jueves, 17 de junio de 2010

FOTOS DE CORDOBA (y 3)


Portada noble (foto número uno)

Una tercera entrega en la que se publican dos portadas, una placa en una fachada y un interior. A sabiendas que la fotografía de interior puede ser difícil de precisar, porque la perspectiva no es usual conocerla desde donde está efectuada, pero estimo que por los elementos que la componen puede ser fácil de averiguar.

Portada que lo fue (foto número dos)

De las dos fachadas, una existe aún de entrada a una casa noble, y la otra fue puerta y quedó en ventana. En esa ventana se ponía una señora a vender jardines en el verano de un inmenso jazmín que tenía la casa, cuya entrada la tiene por otra calle.

Placa en la pared (foto número tres)

La placa estuvo puesta algún tiempo en Facebook, no fue descubierta o por lo menos no le interesó mucho al personal. Hay que reconocer que existen en la red, cordobeses y alguna cordobesa, con una capacidad deductiva y de conocimiento de la ciudad fuera de lo común que no están participando.


Foto de interior de edificio (foto número cuatro)

Con esta entrega de cuatro fotografías, que supongo no será difícil, finalizamos de momento este semijuego cultural.

ACLARACIÓN.

Primera fotografía.

Casa de los Argotes en la calle del Lodo

Desde el Realejo hasta el Buen Suceso bajaba la calle del Lodo (actual Isaac Peral), así llamada porque era un verdadero lodazal camino del Arroyo de San Andrés. En ella están dos casas importantes, la primera de ellas es la de la fotografía, en el número cinco, con fachada del 1547, y llamada según D. Teodomiro, de los Argotes, “tradicionalmente se dice que en unión del huerto número 7 constituían las solariegas de los Mecías, a quienes representan aquéllos, las cuales fueron arrasadas también, porque sus dueños eran parciales de don Enrique”.

La otra era de los Negretes en la acera de los pares y en el número seis, de la que formaba parte el Monte de Piedad y ahora la Agrupación de Cofradías además de viviendas. Una enorme propiedad que adquirió un ruso casado con una profesora de baile.

Segunda fotografía.

Fachada del Oratorio del Hospital de San Andrés.

Esta fachada de la calle Alfonso XII, número 23, cuya entrada la tiene ahora por la calle de La Palma, por el antiguo Hospital de San Andrés. Fue en su día Oratorio. Se fundó por escritura de 13 de enero de 1551, con poder y bienes de D. Pedro Gutiérrez de los Ríos.

La portada cegada, convertida en ventana, es manierista adintelada. Los escudos de los Ríos y una hornacina oval la coronan. Un tejaroz protege el vano. Este tipo de iglesias no tiene campanario. Hay otra igual en Córdoba que es la del Caballero de Gracia, en la calle Encarnación y por esa carencia sonora son considerados oratorios.

Estas ventanas, pues son dos las que dan a esta calle, formaban parte de un colegio había en ese edificio. En el verano, una señora se ponía en la ventana de la mencionada portada manierista, y vendía jazmines, que compraba para mi novia, cuando íbamos al cine de verano Andalucía, y que estaba guapísima con los jazmines en el pelo.

Tercera fotografía.

Calle Gragea

La losa está en una casa de la calle Gragea. Yo trabajé en esa calle en los principios de los años sesenta del siglo pasado (esto del siglo pasado suena fatal), unas casas al lado de donde está la losa. De esa calle me gustaba una chica y luego resultó ser su madre prima hermana de mi madre, lo que abortó el posible idilio que, dicho sea de paso no paso de cuatro miradas esquivas.

La calle Gragea es una calleja que tiene la calle Lineros antes de llegar a Candelaria, a la izquierda desde el Potro hacia las Cinco Calles. Hubo un momento que se pretendió darle salida a la calle de Armas, proyecto que no cuajó. Una casa que ahora hace un pequeño rincón en la calle de Armas que antes no existía, era la comunicación con la calle Gragea o Grageda, que parece que tomó el apellido de un jurado que vivió en ese barrio. Tiene una calleja sin salida a la derecha (barrera como las llama D. Teodomiro) y un pequeño rincón con tacón a la izquierda.

En múltiples publicaciones citan que Miguel de Cervantes Saavedra vivió un tiempo por esa zona. El cita en sus textos el Caño de Vencesguerra deformación popular de Vicente Guerra –lo escriben de diversa manera-. Pues bien, en una de sus casas entrando desde Lineros en la acera de la derecha, tres o cuatro casas Gragea adentro, está la losa en la fachada. No se garantiza la autenticidad del hecho concreto a que se refiere la placa, es más podemos estar más cerca del no que del sí.

Los bisabuelos Rodrigo y Catalina, del autor del Quijote, eran cordobeses, al igual que su abuelo Juan de Cervantes, Su padre Rodrigo de Cervantes trabajó en el Hospital de la Caridad (actual Museo de Bellas Artes), y vivieron en la actual Romero Barros (antes Sillerías). Cita estos lugares en sus novelas, “Don Quijote de la Mancha” y “Rinconete y Cortadillo”, y frecuentó muchas veces la ciudad.

Cuarta fotografía.

El Picadero de las Caballerizas Reales

Edificio que conozco bien, por haber estado en él bastantes años, primero cuando estaba asignado al Ministerio de Defensa (1996– 2001) y después con el Ayuntamiento (2001– 2006). Tiene adosado el Picadero para cuya edificación que hubo que cortar, en su día la muralla de la ciudad que, describiendo un ángulo recto discurre después paralela a la calle Postrera hasta la barbacana de la Puerta Sevilla. Por lo tanto pasando el Arco de Caballerizas, a la izquierda hay un edificio que es del mismo conjunto, y si se gira a la izquierda hacia la calle Postrera, toda la acera son las paredes del Picadero, que es una nave monumental con grandes ventanales, construida con esa estructura metálica parecida a la que tenía el Mercado antiguo de la Corredera, o las construcciones metálicas de las estaciones de ferrocarril tipo Atocha, Valencia o cualquier otra de ese tiempo en el que, el acero y remaches eran un elemento habitual.

La fotografía está realizada desde una pequeña azotea, que culmina el edificio y da por uno de sus lados a esa plaza una vez pasado el arco, y por el otro cierra la gran cristalera del Picadero por arriba. Cristalera que casi llega hasta el suelo pues existen unas salas semisótano. Antes, desde el callejón de entrada, había una escalera empinada que subía a las salas que dan a la cristalera citada, que se tapió, también había otra que subía a la primera planta se cegó. En el resto de las paredes del Picadero no hay nada más elementos que la pared y los soportes de la cubierta. Hace unos años se construyó una nueva cubierta de material ignifugo, antes estaba construida con tejas planas, que son las que se ven en la fotografía, gran parte de ellas rotas, lo que suponía un problema con la lluvia. Podemos estimar que cada una de las aristas del rectángulo mira a un punto cardinal, luego esa pared sería noroeste.

Vista aérea de Caballerizas. Señalada la muralla de la ciudad.

Como lo que nos ocupa es el Picadero nos quedamos aquí, ya que hablar del Edificio sería mucho más extenso. En realidad tiene una edificación en su lado noreste, que era parte del acuartelamiento, desde la planta baja de esa edificación existe un pasadizo que va en línea recta hasta el Salón de Los Mosaicos del Alcázar; la cuadra principal, que da a la calle Caballerizas, y una primera planta similar en extensión a la cuadra. Antes estaba divida por habitaciones y con falso techo y ahora creo que está diáfana con arcos igual que la cuadra principal; la parte del techo estaba cerrada, siendo toda la techumbre accesible desde la azotea citada a una especie de buhardilla a lo largo de todo el edificio. La otra cuadra del patio de armas, tiene también una techumbre de madera, en la que en una de sus vigas está grabado a fuego, el nombre de un tal Salcedo que fue Comendador de la ciudad. El conjunto del edificio ardió y fue reconstruido después. Parece que la construcción original de edificio lo fue utilizando sillares de Medina Azahara.

Es una descripción breve desde luego.





Fotografías del autor

lunes, 14 de junio de 2010

FOTOS DE CÓRDOBA (2)


Calle Una

Mi amigo Eladio, me propuso la publicación de una serie de fotografías que nos hicieran, a la vez que conocer un poco más nuestra ciudad, activar los mecanismos que algunos tenemos ya desgastados del almacén general de los recuerdos, ese que en momentos críticos pasa como una exhalación por nuestros ojos. Ese cuyo contenido está guardado en recónditas arcas, que habitualmente no abrimos, pero que reposa en ellos como buen paño y que se vende siempre como decía José María de Pereda.

Calle Dos

Este "juego" al que podemos llamar "cultural", que no es la primera ni será la última vez que se hace en la red, tiene para mí la dificultad añadida de conocer de primera mano las fotografías que subo, y me impide ejercitar mi ya tocada memoria. No obstante intercalo una que no conozco, es más puede que no sea ni de Córdoba, aunque creo que sí. A la que me refiero es a la Puerta Barroca. Sobre esta si puedo estar a la par con los investigadores, y colaborar.

Puerta Barroca

Con las otras estimo que sería mejor dar un margen a la contestación que aclare la ubicación, en evitación de que el primer comentario la averigüe y reste a los demás la posibilidad de discusión o aportación. Como no es cuestión de ganadores ni de perdedores sino de activar esos mecanismos que, como he dicho antes están ahí pero no utilizamos habitualmente, el que la acierte primero siempre será; por ser más listo o lista; porque ha tenido la suerte de conocerla ya; o haber realizado el esfuerzo de haberla buscado, y su comentario será precedente a los otros.

Dos calles de la ciudad, que llamaremos Calle Una y Calle Dos y Puerta Barroca. Suerte.

Aclaraciones:

Primera fotografía.

Calle de la Judería.

He de decir que efectivamente la calle es la de la Judería. La fotografía está tomada desde una ventana con una pequeña reja –las flores del primer plano son de ella- que había en la primera planta de la casa número 32 de la calle Cardenal Herrero. Digo había porque esa pequeña ventana la han simetrizado ahora con otra grande, y ahora son dos grandes rejas.

Debajo de esa ventana enrejada, existía un despacho de pan del horno de Enrique Fernández –propietario también de la casa- de la calle Madera(Actual Tejón y Marín, el ingeniero que construyó el chalet de Manolete a su primer propietario D. José Ortega Munilla padre del filósofo D. José Ortega y Gasset. El Sr. Tejón y Marín fue Alcalde de Córdoba de 1891 a 1893). La perspectiva es desde la ventana.

El rótulo de la Farmacia correspondía a la del Licenciado Alcalá, que había en la casa número 34 de Cardenal Herrero, antes de entrar en la Judería. Debajo exactamente del rótulo de la Farmacia, se ve un resalte de una persiana metálica exterior, de lo que era un típico comercio de ultramarinos, regentado por D. Juan de Dios, un manchego de Herencia afincado en Córdoba. El olor de esos establecimientos era característico, una mezcla de queso y chacinas, los cubiletes de sardinas arenques, garbanzos, alubias, lentejas, en sacos abiertos. El papel de estraza en el mostrador -que te cobraban a precio de jamón por poner lo más caro-, el artilugio de extraer el aceite a granel con la manivela basculante. El juego de pesas y medidas –a saber…- para líquidos y sólidos.

La fecha de la fotografía es de los años sesenta. Ya no estaba la plaza del mercado en la calle por haberla trasladado al mercado de Fleming. Al fondo se ve la ruina de lo que fue un bar propiedad de la familia Gálvez, que luego montaron la Gestoría Gálvez. En esa puerta que se visualiza a la izquierda de la pared frontal, encerró un tiempo sus trastos el sereno de la zona, el Sr. Centella.

Segunda fotografía.

Callejas del Corpus Christi, del Marqués del Villar, o Cuestezuela de Baena.

Un tiempo se llamaron de San Benito pues parece ser que hubo una ermita en ellas dedicada al santo. Luego cambió su nombre por las del Corpus Christi. Con motivo de la fundación del convento del Corpus Christi (Hoy Fundación Antonio Gala, las titulares del convento se trasladaron a un hermoso edificio en la zona de los Colegios Mayores del Parque Cruz Conde.), le dio a la gente por llamarlas así.

Luego, después de suceso del 13 de abril de 1717, que le acaeció a Juan Pérez de Saavedra, Marqués del Villar, en las que fue "estoqueado" -era un problema de toros- por unos enemigos, tomaron el nombre del Marqués.

La foto que nos ocupa es la calleja sin salida, escalonada, que se llamó un tiempo la Cuestezuela de Baena, justamente al lado de la puerta barroca, falsa del Museo Arqueológico.

Esta calle tuvo un litigio en la década de los noventa –no sé en qué estado se encontrará el pleito- en la que un propietario de una de las casas que hay en ella le puso una cancela.

Por lo tanto la foto es la Cuestezuela de Baena, o parte de las Callejas del Corpus Christi, ahora del Marqués del Villar, en memoria del cual pusieron un lienzo con un Nazareno, que desapareció en 1841 cuando se quitaron las imágenes que había por la ciudad.

Tercera fotografía.

La Iglesia a cuya fachada pertenece la tercera foto, es la de San Juan y Todos los Santos (Trinidad).

Fue en principio Convento de los Trinitarios, fundado como todos en esta ciudad por Fernando III, en 1236. Fernando se “hinchó” desde luego en sustituir mezquitas por iglesias, en crear conventos y en repartir el patrimonio noble entre sus capitanes conquistadores.

Cuando desaparecen San Juan y Omnium Santorum, ambas se unen en una sola, y viene a llamarse San Juan y Todos los Santos, que es lo mismo.

La portada está fechada en 1703 y dicen que es la primera vez que se usa en esta ciudad la columna salomónica. La iglesia se la atribuyen a Hurtado Izquierdo que era el arquitecto de moda. Barroca de una sola nave, profusamente ornamentada, y rematada por una bóveda de medio cañón. El retablo está atribuido a Fernández del Río y lo consideran de los más importantes del barroco cordobés.

En la hornacina están representados un ángel socorriendo a dos cautivos, simbolizando a los Trinitarios, cuyo emblema con la cruz la corona. La espadaña a la izquierda de la fachada con sus cinco campanas.

Por la fachada de Lope de Hoces, tiene la sacristía la entrada por un estrecho callejón, y que llueva o truene, el sacristán riega todas las mañanas profusamente sin importarle el consumo de agua (a lo mejor piensa que Dios proveerá, pero que no es así), cuando podía barrerlo simplemente. Este pasillo, pues no es más, a uno de sus lados, linda con una tapia que estuvo tapizada con un hermoso jazmín y con la entrada al antiguo Depósito de Intendencia o Panadería Militar hoy desaparecida.

El edificio que cierra su fachada por la izquierda, en calle Sánchez de Feria, primero se llamó Comisaria de Guerra, luego contuvo la IPS (Instrucción Premilitar Superior) y la IMEC (Instrucción Militar de la Escala de Complemento), y posteriormente, la Intervención Militar. Ahora está vacío en su parte superior y en la planta baja está la sede del Comité del Personal Civil Laboral del Ministerio de Defensa, y los distintos sindicatos con representación.


domingo, 13 de junio de 2010

ACUEDUCTO DE VALDEPUENTES, PERO NO ESTUVE EN REALIDAD.


Trozo de superficie del acueducto.

Estos días de calor que tuvimos en mayo, decidí visitar el acueducto de Valdepuentes. Lo había visto en fotografías pero nunca “in situ”. Temprano, pensando en buscar un hueco para el vehículo me desplacé a la entrada de Medina Azahara. Imposible, la valla impedía el acceso y estaba prohibido dejar el coche en la cuneta previa retirada por la grúa o denuncia, aún si estaba fuera de la carreta completamente. En una palabra hay que dejar el vehículo en el Centro de Visitantes, al lado del canal de riego del Guadalmellato y utilizar el servicio del bus 2,20 €, ida y vuelta al yacimiento.

Ya he llegado, pero no fue del todo verdad.

El interés por estar en un acueducto del siglo I, de unos dieciocho kilómetros de longitud, la mayoría de ellos bajo tierra, desde las fuentes del Bejarano y del Elefante, era notable. Las fotos que había visto, de clubes ciclistas y senderistas eran preciosas. No estaba muy lejana ni complicada su visita, y por lo tanto, reunía las condiciones para disfrutar de un paseo y estar en un lugar que paisanos de hacía dos mil años habían construido. Todo se presentaba atractivo, otra cosa es que el resultado de lo previsto fuese o no agradable, como se verá.

Muro del tramo descubierto del acueducto .

Como era temprano aún, y no estaba el servicio implantado, ni corto ni perezoso, mochila, sombrero, palo de caminante espanta perros pesados, y margen izquierdo de la carretera, decidí subir andando. Esa carretera la conozco de la bicicleta, cuando mis condiciones físicas me permitían usarla para subir a la sierra y, lo mismo que el tramo, que parece de poca pendiente, hasta llegar al cruce de Medina Azahara era durísimo en dos ruedas, a pie es agotador. A ello sumado el sol de justicia que, aún a esas horas tempranas, te estaba dando por detrás y vale el chiste que puede hacerse, el panorama es complicado.

Parte de la bóveda .

Llegar a la puerta del yacimiento fue un suplicio de entrada. Luego coger la cerca en dirección oeste para buscar el arroyo. Una vegetación seca y alta me impedía ver ningún camino. Como tenía, creía unas referencias claras, decidí cortar por lo derecho. Es un terreno de lomas de bastante desnivel, el que circunda el monte de San Jerónimo por su lado oeste. Sumado al campo a través se hacía pesadillo. La ausencia de caminos cómodos obligaba a ir por dónde buenamente podía, subiendo y bajando. El calor estaba haciéndome mella y me sentí mal por un momento, una sensación de mareo me “acojonó”, creo que me agoté más de la cuenta, cuando en realidad la distancia que tenía prevista de haber llegado al cauce del arroyo y luego subido éste hasta el acueducto, la estimaba en kilometro y pocos metros. Pero las subidas, bajadas, tensión en evitar una caída, por la ruta escogida, acentuaban el agotamiento. A ello se le sumaba el ir sólo y la lógica precaución de que el más simple incidente me complicaría el paseo.

Un bosque tenebroso .

Un enmarañado bosque, umbrío, de árboles de ramas larguísimas que casi tocaban el suelo, y que en ocasiones obligaban a pasar por debajo de ellas, sujetándome algunas por detrás como al del chiste de Drácula, no permitía muchas alegrías. Al pronto vi una construcción y me dije, hemos llegado, pero al límite de lo físico. No por el esfuerzo que no era mayor que otras veces, sino por la suma de despropósitos que estaba haciendo. Saqué la cámara y empecé a disparar fotografías, pero deseando acabar rápidamente y volverme porque la preocupación ahora era bajar hasta la cerca y subir a la puerta del yacimiento, y no me encontraba recuperado, sino todo lo contrario.

Acueducto al aire libre .

Las fotografías tomadas con “bulla” no eran nada de buenas. Me pregunté ¿Qué ha pasado aquí? ¿Esto no es el acueducto de las fotos? ¿Habrán acabado, las aguas de estos días, lo que dos mil años no han conseguido? Eran muchos interrogantes. Lo que debía ser un arco no existía. Pero no hay rastros de escombro. Y con todas esas preguntas sin respuesta decidí -que era además lo que me pedía el cuerpo y el sentido común-, iniciar la vuelta y no investigar más, principalmente porque estaba perdiendo los papeles, y me sentía cada vez peor.

Otro tramo del acueducto .

Luego, cuando he tenido la oportunidad de ver un excelente trabajo fotográfico de Vértice –todos los suyos lo son y además envidiables-, y comprobar que en Valdepuentes pone dos diferentes coordenadas geográficas, llegué a la conclusión de que era otro tramo visible del acueducto dónde había estado, y que el auténtico estaba un poco más al oeste en la siguiente vaguada. Es decir: “mi mujer ha malparido, trabajo perdido”, como dice el refranero. Malas fotografías. Un estado físico lamentable, que me hizo beberme toda el agua que llevaba, a sabiendas de que, cuando la sed intensa hace acto de presencia ya estás algo deshidratado y no lo arregla tan fácilmente el agua en cantidad. Y el no haber llegado al destino, era lo que se dice, "un notable éxito". Y luego la preocupación por la vuelta, que sabía y temía que si seguía agotándome me iba a resultar difícil.

Una similar la tiene Vértice en su colección .

El camino era algo más llevadero pues ahora iba hacia abajo. Calculé el esfuerzo, soporté el mareo y procurando no perder el equilibro me alegré cuando, después de un rato, que se me hizo largo, vi la cerca de Medina Azahara. Ahora lo importante era seguirla hasta la puerta principal del yacimiento. Aún quedaban una serie de rampas importantes. Para acabarla de empatar, al pasar por una cerca de alambre de espino, y pisar donde no debía, perdí el equilibrio sin caerme, pero me dio el alambre dos cortes en el costado derecho con rotura de camisa incluida, que parecía un estigma cristiano, con el costado derecho sangrante, bueno es una broma lo del estigma.

El muro.

Así llegué a la plaza y esperé el autobús que bajaba al Centro de Visitantes. Sólo la conductora y yo, bajamos en ese viaje, que había llegado arriba “hasta las trancas” -que dicho sea de paso, tuvo una amabilidad exquisita, no podía cobrarme la vuelta, pero me permitió viajar sin billete para hacer el pago en la cobradora de abajo-. Se preocupó por lo que me había pasado, a la vista de la sangre y la camisa, yo disimulé, con un no es nada, no dándomelas de fuerte que no lo estaba, sino que aún no me sentía bien del todo y lo que deseaba era llegar y dar pocas explicaciones. De todas formas, fueron sólo dos grandes arañazos poco profundos y que sangraron un poco.

Por lo tanto, a pesar de los despropósitos, del agotamiento, deshidratación y “estigma de alambrada”, no estuve en el acueducto de Valdepuentes que había ido a disfrutar y a fotografiar.

Otra vez será.

sábado, 12 de junio de 2010

ACCIDENTE DE AUTOBÚS DE AUCORSA EN EL CAMPO SANTO DE LOS MÁRTIRES



Primer árbol que amortiguo el golpe del autobús.

Se creó la empresa de Autobuses de Córdoba “Aucorsa” allá por el 1953. La flota se encerraba en un garaje de la Avenida de Cervantes, luego se trasladaron a la Avenida de Libia. En aquel entonces la propiedad era de unos gallegos. El presidente del Consejo de Administración, lejano, inabordable, era Martín Moreno. El gerente un tal Eladio Macho -lo de macho no era sólo el apellido-, y creo que el Cabildo tenía alguna participación en la empresa, aunque de esto último no estoy muy seguro, o cuando menos sus "hombres" sí. A principio de los setenta fui cobrador de autobús en ella luego, por aquello del destino, en los primeros años de los noventa, sirvió mi firma para conseguir adquirir los terrenos de las actuales instalaciones, y como curiosidad ni siquiera fui invitado a su inauguración.

Pero como lo que se trata hoy es de citar un accidente de uno de sus autobuses, no de quejas de años pasados, ni de faltas protocolarias, ni de la historia de la empresa que daría para mucho, diré que he buscado por todos sitios y no he encontrado reseña periodística al accidente, afortunadamente sin víctimas. Hay que tener en cuenta que es difícil para mí buscar algo de esta ciudad en las hemerotecas. Con un margen de error de cálculo, estimo que fue a finales de los cincuenta o principio de los sesenta –siempre del siglo XX, porque los del veintiuno los deberán citar otras generaciones, algunos de nosotros no-.


Los dos árboles que frenaron el accidente.

La “flota” estaba compuesta por desvencijados vehículos, cuyas matrículas eran de museo, había un LU1959, creo recordar, reparado, pero esa era la matrícula, número arriba o abajo. Uno de ellos un día, por causa mecánica, que era lo usual, se quedó sin frenos y perdió el control en el Campo Santo de los Mártires, cuando los baños árabes estaban aún debajo del paseo –excavados pero tapados después- desde lo que hoy es el restaurante La Almudaina, entonces colegio, hasta la actual –por poco tiempo lamentablemente- plaza del mercado, entonces cine de verano llamado Avenida. Pasando por el convento Salus Infirmorum que estaba en activo. Con la "carretera nueva" –Avenida del Dr. Fleming- ya funcionando y la Huerta del Rey próxima a desaparecer. El Garaje Alcázar con el símbolo colchonero de los garajes de antaño en sus paredes interiores, e incluso se podía escuchar el rugido joven del león –germen del actual Zoológico, que crió la niña de Juan Barazona- al pasar por la verja de su casa.


Esquina de San Pelagio que frenó definitivamente el vehículo.

Una vez descrito el entorno histórico, no sin antes reseñar la cicatriz de la torre del Alcázar, en forma de uve invertida o tejado a dos aguas adosado a ella, que se visualizó mucho tiempo y lo que era un refugio, dónde acabaríamos los nenes traviesos, según nuestras madres, en el actual jardín, retornaré al autobús. Entonces los autobuses no tenían aún puertas, y llevaban una cadena de quita y pon en ellas. El cobrador iba de pie en el pasillo con un artilugio de madera con palometillas, que sujetaba los billetes de distinto color, principalmente azules y blancos. Para solicitar la parada se tiraba de una cuerda que finalizaba en una especie de campanilla. Cuando el vehículo citado perdió el control, rozó brutalmente dos árboles centenarios de la plaza, dejando en ellos una enorme cicatriz en su corteza arrancada violentamente, que ha estado como testigo de ello muchos años. Luego, afortunadamente, se frenó en la esquina de San Pelagio, afortunadamente porque si hubiera seguido al final cuesta de la Cárcel abajo –hoy Teresa Jornet una leridana santa de 1843- hubiera caído al río al lado de la Albolafia. El conductor era "Pescaito" y el cobrador Ezequiel (del gremio del fútbol modesto cordobés), que saltó del coche. "Pescaito" era de la "charpa" del "Morito", Guillén, etc.Grandes bebedores de vino, amigos de sus amigos y juerguistas por antonomasia.


Desnivel de la Cuesta de la Cárcel (Teresa Jornet).

Podría contar muchos incidentes similares, una vez perteneciendo a la empresa, algunos jocosos. Como muestra; bajando la calle de la Feria vimos con notable sorpresa como una rueda de nuestro coche bajaba delante de nosotros, antes de que éste se parara, en un alarde de tecnología citroen circulando con tres ruedas. O quedarnos sin aire en el calderín muchísimas veces, que a su vez servía también para abrir el mecanismo de las puertas, y que significaba que los frenos no funcionaban y, el conductor, haciendo gala de su profesionalidad paraba como podía con los "hierros" de la caja de cambios. Otro accidente en la memoria de todos, muy grave, el del río, siempre me recuerda a un amigo ciclista que falleció en el, Cubo de la Rosa. Afortunadamente hoy, el mantenimiento y el material nuevo, de última generación, hacen que la seguridad sea como el slogan de Iberia.

Fotografías del autor.

martes, 8 de junio de 2010

FOTOS DE CÓRDOBA



Ha caído en mis manos una fotografía que dicen es de Córdoba, y soy incapaz de situarla. Por las sombras parece efectuada al mediodía. Un comercio a la derecha con el nombre de Vicente en la pared. Por la longitud de las faldas nos podemos situar a finales del S. XIX. Y luego el edificio del fondo. Lo cierto es que no doy con el lugar. Pierde uno facultades día a día. Revisados los planos antiguos de la ciudad no encuentro en ellos lugares con esa anchura. ¿Quizás el Muladar de la Trinidad? No, porque faltarían los edificios militares a la derecha estimando que el edificio del fondo fuera el palacio de los Duques de Hornachuelos. Lo cierto es que estoy verdaderamente perdido. Seguro que a alguien se le enciende la bombilla y la descubre, yo no lo sé.



Ésta otra, es de una céntrica calle de la ciudad. Lo significativo es el tacón de la izquierda que ya no está y lo atractivo de ella el Biscuter aparcado en la acera. Ésta seguro que la situáis sin problema.


Y ésta un poco más abajo de la segunda, con un arco apuntalado y la Zapatería del “muerto” que antes fue piconería, del abuelo de un bloguero ilustre.


ACLARACIÓN

Primera fotografía

Foto en cuestión que equivale a la primera de esta entrada


Reja del Palacio del Marqués de Guadalcázar

Después de varias colaboraciones –todas son interesantes, pero han dado en la clave unas más que otras, yo en principio estaba totalmente despistado-, quien dio en el clavo primeramente fue Eladio Osuna. Luego Francisco y remató posteriormente Saqunda. De los comentarios he recogido parte de este texto ampliación. Que me ha confirmado mi querido y admirado amigo Antonio Salcedo.

Esta mañana día 10 de junio de 2010 he sacado las fotografías que, entre otras, tratando de buscar la misma perspectiva, digo entre otras porque he aprovechado para fotografiar parte de Adarve y Marroquíes. Las calles aún no estaban abiertas del todo, eran las siete.

Teodomiro Ramírez de Arellano en los Paseos dice:

“...por un lado va desde la Plazuela de la Puerta del Rincón o del Marqués de Guadalcázar, por tener allí sus casas principales.”

La pequeña ese que forma la calle -acera de la derecha-, es la actual alineación. La casa del fondo a la izquierda era el actual cine Isabel La Católica, o anterior Rinconcito, o la “Caja de Muertos” como llamábamos al cine de verano, por tener esa configuración el patio. En ese lugar estuvo el hospital que fue del Padre Posadas, que también quiso anexionarlo el Marqués a sus propiedades, lo que conllevaba una modificación de la calle Adarve, pero que no hizo.

En el palacio del Marqués estuvo la sede de Falange, y estuvo en pie hasta los sesenta aproximadamente. Luego, inmediatamente antes de la descomposición de la dictadura, se configuró una especie de fundación, y se edificaron las viviendas actuales. Ignoramos como pasó al Estado la propiedad del palacio. Como curiosidad lo único que se salvó de la piqueta, en una época –todas lo son- similar a esta, en la que cayeron muchos palacios, y ya lo denunció Castilla del Pino, fue la reja, que está ubicada hoy donde está el maravilloso reloj de sol y astronómico de la Diputación, entrando por Reyes Católicos. Las casas del Marqués ocupaban hasta la calle Marroquíes, que era dónde estaba el huerto del palacio, ahí se edificaron una serie de casitas adosadas con la segregación de la parte trasera, y se encontró una galería de agua de la época romana, que se comunicó en su momento –datos facilitados por mi amigo- a Emacsa (¿?).

La perspectiva de la fotografía por tanto es desde la mitad de la calle Puerta del Rincón hacia la Plaza. Efectivamente desde la Plaza del Conde de Priego se ve el cimborrio del palacio, como bien ha detallado Saqunda. Gracias a todos.

Segunda fotografía

Calle Diario de Córdoba

Está es muy significativa para el que tenga unos años. Es la calle Diario de Córdoba desde la esquina de la Cuesta Luján en dirección a Capitulares. El tacón que está, más o menos donde ahora la parada del autobús, ha desaparecido.

Es curiosa la presencia de ese automóvil español el Biscuter que está aparcado al lado.

Tercera fotografía.

El Portillo.

Esta es mucho mas significativa que las anteriores. Es el famoso Portillo, en un estado un poco peor que el que se encuentra en nuestros días. Una pequeña puerta en la muralla de la Medina a la Axerquía.


lunes, 31 de mayo de 2010

PUENTE CALIFAL DEL RÍO GUADIATO



Puente Califal S. X del Guadiato.

Una vez estamos en el puente romano del Guadanuño, sólo tenemos que desplazarnos Guadiato arriba, por la orilla izquierda, unos setecientos metros, por una deliciosa y fresca vereda hasta llegar a un paraje excepcional, frondoso, donde se levanta la mole de un colosal puente de nueve arcos y con una considerable altura. Si hacemos memoria de los puentes que disponemos en nuestra ciudad, quitando algunos viaductos del ferrocarril, ninguno es de esa magnitud.

Camino del Puente Califal del Guadiato.
Leyendo por los lugares idóneos, lo datan en el siglo X, de fábrica califal, que cruzaba el río Guadiato en el camino de Córdoba a Badajoz, vía importante del Califato. Pero no he encontrado datos más concretos de fecha de construcción altura y demás elementos arquitectónicos.



Vereda al Puente Califal del Guadiato.

En el libro “Andar por la Sierra de Córdoba” hay un pasaje referido al puente que nos ocupa y que merece estar aquí. Se titula Puente Califal Siglo X, y dice:

“La estampa de este puente sigue siendo imponente y su presencia da al paisaje un aire bucólico y solitario. Construcción de grandes sillares que, a pesar de su estado ruinoso, constituye uno de los exponentes más destacados, a la vez que desconocidos de la arquitectura islámica cordobesa. Considerado monumento Nacional, en la actualidad se encuentra totalmente abandonado a su suerte, al igual que ocurre con tantos otros monumentos de la Sierra de Córdoba. Su conservación es milagrosa. Esta obra es conocida con el sobrenombre del ‘Puente Roto’. Existe un testimonio recogido por los lugareños que nos cuenta la historia de su fatal derrumbamiento en el año 1915. Según se cuenta, un pastor lo cruzaba con varias reses cargadas de picón. Un buen día el temporal había arreciado y el río venía muy subido, con lo que los ojos del puente estaban casi cubiertos. Las bestias al pasar intuían el peligro y se negaban a cruzar, el paisano a fuerza de tirones logró empujar a los animales y al paso de la última res el puente cedió a la embestida del agua precipitándose al vacío. Posteriormente se vino abajo otro de los ojos llegando a nuestros días sólo los restos que tenemos ante nosotros y que el Guadiato sigue devorando poco a poco”


El arco de la orilla izquierda.

También en el mismo libro y pasaje se publica un verso de Ricardo Molina sobre el puente:

“Sobre los muros viejos del puente verdinoso y en ruinas
Flores nubes y aves dulcemente alaban la vida
¡Ah! que tierno es el amor por la mañana

Que aclara la sonrisa
Del alba blanca entre pinos verdes
Y las verdes colinas

Sobre los muros viejos del puente verdinoso y en ruinas
Hacia la fresca aurora de los pinos
Un recuerdo suspira”.


El Segundo arco de la orilla izquierda.

Es verdad que los testimonios orales como el que transcribimos adolecen de exageración algunos. Por poner un ejemplo si el agua hubiese llegado a casi tapar los ojos el actual de los arenales habría sido tapado totalmente por la subida, y ni que decir tiene el romano del Guadanuño, lo que estimamos es algo exagerada la versión oral. Eso sin entrar en el juego de la palabras res por burro o mulo, que no tiene la menor importancia, son las cuestiones normales de las versiones orales de las historias.


Tres arcos.

Lo cierto es que es una obra monumental. Un puente que sí se construyó en el siglo X, habría que estudiar los motivos del lugar y esa considerable altura. Si estudiamos las curvas de nivel donde está construido, da la impresión que es una obra de pared a pared, so pena que el camino discurriera por las riberas del río, buscando una salida de nivel que permitiera subir. En ambas orillas no existe –por lo menos yo no lo he visto- camino que llegue a él o salga de él. O ha sido absorbido por la vegetación o derrumbes. Vegetación de ribera variada y rica, juncos adelfas, romero, sauce y jara, así como la arbórea de pinos y encinas.


Otra vista de la cara sur.

Merece la pena hacerle una visita para lamentar “in situ” el abandono a que está sometido el patrimonio histórico. Es lamentable la actuación de los poderes públicos en esta y otras materias relacionadas, y eso que está considerado Monumento Nacional desde 1931. Tenía nueve arcos y se pueden comprobar los tajamares redondeados y espolones correspondientes. Se observa la mano de diferentes reparaciones. También era conocido como De la Tejera.

Hay una Web que se llama http://www.villaviciosadecordoba.es/ que hace una descripción del puente al que llaman por el nombre de la Tejera, lo situan en la época califal, durante el mandato de Abderraman III. Lo consideran el segundo en longitud de la provincia.

“Tenía –dicen- nueve ojos ultra semicirculares, con despiezo convergente, siendo el central escarzano, dos de medio punto y de herradura los tres del extremo. Esta obra de sillería con aparejo en la que se alterna, tanto en las pilas como en las juntas de los arcos, una pieza dispuesta en forma de soga con un par de sillares que atizonan. Fue utilizado hasta finales del siglo XIX como infraestructura del camino usual entre Córdoba y Villviciosa”.

Y continúan diciendo:

“Al retirarlo del servicio ha ido progresivamente deteriorándose, siendo su estado actual de ruina, corriendo un grave peligro de derrumbamiento. A pesar de su mal estado de conservación este puente está catalogado como Monumento Nacional, declarado como Bien de Interés Cultural ( B.I.C) e incluso está inscrito en el Registro General de Bienes de Interés Cultural del Patrimonio Histórico Español”.


No deja de ser una aportación a las dudas que surgen sobre el lugar de ubicación y su utilización. Y aportan una bella fotografía del mismo, a pesar del deterioro sufrido, no ya por el derrumbe sino por el paso del tiempo y abandono
El tablero del puente.
Si lleváramos la cuenta de los despropósitos histórico-arqueológicos tendríamos que tener un bloc del tamaño del puente posiblemente.
El compañero Bartolomé Olivares, gran conocedor de nuestra Sierra, me hace las siguientes aportaciones que incorporo a esta modesta entrada.
“El puente servía para la Gran Ruta (yadda) que mantuvo su importancia hasta el siglo XII. Esta ruta de 225 kilómetros era la más directa de Córdoba a Badajoz. 
Sobre el posible camino perdido en la actualidad decirte, que éste casi seguro seguía al otro lado del puente por la margen del río y por la vaguada que vemos ascendería y se uniría a un camino que hay en la actualidad.”
Y continúa diciendo que es una fotografía del Puente Califal, "el emblema de la extraordinaria y didáctica guía "Andar por la Sierra de Córdoba" pues es uno de los lugares mas bellos de nuestra sierra."


Vista aérea.

NOTA


Alfredo Romeo, un cordobés ilustre, fundador de la Cordobapedia, entre otros proyectos muy interesantes que ha puesto en marcha, me ha remitido una noticia del Diario de Córdoba, de 16 de marzo de 1916, en que se hacen eco de la destrucción del puente, en la noche de 11 de marzo. Su ojo del margen izquierdo, fue el que se derrumbó entonces y que ha continuado derruido hasta nuestros días, por lo que a quien le correspondía hacer algo no hizo nada. Es lo normal.


OTRA NOTA:

ENTREVISTA DE BARTOLOMÉ OLIVARES DOBAO, A CLOTILDE MUÑOZ LEÓN

"Ayer (17-10-18) entrevisté a Clotilde Muñoz  León  para que me hablara sobre su  historia de vida en la sierra , y la verdad me emocione , ella  una de de 12 hermanos nació en el Cortijo del Palomar en el 1925 , vivió la guerra civil ella recuerda  una historia que su padre Enrique Muñoz Castro  le contó, un día  cuando pasaba  con varios burros  y el puente el río venía muy crecido y el agua llegaba casi por encima del puente  de la Tejera , el puente  de pronto se derrumbó y el ultimo borrico  casi se vino abajo , Enrique tiro fuertemente de él y como este  estaba  atado a los demás estos también tiraban, hasta  que por fin logro rescatarlo mientras el puente de derrumbaba 


Clotilde Muñoz León hija del último ser humano que cruzó el puente califal
(Foto Bartolomé Olivares)

…el diario Córdoba haría eco de esta noticia ocurrida el 11 de Marzo de 1916.Cuantas historias se pierden  en el olvido por falta de interés.. Lo importante de nuestra memoria y la de nuestros abuelos para estar más conectados a nuestro pasado y hacer de este el testigo para revindicar nuestras señas de identidad. Nuestra sierra...sus caminos. El rico legado del que somos herederos…Gracias a Rafa Pinilla su hijo que pude dejar constancia en las más de dos horas de entrevista de su historia..."

Aclaración: Enrique Muñoz fue el último ser humano que pasó el puente califal del Guadiato antes de que la tormenta lo destrozara.







Bibliografía"Andar por la sierra de Córdoba" "Web Villaviciosadecordoba.es"Fotografías y vídeos del autor

domingo, 30 de mayo de 2010

EL PUENTE "ROMANO" DEL GUADANUÑO.


Puente romano del Guadanuño.

Ya hacía tiempo que quería visitar el puente romano del río Guadalnuño ¿o no es romano? En algunas guías no figura como tal, bien es verdad que sólo se refieren al territorio de la Corduba romana, el término municipal o equivalente. Pero la mayoría si lo titula romano. De niño había estado por esos lugares. Estudie la ruta con las poderosas herramientas que son Google y Sigpac. Se da la circunstancia que la antigua CO110 está fotografiada en Street View, por lo que pude observar la entrada del camino unos metros abajo del punto kilométrico diecisiete, y estaba cerrado a cal y canto. Pero ante la duda le pregunté a un experto enamorado de nuestra sierra -también de algún hada del Bejarano-, Bartolomé Olivares, en Facebook.

Un primer plano del puente.

“-Bartolomé para ir al puente romano de los Arenales ¿se puede acceder desde el camino del Km. 17? Veo en Street View que tiene una cancela pero no sé si es sólo para los coches. Si no es posible pasar sin problemas ¿hay otro acceso cómodo por la orilla del río desde el Puente de los Arenales por la orilla izquierda? Gracias.”

“-Si Paco, puedes entrar por esta cancela que conecta con la Vereda del Pretorio, también puedes entrar directamente desde el puente de los Arenales siguiendo el sendero de la margen derecha río arriba. Fíjate que coincidencia pues mañana voy por allí. Saludos y buen fin de semana. Se ve que no somos de feria....”

Arco central del puente.

Ya tenía la garantía de un experto. Evidentemente no somos de feria, y estamos muchos. Fuimos Conchi y yo directamente al kilómetro diecisiete, a la cancela, y por cuestiones físicas pensamos coger el sendero de la orilla del Guadiato por estimar más llana su orografía, pero lo encontré dificultoso, más claro no lo encontré. Volvimos nuevamente al kilometro diecisiete y aparcamos en un pequeño apartadero de la carretera. Visita a la cancela y comprobamos que estaba cortado el candado y la cadena, evidentemente la puerta tenía un enorme Prohibido el Paso. Pasamos y la cerramos después. Un camino cuesta abajo, con bastante desnivel, cómodo, y como todos los caminos hoy, después del invierno lluvioso precioso. Lo malo sería la vuelta que el desnivel habrá que subirlo.

Arco de la orilla derecha.

Kilometro y poco y divisamos en un claro a la izquierda el puente. Siempre es una sensación extraña imaginar que tuvo su uso y bastante, y hace tantos años. Casi todas las consultas efectuadas hablan de ser un puente del siglo primero, por similitud, el de Córdoba ciudad, dicen tiene de romano sólo unos cuantos sillares del arco de la Calahorra. Éste, si lo fue, será lo mismo, las distintas civilizaciones que lo usaron seguro lo reformaron, lo cierto es que está en un aceptable buen estado.

El puente, fachada norte.

Un paraje maravilloso, que sufrió en 1991 un pavoroso incendio, al que me toco en mala suerte asistir. Era lamentable el estado en que quedó la zona. En la orilla derecha del Guadiato tenía mi amigo J. del Olmo, “Chico”, una parcela en la que, afortunadamente salvó la casa, pero todo el monte a su alrededor desapareció. Lamentablemente nos vimos los amigos en una situación crítica después de muchos años, Pepe es un luchador nato, y se porque lo digo. Su suerte fue una serie de caminos que circundaban la propiedad y que el viento no quiso saltar. Los fuegos de copas son muy rápidos y sólo necesitan una chispa que salte al otro lado.

El tablero del puente.

Más que una vía principal, la que cubría el puente, debía ser una vía minera, ya que la Emérita Augusta llevaba otro recorrido. El puente está dotado de cuatro ojos, dos centrales y dos pequeños a ambos lados. Es del perfil clásico romano. Tiene unos pequeños tajamares redondeados. Llama la atención su óptimo estado, aún a sabiendas de las distintas reformas que habrá tenido. D. Enrique Melchor habla de la existencia de vestigios puramente romanos en los primeros arcos de ambas orillas, y considera la mano de otras civilizaciones en el resto de la fábrica. Su piedra es caliza.

El camino.

El paraje es de ensueño. Bien es cierto que la parcelitis está bastante cerca, amenazante, en la orilla derecha del Guadiato, y avanzando inexorablemente como la deforestación del Amazonas. El fuego enorme que asoló el entorno, a quince años vista, solamente presenta pequeñas cicatrices. Algunas calvas de pinos, pero con peluquines verdes de jara de todo tipo, cubiertas. Variadas especies de ribera, de matorral y arbustos; coscoja, madroñeras, labiérnago, y la mencionada jara, etc., abundan por los alrededores, Y como la hora era temprana, ocho y muy poco, algunas perdices y conejos hicieron acto de presencia, cruzando el camino y perdiéndose en la espesura.

El camino encadenado.

Un paraíso cercano antes de que el verano lo seque, y los verdes sean dorados, que son como yesca, ojalá sin pedernal. Para terminar decir que hay en la red excelentes fotografías y textos, especialmente de grupos de ciclistas y senderistas, que merece la pena ver. Desde este mismo lugar, a unos setecientos metros dirección norte, existe otro puente pero califal. Hoy el paseo ha sido dos puentes por uno.


Vista aérea de Google.






Fotos y vídeos del autor.

jueves, 27 de mayo de 2010

MIGUEL SALCEDO HIERRO, CRONISTA DE LA CIUDAD (Alguna anécdota).



Miguel Salcedo Hierro, Cronista Oficial de Córdoba
(Foto de J.C.Molina)

Corría la primavera del 1995. El expediente de dedicación de una calle al Cronista de la Ciudad, D. Miguel Salcedo Hierro, estaba en su recta final. El Cronista le hizo una visita al responsable del expediente, ya conocedor de lo que se estaba cociendo y le dijo:

-¿Sería posible una pequeña modificación en el expediente?

–Vd. dirá D. Miguel. –le respondió el responsable.

-Como sabemos la futura calle Cronista Salcedo Hierro empieza en la esquina con la calle Feria, y acaba en Alonso el Sabio, antigua Santos Pintados. ¿No es así?

-Efectivamente, así es, aunque de la ciudad sabe usted más que nosotros, seguro.

-¿Y no podría empezar la calle en Molina Sánchez Lagartijo, antigua Baja del Molino?

El responsable en cuestión, estudió de momento la situación y comprobó que había desde el Pretorio hasta Alonso el Sabio, tres tramos de calle con tres nombres distintos. Haza, Tranco y la nueva a inaugurar Cronista Salcedo Hierro.

-La verdad es que puede se originara algún problema a la vecindad. Aunque hay que tener en cuenta, teniendo en cuenta que son sólo dos los números afectados y ambos en la calle Tranco. Siempre los cambios, originan complicaciones a los vecinos, y debemos procurar crear el mínimo conflicto a los ciudadanos. Pero la unificación no estaría mal. ¿Y cuál sería la justificación de la petición, si la hay?

-Es muy simple. Me gustaría, si puede ser y no se crea mucho conflicto, que hubiese un colegio de primaria en la calle Cronista Salcedo Hierro. –respondió con su habitual tono educado.

-¿Y eso qué sentido tiene, si se puede saber?

-Pues muy fácil, cuando esos niños sean mayores dirán, yo estuve en el Colegio que estaba en la calle Cronista Salcedo Hierro... -contestó.

-Pues no es mala idea. Vamos a ver las dificultades técnicas con que las que nos encontremos. En principio partimos de la voluntad de satisfacer su deseo.

Era increíble, un colegio de primaria es el elemento fundamental y perdurable en la memoria de los niños. Muy original. Se estudió la modificación del expediente que ahora conllevaría la anulación y renombre de los dos tramos, que sólo dos números en uno de ellos tenían vecindad. Se consideró su perjuicio como escaso y se sometió a la Comisión de Gobierno. Luego. posteriormente, fue aprobado por el Pleno del Ayuntamiento sin ningún problema.


Lectura del Sr. Morales

Luego la inauguración. Junio de 1995. Un sencillo acto que consistió en el descubrimiento de la placa, en la esquina de Alonso el Sabio, unas palabras, y ya estaba la calle del Cronista de la Ciudad inaugurada. El Alcalde, varios Tenientes de Alcalde, concejales, amigos y familiares. Los hijos de Juan Morales Rojas, el poeta de la Puerta de Almodóvar, Juan Carlos y Álvaro estuvieron presentes en nombre de la amistad que les unía a Miguel. Después se “regó” la inauguración con una copa -que por cierto el vino era de excelente producción de Rafael Campanero- en el bar llamado Cristal, en la Torre de la Malmuerta, dónde estuvo la Taberna la Verdad. Y se abrió el anecdotario. No tenías una reunión con Miguel que no la amenizara con las más variadas anécdotas de todo tipo.


Descubrimiento de la placa

Después, en los días sucesivos, Miguel inició un constante y casi diario, dar a conocer a la ciudadanía su calle. ¿A qué colectivo primero? Pues muy fácil, al del taxi que es el que tiene que saber cuando alguien le pida hacer una carrera a esa dirección, dónde está. Se subía el Cronista a un taxi y le decía al taxista:

–A la calle Cronista Salcedo Hierro, por favor.

El taxista decía:

-¿Y eso donde está Sr. porque con tantas calles nuevas todavía no le hemos cogido el "tranquillo"? Y en el plano aún no viene.

Con toda la parsimonia del mundo y con el sentir pedagógico de sus clases como profesor, explicaba detalladamente al taxista dónde estaba la calle, aderezando la explicación con datos e historias de la zona, las del barrio del matadero, que es muy rico en ellas.

-Pues mire, vaya directamente al Pretorio, y por la primera a la derecha entra usted. Este era el antiguo barrio del Matadero…

Otras veces le preguntaban:

-¿Y éste tío Salcedo quién es? ¿Está muerto ya?

-¡No señor! no se ha muerto afortunadamente, viene a tomar café al bar dónde me va a dejar usted en la puerta.

-¡Ah! ¿Qué es amigo suyo?

-Si, es un buen amigo. Se dedica a escribir la crónica de la ciudad, todo lo que acontece de importancia en ella. Es un poco como un notario de lo que ocurre en Córdoba.

A algunos taxistas les daba igual la explicación, cumplían con la carrera y hasta otra. Le decía que parara el taxi en el chimeneón de la antigua factoría de aceite, llamada la Plaza del Olivo, y allí se bajaba. Luego entraba en un café que hay en la esquina, que regentó un matrimonio joven que había venido de Cataluña, el establecimiento se llama "El Chimeneón". Pedía un café y tranquilamente se lo tomaba, leía la prensa y luego dando un paseo volvía a sus quehaceres habituales. Los titulares del bar, que lo conocían de sus frecuentes visitas, cierto día le pidieron si le parecía bien que pusieran una referencia –una placa- en la pared cerca de la mesa dónde habitualmente se sentaba a tomar café, que dijera más o menos, "aquí toma café habitualmente el Cronista de la Ciudad".

He estado tentado varias veces entrar al bar para ver si está aún la placa en el lugar citado, porque los dueños son otros. Y la verdad es que no lo sé si está. Conocí al matrimonio, primeros propietarios del bar, un día que fuimos en autocar a Puente Genil, a Bodegas Delgado a una conferencia que dio Miguel, junto a una presentación de una cuestión comercial de la bodega. En el camino de vuelta me tocó una señora que charlaba bastante, más que aquel representante que por la siesta le tocó a D. Rafael Guerra, el torero, en su casino. Al final del trayecto se me acercó Miguel y me dijo al oído:

-Paco, tienes el cielo ganado. Casi cien kilómetros de tertulia, escuchando sin hablar tú, se las trae. -Sentí su solidaridad que compensó mi prudencia.

La penúltima vez que vi a Miguel fue en una visita que le hice a su casa. Ya tenía muy avanzado el problema de la vista, y Carmina su mujer, eran sus ojos. Quería que me dedicara un libro suyo, que tenía de hace tiempo. Los demás los tenía dedicados. Uno de los más importantes para mí fue “La Mezquita, Catedral de Córdoba”, como compensación a no poder asistir a la exposición de pintura de Conchi Carnago, en abril de 2001, nos remitió un ejemplar con una dedicatoria que decía:

“A Conchi: pintora cordobesa cuya sensibilidad es bien conocida de su marido, con quien la comparte. Y a su esposo: Francisco Muñoz, mi querido amigo, que vio la primera luz en Córdoba, frente a la Mezquita, y por eso este libro puede muy bien ser su partida de nacimiento. Con un abrazo para los dos. 14-VI-2001”

Estuve un rato haciéndole compañía, y le dejé mí libro sin dedicatoria, porque en su afán de hacer las cosas bien quería hacerme una dedicatoria de su puño y letra. Pero necesitaba tiempo y sobre todo ayuda. Fue el diecinueve de noviembre de dos mil nueve. Al final puso:

“A Paco Muñoz, con mi entrañable amistad 19-XI-2009. Miguel Salcedo Hierro”

Aproveché la ocasión para solicitarle permiso para usar unos datos suyos, que gustosamente me autorizó, a la vez que pedirle una copia de un soneto que escribió dedicado a Góngora hace muchos años, porque un amigo tenía mucho interés en él. Yo lo desconocía, y Miguel me dijo que para él era muy difícil encontrar algo, entre los miles de artículos que tenía, porque su método era pluma y papel, y más ahora que tendría que pedírselo a Carmina o a su hija para que miraran en sus papeles. Las nuevas tecnologías no las usaba.

Me llamó la atención ese día la belleza de Carmina, su esposa, en un óleo que tenía en su despacho, bueno el no se quedaba atrás en otra fotografía, le manifesté que hacían una buena pareja y además le dije:

-Miguel pareces un dandi, y Carmina, que verdad es, que quien tuvo retuvo. - y me contestaron: -Ya hace muchos años de eso Paco.

Una inmensa biblioteca tapizaba las paredes de su despacho. Quedé en volver algunos días después a recoger el libro, como así hice. Todo ha sido siempre amabilidad conmigo por parte de ambos. Muchas veces, cuando coincidíamos en algún acto, siempre existía con Carmina una complicidad muy especial, que colaboraba en compensar esa soledad que le invade a quien está en un sitio con una cierta obligación, muy solo, aunque esté lleno de gente. La ruptura de la rígida línea protocolaria me ayudaba a superar determinados “trances”.

Miguel y Carmina me invitaron varias veces a llegarme de vez en cuando para conversar, cosa que no hice quizás por no molestar, sí por el contrario lo llamé varias veces por teléfono para hacerle preguntas sobre ciertas dudas mías, ya que la memoria le funcionaba de maravilla. Es verdad que estaba costándole trabajo asimilar la pérdida de la visión por la cruel degeneración macular, pero Carmina suplía esa carencia. Algunas veces salía a desayunar a la Trinidad, siempre con ella, pero últimamente cada vez menos. Nunca perdió el sutil sentido del humor que tenía, pues rara era la conversación que no incluyera su característico toque humorístico.

Hace unos días sentí la noticia de su fallecimiento y como es lógico pesar. Por la edad puede parecer normal, mí padre se marchó más joven y mí madre aún más, pero nunca me parece se tiene demasiada edad para ese viaje sin retorno. Bueno el retorno creo que es la memoria de los demás, si has sido buena persona te recordarán como en la gloria, y si has sido lo contrario te recordarán como lo que has sido, o preferirán no acordarse de ti, luego será como el infierno.


Carmina su hija y sus nietos

Lo que sí es cierto es que Miguel ha tenido una fecunda vida, ampliamente creativa en las facetas que ha dominado, y si tenemos que citar sus logros no habría bastante con este modesto Blog. Tiene una hija y dos nietos a los que idolatraba. Sólo decir que era un buen amigo, un artista y su nombre ya figura junto a los grandes personajes de la ciudad, para la posteridad. Y con sólo recordar la contribución que le hizo a la ciudad, poniendo en marcha los mecanismos para que la piqueta no entrara en el Gran Teatro, ya es bastante currículo para que Talía lo haya acogido con cariño.

Sólo desearle descanso eterno y que... dónde esté alojado haya un colegio de querubines de primaria cerca.


Fotografías:Arreglo de una de J.C. Moreno, Diario Córdoba y Archivo Municipal.