lunes, 12 de julio de 2010

ANTIGUA FACTORÍA DE LA "CÓRDOBA COPPER COMPANY LTD." DE CERRO MURIANO.


Vista desde el Cerro de la Coja

El domingo día 11 de julio del corriente año 2010, decidimos Conchi y yo visitar la zona minera de Cerro Muriano, la antigua factoría, ya lo habíamos hecho en otra ocasión también en un recorrido dominguero de senderismo. En esta ocasión era con ánimo de fotografiar extensamente la zona, visitar el Museo del Cobre pero lamentablemente estaba cerrado a la hora de nuestra visita, en hora que evitaba los rigores del verano. Sí, por el contrario, andurreamos bastante por las ruinas de la factoría del tratamiento del mineral o fundiciones que, según diversos autores, se ubican habitualmente en lugares, colinas o vertientes, que estén bien expuestas a los vientos dominantes y cerca de ellas se encuentre una fuente o arroyo. En el libro, “Les mines de la Péninsule Ibérique dans l’Antiquité romaine”, Collection de l’Ecole française de Rome 127, Roma 1990 se detalla la lista de las minas explotadas durante la República romana y después en el Imperio y, en uno de sus mapas, el 3, el reparto de las fundiciones romanas de Sierra Morena.

Montaña de escorias.

Estas ruinas las conocí en los años sesenta, con motivo de una estancia de un par de días en la zona con Julio Galisteo, un amigo de mi padre y el jefe del taller donde estaba trabajando y otros compañeros. No se me podrá olvidar cuando subimos a Torreárboles por la vía más corta, es decir “trochando” por un tupido jaral, no por el camino habilitado, cruzando los terrenos de Villa Alicia. En el transcurso del recorrido Julio empezó a gritar desesperadamente diciendo que le había mordido una víbora, cuando llegamos a su altura se estaba sujetando el pie por el tobillo “y cuando teníamos preparada la navaja y el torniquete”-no es cierto, pero queda muy bien-, afortunadamente, comprobamos que había pisado la morada de una avispa terrera y le había dejado su única marca. Nos costó trabajo tranquilizarlo, y convencerlo de que no era una mordedura de serpiente, sino un aguijón minúsculo pero muy doloroso. El susto desde luego se lo llevó y bien grande.


Un pasillo.

Luego Torreárboles ha sido paseo habitual muchos fines de semana, solo y acompañado. Un día, estaba sentado en el vértice geodésico de esa altura, la mayor de las cercanas a Córdoba ciudad, disfrutando de un panorama inmenso y hermoso, con el trípode haciendo una fotografía para luego montarla en 360 º, se aproximó un parapente a motor que venía de la zona de la Ermitas, cuando llegó a la altura del cortado donde yo estaba, a unos tres o cuatro metros, nos saludamos, unos buenos días cumpliendo con las más elementales normas de la cortesía campera, a 650 metros sobre el nivel del mar, a las siete de la mañana, en el punto más alto del término municipal, un artilugio volador y yo en tierra firme, él siguió su camino aéreo enfilando hacía abajo a Salmerón, después de decirnos hasta luego. De tebeo.


Arcos derruidos.

Volvemos a la zona de la antigua factoría de tratamiento del mineral de la Córdoba Copper Company Ltd, un paraje de pinos y un olor a resina intensos, la temperatura aceptable. Como en primer lugar accedimos por arriba, lo primero que nos llamó la atención fue lo que estimamos un trozo de calzada posiblemente romana, digo estimamos porque nuestros conocimientos arqueológicos no llegan más allá de la estimación profana. Nos maravillamos de lo extenso del lugar y de la cantidad de personas que podían haber trabajado en su momento allí, y la tristeza que producen siempre las fábricas abandonadas, todas han creado daño en la clase trabajadora. Hasta el apartadero de Cerro Muriano se aprobó por R.O. de 28 de junio de 1901, a solicitud de “Cerro Muriano Mines Ltd.” Creada en 1868, que pasó a denominarse “Córdoba Copper Cº”, operando hasta 1919. Es decir el auge del ferrocarril también estuvo ligado a la industria del cobre, en este tramo, y a la del carbón en el superior.


¿Calzada romana?

Luego bajamos al camino donde está la roca de cuarzo con incrustaciones de cobre, y después subimos al Cerro de la Coja y visitamos el aljibe y los restos romanos. A la vez que disfrutamos de la vista que permitía ver las colas de Navallana y Guadalmellato, y algo más importante, la recuperación de la zona después del gran incendio sufrido hace unos años.


Construcciones.

Sobre la zona minera un panel dice:

“En su Historia Natural, Plinio, escribió que el cobre de Cerro Muriano era conocido entre los antiguos como Des Marianum o Des Cordubenses y que con él se fabricaban Sestercios y Duopondios de extraordinaria calidad, superando incluso a los cobres chipriotas.

Las antiguas montañas de Cerro Muriano poseen una altitud en torno a los 500 mts. Sobre el nivel del mar y se caracterizan por su excepcional red filoniana que se compone de seis filones. Los principales fueron ya sometidos a la explotación desde la prehistoria reciente, aunque de forma extensiva y sistemática durante el imperio Romano y entre los siglos XIX y XX, bajo el monopolio de la Compañía inglesa Cerro Muriano Mines Ltd. Estos filones de N. a S. fueron: Isabel Norte, Calavera, Lorenzo, Excelsior, San Rafael y Unión. El Cerro la Coja, como así es llamado cariñosamente entre los murianenses, es el punto más alto de la población y su cota se sitúa en los 538,5 sobre el nivel del mar. Conocido durante siglos como el Cerro Muriano es un lugar históricamente emblemático no sólo por su riqueza arqueológica sino también por haber sido donde, el 5 de septiembre de 1936, Robert Capa, realizaba la fotografía de guerra más famosa y universal de la historia, que se publicaba en la revista francesa Vu sólo algunos días después, bajo el título de Muerte de un Miliciano.

Años atrás, entre 1862 y 1919, compañías inglesas (Cerro Muriano Mines Ltd., North Cerro Muriano Mines Ltd. O Córdoba Copper Company Ltd.) cuyos accionistas mayoritarios eran originarios del Condado de Durhan, territorio con una enorme tradición en la minería del carbón, explotando los filones de cobre de Cerro Muriano. De estos años sabemos que las familias Carr, Taylor y Scott fuero las más notables y que Richard E. Carr era el ingeniero jefe de la Compañía. Muchos de los planos de los ingleses han sobrevivido al paso del tiempo, nos han dejado una documentación de vital importancia para futuros trabajos de investigación sobre la minería extractiva antigua de Cerro Muriano. Gracias a ellos sabemos por ejemplo que, bajo la dominación romana en el Pozo de San Rafael se llegó a bajar más de 350 mts. De profundidad en busca del enriquecimiento secundario.

Desde 1872, cuando Vilanova publica el primer artículo sobre el pasado histórico de Cerro Muriano, muchos han sido los autores que se han interesado en él: Sandars, Carbonell, Domergue, Cabanás, Criado, Pendo, Calabrés, Garcia, Storcch de Gracia o Melchor, por citar algunos y, todos, coinciden en la relevancia histórica de la localidad. Pero ésta se pone de manifiesto con los interesantes estudios metalográficos sobre los cobres de Cerro Muriano (Criado, AJ. 1995 y ss.) y, cuando entre 1999 y 2002, gracias al interés municipal, se llevan a cabo en las vertientes sur y occidental del cerro, excavaciones mediante metodología arqueológica. Los resultados de las intervenciones son asombrosos y, bajo el manto de tiera que cubre el cerro, se documentan restos de unas Termas públicas que se construyeron bajo el mandato de Augusto y fueron cuidadosamente restauradas en tiempos de Tiberio. Además, se pudo excavar en el entorno del aljibe que se logró fechar en la época de Augusto. Ambos hallazgos, junto a otros datos de importancia, corroboraron un hecho que algunos autores ya habían apuntado con anterioridad: la existencia de un distrito minero de suma importancia en Cerro Muriano. Esta ciudad o distrito debió vivir sus días de esplendor y prosperidad entre los siglos I aC. Y II dC., para luego entrar en un largo periodo de abandono que termina con la llegada de los mineros ingleses del Condado de Durhan (Penco, F. 1999 y ss).

Sabemos que este aljibe levantado entre finales del Siglo I aC. y principios del Siglo I dC., captaba aguas freáticas y que para su construcción se empleó Opus camenticium, un hormigón romano de excelente calidad. Hoy, junto con las Termas públicas, se halla debidamente protegido bajo la legislación vigente y las autoridades municipales trabajan en su puesta en valor.”


Canal.

Como dice el panel, Plinio, relaciona el cobre cordobés con Sexto Mario que era el propietario de la explotación minera. Fue éste uno de los favoritos de Tiberio. Si por su actividad laboral no fue posible encajarlo en el ordo senatorius, posiblemente si llegó a ecuestre. En el año 33 perdió el favor del Emperador. Fue acusado de tener relaciones incestuosas con una hija suya que era vestal. Ambos fueron condenados a muerte, él despeñado por la roca Tarpeya y la hija ahogada, por no poderse derramar la sangre de las vestales. Lo que subyacía, como siempre a lo largo de los tiempos, era la ambición los celos y el poder. Tácito señaló que era un proceso falso para confiscar las minas y aunque el Emperador debió transferirlas al Senado que era el gestor de la Bética, no fue así. Mario había llegado lejos en su influencia y fortuna, estaba moviéndose cerca de los escalones políticos superiores. La escalera de la política tiene a cada uno en su escalón, y los de los escalones altos no dejan su escalón para que lo ocupe el de abajo, mejor lo despeñan antes. Los celos del Emperador fueron lo suficientemente siniestros para ello.


Otra vista del conjunto.

Mario fue un benefactor de la ciudad de Córdoba, colaboró en la construcción del Teatro, como figura en el miliario del Convento de la Encarnación, esquina a Rey Heredia y en otras construcciones. No sé porque se me asemeja la historia a la contribución “benefactora” de un constructor cordobés a una ciudad costera, financiando plazas y algo más, y luego caído en desgracia. No despeñado desde ninguna roca, pero si tirado al vacio virtual con la cárcel como posible colchón para la caída. Los mismos que lo encumbran luego lo despeñan, como un Mario Conde del siglo I dC. modelo de empresario para la juventud, doctor Honoris Causa por alguna universidad y al final ejerciendo el doctorado en la cárcel.


Roca de cuarzo con vetas de cobre.

Ptolomeo, también cita en su Geografía al monte Mariano, por deformación Muriano. En la “mili” hablaban mucho de los Montes marianos, en canciones bélicas y en teorías, yo lo asociaba al nacionalcatolicismo imperante que impregnaba todo, y creía que la referencia era a la Virgen María del cristianismo. Luego supe gracias a una didáctica explicación de Jerónimo Sánchez, arqueólogo, que era debido a la poderosa familia de los Marii.


Entrada al aljibe.

Un lugar en tiempos fabril, ahora abandonado, y cuyas construcciones vistas desde lejos parecen las construcciones mayas de Centroamérica, construcciones que están resistiendo el paso del tiempo. En 2009 se inicio la declaración de Bien de Interés Cultural y no se si ya ha sido declarado. Nada más que la montaña de escoria, puede parecer una roca Testaccia de residuos del pasado. Es una enorme explanada en el sur de la fundición, de una considerable altura, negra, como sería el futuro de los obreros que la llenaron.


Interior del aljibe.

Pero es otra muestra del patrimonio cordobés, en este caso industrial, que está ahí, que se puede visitar y que forma parte del conjunto de lugares que pueden ser puestos en valor para conocimiento de las generaciones presentes y futuras.


Vista aérea Google.

Vértice, un compañero experto de la red, en un comentario me comunicó la Declaración de Bien Cultural, cuyo BOJA publico para aquel/la que quiera extenderse más en el conocimiento de la zona, Así como un plano de la Declaración donde se pueden ver que muchos pozos están debajo de la misma población.


Plano de los pozos.



Fotografías y vídeo del autor.
Textos del panel.

sábado, 10 de julio de 2010

UN "TREN BOTIJO" A MÁLAGA


Cierto día, mi buen amigo M. Salcedo, como siempre un pozo de anécdotas a cual más amena, me contó un episodio, que le pasó un grupo de amigos suyos en un día de playa, utilizando los servicios del “tren Botijo”. Evidentemente, no voy a poder trasladar su anécdota, con toda su gama de matices, y de aclaraciones complementarias, porque para eso debería haberla grabado. Pero haré un esfuerzo de memoria y, trataré de argumentarla lo mejor posible ya que muchos pasajes los perdí, por culpa de mi risa.

A saber. Se estaban acabando los tiempos románticos del "tren botijo”, ahora los llaman lanzaderas. Estos eran composiciones de trenes que iban exclusivamente a las localidades de la costa, a llevar a veraneantes por un día, con canasto, fiambrera con tortilla de patatas y filete empanado -el que lo pudiera llevar-, y como no, el "veinticuatro" –vino de Montilla-, y a veces también alguna botellita de aguardiente de Machaco o Cruz Conde, para la ida, por aquello de “matar el gusanillo”.

Un grupo de amigos decidió ir a Málaga a echar el día, bañarse en el “Mare Nostrum” y comerse si era posible algún espeto de sardinas. El trayecto era como mínimo de cuatro horas de ida y otras tantas para la vuelta. Pero como los duelos con pan son menos, los amigos, entre chascarrillos, y trago de aguardiente, y algunas canciones de D. Ramón Medina, consiguieron acortar el trayecto, o cuando menos hacerlo más llevadero. No había que olvidar el consabido botijo de agua fresca que siempre alguien se encargaba de llevar, y rellenar cuando lo requería en cualquier estación.

Un urinario de estación de ferrocarril

Estos trenes, hay que decirlo, no eran un modelo de comodidad, algunos vagones, los de tercera, tenían unas bancas corridas de madera por asientos y, normalmente, no tenían servicios higiénicos incorporados. Para las necesidades fisiológicas, había que tener una próstata entrenada, o en las paradas de las estaciones intermedias, utilizar los característicos “urinarios”, esas casetillas de arquitectura específica, con una celosía en la entrada, y el destino de la misma escrito con enormes caracteres en la puerta. Ahora se llaman “wáter-closet”, o simplemente WC, cuando nuestro rico idioma le tenía asignado el mencionado nombre de “urinario”, para las aguas menores, y “excusado” para aquello de más enjundia.

El tranvía a los Baños del Carmen

Como se dice, la ida a pesar del tiempo de recorrido se pasó en un soplo. Tranvía y visita a los Baños del Carmen en la capital malagueña –Torremolinos aún no era Torremolinos, y ni pensar en la Carihuela ni los Boliches-, que era la playa por excelencia de Málaga. La vuelta entre bromas de chavales solos, el agotamiento del vino de Montilla, la digestión de algunas sardinas malagueñas, y alguna copa del dulce vino de pasa de la tierra, se había echado encima. Vuelta a la estación cuando el sol aún estaba alto. En la hora que los ingleses toman el té, y los toreros hacen el paseíllo.

Se acomodaron en el vagón y, en esta ocasión no fue como a la ida que vinieron a sus anchas, sin nadie más. Ahora un matrimonio los acompañaba, con un niño de unos diez años. Aquello significaba el retraerse en los chistes, en el lenguaje, pero tampoco eran los dueños del ferrocarril. Se saludaron cortésmente, como era habitual, y más sabiendo que eran paisanos y habían de hacer el largo recorrido, de ciento noventa kilómetros, juntos. El tren inicio la marcha y enfiló lo que se llama el Valle del Sol, camino del desfiladero de “El Chorro”.

El desfiladero de los Gaitanes y a la derecha primer túnel de El Chorro

La señora mostraba una cara de preocupación, que se unía a la de su marido que hacía unos extraños movimientos. El niño, ajeno al problema, jugaba con una pequeña pelota. Ellos se habían sentado en un extremo del vagón, mientras que los amigos ocupaban un par de bancas, utilizándolas alguno como dura litera. A la observación de un mal olor sobrevenido, silencioso por más señas, que significó bromas entre los jóvenes, la señora levantándose les manifestó que estaba muy preocupada, que su marido estaba indispuesto, y tenía fuertes dolores de vientre, que él sujetaba con ambas manos, encorvándose sobre el mismo, y que les pedía perdón por el olor.

El más extrovertido del grupo de amigos, Julián, le preguntó:

-¿Señora que le pasa a su marido?

-Pues verán, como saben hemos venido de Córdoba a traer al niño a la playa, para que la conozca, aprovechando el “tren botijo”, y Pepe –siempre se ha de llamar Pepe- ha comido tres sardinas y seguro que le han sentado mal, el si ven, se siente muy mal, muy mal. –contestó la señora preocupada.

-¿Cuántas sardinas, tres? –volvió a preguntar Julián.

-No, tres espetos de cinco sardinas. –Aclaró la mujer, como quitando importancia.

-¿Quince sardinas? Qué barbaridad señora, no va a estar mal con eso. –le contestó llevándose las manos a la cabeza.

-Sí, porque a nosotros no nos gustan, y claro ya que estaban pedidas… Y se conoce que se le han indigestado. Antes de subir al tren ha entrado dos veces al wáter, pues se le ha soltado el vientre y aquí, sin servicios higiénicos… habrá de esperar a Bobadilla que allí si para el tren. Mientras habrá que soportar de vez en cuando alguna que otra descarga de gases. –explicitó la señora en un tono de disculpa.

-¡Señora, eso no es problema! –dijo Julián, como Arquímedes Eureka- Nosotros nos hacemos cargo, tome este periódico y su marido puede, irse a un rincón, allí en las primeras bancas, hacer su necesidad evacuatoria y, luego, al llegar a el Chorro, por un túnel, se cierra el paquete y por la ventana… Solucionado el problema. –Julián creyó haber dado con la solución aún a costa del sacrificio de sus pituitarias.

Efectivamente eso fue lo que pasó. Tuvieron que soportar unos efluvios nada agradables, pero todo fuera por colaborar. La cara del marido había pasado del rictus a una expresión, mucho más normal. Lió el periódico como pudo y a esperar el túnel. Efectivamente ante la llegada del túnel se le dijo:

-Prepárese señora y una vez entremos… por la ventana. –le dijo nuevamente Julián

Así lo hizo y… cual no sería su sorpresa que se vieron mancillados por el producto de la indigestión “espetaría” malagueña. La ventanilla estaba cerrada para evitar la entrada del humo en el túnel, y el papelón se estrelló en ella, salpicando a todo el pasaje, incluido el botijo que ahora estaba vestido de lunares. La cara de la señora era un verdadero poema, ella había estado en la primera línea del lanzamiento. Con el natural olimpismo aprovecharon todos el agua del botijo para aliviar determinadas salpicaduras que impregnaban el vagón, con el deseo de llegar lo más pronto posible a Bobadilla e ir al urinario, o a la fuente más cercana a lavarse y sobre todo por cambiar de vagón.

E aquí que, el botijo les había ayudado también, no sólo colmando la sed veraniega sino en necesarias y urgentes labores higiénicas. Por algo era un “tren botijo”.


De una idea de M. Salcedo.
Fotos según citas.

martes, 6 de julio de 2010

CENTRAL ELÉCTRICA DE EL CARPIO

Fachada oeste de la central, entrada a la Sala de Turbinas

Nacional IV, desvío en Pedro-Abad dirección Adamuz, cruce de la presa de el Salto y una vez subida una cuesta con un giro a izquierda, nos separamos de la carretera de Adamuz, y cogemos una estrecha que a la izquierda deja el camino para la finca de Las Huelgas de los Alba. Todo lo hicimos el sábado día 3, y llegamos allí poco más de las siete y algo de la mañana. El día nublado y las fotografías desde el lado oeste, tenían una luz mortecina, no apropiada para la inmensa mole que es la Central Eléctrica de El Carpio.

Fachada este

Esta Central fue necesaria por el empuje que estaba generando la industria cordobesa, no podemos decir lo mismo en estos tiempos cuando la mayoría está desmantelada. Está a unos treinta kilómetros de la ciudad, trató de incorporar un tramo de un desnivel de unos seis metros para mover las turbinas, trayéndose el agua desde la presa por un túnel de un kilómetro, en un lugar donde los meandros justifican el excesivo llano del curso del río. La construye la Compañía Eléctrica Mengemor, germen de Sevillana y posterior Endesa. Aprovechaba el control del río para las avenidas, y generaba a su vez una potencia de unos 10.500 kilo-voltios-amperios (KVA).

Detalle de la fachada norte, compuertas y piscina de entrada del agua de la presa.

La obra civil, en su dirección técnica, la llevó Carlos Mendoza, y el ingeniero Antonio del Aguila, que llegó a ser profesor de Hidráulica de la Escuela de Caminos, años más tarde, y siendo el arquitecto que la proyectó Casto Fernández-Shaw e Iturralde. Cuando vemos este edificio admiramos un claro exponente de la arquitectura industrial del siglo XX. En el 1921 se presentó a la Exposición de Artes Decorativas de Paris, consiguiendo la Medalla de Oro.

Detalle de las compuertas

Me he preguntado el porqué no se construyó la Central al lado de la presa, y la conclusión puede ser para conseguir un mayor desnivel desde la lámina de agua. El agua que viene de la presa por el túnel citado, llega al estanque-cámara de almacenamiento previo, con tres compuertas que permiten las labores de mantenimiento de los túneles de turbinas y de las propias turbinas aisladamente según utilicemos una u otra compuerta. El estanque está dotado de un aliviadero que evita la inundación por un aumento de caudal, precisamente en las posibles labores de mantenimiento.

Fachada sur

Es significativo y llamativo en su fachada sur al río, un balconcillo orientalista, sujeto a lomos de una cabeza de elefante. Así como las cúpulas de estilo islámico sobre la sala de turbinas. Era una época en que las tendencias árabe-orientales estaban al orden del día. Podemos verlo en las fotografías y en muchas construcciones de principios del siglo XX. Ya había terminado la Gran Guerra europea, comenzaban los felices años veinte y dentro de unos años se produciría el crack del veintinueve.

Balconcillo del elefante

La reseña de prensa de una visita real. Los monarcas se hospedaban en Moratalla y luego parada en la finca de los de Alba antes de llegar a la Central. Cuando se inauguró la Central, ya llevaba cuatro años la revolución rusa que cambió el régimen esclavista zarista por el comunismo. El mundo estaba cambiando, se esperaba que no hubiera más guerras del calibre de la del 1914-1918, pero no fue así.


Reseña de prensa

Para bajar al río por la fachada sur, existe una escalera empinada, tapizada de hojas secas de eucalipto, que a mí me dio un cierto recelo bajar. En las recientes crecidas del río, tuvo que ser impresionante ver el nivel del agua que seguro cubrió todo el meandro, que desde la orilla izquierda llega hasta la Grúas y la Nacional IV, o A-4 actual y seguramente las escaleras citadas

Empinada escalera

Delante de la fachada este de acceso a la Sala de Turbinas, está la central de transformación y distribución en una enorme explanada. En su lado norte, alguna tormenta justificó el poder eléctrico de la misma y dejó a un árbol hecho un tizón.

Un rayo

Y este ha sido el recorrido sucinto, por un modelo de construcción industrial no exento de belleza, de casi cien años de efectivo trabajo. Con una conservación bastante buena y una producción de electricidad no contaminante, como lo es la utilización de los recursos hidráulicos.

Turbinas.

Tengo interés en ver las fotografías que Paco Madrigal, con el novísimo sistema HDR, realizó a la vez que las modestas mías, salvo la de las turbinas que es de la red. Parece que esta entrada acaba la visita a este sector de la provincia, aunque un poco más hacia Villafranca a unos quinientos o seiscientos metros, por la orilla de la Central existe un yacimiento romano que merecería la pena visitar.

Salida al río; a la izquierda hacia las Grúas, a la derecha a Córdoba

La central a lo lejos, vista desde la Ermita de S. Pedro. A la derecha arriba, las casas de los trabajadores que construyeron la Central




Fotografías del autor.
Fotografía de la turbina de la red.
Reseña de prensa de Werrybee.

lunes, 5 de julio de 2010

PRESA EL SALTO, SOBRE EL RÍO GUADALQUIVIR


Arco de la torre de control

El mismo sábado de los girasoles, tres de julio, visitamos la presa de El Salto, sobre el río Guadalquivir que se construyó paralela a la Central eléctrica de Mengemor, allá por los años veinte del siglo pasado. Está situada en el kilómetro tres y medio de la carretera Pedro Abad Adamuz. Es de estilo neomudéjar. En ese lugar del río existían unas antiguas aceñas. Tiene una superficie de unos 376 Ha, y una capacidad de 18 hm3. Su uso principal es dotar a la central de alimentación de agua por presión, por medio de un túnel de un kilómetro de longitud que va a salir a una piscina de la Central eléctrica, pero ésta es motivo de una entrada exclusiva.

Caseta colgante de control de compuertas

La situación es un lugar hermoso de uno de los muchos meandros del río Guadalquivir. Desde la orilla derecha de la presa, se divisan las laderas del Tío Salas y a la izquierda de éstas el cerro de Las Huelgas de 288 mts. coronado por una pared rocosa, que cae sobre el arroyo Tamujoso que divide ambos accidentes de la serrezuela. La balsa de agua rodeada de juncos con el cortijo Alcurrucén y el cerro del mismo nombre en el margen izquierdo del río, en cuya orilla pasta ganado vacuno y el espejo de sus aguas es cortado por el surco de una colonia de patos rompiendo su quietud y transparencia.

Arco de la torre de control y los seis contrafuertes

Tiene la presa dos estribos construidos a ambos lados del río y cinco contrafuertes interiores que contienen las compuertas y el puente por el que cruza la carretera, a su vez soportan la estructura donde están las máquinas que las acciona. En la parte derecha se levanta un arco que simula una puerta a la carretera. Desde aquí se accede a la cabina de control, tiene en su lugar más alto una torreta octogonal almenada con merlones y tuvo en sus tiempos una cúpula. La mayoría de los componentes de esa fachada son neomudéjares; las ventanillas de la escalera y ventanas del pasillo superior. La obra está revestida de bloques a soga y tizón señalados imitación a sillares.

Compuerta

La estructura metálica de viga soporta un enrejado donde están situados los motores para la elevación de las compuertas. De la viga superior cuelga una cabina de madera donde se aloja el trabajador encargado de accionar los dispositivos, ello sirve también para elevar si es necesario motores y engranajes. Todo es un conjunto artístico de un perfecto diseño, que está en un aceptable estado de conservación, teniendo en cuenta los noventa años de uso.

Compuerta central

El Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía acordó el 29 de julio de 2003:

“declarar Bien de Interés Cultural, con la categoría de Monumento, el conjunto de la Presa El Salto, situado en el municipio cordobés de El Carpio y considerado uno de los ejemplos más significativos de la arquitectura industrial andaluza de principios del siglo XX.

Esta obra, proyectada por el arquitecto Casto Fernández Shaw, se construyó entre 1918 y 1922 en el Guadalquivir para atender las demandas de energía eléctrica de la pujante economía cordobesa de la época. Sus valores artísticos la hicieron merecedora en 1921 de la Medalla de Oro de la Exposición de las Artes Decorativas de París.

Integrado por una presa móvil de seis compuertas, una central eléctrica y una cámara estanque de almacenamiento de agua, el conjunto destaca por la utilización de elementos constructivos de inspiración mudéjar, especialmente en las bóvedas de las cubiertas, los accesos, las ventanas y las barandillas.

La presa, situada a la altura del kilómetro 3,3 de la carretera Pedro Abad-Adamuz, en el Guadalquivir, está construida en hormigón y tratada exteriormente con un revestimiento de bloques que imitan a los sillares tradicionales.”

Carretera de la presa

Para terminar una semblanza del arquitecto diseñador de la presa y Central, Casto Fernández Shaw de Iturralde, que hace la web www.madridhistorico.com:

“Casto Fernández Shaw de Iturralde. 1896-1978. Arquitecto.

Natural de Madrid, inició sus estudios en la Escuela de Minas pero acabó por titularse en la Escuela de Arquitectura en 1911. Junto a su profesor Antonio Palacios va a realizar sus primeros trabajos e ira cogiendo experiencia en las grandes construcciones.

En la década de 1920, junto al arquitecto Julián Otamendi Machimbarrena, realiza una extensa labor para la Compañía Madrileña Urbanizadora en la edificación de las nuevas avenidas que confluyen en la glorieta de Cuatro Caminos, donde cabe destacar su proyecto y construcción de los Edificios Titanic en la avenida de la Reina Victoria, 2, 4 y 6 (1919-1921). Durante esta época Fernández Shaw presenta una faceta imaginativa, el perfil del arquitecto creativo, con proyectos como la Ciudad del Silencio (1906), el Cementerio Ideal (1912), o los más pragmáticos como el Salto del Carpio (1922), el Salto de Alcalá del Río (1924), la Gasolinera Porto Pi en la madrileña calle de Alberto Aguilera (1927) o el Salto del Jándula (1929).

A partir de 1930 se irá introduciendo en las corrientes funcionalistas pero sin renunciar a la imaginación y el futurismo, especialmente en la concepción de los rascacielos, como se desprende en la construcción en Madrid del Edificio Coliseum de la Gran Vía (1931-1933) -en la imagen-, proyectado junto a Pedro Muguruza Otaño, o en la realización de la fachada del Banco Hispano de la Edificación en la Gran Vía (1943-1944).

Fiel a su talante, fundó la revista Cortijos y Rascacielos y la Sociedad de Amigos de los Castillos.”
Patos en la presa

Un lugar cercano para visitar.


Golondrinas en la presa, o avioncillos

Un "pato" despistado o ave limícola

Salida de la presa

Fotografía dibujo del arco


Fotografía cedida gustosamente por su autor, Werrybee.


Bibliografía de www.madridhistórico.com
Fotografía de la presa Werrybee.
Resto de fotografías del autor.

domingo, 4 de julio de 2010

LOS GIRASOLES (HELIANTHUS ANNUUS)


Campo de girasoles

Al ver girasoles (1) en el campo se le viene a uno a la memoria Sofía Loren en la Unión Soviética buscando a su desmemoriado novio Marcello Mastroianni, que vivía con una señora rusa muy buena persona, aunque no comparable en el físico a la exuberante belleza de la italiana, y que como "quien tuvo retuvo" conserva aún, a pesar de su DNI. Hasta la banda sonora (2) de Henry Mancini los dibuja sonora y especialmente.

La ciudad de El Carpio al fondo

O dar una vuelta por los campos en los que resulta llamativo el mecanismo de búsqueda del sol, por la mañana mirando a levante para paulatinamente ir girando para por la tarde y mirar al oeste. La última referencia en la memoria es la película de Cuerda, en la que estos eran "Ciegos", y que describe la vida de un “topo” de la guerra civil y la persecución sexual a su supuesta viuda por un cura “salido” y delator.

Un plano general del campo

Hubo un tiempo en el que cuando salía en bicicleta por la campiña, era normal ver los campos de girasoles abandonados, sin recogerlos, la subvención había cubierto las ganancias previstas y económicamente no importaba la recolección. Eso ocurre en la picaresca de las subvenciones, pero el verdadero problema se genera cuando la subvención acaba.

Un primer plano

No dejan de ser unas plantas llamativas sin las cuales sería imposible asistir a un cine de verano. El ruido inconfundible de grillo lento y pausado, y el constante “stuff” al escupir las cáscaras al suelo, cuando estas se pueden guardar en la mano y luego depositarlas en el lugar adecuado. Son desagradables los bancos en los que se han sentado los “piperos” a degustar el fruto del girasol y luego queda delante el suelo sembrado de cáscaras, que invita a decir:

-¡Parece que han estado aquí sentados cerdos!

Estamos enfadados con las nubes

Me llamó la atención conocer que el cultivo que es oriundo de América -hacia 1500 la trajeron de allí los españoles-, arraigó en la Rusia zarista, en el siglo XVIII, obra de Pedro el Grande, porque la religión ortodoxa prohibía cocinar con determinados aceites en la cuaresma y no decía nada del extraído del girasol. A saber si los popes de la santa Rusia, eran los principales beneficiados del hecho. Siempre la religión. Y sobre todo me sorprendió más, el leer que se introdujera en España en la guerra civil el consumo de las pipas de girasol por los agregados militares rusos que las consumían (¿?). En España comenzó su cultivo en los años sesenta, en Andalucía.

Las nubes motivo del enfado

Lo que no podemos negar es la belleza de un campo de girasoles. El que nos ocupa está cerca de Pedro Abad, y estaba ayer sábado insultante con sus amarillos y verdes, pendientes de un tímido sol que no acababa de romper unas nubes, por ello le faltaba un azul de cielo al conjunto. Volvíamos de hacer unas fotos, Paco Madrigal y el que suscribe, de la Central eléctrica y Presa del Guadalquivir por la carretera CO-3107, de Adamuz. El campo competía con esos otros campos solares “subvencionados”, negocio boyante actual, que ya veremos cuando -creo que ya están- acaben las subvenciones. Y al que me refiero concretamente es al que hay en el cortijo de La Huelga, cuyos propietarios lo son a su vez de la mayoría del terreno en la zona, la casa de Alba. Nos contaron unos “sumisos siervos del siglo XXI”, que la Duquesa lloró apenada, cuando desde su cortijo cercano a la Central eléctrica, veía los paneles solares de un negocio de su familia y no el campo manchado del sudor de los arrendados o simplemente jornaleros. ¡Qué pena!

Otros Helianthus annuus

Creo que merece la pena disfrutar de los contrastes cromáticos de los girasoles, y olvidarse de los Haro, de los Garci-Méndez, de los de Alba, etc. y dedicar un recuerdo a los explotados de estas familias desde la expulsión de los árabes, a los que nunca ha llegado, ni creo que llegue, esa ansiada Reforma Agraria, que ni siquiera la II República fue capaz de realizar. Sin embargo, como una derecha actual con pañuelo palestino, el franquismo creó los poblados de colonización -los construyeron los presos políticos del régimen, por lo que fue a base del sudor y la sangre de otros españoles- que fueron un remedo de Reforma Agraria, que tenía algo de positivo y en los que se le daba un terreno y una casa, a un agricultor -con certificado de adicto sin duda-, con lo que podía vivir una familia, pero una mayoría lo subarrendaban y a vivir de la explotación de otro más miserable. ¡Ay de las enseñanzas del Lazarillo de Tormes!

jueves, 1 de julio de 2010

BREVE HISTORIA DE LA FOTOGRAFÍA EN MI CASA


Cámara Kodak de box

Mi padre, José Muñoz, fue un notable aficionado a la fotografía en la familia. Todo su afán fue perpetuar momentos agradables para la posteridad. Compró en el 1945 una cámara Kodak Junior, con un objetivo SIX-20 “Brownie”, para película de 6x9, que le dio muchas satisfacciones.

Otra Perspectiva de la cámara

La edad de la cámara de box (cajón) es fácil de calcular, 55 años de vida en el siglo XX y diez en el XXI, es decir sesenta y cinco años. La cámara se destinó después a juegos y experimentos infantiles, cuando compró una Werlisa. El deterioro actual es notable, pero hay que tener en cuenta la edad.

Porta negativos

La mayoría de las fotografías de mi infancia están realizadas con la Kodak de box. Aún conservo los clichés, del tamaño señalado anteriormente. Siempre me hablaba de la calidad del objetivo, un amigo fotógrafo, “el Sordo”, del que se fiaba, decía referido a algunas fotografías, que tenían mucha nitidez y detalle. Luego en las postrimerías de su vida, su amigo quiso venderle un equipo profesional que éste uso durante mucho tiempo, pero que yo le convencí que no lo comprara.

Objetivo
Eran tiempos de mi ampliadora Carranza, y laboratorio de blanco y negro, de mis deseos inalcanzables de comprar una Yashica Minister D, y dejar de lado la Werlisa, que dicho sea de paso funcionaba bastante bien. Construí un telemetro manualmente, artesano, con espejos, para conseguir mejorar los trabajos, y poder jugar con las profundidades de campo. Y un fotómetro que aún estará en una caja con negativos. Un disparador automático de cuerda espiral, Self Timer, Made in Japan, y uno de cable manual, y un trípode casi artesano. Eran los tiempos de cuatro lámparas de flash sobrevoltadas.

Tapa trasera

De cuarto oscuro, y de la inexplicable sensación de ver como poco a poco, como por arte de magia, de la nada, iba saliendo la imagen en el papel en la cubeta. Del baño inmediato en la cubeta de paro, con el ácido acético para frenar la acción del revelador y luego el fijado. De montaje de laboratorio portátil en un dormitorio, con tabla encima de la cama, para soportar las cubetas. Con carga del tambor de revelado de 35 mm. debajo de la colcha, a tientas. Temperatura constante al baño maría, y termómetro. De “líneas de telégrafo” en las películas, de errores de paralaje, de positivos duros por pasarse de rosca.

Disparador automático y cable

Después fueron los 8 mm. los super 8 y luego el salto al video, un JVC con maleta incorporada, y unas baterías de “camión”, que grababa en cinta VHS. Se me olvidaba, muy anterior, el proyector de manivela con películas realizadas por mí sobre papel cebolla, de dibujos animados, antes que el cine Exin. Luego confección de estampas para verlas en relieve -ahora es 3D- con las gafas de celofán rojo y azul, después de haber visto con mi padre "Los Crímenes del Museo de Cera" en el Duque de Rivas. Con el “tomavistas” super 8 -que pasamos de contrabando de Ceuta, debajo de una Trenca-, fotograma a fotograma realicé una película de dibujos animados, un laborioso trabajo que funcionó. Lo que decía mi madre, aprendiz de todo y maestro de nada, como ahora.

Abandono lógico de la fotografía de blanco y negro. Nunca toqué el color. Regalé el laboratorio completo a mi amigo Antonio Sánchez, que se lo llevó a Sevilla. Un regalo de Conchi de una Kónica, que se “escacharró” y salté a lo digital, también Kodak. Este año me regaló mi hijo Gabriel una Olympus demasiado automática, pues ella es la que manda siempre. Desde luego es cuestión de ver quién es más cabezón. Y este es el breve recorrido de una historia de fotografía casera, del quiero y no puedo, y la envidia de la calidad fotográfica y artística, que ves en los distintos almacenes fotográficos de la red, estoy pensando en Paco Madrigal, R. Jiménez, y Vértice -este último aúna, calidad, aventura, y movilidad que roza la ubicuidad-.

Fotos del autor.