sábado, 10 de septiembre de 2011

LA FIESTA DEL CAIMÁN O DE LA VIRGEN DE LA FUENSANTA

Portada del Santuario

En estos días que se celebra la festividad “religiosa”, de la virgen de la Fuensanta, ha surgido la polémica de que si procesión si, procesión no, que si esta festividad es una fiesta laica, que si es religiosa. 

Particularmente pienso que polémica ninguna, los católicos si tienen los permisos reglamentarios, pueden perfectamente hacer sus festividades en la calle, lo mismo que una asociación de vecinos su “maratón” particular. 

La imagen

En este caso de lo que se trata es que los vecinos, o una considerable parte de ellos, estaban consiguiendo —es un decir—, que una fiesta religiosa se volviese un poquito laica, pero nada más, y además se lo habían creido. Ahora, un edil “católico apostólico romano”, de un ayuntamiento mayoritariamente del mismo sentir religioso –y lo que te rondaré morena-, ha decidido sacar a la virgen, pues bien, que saquen a la virgen.

El caimán

Pero la realidad gozosa para los católicos, cabreante para algunos vecinos, e indiferente para otros en los que me incluyo, es que han sacado su procesión, me imagino que con todos los permisos de utilización de la vía pública y seguros de responsabilidad civil reglamentarios, y estarán felices, como en la prensa dice uno de los dirigentes. Y los vecinos laicos, lo que podrían hacer es una velada completamente laica, en un lugar que no sea el Santuario, fíjense Santuario, con un nombre laico. Es la única manera de desligar, si es eso lo que quieren, lo religioso de lo laico. Terreno tiene el barrio para ello. ¿Pero es eso lo que quieren los vecinos? ¿O es otra cosa? 

¿Otro exvoto, será del Cap. Acab?

Será por procesiones al Santuario

Dice nuestro sufrido historiador local D. Teodomiro Ramírez de Arellano, al que recurrimos siempre, aún a sabiendas de que la muchas de sus cosas tienen mucho más de mito que de rigor científico, sobre el Santuario de la Fuensanta:

“El señor Ugalde, al final de su opúsculo historial de este santuario, pone una relación de las procesiones hechas al mismo y las que se han verificado con aquella venerada imagen.

La primera en que fue el Cabildo después de su traslación a su iglesia ocurrió en 5 de febrero de 1494, en acción de gracias por no haber ocurrido mal alguno en el horrible terremoto que se sufrió entre 8 y 9 de la noche del domingo 26 de enero, y el 27 se hizo otra procesión general a la Santa Iglesia; en ambas predicó el comendador de la Merced, y en la de la Fuensanta se dijo la misa en el humilladero, hoy capilla del Pozo, sin duda para que pudiera oírla la gran concurrencia que asistió a esta fiesta.

La segunda fue el 14 de marzo de 1529, por falta de agua; la tercera en 6 de febrero de 1536, por la misma causa; la cuarta en 3 de marzo de 1542 por ídem; la quinta en 10 de marzo de 1548 por lo mismo; la sexta, con la imagen de Nuestra Señora de Villaviciosa, en 20 de abril de 1561, por los temporales, salud del pueblo y falta de agua; la séptima, con la expresada Virgen y con idéntico motivo, en 27 de abril de 1578, siendo aquélla llevada en las andas de plata y por los señores beneficiados; la octava en 25 de julio de 1650 para dar gracias a la Virgen por haberse librado de la epidemia los señores prebendados; la novena en 25 de abril de 1737 por falta de agua, siendo ésta la primera vez que la imagen entró en Córdoba desde su invención, permaneciendo en la Catedral hasta el 4 de mayo siguiente, que la volvieron a su santuario; la décima en 30 de marzo de 1750, también por falta de agua: permaneció en la Santa Iglesia hasta el 6 de abril; la oncena en la mañana del 29 de diciembre de 1794, en unión con las reliquias de los Santos Mártires, en rogativa por el triunfo de las armas españolas en la guerra contra Francia, siendo restituidas a sus respectivas iglesias en la mañana del día 7 de enero siguiente; la duodécima, la ya mencionada en desagravio por la ofensa inferida por los franceses. Hasta aquí el señor Ugalde.
Después ha sido traída la Virgen a la Catedral con las expresadas reliquias y San Rafael en varias ocasiones, ya por falta de agua o ya por la salud pública, como ha sucedido en las invasiones del cólera. También podíamos hacer mención de las fiestas más solemnes efectuadas en este santuario por las corporaciones y particulares, pero son tantas que acabaríamos por cansar a nuestros lectores.

El día 8 de septiembre es el destinado para celebrar la fiesta anual a esta imagen, y en él y los dos siguientes se celebra en aquel sitio una feria o mercado que no debe ser muy antigua, puesto que Vaca de Alfaro no la menciona en su opúsculo. Sabemos que empezó por una velada y que llegó a adquirir gran importancia, con particularidad en el ganado de cerda; mas ya la va perdiendo y creemos vuelva pronto a ser lo que en un principio, a pesar de que el Ayuntamiento hace laudables esfuerzos por conservarla.”

El templete primitivo del pozo

Once salidas he contado hasta el final del siglo XVIII. Y ahora un poco de historia, un poco nada más que tiene mucha, tanta como exvotos que había en la pared, como historias tiene el caimán, como muletas o trozos de pelo, como campanitas –que yo sigo diciendo que eran antes de la verbena de la Mezquita, cuando en septiembre no había en el Santuario nada más que la estricta celebración religiosa-, e higos chumbos.

Dentro del templete

“Historia y tradición de la Fuensanta

Pablo de Céspedes, Enrique Vaca de Alfaro, Sánchez de Feria, Bravo, Ugarte, Ramírez Casas-Deza y otros notables escritores, ante cuyos nombres confesamos nuestra insuficiencia, han escrito la historia de aquel santuario, amparo y consuelo de los cordobeses en todas sus aflicciones. Pero mal podíamos cumplir con la tarea que nos hemos impuesto si no dedicásemos también algunas líneas para enterar a nuestros lectores del origen de la Virgen de la Fuensanta y de la historia de su santuario.

En la primera mitad del siglo XV moraba en el barrio de San Lorenzo, junto a la puentezuela, un infeliz cardador de lana llamado Gonzalo García, a quien su escaso jornal no bastaba a sostener a su esposa e hija, la primera paralítica y la segunda demente; por tanto, imposibilitadas de ayudar a contribuir con su trabajo a los gastos de la familia. Desesperado con tan triste situación, y no sabiendo qué determinación tomar, saliose un día por la puerta de Baeza hacia el arroyo de las Peñas o Piedras, que es el de la Fuensanta, y hacia el sitio que aún se denomina de las Moras, a causa de las muchas silvestres nacidas en aquellos paredones.

Meditabundo y pensativo iba Gonzalo hacia el mencionado sitio cuando se le acercaron dos hermosas jóvenes, una en pos de otra, y un gallardo mancebo; la primera le dirigió estas o parecidas cariñosas palabras: "Gonzalo, toma un vaso de agua de aquella fuente, y con devoción dalo a tu muier e hija y tendrán salud". Suspenso quedó aquel desgraciado, si bien dominándolo la idea de que sus favorecedores serían la Virgen María y los patronos de Córdoba San Acisclo y Santa Victoria, en cuya idea lo afirmó el gallardo joven diciéndole: "Haz lo que te manda la Madre de Jesucristo, que yo y mi hermana Victoria, como patronos de esta ciudad, lo hemos alcanzado de la Virgen Santísima.

Lleno de gozo y aún más admirado volvió ansioso la vista hacia el sitio señalado, donde efectivamente corría el agua, manando de entre las descubiertas raíces de un cabrahigo, que demostrando su atigüedad cubría con sus ramas parte del paredón de la cercana huerta. Mas casi simultáneamente iba a arrojarse a los pies de su celestial bienhechora cuando ésta ya había desaparecido con los santos mártires.

Henchido su corazón de gozo y agradecimiento, corrió Gonzalo a una alfarería, cercana a la hoy demolida puerta de Baeza, compró el jarro y lleno de la salutífera agua lo llevó a su casa contando lo ocurrido y pidiendo con gran fe que con ella viviesen su mujer e hija, logró verlas libres completamente de sus acerbos y ya incurables padecimientos.

Como no podía menos de suceder, la noticia circuló por toda la ciudad. Los enfermos corrieron a beber de la fuente designada, y nuevas curaciones justificaron más y más la virtud de sus aguas. Mas nadie acertaba a descifrar aquel misterio, descubierto al fin por otra nueva revelación.

El jarro comprado por Gonzalo García, y que era de barro vidriado, como color amarillo, se conservó muchos años como una preciosa reliquia, afirmando Enrique Vaca de Alfaro que el día 6 de abril de 1671 tuvo en su mano un fragmento que aún quedaba en poder de Juana de Luque, vecina de la calle del Aceituno, de 67 años de edad, y viuda de Nicolás Muñoz de Toro, descendiente del Gonzalo.

Veinte años habían transcurrido desde aquel portentoso suceso, aún sumido en el más misterioso secreto. El sitio conocido por la Albaida era la morada de los ermitaños de Córdoba, aún no congregados como en la actualidad, y uno de ellos, agobiado por una cruel hidropesía que lo llevaba al sepulcro, se decidió también a beber de las saludables aguas de la santa fuente, y con ellas logró la salud apetecida.

Lleno de agradecimiento y fe pedía a Dios y a la Virgen en sus oraciones que se dignasen aclarar aquel arcano, cuando una noche, la del 8 de septiembre, oyó cierta voz que satisfizo su ansiosa curiosidad, revelándole que en el tronco de aquel cabrahigo se encerraba una imagen de la Virgen, depositada en un hueco cuando la persecución de los cristianos, y cuya concavidad había cerrado el transcurso de tantos años.

El ermitaño corrió al día siguiente a presentarse al obispo de Córdoba don Sancho de Rojas, y contándole lo ocurrido, éste hizo cortar el árbol, confirmándose las palabras del anacoreta, puesto que fue hallada la imagen que con tanta devoción veneramos. Es de barro y tiene en la espalda unas letras muy gastadas, al parecer góticas.

Si el más insignificante acontecimiento atrae tantos curiosos al lugar en que ocurre, figurémonos un momento qué no sucedería en semejantes tiempos, cuando los sentimientos religiosos eran tan puros en las personas ilustradas y el pueblo ignorante estaba subyugado por el más exagerado fanatismo.

Al día siguiente de la revelación cortose el árbol, y encontrado tan estimable objeto, divulgose la noticia con la velocidad del rayo, acudiendo casi en su totalidad el vecindario de Córdoba con el clero, autoridades y demás corporaciones, formando todos una procesión que en medio de una alegría indescriptible, aumentada por el repique de tantas campanas como entonces había, y del disparo de cohetes y arcabuces, llegó con la imagen al Sagrario antiguo de la Catedral, hoy capilla de la Cena, donde la depositaron, hasta que se edificó en el sitio del cabrahigo el primer humilladero, costeado por el obispo don Sancho de Rojas.”


El brocal de Inurria

Que la historia es de Sr. Casillas o el Jiménez del Oso, pues sí. Que todo ello es discutible por las fechas, por los personajes y posiblemente por una gran falta de rigor, pues también, pero está ahí, en la costumbre de los ciudadanos, primeros unos, suponemos, sin una gran formación intelectual, lo que los hace aceptar todos los temas paranormales, pero los otros, los actuales, se supone que están suficientemente ilustrados y siguen con sus tradiciones, pues vale. Y una cosa, son mayoría. Pero la realidad es que debemos dejar lo religioso que lo sea, y hacer la festividad laica. Otra cosa sería darse con un muro y además ilógica, porque somos o no somos. En resumen: "A Dios lo que es de Dios -en este caso el dios de los cristianos-, y al César lo que es del César"


Hasta aquí llegó el agua...

Fotografías del autor
Bibliografía de Teodomiro Ramírez de Arellano.

martes, 6 de septiembre de 2011

ACCIDENTE DE UN AUTOBÚS URBANO DE CÓRDOBA, EN EL RIO GUADALQUIVIR

Fotografía del momento de sacar del río el autobús (ABC)

Como estamos de autobuses urbanos de Córdoba, decir que, eran aproximadamente las cinco y poco de la tarde, de un 26 de abril de 1964, jugaba en el Arcángel el Córdoba y el Levante. Último servicio especial Tendillas (antes era Plaza de José Antonio) al estadio de El Arcángel. Lo tomaron los rezagados hacía el fútbol o aquellos que les interesaba esa línea.  El autobús, después de salir de las Tendillas —se comentaba que tuvo que parar una vez arrancado, para que uno de los dueños de Casa Carrasco, el Bar Correo, se subiera—, bajó por la calle de la Feria normalmente, paró en la parada de la Cruz de Rastro —entonces la parada estaba antes de llegar a la Cruz, pasada la calle Cardenal González—, y tomó la curva para enfilar el Paseo de la Ribera, pero continuó directo hacia los barandales cayendo al Guadalquivir. En ese tiempo, en ese lugar había una cierta profundidad en el río que lo hizo desaparecer totalmente. 

Extrayendo las personas de dentro (ABC)

La consternación cundió por la ciudad, cuando EAJ24 Radio Córdoba, dio la noticia, a las cinco y treinta de la tarde. La misma llegó al estadio. Mucha gente se aproximó al lugar del accidente. Como aún no se sabía nada de la identidad de las víctimas, raro era el ciudadano que, no teniendo controlados a sus familiares, no le pasara por la cabeza que uno de ellos podría estar entre los pasajeros. Viajaban en el autobús catorce personas, afortunadamente por ser el último, los otros viajes siempre iban hasta la bandera. El anuncio en el lateral era el de Radio Arjosan.

Wenceslao Gracia Arroyo, el conductor.

Once fueron los muertos: Luis Guerra Morilla; Wenceslao Gracia Arroyo (el conductor); Alfonso Pérez Cubero, 47 años; Manuel Carrasco Ruiz (uno de los propietarios de Casa Carrasco–Bar Correo-); Fernando Baro Artiguez; Isabel Pastor del Río; Fernando Cubo de la Rosa, 24 años (un amigo ciclista habitual de los circuitos cordobeses); José Llamas; Pedro Zurbano Barrionuevo y su esposa Ana España; y el joven de 16 años Manuel Soto Domínguez. Se salvaron tres: Una señora que saltó antes de que cayera al río saltando del vehículo, lo que demuestra que no iba a gran velocidad; El cobrador Miguel Espinosa Priego, que fue despedido al caer al agua y salió por la ventanilla, siendo rescatado por un barquero, y José Vázquez Fernández que salió del vehículo una vez se hundió.

Página de ABC relatando el suceso

Una potente grúa del Parque de Automovilismo, que estaba en los Santos Pintados, fue la que sacó el vehículo del agua. Creo recordar que después fue arrastrado hasta la otra orilla, por las dificultades de su extracción, pero puede ser un aspecto personal de mi memoria. Las causas; cualquier empleado de la empresa de autobuses lo podía sospechar, el lamentable estado del material móvil de la empresa. Pero se pretendió culpar al muerto, afortunadamente para su honor diciendo que si un infarto o un ataque de epilepsia, o cualquier otro motivo, lo curioso es que no se habló nunca del estado lamentable del vehículo, o sí aquello de un fallo mecánico.

Funerales en la Mezquita

Seis años después del accidente, con la última hornada de cobradores que entró en esa empresa, que le llamaron “Los diez de últimas”, en similitud con el nombre del programa televisivo que presentó José Luis Pécker en la temporada 1969/70, entré a formar parte de la empresa, bueno en realidad fueron nueve, por problemas de índole médica de uno de los diez. Siempre que me tocaba trabajar en una línea que bajaba por la calle de la Feria, a pesar de haber pasado ya seis años, no podía evitar el pensar en el accidente. Bajábamos un día con el autobús sobrepasado en el doble el número de plazas permitidas, y conocedores del mal estado de los vehículos -por poner un par de ejemplos, de los muchos que podrían ponerse- la calle de la Feria, cuando se nos salió una rueda que bajó rodando unos metros de calle, a la altura de la Ermita, antes de llegar al Portillo. El autobús se venció a un lado y la rueda se paró cuando quiso. En otra ocasión al tirar de los mandos de las puertas, y comprobar que no funcionaban le dije al conductor: 

—¡Niño! —era una forma de que el pasaje no advirtiera lo que pasaba, y me contestó: 

—Ya lo sé, tranquilo. Voy a parar cuando pueda -Esa era la clave para decirme que había comprobado como el calderín del vehículo, que suministraba el aire para los frenos estaba seco. Paró como pudo y se le dijo al pasaje que la avería fue del motor. 

Un vehículo de la flota actual.

Y así muchos accidentes que el resto de los compañeros podría comentar, en las muchas horas de trabajo, que sobrepasaban normalmente las ocho habituales. Eso multiplicado por una flota caduca, sin un mantenimiento adecuado, podrán imaginarse lo que significaba. Muchos incidentes que quedaron en  “in”, y que afortunadamente no llegaron a “ac”. Luego el ayuntamiento ya democrático subvencionó a la empresa que se quejaba de pérdidas, y los neumáticos que le compró, la empresa se los llevó a una filial que tenía en Galicia, en Vigo, donde fueron a comprobarlo unos compañeros. Después bajo la Alcaldía de Julio Anguita, se municipalizó la empresa.

Fotografía de la época, con una excelente persona apoyado en el autobús.

En el cementerio de San Rafael -el viernes pasado lo visité- en uno de los primeros patios a la izquierda, el ayuntamiento facilitó, al que lo quiso, un nicho en propiedad. Allí en las lápidas figuran la fecha y la referencia al accidente. Los príncipes entonces, asistieron al funeral que se celebró en la Mezquita, le pilló de “trabajo” por la zona. Todos los gerifaltes del régimen que andaban por aquí hicieron lo mismo, acto de presencia. La primera autoridad espiritual, el obispo, no estaba, pero cuando volvió a Córdoba lo primero que hizo fue dar la absolución a los accidentados. Qué bien. 

La cabecera de un autobús de la línea c/. Marbella / Plaza José Antonio

Y así fue uno de los accidentes más importantes que desgraciadamente ha habido en esta ciudad. En la mente de los compañeros de la empresa de autobuses, el pesar por la muerte de un compañero, y el miedo de que le podía haber ocurrido a cualquiera, y sobre todo la certeza de que era un buen profesional del volante. Y la otra certeza de que el material que manejaban era pésimo y que los compañeros del taller no podían hacer milagros, como quedaba reflejado en los partes de incidencias diarios que cursaban. Hoy en día como en Iberia lo que más se cuida de la empresa es la flota. Ya se han cumplido del accidente cuarenta y ocho años.

Autobús girando en Cruz Conde
Addenda:
He tenido la satisfacción de que un amigo, Lucho Valdelomar, me haya facilitado estas dos fotografías del archivo de su abuelo, el arquitecto de esta ciudad, D. Victor Escribano Ucelay, y las añado al blog para que sean conocidas por si alguien no las hubiera visto. Son obra de un fotógrafo de prensa de la época López Peláez. En ellas se ve la tragedia de muy cerca, casi de los ojos de los humildes protagonistas, barqueros y areneros, gentes curtidas del río, excelentes nadadores, y bomberos. En una de ellas se ve D. Victor Escribano, de pie en la proa de la barca, con un silbato dando instrucciones a la grúa arriba del murallón de la Ribera, dirigiendo la operación de izado del vehículo, para poder sacar a las victimas.

D. Victor Escribano dirigiendo la operación de izado del vehículo

D. Victor dando instrucciones a los voluntarios

Luego ante la dificultad de sacarlo, una vez concluida la operación, por arriba, se arrastró desde la orilla izquierda hasta ella. En la otra, también el arquitecto Sr. Escribano, da instrucciones a las voluntarios para realizar su labor, se ve la cara de los protagonistas subidos en el vehículo y en la puerta del mismo. Son muchas más las fotografías del archivo, la mayoría de arquitectura, pero como Lucho tiene prevista la posibilidad de incluirlas en una publicación habrá que esperar a que esta se realice, o algún tipo de exposición. De todas formas si para muestra sirve un botón, gracias por este botón.

Fotos de ABC y AUCORSA, López Pelaez facilitadas por Lucho Valdelomar
Bibliografía de la memoria.

lunes, 5 de septiembre de 2011

DOÑA PEPITA Y LA EMPRESA DE AUTOBUSES DE CORDOBA

Recreación del personaje para subir al autobús.

Un personaje entrañable para los miembros de la plantilla de Autobuses de Córdoba, S.A., por lo menos a finales de los sesenta y principios de los setenta, era Doña Pepita. Siempre que hablábamos de ella lo hacíamos de una forma muy cariñosa. Doña Pepita era una señora, bajita, regordeta, que en invierno usaba una especie de gabán, y nunca abandonaba su bastón, y en ocasiones un paraguas, cuando las inclemencias del tiempo lo aconsejaban. Algunas veces llevaba una cartera y siempre su bolso negro. Se subía en el autobús en los lugares más variopintos. Era profesora de guitarra y daba clases a domicilio, por lo que andaba toda la ciudad.

En una anegada Fuensantilla, a la derecha Ronda del Marrubial.

Yo nunca supe donde vivía, pero sí de su exquisita educación. Jamás poníamos reparos a recogerla incluso fuera de la parada habitual, bien porque había llegado tarde a la misma u otra causa. E inclusive, si fuese necesario, le abríamos la puerta delantera, y en ocasiones incluso le ayudábamos a subir. Todos pensábamos que ganaba un buen sueldo con sus clases, porque en aquellos tiempos que un billete de autobús costaba una cincuenta pesetas, cuando ella abonaba el suyo, daba una propina para el cobrador y el conductor de, ¡veinticinco pesetas!

Ollerias hacia la Torre de la Malmuerta.

Siempre actuaba igual, había veces que se subía en distintas líneas. Luego en cocheras, en la entrega de la recaudación siempre el comentario, de que la habíamos subido en tal o cual línea, de que si había dado propina, etc.. Era desde luego una persona especial, y no por la propina, que nunca venía mal, pues estábamos hablando de doce cincuenta pesetas para cada uno de la tripulación. Luego, como siempre, el inexorable paso del tiempo, hizo que dejáramos de verla, posiblemente, ya que su edad, que entonces era avanzada –podría calcularle cerca de los setenta-, le haría cumplir su ciclo vital. Yo dejé la empresa en el setenta y dos del siglo pasado, y nunca no la volví a ver.

Giro en Cruz Conde desde Tejares, en navidad.

Días pasados, en una reposición del programa de una televisión local, dedicado a personajes de nuestra ciudad, que dirige esa dulce locutora de agradable, cadenciosa y pausada voz, como es Matilde Cabello, otra institución de la empresa, del flamenco y de ayudar a la gente, como es Rafael Guerra, habló de Doña Pepita y me hizo recordar esa entrañable señora. La empresa de autobuses de Córdoba en esa época era una empresa privada, de unos gallegos. En el año setenta y dos estaba sustituyendo a todos sus cobradores, por conductores perceptores -creo recordar que le llamaban así-. Como es lógico, aún no se había municipalizado la misma.  He de decir para finalizar, que la fuente de las anécdotas en ella es inagotable.

sábado, 3 de septiembre de 2011

NOVIO A LA VISTA (1953) LUIS G. BERLANGA

Cartel de la película

Seguro que Antonio Mercero vio y soñó con ese verano, en las playas del norte, de Berlanga en la película: “Novio a la Vista”, y seguro que se inspiró para su éxito de Verano Azul en la playas del Sur. No hay nada nuevo bajo el Sol. Cuando hace bastantes años, disfrutábamos con la serie televisiva, yo no podía dejar de acordarme de la película de Berlanga. Siempre le encontraba muchas similitudes. 

En el castillo, el gordo, Loli y Enrique

Era una pura historia de amor de juventud, truncada por las razones de la vida, y el pronto dejar la adolescencia de la mujer, antes que el hombre. Enrique (Jorge Vico),seguía de niño-adolescente y Loli (Josette Arno) despegaba. Luego, cada uno en su entorno, buscaba la similitud con Loli de cualquier chica. Nosotros siempre la imaginábamos como la Loli, que todos los años venía desde Madrid –eso decía-, a visitar a sus parientes y se hospedaba en el cine Goya, que nosotros valorábamos, no sé si por ser de Madrid, o por guapa, que lo era. Esta Loli, la de aquí, no la de la película, era también, muchas veces, la Beatriz Fontana de Diego Valor, el Piloto del Espacio, de la novela de las ocho y los tebeos, pues eran idénticas.

Con Federico en el baile

La acción de la película "Novio a la Vista"se desarrolla en el verano de 1918, vacaciones en un playa, posiblemente del norte, pero la película se rodó en el levante, en Benicássim. Manuel Vincent, en un extraordinario artículo habla de ella y cita que en la película un matrimonio francés, que se hospedaban en el hotel Voramar -que fue hospital de sangre del frente popular en la guerra civil- tenían una niña rubia, que sólo quería salir como fuera en la película, después la niña se llamó Brigite Bardot y ya despuntaba entonces en atributos. Su bikini fue famoso en Benicássin.

Josette Arnó (Loli en la terraza del Balneario)

Sumada a la nostalgia de la distancia, la película era de una considerable ternura. Un dibujo de la sociedad pueblerina, provinciana y cursi, de señores "de bien", de familias tan ortodoxas, como hipócritas católicas apostólicas, con mantenidas de los maridos aceptadas, al margen. El reparto era de los grandes elencos familiares, de las sagas de actores españoles de nuestro cine. 

Otro cartel o programa de mano

Decía Manuel Vicent en su artículo:

“Aquellos veraneantes, sentados en sillones blancos de mimbre, entre refrescos de granadina, hablaban de novenas de baños, de cálculos de riñón, de aguas saludables para la vejiga, y a la hora de discutir de política se dividían todavía en dos bandos: unos habían sido anglófilos y otros germanófilos respecto a la guerra europea recién terminada. Una madre estaba empeñada en casar a su hija adolescente con un estudiante de ingeniería de caminos, vástago de una familia muy rica, pero la niña se negaba a crecer y prefería seguir jugando con los chicos de su pandilla. La protagonista, una adolescente bellísima, me tenía obsesionado. Desde la terraza de mi habitación la veía entrar y salir de escena; seguía todos sus movimientos, trataba de encontrarme con su mirada en los pasillos y algunas noches soñaba con ella. En la película se enamoraba de un muchacho gordito de su misma edad, sin porvenir en la vida, al que ese año habían suspendido en todas las asignaturas. Había una escena en que la niña daba lengüetazos morbosos, demorados, llenos de inocente malicia a un cucurucho de helado de chocolate.”

Disfrazados de adultos

Está perfectamente dibujada. Aquellos vejestorios como abuelos Cebolletas, estrategas de butaca de la guerra, germanófilos y anglófilos, que ascendían de empleo cada verano. Destape de extranjeras que exaltaban la moral de las Peláez, unas hermanas cacatúas. Chavales que jugaban a los espías. Eran los tiempos de la Mata Hari. Amigo gordo, como el Piraña, Ganas de poner de largo a Loli, para tratar de conseguirle un buen partido, y quien mejor que el lechuguino de turno, un ingeniero algo mayor que ella –un jovencísimo y cursi José María Rodero-. Pero eso no le gustó a la pandilla, huyeron y se refugiaron en el castillo, y allí la batalla contra los mayores, piñas, cohetes, y un desertor de los adultos Amorós, y sobre todo dos besos, el de Enrique a Loli en la cara y el de Loli a Enrique en la boca.

El beso de Enrique

El beso de Loli

Un joven José Luis López Vázquez, y una no menos joven también Terele Pavez (María Teresa Ruiz Penella, hermana de Enma Penella); Antonio Riquelme; las Caba Alba; Juana Ginzo del elenco de actores radiofónicos de Radio Madrid, la de la novela Ama Rosa y Diego Valor, Juana hizo de Beatriz en una época del serial, y una extensa plantilla de actores de aquel tiempo. Berlanga se quejaba de las mutilaciones que la censura le hizo a su película, pero conociendo el paño demasiado le permitieron, nos parece a algunos. La escena de la despedida de Loli a Federico, y detrás de Loli una mujer adulta también le dice adiós al ingeniero, un mensaje de lo que era la sociedad.

Otro cartel

Y se acabó el verano, otro más. El viento soplaba sobre la playa, los papeles volaban, la puerta de una caseta daba portazos. El examen de septiembre suspendido nuevamente por Enrique García Hurtado, se olvidó de los cambios políticos en la Europa de la “Belle Epoque”. La lluvia y el frío empañaban los cristales de la ventana de la galería del colegio, donde Enrique escribió el nombre de Loli, que borra inmediatamente, pero lo mantiene en el corazón.

El final de Enrqiue

Ella, Loli Villanueva, por el contrario, se asoma a la ventana de su casa, se queja de la lluvia, de no poder salir a la calle, coqueta se prueba un vestido, baila y le dice a Kaiser, su perro, el nombre del chico que ha conocido en el verano, y lo escribe en el empañado cristal de la ventana, “Federico”, el ingeniero lechuguino. Ya no se acordaba de Enrique ¿Porque será la vida así?

El final de Loli

Hace 58 años del rodaje y 93 de la acción. Un Berlanga igual que siempre, un guión sobre una obra de Edgar Neville compartido por el propio Edgar Neville, Juan Antonio Bardem, José Luis Colina, y Luis G. Berlanga. “Novio a la vista”. Una desconocida de la obra de José L. Berlanga. Un recuerdo que se mezcla con los infantiles, amalgama de nostalgia, sueños, amores incipientes..., inocencia en suma.

A la derecha Antonio Riquelme

La película, para quien la quiera ver. Novio a la Vista

Vídeo del Hotel Voramar de Benicássin
Película del blog pccine.blogspot.com 

jueves, 1 de septiembre de 2011

EL DESTROZADO YACIMIENTO DE CERCADILLA


Entrada al yacimiento

Por el año 1958 (dos años antes 1956 los americanos fotografiaron toda la península en el famoso vuelo), íbamos los amigos a buscar a unas nenas, que eran alumnas del colegio de la Divina Pastora y vivían en la Colonia de la Paz. Eran los tiempos de los Cinco Latinos y su primer disco "Maravilloso, Maravilloso" que hacía furor en la feria de mayo, luego la venida a España del grupo se realizó en el 1960.

Fotografía aérea del vuelo de 1956

Para ir a la Colonia de la Paz, no había que llegar hasta el barrio de María Luisa, pasado el paso a nivel de las Margaritas, en el paso a nivel de la vía de Almorchón, cogíamos un camino paralelo a las vías, que dejaba a la derecha un callejón, aparentemente siniestro, de la vía de ferrocarril de entrada a la Campsa (Compañía Arrendataria del Monopolio de Petróleos Sociedad Anónima), que describía una curva desde la playa de vías.

Fotografía aérea actual con detalle de los distintos lugares

Luego se subía un pequeño terraplén y una explanada te llevaba a las calles de la Colonia de la Paz. Hacía el oeste el edificio de Noreña, y el Silo, del Servicio Nacional del Trigo, eran el "sky line", el resto el viaducto el campo y las huertas. Marqués de Cabriñana (de los recuerdos de mi abuela Antonia en el cortijo del mismo nombre), Del Islam y Asín y Palacios (arabista aragonés), eran las calles del barrio. Las nenas vivían en Marqués de Cabriñana, a mi me gustaba Maruchi, y a Pepín, Angelita, otra de las amigas ya se había encargado de decirme que yo le gustaba a Maruchi.

Plano del yacimiento

Quién nos iba a decir a nosotros que nos movíamos por encima del uno de los mayores yacimientos arqueológicos de Córdoba, y una de las vergüenzas mayores años después, en cuanto a destrucción de restos, modelo de lo que no debe hacerse jamás entre la familia arqueológica mundial. Y luego ponemos como cafres a los talibanes con la voladura de los Budas. A pesar de ello años después tuve conocimiento de que en una de las interesantes publicaciones de la Real Academia, se publicó un artículo de los restos encontrados cuando la construcción de la estación de Cercadilla. Ya esta construcción había perforado muros para pasar cañerías, y los pórticos subterráneos estaban perfectamente dibujados en el trabajo.

Recreación virtual del palacio

En la fotografía aérea de Google, actual, pueden verse sobreimpresionados los diferentes lugares del yacimiento, otros se salen de él y sólo he señalado su dirección. El yacimiento actual es un 30% del total, el resto está destruido debajo de las vías "saecula saeculorum", como los budas citados, existe poca diferencia. No he querido entrar en grandes descripciones porque hay mucho y de mucha categoría y escrito y me he permitido simplemente  trascribir el panel informativo de la entrada.

Plano general del parte del yacimiento

"En los terrenos del yacimiento de Cercadilla se localiza un fastuoso palacio construido en los últimos años del siglo l a.C. y los primeros años del siglo IV (293-305 d.C.), atribuido al emperador Maximiano.

El complejo palatino alcanza más de 400 m. de longitud por 200 de anchura y se articula a través de un gran criptopórtico (pórtico subterráneo) semicircular (1) de 108 metros de diámetro y más de 150 m. de recorrido. Este criptopórtico, posee una altura de 4 m y una anchura de 4,5 m. y gracias a su erección fue posible crear una gran terraza artificial en torno a la cual se disponen los edificios que forman este gran complejo palatino. Se accedía a su interior a través de un único vano precedido triple arco triunfal, sostenido por columnas, que realzaba este acceso (14).


Galería subterránea

El palatium estaba presidido por una gran aula basilical (2), sala de representación imperial, en donde se llevaban a cabo las audiencias. Inmediatamente al Norte de la misma, un conjunto termal de carácter eminentemente restringido, permitía al emperador y a sus acompañantes, cuidadosamente elegidos, retirarse a disfrutar de momentos de intimidad.


Sala poliabsidiada norte

A ambos lados de la gran aula de representación imperial dos salas de banquetes triclinium y estibadium (4) con plantas arquitectónicas completamente distintas, permitían la celebración de este tipo de acontecimientos. Otras dos aulas basilicales, de pequeñas dimensiones (5), servían como salas de audiencia para importantes cargos de la corte imperial o para funcionarios relacionados con la administración en Hispania. Las salas poliabsidadas situadas en los extremos del pórtico semicircular (6-7), cerraban el trazado del mismo y servían, al igual que las aulas basilicales menores, de acogida para los funcionarios de la corte.


La basa citada de la sala

Al Oeste del aula poliabsidada Norte, se levantó un edificio de doble cabecera absidada(8) probablemente un ninfeo. Los apartamentos imperiales son los edificios que cierran todo el conjunto (9). Están situados en la zona más alejada de las salas públicas y se organizan en estancias de pequeñas dimensiones destinadas a la residencia y descanso del propietario de esta magna obra.


Pozo

El palacio, levantado sobre una villa suburbana preexistente constituye un unicum. Es decir, no contamos con otro edificio de las mismas características en todo el territorio ocupado por el Imperio Romano. Constituyó el palacio y sede del emperador Maximiano durante su estancia en Hispania (296-297 d.C.).

Itinerario de la visita: 1. Criptopóritco. Cabecera de la plaza semicircular. 2. Aula de representación imperial. 3. Conjunto termal. 4. Stibadium. 5. Aula basílica¡ menor norte. 6. Sala poliabsidada norte. 7. Sala poliabsidada sur. 8. Ninfeo. 9. Apartamentos imperiales. 10. Muro de la qibla de la Mezquita. 11. Casas califales. 12. Acueducto romano y ramal medieval. 13. Baños emirales (actual Edficio América). 14. Puerta del Palatium de Corduba


Parte de la sala poliabsidiada norte

Al menos desde el siglo VI, una parte del antiguo palacio (5, 6 y 8) será reutilizado como centro de culto cristiano y a su alrededor se concentrará una gran necrópolis cristiana, que seguirá en uso durante la dominación islámica de la ciudad constituyendo una de las necrópolis mozárabes más importantes de al’Andalus. Alrededor de este centro cristiano se dispuso un importante barrio durante la etapa emiral del que nos han quedado vestigios de algunos de sus edificios como es el caso de unos baños (13), hoy musealizados en la planta baja del Edificio América en la C/ Antonio Gaudi.

A partir del siglo X un gran arrabal se asentó sobre los restos del antiguo palacio romano, del centro de culto cristiano y de la necrópolis. Este barrio se organizó a partir de un urbanismo ortogonal, con calles perpendiculares, plazas y adarves. Hacia estos espacios públicos se abrían las viviendas (algunas de las cuales pueden verse bajo los sótanos del Hotel situado en la C/ Al’Andalus, en la Estación de Autobuses o en el mismo yacimiento) y los edificios públicos, de los que hasta el momento se conocen una mezquita (10) y un zoco. El barrio y la necrópolis se abandonarán durante el siglo XI, con motivo de la guerra civil cordobesa.


Dependencias imperiales

Ya en el siglo XII, reutilizando la cabecera del antiguo ninfeo del palacio, se construirá una alquería, vinculada a la producción de aceite y a la fabricación de cerámica. A partir de este momento no se vuelve a tener constancia de ocupación de esta zona, que pasará a ser utilizada como huerta hasta que en el siglo XIX se empiece a ocupar como área industrial y ferroviaria."

Zona termal

La visita es, dentro de lo que queda, interesante. Nos permite imaginar lo que se ha destruido y lamentarlo. Decir que existen diferentes interpretaciones del lugar, por ejemplo, la del arqueólogo Pedro Marfil que estima que  el palacio nunca fue tal, sino que era un gran edificio que el Obispo Osio mandó construir en honor a San Acisclo. Las razones, porque el edificio está construido utilizándose una unidad de 80 cm, que es una medida de construcción cristiana, técnica no utilizada bajo el mandato del emperador Maximiano Hercúleo. Claro es  lo que ocurre con los diferentes criterios de los profesionales.


Fotografías del autor y de la web Cercadilla
Bibliografía del panel informativo del yacimiento.


Más fotografías del yacimiento
la Sala Poliabsidiada sur en la Avda. de América

Señalización de la zona arqueológica

En esta fotografía se puede ver la magnitud de lo destruido, arrasado es la palabra.
En este lugar señalado estaba el edificio de la estación del ferrocarril de la sierra, Cercadilla.

Parte de la sala poliabsidiada sur

Galería subterránea que ya estaba datada con la construcción de Cercadilla


Otra visión del sector sur.

Señalización en la entrada oeste
Una vista general desde la puerta del oeste 

En esta serie de fotografías, que completan el resto del yacimiento por el sur, un resto simbólico, de vergüenza de las administraciones de lo que se podía haber salvado. La pena es que luego a los particulares dejan caer, con razón posiblemente el peso de la ley en toda su magnitud, incluyendo la pena de prisión inclusive. Y en este caso, no sólo no les ocurre nada a los responsables, que dicen obrar en nombre del interés general ¿cuál es ese interés general? ¿el de la estación que podía haberse modificado? ¿el del pasado que ya no tiene arreglo? sino que hasta consolidan un retiro máximo por los inmorales sueldos que perciben, o un sillón con más respaldo. 
¡País! -como dice Forges-.