Es la imagen icónica de España
Tanques de Milans en Valencia
El otro día me comentaba Conchi, el susto que nos dieron. Yo trabajaba en el Ministerio de Defensa y por la mañana del día 24 teníamos que estar en la oficina. Mi compañero, que había estado condenado a muerte en el anterior golpe, me llamó por teléfono y cumplidor como era por ser ácrata convencido, me dijo: -Niño tenemos que ir al trabajo, la cosa está más calmada. El objetivo lo han cumplido. Y nos juntamos como todos los días para ir al trabajo. Cuando llegamos el personal de uniforme, tenía puesto el de campaña, y estaba cabreado, oímos conversaciones quejándose de la marcha atrás. Las listas de personas a “controlar” estaban en las mesas. Los tanques habían sido guardados en Valencia, y los Guardias Civiles estabana saltando por las ventanas del Congreso, muchos de los cuales chulearon en los bares de su pueblo después. Y eso que la Benemérita había sido el único cuerpo fiel a la II República.
Una de las listas para el paseo
De todas maneras fue una acción cutre, vista desde la distancia, lo cutre lo llevamos en la sangre. Mi compañero no hablaba nada más que conmigo, ácrata y con el expediente en la caja fuerte del “top secret” del Jefe. Mí expediente era sólo verbal. Yo estaba catalogado de comunista, sin serlo de carnet, aunque otra cosa eran el corazón y las tendencias. Como buen ácrata, mi compañero también me reprochaba las andanzas de Lister en el Alto Aragón, como si yo tuviera que ver algo con eso. El Partido era la única organización política antifascista de este país, otra, que luego con el beneplácito incluso de los golpistas, a lo mejor amasado con Armada en Gerona y en la embajada USA, estuvo de vacaciones hasta Suresnes, más o menos.
Salto por las ventanas
La verdad es que cuando me despedí de mi familia esa mañana lo hice con el miedo de que íbamos mi compañero y yo a ser los primeros en caer, que no volveríamos a nuestras casas. Era difícil de precisar y más aún poder quitarnos esa sensación. Pero nos presentamos en la boca del lobo y cumplimos con nuestro trabajo diario, hacíamos las nóminas del personal de la plaza. Entre miradas más o menos cómplices y comentarios cuando estábamos seguros de no ser escuchados, acabó la mañana y volvimos a nuestra casa. Ya en la calle, fuera del centro de trabajo; las armas; los trajes de campaña; el cabreo por haber sido parados; el tener que romper las listas de personas que seguirían viviendo, o guardarlas para mejor ocasión, quedó en el centro de trabajo. Habíamos pasado mucho miedo pero parece que el peligro se alejaba.
Cartel del PCe en 1977
Yo seguí perteneciendo a esa empresa treinta y un años más, con un paréntesis político de cuatro años, y otro de prestación de servicios en la administración local, que restaron unos años, a los treinta y uno, pero la jubilación en 2012, y los últimos seis años de esos 31 citados, fui funcionario de la Administración de Defensa. Se me quiso homenajear en la jubilación, a lo que me negué tajantemente, llegó el día y me despedí con quien me crucé y quiso y hasta hoy han pasado afortunadamente catorce. Pero la realidad es que hacen cuarenta y cinco años de la penúltima zozobra que nos suministró la bota.
Fotografías de Internet
Bibliografía de la memoria personal.





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