Portada del libro
Los que hemos estado siguiendo de cerca los pasos de José Gabriel Venegas, en su periplo para conocer sus ancestros, sabemos de la dificultad para encontrar todos los recovecos. Los que hemos participado de alguna manera con esa inquietud del descendiente de un cordobés aventurero que hizo las américas como todos. Que sean los españoles mejores personas que cualquier anglosajón de los que eliminan civilizaciones e hicieron de USA un país de emigrantes. Un país que hoy en día expulsa a emigrantes por ser descendientes de aquellos españoles e indígenas con los que se mezclaron. Yo no lo creo, pero pudo, seguro, haber alguno buena persona, pero ya lo denunció Bartolomé de las Casas, que no era sospechoso, en su “Brevísima relación de la destrucción de las Indias”. Y la pena es que esas fuerzas neonazis que detienen hasta niños (niños más americanos que los ICE) que han nacido en USA, con nacionalidad por lo que debe imperar, nacimiento. Si me aprietan, los ICE son más racistas que aquellos que esclavizaban a los negros, y son seguro descendientes de emigrantes, porque lo contrario sería que son indios nativos o descendientes de estos. Una cosa ¿son los ciudadanos USA iguales que los ICE? De ninguna manera, hay millones de americanos USA, que no están de acuerdo con el individuo naranja, tambien descendiente de emigrantes, como su esposa.
Pero el asunto que nos ocupa es, que este libro lo es a modo de epílogo de lo que me parece una epopeya de los siglos XX y XXI, y no vamos a arreglar la condición humana de ninguna de las maneras por mucho que queramos. Es a modo de cierre del capítulo de unas vidas que parten de Córdoba y acaban en la Colombia actual. Es cruzar el Atlántico en un barco pequeño, el IPANEMA en un viaje de ida y vuelta con todas las peripecias que conllevan esas travesías, que pueden salir bien o mal. Con una capitana brasileira, Magnolia, compañera de fatigas de José Gabriel, que tiene el valor reconocido, y su hijo y sus cuñados, no como algunos que sólo se nos supone en la cartilla militar. Nos citan a algunos cordobeses en ese libro, porque hemos formado parte, de una u otra forma, de la historia como colaboradores “casi necesarios”, cada uno en su parcela. En realidad, lo único que hemos hecho todos ha sido un poco de patria, ofreciendo hospitalidad, ayudando a un amigo a satisfacer el deseo que tenemos todos, saber de nuestros ancestros y que se quede escrito para las generaciones posteriores.
Hay que echarle mucho valor para hacer la travesía de ida y vuelta, de subir hasta Sevilla por el Guadalquivir, desde Sanlúcar de Barrameda. Incluso después, por capricho, navegar por el Estrecho de Gibraltar. Aprovechar los alisios, para enfilar desde Canarias al Golfo de México, porque el otro nombre no es un accidente geográfico, es simplemente un accidente mundial. Pero lo importante es el trabajo realizado, el objetivo cumplido, y la satisfacción personal sobre todo, que es lo que más vale. Cuando cada vez nos queda menos tiempo y sobre todo ganas para hacer cosas. Enhorabuena José Gabriel y Magnolia, o al revés, por aquello del “tanto monta monta tanto”. Sin Magnolia no podría haberse realizado la epopeya. El libro se puede adquirir en Amazon.es, en la modalidad de tapa dura, blanda y digital. Al alcance de todas las economías. La presentación en Córdoba -según me comunicó ayer el autor-, es el martes 21, en la Fundación Cajasol, a las 20,00h. presentado por Antonio García-Abasolo, Catedrático de Historia de América de la UCO. FUNDACIÓN CAJASOL CÓRDOBA, Avda. Ronda de los Tejares, 32, 14008, Córdoba - Teléfono:cajasol 957 748 046, fundacioncordoba@cajasol.com
“BUSCANDO SUS RAÍCES
Un apellido, “Venegas”.
Un nombre, José Gabriel.
Una búsqueda.
El motivo de la búsqueda: encontrar sus raíces.
Solo tenía un apellido, apenas siete letras, Venegas.
Poca cosa, aun así, no le importó.
Muchos miles de millas, avión, coche, tren, barco.
Llamadas a gente que podía darle algunas pistas, algún hilo conductor del que tirar.
Tenía ante sí un puzle al que le faltaban muchas piezas.
Poco a poco algunas iban encajando.
Toda una odisea, para saber algo del pasado de sus ancestros.
Sin ninguna duda un hombre con mucha sensibilidad por encontrar el eslabón perdido de su linaje. Gracias a su tesón, encontró lo que buscaba.
Encontró la casa donde habían vivido.
Caminó, por donde ellos habían posado sus pies.
Las paredes que escucharon las voces de antaño, también se impregnaban de las suyas.
Posó sus ojos, por lugares donde ellos pasearon sus miradas.
En el largo camino de su búsqueda, también encontró grandes amigos con los que se sintió arropado en la lejanía de su hogar.
Cuando pasen muchos lustros, quizás solo quizás, algún día, alguien inquieto como él, con un afán desmedido por encontrar sus raíces buscará, y seguirá la pista de un antepasado suyo, un tal José Gabriel.
Conchi Carnago”
Toda búsqueda comienza con un nombre y termina con un abrazo.
Sobre los Venegas en Notas Cordobesas
Fotografías del libro y la red
Bibliografía del libro.





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