Vista desde el Cerro de la Coja
El domingo día 11 de julio del corriente año 2010, decidimos Conchi y yo visitar la zona minera de Cerro Muriano, la antigua factoría, ya lo habíamos hecho en otra ocasión también en un recorrido dominguero de senderismo. En esta ocasión era con ánimo de fotografiar extensamente la zona, visitar el Museo del Cobre pero lamentablemente estaba cerrado a la hora de nuestra visita, en hora que evitaba los rigores del verano. Sí, por el contrario, andurreamos bastante por las ruinas de la factoría del tratamiento del mineral o fundiciones que, según diversos autores, se ubican habitualmente en lugares, colinas o vertientes, que estén bien expuestas a los vientos dominantes y cerca de ellas se encuentre una fuente o arroyo. En el libro, “Les mines de la Péninsule Ibérique dans l’Antiquité romaine”, Collection de l’Ecole française de Rome 127, Roma 1990 se detalla la lista de las minas explotadas durante la República romana y después en el Imperio y, en uno de sus mapas, el 3, el reparto de las fundiciones romanas de Sierra Morena.
Montaña de escorias.
Estas ruinas las conocí en los años sesenta, con motivo de una estancia de un par de días en la zona con Julio Galisteo, un amigo de mi padre y el jefe del taller donde estaba trabajando y otros compañeros. No se me podrá olvidar cuando subimos a Torreárboles por la vía más corta, es decir “trochando” por un tupido jaral, no por el camino habilitado, cruzando los terrenos de Villa Alicia. En el transcurso del recorrido Julio empezó a gritar desesperadamente diciendo que le había mordido una víbora, cuando llegamos a su altura se estaba sujetando el pie por el tobillo “y cuando teníamos preparada la navaja y el torniquete”-no es cierto, pero queda muy bien-, afortunadamente, comprobamos que había pisado la morada de una avispa terrera y le había dejado su única marca. Nos costó trabajo tranquilizarlo, y convencerlo de que no era una mordedura de serpiente, sino un aguijón minúsculo pero muy doloroso. El susto desde luego se lo llevó y bien grande.
Un pasillo.
Luego Torreárboles ha sido paseo habitual muchos fines de semana, solo y acompañado. Un día, estaba sentado en el vértice geodésico de esa altura, la mayor de las cercanas a Córdoba ciudad, disfrutando de un panorama inmenso y hermoso, con el trípode haciendo una fotografía para luego montarla en 360 º, se aproximó un parapente a motor que venía de la zona de la Ermitas, cuando llegó a la altura del cortado donde yo estaba, a unos tres o cuatro metros, nos saludamos, unos buenos días cumpliendo con las más elementales normas de la cortesía campera, a 650 metros sobre el nivel del mar, a las siete de la mañana, en el punto más alto del término municipal, un artilugio volador y yo en tierra firme, él siguió su camino aéreo enfilando hacía abajo a Salmerón, después de decirnos hasta luego. De tebeo.
Arcos derruidos.
Volvemos a la zona de la antigua factoría de tratamiento del mineral de la Córdoba Copper Company Ltd, un paraje de pinos y un olor a resina intensos, la temperatura aceptable. Como en primer lugar accedimos por arriba, lo primero que nos llamó la atención fue lo que estimamos un trozo de calzada posiblemente romana, digo estimamos porque nuestros conocimientos arqueológicos no llegan más allá de la estimación profana. Nos maravillamos de lo extenso del lugar y de la cantidad de personas que podían haber trabajado en su momento allí, y la tristeza que producen siempre las fábricas abandonadas, todas han creado daño en la clase trabajadora. Hasta el apartadero de Cerro Muriano se aprobó por R.O. de 28 de junio de 1901, a solicitud de “Cerro Muriano Mines Ltd.” Creada en 1868, que pasó a denominarse “Córdoba Copper Cº”, operando hasta 1919. Es decir el auge del ferrocarril también estuvo ligado a la industria del cobre, en este tramo, y a la del carbón en el superior.
¿Calzada romana?
Luego bajamos al camino donde está la roca de cuarzo con incrustaciones de cobre, y después subimos al Cerro de la Coja y visitamos el aljibe y los restos romanos. A la vez que disfrutamos de la vista que permitía ver las colas de Navallana y Guadalmellato, y algo más importante, la recuperación de la zona después del gran incendio sufrido hace unos años.
Construcciones.
Sobre la zona minera un panel dice:
“En su Historia Natural, Plinio, escribió que el cobre de Cerro Muriano era conocido entre los antiguos como Des Marianum o Des Cordubenses y que con él se fabricaban Sestercios y Duopondios de extraordinaria calidad, superando incluso a los cobres chipriotas.
Las antiguas montañas de Cerro Muriano poseen una altitud en torno a los 500 mts. Sobre el nivel del mar y se caracterizan por su excepcional red filoniana que se compone de seis filones. Los principales fueron ya sometidos a la explotación desde la prehistoria reciente, aunque de forma extensiva y sistemática durante el imperio Romano y entre los siglos XIX y XX, bajo el monopolio de la Compañía inglesa Cerro Muriano Mines Ltd. Estos filones de N. a S. fueron: Isabel Norte, Calavera, Lorenzo, Excelsior, San Rafael y Unión. El Cerro la Coja, como así es llamado cariñosamente entre los murianenses, es el punto más alto de la población y su cota se sitúa en los 538,5 sobre el nivel del mar. Conocido durante siglos como el Cerro Muriano es un lugar históricamente emblemático no sólo por su riqueza arqueológica sino también por haber sido donde, el 5 de septiembre de 1936, Robert Capa, realizaba la fotografía de guerra más famosa y universal de la historia, que se publicaba en la revista francesa Vu sólo algunos días después, bajo el título de Muerte de un Miliciano.
Años atrás, entre 1862 y 1919, compañías inglesas (Cerro Muriano Mines Ltd., North Cerro Muriano Mines Ltd. O Córdoba Copper Company Ltd.) cuyos accionistas mayoritarios eran originarios del Condado de Durhan, territorio con una enorme tradición en la minería del carbón, explotando los filones de cobre de Cerro Muriano. De estos años sabemos que las familias Carr, Taylor y Scott fuero las más notables y que Richard E. Carr era el ingeniero jefe de la Compañía. Muchos de los planos de los ingleses han sobrevivido al paso del tiempo, nos han dejado una documentación de vital importancia para futuros trabajos de investigación sobre la minería extractiva antigua de Cerro Muriano. Gracias a ellos sabemos por ejemplo que, bajo la dominación romana en el Pozo de San Rafael se llegó a bajar más de 350 mts. De profundidad en busca del enriquecimiento secundario.
Desde 1872, cuando Vilanova publica el primer artículo sobre el pasado histórico de Cerro Muriano, muchos han sido los autores que se han interesado en él: Sandars, Carbonell, Domergue, Cabanás, Criado, Pendo, Calabrés, Garcia, Storcch de Gracia o Melchor, por citar algunos y, todos, coinciden en la relevancia histórica de la localidad. Pero ésta se pone de manifiesto con los interesantes estudios metalográficos sobre los cobres de Cerro Muriano (Criado, AJ. 1995 y ss.) y, cuando entre 1999 y 2002, gracias al interés municipal, se llevan a cabo en las vertientes sur y occidental del cerro, excavaciones mediante metodología arqueológica. Los resultados de las intervenciones son asombrosos y, bajo el manto de tiera que cubre el cerro, se documentan restos de unas Termas públicas que se construyeron bajo el mandato de Augusto y fueron cuidadosamente restauradas en tiempos de Tiberio. Además, se pudo excavar en el entorno del aljibe que se logró fechar en la época de Augusto. Ambos hallazgos, junto a otros datos de importancia, corroboraron un hecho que algunos autores ya habían apuntado con anterioridad: la existencia de un distrito minero de suma importancia en Cerro Muriano. Esta ciudad o distrito debió vivir sus días de esplendor y prosperidad entre los siglos I aC. Y II dC., para luego entrar en un largo periodo de abandono que termina con la llegada de los mineros ingleses del Condado de Durhan (Penco, F. 1999 y ss).
Sabemos que este aljibe levantado entre finales del Siglo I aC. y principios del Siglo I dC., captaba aguas freáticas y que para su construcción se empleó Opus camenticium, un hormigón romano de excelente calidad. Hoy, junto con las Termas públicas, se halla debidamente protegido bajo la legislación vigente y las autoridades municipales trabajan en su puesta en valor.”
Canal.
Como dice el panel, Plinio, relaciona el cobre cordobés con Sexto Mario que era el propietario de la explotación minera. Fue éste uno de los favoritos de Tiberio. Si por su actividad laboral no fue posible encajarlo en el ordo senatorius, posiblemente si llegó a ecuestre. En el año 33 perdió el favor del Emperador. Fue acusado de tener relaciones incestuosas con una hija suya que era vestal. Ambos fueron condenados a muerte, él despeñado por la roca Tarpeya y la hija ahogada, por no poderse derramar la sangre de las vestales. Lo que subyacía, como siempre a lo largo de los tiempos, era la ambición los celos y el poder. Tácito señaló que era un proceso falso para confiscar las minas y aunque el Emperador debió transferirlas al Senado que era el gestor de la Bética, no fue así. Mario había llegado lejos en su influencia y fortuna, estaba moviéndose cerca de los escalones políticos superiores. La escalera de la política tiene a cada uno en su escalón, y los de los escalones altos no dejan su escalón para que lo ocupe el de abajo, mejor lo despeñan antes. Los celos del Emperador fueron lo suficientemente siniestros para ello.
Otra vista del conjunto.
Mario fue un benefactor de la ciudad de Córdoba, colaboró en la construcción del Teatro, como figura en el miliario del Convento de la Encarnación, esquina a Rey Heredia y en otras construcciones. No sé porque se me asemeja la historia a la contribución “benefactora” de un constructor cordobés a una ciudad costera, financiando plazas y algo más, y luego caído en desgracia. No despeñado desde ninguna roca, pero si tirado al vacio virtual con la cárcel como posible colchón para la caída. Los mismos que lo encumbran luego lo despeñan, como un Mario Conde del siglo I dC. modelo de empresario para la juventud, doctor Honoris Causa por alguna universidad y al final ejerciendo el doctorado en la cárcel.
Roca de cuarzo con vetas de cobre.
Ptolomeo, también cita en su Geografía al monte Mariano, por deformación Muriano. En la “mili” hablaban mucho de los Montes marianos, en canciones bélicas y en teorías, yo lo asociaba al nacionalcatolicismo imperante que impregnaba todo, y creía que la referencia era a la Virgen María del cristianismo. Luego supe gracias a una didáctica explicación de Jerónimo Sánchez, arqueólogo, que era debido a la poderosa familia de los Marii.
Entrada al aljibe.
Un lugar en tiempos fabril, ahora abandonado, y cuyas construcciones vistas desde lejos parecen las construcciones mayas de Centroamérica, construcciones que están resistiendo el paso del tiempo. En 2009 se inicio la declaración de Bien de Interés Cultural y no se si ya ha sido declarado. Nada más que la montaña de escoria, puede parecer una roca Testaccia de residuos del pasado. Es una enorme explanada en el sur de la fundición, de una considerable altura, negra, como sería el futuro de los obreros que la llenaron.
Interior del aljibe.
Pero es otra muestra del patrimonio cordobés, en este caso industrial, que está ahí, que se puede visitar y que forma parte del conjunto de lugares que pueden ser puestos en valor para conocimiento de las generaciones presentes y futuras.
Vista aérea Google.
Vértice, un compañero experto de la red, en un comentario me comunicó la Declaración de Bien Cultural, cuyo BOJA publico para aquel/la que quiera extenderse más en el conocimiento de la zona, Así como un plano de la Declaración donde se pueden ver que muchos pozos están debajo de la misma población.
Plano de los pozos.
Fotografías y vídeo del autor.
Textos del panel.





