado sobre soporte aglomerado inspirado en las caligrafías de los billetes de banco.

25 aniversario Constitución Concordia 2003

Asesor del Ciudadano Diputación Córdoba 1988

En 1971, Egea realiza una de sus primeras colaboraciones con Rafael de La-Hoz fuera de Andalucía, y será en el Banco Coca en Valencia donde diseñará un relieve en hormigón de 200 m2 y un mural pirograbado en cuero plateado de 60 m2 que asemejaba un barco y en el cual el barroquismo y exceso de las caligrafías y dibujos de Egea se convierten en seña de identidad. De signo radicalmente opuesto, serán las geometrías que realizará para los edificios de Eurosol (1963) en Torremolinos para los que crea una trama geométrica modular en azul y ocre, o los que serán proyectos no construidos como la Embajada de España en Santiago de Chile (1990) o el acceso a una urbanización en la zona de Cabopino (Marbella).

Aniversario Autonomía Andaluza 1982

Fiestas y Semana Santa Murcia 1957

El proyecto de la modernidad es bien sabido que es un proyecto lleno de contradicciones. En octubre de 1978 Rafael de La Hoz es invitado a realizar una ponencia que lleva por título "Arquitectura y desarrollo tecnológico" en el XIII Congreso Mundial de la Unión de Arquitectos celebrado en la ciudad de México. A diferencia de otros arquitectos que ilustraban su ponencia con diapositivas y gráficos matemáticos, Rafael de La Hoz encarga a Tomás Egea que ilustre la conferencia mediante una serie de viñetas dibujadas a modo de historieta. En esta secuencia de 184 dibujos se muestra el interés que Tomás Egea tenía por ilustradores como Saul Steinberg, hacia el cual mostraba gran admiración, con esa línea clara, negra sobre blanco, y esa extrema simplicidad en la construcción de las figuras que pueblan las ciudades contemporáneas.

Carnaval 1983

Vela Fuensanta 1981

Pero serán esas mismas sociedades contemporáneas en las que la cultura visual se construye como canal de conocimiento y en las que la sinrazón de la burbuja inmobiliaria construye monstruos, a las que desde los años ochenta hasta el final de sus días irá dedicando una serie de trabajos, en los que de un modo crítico va socavando los pilares de nuestra sociedad del bienestar, una sociedad de grupos sociales que para elevar su estatus como si de ascensores se tratase tienen que lavar sus vergüenzas en familia. Ruinasa vs Lava más blanco, dos caras de una misma  moneda, la de una corrupción y un mundo en crisis que supo reflejar como pocos, a través de sus ilustraciones de productos ficticios, interpretaciones de las revistas del corazón en la que desentraña ese mundo ideal al cual todos parecemos querer aspirar hasta dibujos en los que el mundo del arte y las exposiciones se convierte en la diana del siempre ágil trazo de tinta de Tomás Egea.

Congreso diabetes 1985

I Curso de Alcoholismo Murcia 1991

De manera paralela a la visualización crítica de esa sociedad del bien-estar-mal, nace en la obra de Egea una crítica hacia el devenir político de los tiempos que ya estaba presente en piezas iniciáticas como Los Caciques (1963) y que dejará más que patente en trabajos como Los poderes, Canon del 75 o Sindicato vertical, tres muestras del trabajo crítico de Egea con una política en la que siempre se vio comprometido en pos del progreso y la democracia.

Cartel 150 aniversario de la Unión de Puente Genil 1984 

Junta Arbitral Provincial de Consumo

Será la transición hacia la democracia en nuestro país, uno de los momentos clave en los que esa idea transformadora de la sociedad que pretendía el proyecto de la modernidad adquiere mayor peso en el trabajo de Egea. Las variaciones que sobre el tema de la paloma, uno de los elementos recurrentes en el imaginario de Egea, aparecen en los carteles de la Manifestación por la autonomía andaluza (1977), la del Aniversario de la autonomía (1982) o el 25 aniversario de la Constitución de la Concordia (2003), son testimonios de su compromiso con la libertad.


Democracia y participación

De la misma manera, para instaurar el espíritu de la libertad y la democracia en un país en transición no resuelta que como diría Vilarós en El mono del desencanto, aún permanecía "colgado" del espíritu de Franco, las instituciones promovieron iniciativas casi pedagógicas en las cuales Egea participó, como las ilustraciones para la publicación Democracia y participación que con textos de Carmelo Casaño editó la oficina del Asesor del ciudadano de la Diputación de Córdoba en 1998 coincidiendo con el veinte aniversario de la aprobación de la Constitución Española de 1978 o las ilustraciones para un proyecto sobre el Estatuto de Autonomía de la Junta de Andalucía que no llegó a publicarse, pero del cual queda la maqueta y numerosos dibujos que ilustran los diferentes principios de nuestro estatuto de autonomía.


Democracia y Participación

Cuando los avances del arte moderno se aplicaran a la vida real cobraría sentido ese lema de las vanguardias que rezaba "cambiar la vida". Ese fue el único credo al que podría someterse el trabajo artístico de Tomás Egea, la aplicación gráfica de una manera de entender el arte moderno que lo mismo aplicaba a fiestas populares como los carteles de la Semana Santa y Fiestas de la Primavera de Murcia (1950), la Velada de Nuestra Señora de la Fuensanta (1981), el Carnaval de Córdoba (1983) o ese boceto para la Feria de Córdoba que realizó en 1984 y que 34 años después vemos poblar la ciudad de Córdoba en estos días.


Vidrieras

Ese mismo interés por sacar la producción artística de los museos e insertarla en la vida diaria, le llevará a realizar una importante labor como decorador para cafeterías como Aqua, diseñador de logotipos para espacios de la ciudad como Bodegas Campos o realizar murales cerámicos y vidrieras en diferentes lugares de la ciudad, de la manera que casi se podría trazar un paseo por los diferentes espacios públicos en los que la obra de Tomás Egea está presente como la Facultad de Medicina, la cafetería del actual Rectorado, diversas farmacias e iglesias en las cual hizo catequismo de modernidad, aportando los avances de la vanguardia a la representación icónica y clásica de los temas religiosos marianos o representaciones del Árbol de Jesé que en el trazo de Egea se convierten casi en un cómic.

 
Vidrieras Iglesia de la Aurora

Será esta faceta, la del Egea como artista aplicado al espacio público y la arquitectura, la que hará que la huella indeleble de su trazo persista en la visión de una ciudad como la de Córdoba que necesitaba reconocer su trabajo para que continúe siendo conservado y transmitido para las generaciones del futuro, esos niños a los que Egea dedicaba muchas ilustraciones, como ese niño de Loquilandia que siempre fue."

Libros ilustrados (de Cordobapedia)

"1978.- Hombre concreto (Fernando Alamillo), Arquitectura y desarrollo tecnológico (Rafael de la Hoz),Una llamarada desde el Sur (Sebastián Cuevas)
1980.- Nostalgia y presencia de Medina Azahara (Carlos Clementson)
1984.- Nuestra ciudad (Carmelo Casaño)
1989.- La casa de los muchos (Sebastián Cuevas)
Córdoba y sus monumentos (Francisco Solano Márquez)
1990.- Colección de Comunicación (Diputación de Córdoba)
1991.- 50 años de Córdoba (Diario Córdoba), Córdoba y sus pueblos (Francisco Solano Márquez)
1992.- Loas, libros y los días (Carmelo Casaño), Crónicas de anteayer (Carmelo Casaño), La asistencia psiquiátrica en la provincia (Diputación de Córdoba)
1998.- Democracia y participación (Carmelo Casaño)
2001.- Bodegas Campos en la Historia de Córdoba (Carmelo Casaño), Paseos por Córdoba (Ramirez de Arellano)
2002.- La Autonomía Andaluza y su Estatuto (Carmelo Casaño)"

Información de horarios
Inicio Jueves 03, mayo del 2018
Fin Domingo 26, agosto del 2018
HORARIO Martes a Sábado, de 10:30 a 13:30 y de 18:00 A 21:00 h. Domingos y festivos, de 10:00 a 14:00 h

Programa de visitas guiadas:
Horario de visitas:Mañanas de 10:00 a 13:30 h. y tardes de 18:00 a 20:30 h. (Concertando cita previamente).
Tardes de Jueves de 19:00 a 21:00 h. (sin necesidad de concertar cita)
Contacto: tomasegea2018@gmail.com Cita telefónica: 687 83 96 58 (Elena Moreno).



Fotografías del autor, prensa y Ars Operandi
Bibliografía de los textos de la exposición y Cordobapedia.