sábado, 17 de septiembre de 2011

CALLEJA DE LA HOGUERA, O DE LOS QUERO, O DE LOS QUERO Y DE LA HOGUERA.

Desde Céspedes, al fondo alminar y arriba el yamur

Hoy me voy a referir a la actual Calle de la Hoguera, que antes se llamó de Quero, y antes otra vez de la Hoguera. Eran dos barreras o azucaques como las llama D. Teodomiro Ramírez de Arellano a las callejas sin salida, una por Deanes y otra por Céspedes. Las conocí separadas ambas por cada lado, aunque creo que desde alguna propiedad se podía salir por un lado y otro. Eran tiempos de escaseces, aunque afortunadamente en mi casa, bien por la administración austera de mí madre, y por el trabajo de mi padre no faltaba, por lo menos el pan en la alimentación. Bien es verdad que cuando estabas con anginas o resfriado, te compraban a lo mejor un plátano y cincuenta gramos de jamón, cuestión por la que se puede deducir que, de jamón entero nada de nada.

Rótulo del nombre antiguo

La plazuela que une las dos calles, creo recordar que era el patio de una de las casas que configuraban la unión de las tres propiedades implicadas, y pertenecía a una de la calle Conde y Luque, era de unos labradores, que después se mudaron a Romero. El hijo de ellos de mi edad, Paco también, que era amigo, me llevó varias veces a su casa y entonces pude comprobar lo que era estar bien. Tenía una sala, como ahora nuestros nietos o la tuvieron nuestros hijos, abarrotada de juguetes, y eso que yo no me puedo quejar por esa parte, pero claro la cantidad era enorme a mis ojos.

Primer arco desde Céspedes, ventanas 
de la casa número 5 de Conde y Luque

Otra cosa que me llamó la atención fue la despensa, una habitación entera con chorizos y morcillas colgadas, y jamones –pluralizo porque era así-, incluso sacos de garbanzos y todo tipo de legumbres, y una inmensa cantidad de latas de conserva, incluido hasta un cubilete de sardinas arenques. No supe explicarle bien a mi madre, el descubrimiento, lo que había en esa despensa. Nosotros, el jamón de pobre, como se llamaba  a las arenques se compraban por piezas dos o tres, a las que se hacía el ritual del papel de estraza y  quicio de la puerta para aplastarlas. 

Primer ensanche, al fondo Céspedes
a la derecha casa número uno.

En la entrada de Deanes, frente a la Casa del Inca Garcilaso de la Vega, hijo de hidalgo y princesa inca, la calleja tenía, que aún tiene y con un precioso patio, una casa donde vivía mi amigo el panadero. Mi madre decía con un misterio que su madre sufría de llagas, ese era un nombre disimulado para la lepra, a mi desde luego me parecía una exageración, pues pudieran –lo he pensado después de mayor- ser ulceraciones. La lepra era una enfermedad que aún se consideraba maldita, y nos contaban, posiblemente para asustarnos, que había personas con ella en el Hospital de Incurables de San Pedro de Alcántara, frente al de Agudos en la Plaza del Cardenal.

Puerta de entrada a la Universidad Islámica

Entrando por Céspedes, la casa de lo que es hoy la Universidad Árabe, pertenecía a un platero, Gutiérrez Gan, se accedía a un patio primero y sabíamos que tenía piscina en otro interior. Yo la frecuenté mucho por estar desde muy joven, nueve años trabajando en la joyería e iba a ella a llevar y traer material para el taller. Tenía varios hijos pero el que estaba más relacionado con el taller era Manolín, ocho o diez años mayor pero que se permitían tener, por lo menos nos lo parecía, una ostentación destacable, ropas, coche, novia, etc. Al padre le decían de mote “Arroz con arroz”, que nunca supe porqué. La semana pasada en Benalmádena salió a relucir ese nombre, después de un almuerzo con mi amigo Paco León y esposa, en una tertulia con un vecino suyo que lo mencionó.

Rótulo de la Mezquita de los Andaluces y Universidad islámica

La novia del Manolín -no sé si acabaron casándose, creo que sí-, era una de las mujeres más atractivas del barrio, vivía en Martínez Rücker. Era hermana del Santi, un pinta con una maestría con el tirador fuera de lo normal.Cierto día le dio a una golondrina en vuelo, con la casualidad de que el animal, cuando cayó, se quedo pinchada en un pararrayos de la Mezquita, en la calle Cardenal Herrero frente a la de Céspedes. En la punta que decían tenía platino como metal noble que atraía las descargas eléctricas, Se conoce que los huesecillos de la golondrina o vencejo y la exposición al sol la secaron de tal manera que estuvo años allí clavados, como trofeo del susodicho tirador selecto.

Primer arco desde Céspedes y puerta de la Universidad árabe

Esta familia se mudó de allí y tuvo una relación con ella, no sé si familiar o profesional uno de los mejores ciclistas que dio esta tierra, Vicente Luque, que corrió en el Ferrys y Licor 43. Después le perdí la pista. La casa la adquirió la Universidad Árabe y yo ya no vivía allí. Posiblemente mi primo Paco tenga alguna noticia de ellos pues sería de la edad de los citados o algo más.La calle de la Hoguera, posiblemente por haber efectuado alguna en el ensanche de la placita que configuran los números 5, 7 y 9, se llamó también de los Quero, en ese tramo. 

Postiguillo de la casa número 9 y ventanas de la 7 de Conde y Luque

Pero ahora se llama en ese lado, en la plazuela, Pintor Miguel del Moral, exagerado rótulo que afea más que informa, por haber vivido en la casa de la esquina la número 9, desde 1962 hasta su muerte en 1998. Es decir tiene un nombre distinto, pero la numeración es la de la calle completa, empezando como lo hacen las buenas calles, por la parte más cercana a las casas Consistoriales, los pares a la derecha y los impares a la izquierda. Este azucaque o barrera solo tiene casas en el lado de los impares.

Zaguán sostenido por columna central, 
puerta de la casa 7 de Conde y Luque

D. Teodomiro Ramírez de Arellano, dice de ella: “De los datos adquiridos colegimos que estas dos barreras fueron una sola calle llamada en lo antiguo de la Hoguera, sin que sepamos el motivo; después labraron una casa que las separó, aunque quedando de paso y viviéndola un sochantre de la Catedral de apellido Quero, nombre que le quedó a las dos callejas”  Un sochantre, o director del coro en los oficios divinos. 

Puerta al patio de la casa número 3 de la Mezquita

Lo que sí es cierto es que es una de las calles más bonitas de esta ciudad, de más claro sabor musulmán, y no pudo estar en mejor sitio la "Mezquita de los Andaluces / Universidad Islámica Internacional Averroes de al-Andalus" cuyo rótulo está escrito en árabe y en castellano, ocupa la casa número 3 aquella que hablamos del platero Gutiérrez. En ella podemos imaginarnos, sin esfuerzo imaginativo alguno, en cualquier ciudad andalusí del norte de áfrica.

Bóveda de cañón a la Plaza del Pintor del Moral

Desde la calle Céspedes (antes del Baño Bajo) se divisa el yamur de cinco bolas decrecientes, del tímido alminar de la Mezquita de los Andaluces, basada en un pequeño oratorio del siglo X. La qibla, curiosamente se orienta al sur, como la de la Mezquita Mayor. Ricardo Molina dijo de ella hace casi cinco décadas: “esta plazuela con sabor a viejo patio es uno de los lugares más íntimos y secretos de la ciudad”, y llevaba toda la razón, además es un remanso de paz sólo alterado por las campanas de la torre, y no sabemos si por la voz del almuecín. 

La plaza del Pintor del Moral, al fondo el Caballo Rojo, a la izquierda El Burladero

La tecnología actual está instalada y se ven los altavoces, por lo que no es necesario un alto alminar para que la voz llegue a sus fieles, aunque ignoro si alguna vez sonó, o se lo prohibieron. Por otro lado el sonido de las campanas cristianas retumban brillantes, como se podrá escuchar en las primeras escenas del vídeo, y como por teléfono, el pintor del Moral, le retransmitía al poeta García Baena, su amigo, para que escuchase los sonidos de Córdoba en su exilio costero de Málaga.

La bóveda de cañón con la galería superior

Luego un arco que nos traslada al patio que parece particular, lo que hace a los extraños entrar en él con cautela. Ese patio lo conocí como, digo en el segundo párrafo de esta reseña callejera, netamente particular, y la bóveda de cañón preciosa, blanca, brillante, que da salida a la placita del pintor, no existía, por eso fue fácil la apertura. Sólo lo que parece un zaguán por la parte de la calle Céspedes, la bóveda de cañón citada y ya tenemos la apertura completa, ejecutada en los años cincuenta, del siglo XX. 

Al fondo Deanes y la casa del Inca Garcilaso, a la derecha la del pintor

Una columna que no la recuerdo de mi niñez, será de esos recuerdos borrados, u otro decorado turístico más, dice en un texto: “Soy de Luís de Góngora”, a la que se refería Ricardo Molina diciendo: “Lo más sugestivo de estas callejas es el misterio; por ellas me figuro a don Luis de Góngora cuando el barrio de la Catedral era puro silencio”. Una verdadera lástima el tributo a pagar para el turismo, por el escandaloso zoco en que se ha convertido todo el barrio, que no concuerda con la semblanza del Sr. Molina.

Columna citada de Luís de Góngora

Calle de la Hoguera primero, de los Quero después, luego de la Hoguera, la plaza, del Pintor del Moral, es una de las callejas por las que es una delicia perderse, y si es en la primavera deleitarse además con el olor a azahar de sus dos naranjos, y si es acompañado de la persona que quieres mucho mejor. Por poner una nota quejosa, que no la tiene, se echa de menos el rumor de un pequeño surtidor que adultere melódicamente el silencio.

Patio de la casa del pintor Miguel del Moral

El Yamur

La voz del almuédano o almuecin 

Plano catastral, las tres parcelas la 28, 29, 30 y 39 
configuran la apertura, pero la 39 es la más importante



Fotografías y vídeos del autor.
Bibliografía del recuerdo.
Notas de Ramírez de Arellano y Ricardo Molina.

viernes, 16 de septiembre de 2011

DE APARICIONES MARIANAS, EN LA CALLE CINCO CABALLEROS.

El templete de la Virgen de Fátima

Esta mañana del 14 de septiembre, después del paseo, en esta ocasión en bicicleta, por el parque de la Asomadilla, en el que más de una vez pensé estar subiendo el Tourmalet, o el mítico Ventoux, o por poner una cuesta más cercana, la del Cambrón (ahora del catorce por ciento). Ni con el máximo desarrollo alivié el esfuerzo que, al no llevar el avisador del pulsómetro puesto, no me atreví a efectuar ninguna escapada a mí mismo, y me limité a guardar la honrilla y no bajarme cuando estaba deseando hacerlo, con la esperanza que todo lo que se sube después se baja.

La imagen

Luego, ya camino de encerrar la bicicleta, cerca del Barrio de los Apóstoles –como ven todo va hoy celestial- me pasé por el templete que dedicado a la Virgen de Fátima, está ubicado en el acerado de la calle Cinco Caballeros. Allí, dice Bartolomé Sánchez de Feria, relatando los escritos que dijo haber leído y estar firmados por el Padre Roelas por el siglo XVI, relativos a la aparición por esos lares del Arcángel S. Rafael: 

“y salí poco a poco al campo por alegrarme por la Puerta de Placencia, por aquella parte, que llaman el arroyo del Camello. Hasta unos olivares allí junto, y cabe al camino, a donde me asenté en un valladar muy cansado, y tan sediento, y seca la boca, que comprara yo ben una jarra de agua si hubiera quien me la diera. Y sin acordarme, ni aun por imaginación de lo que me pareció oír en mi cama: ‘Sal al campo y tendrás salud’. Y en esta sazón llegó a mí un olor suavísimo como de Cielo, y oigo juntamente pasos de Caballos, que venían a mis espaldas de ázia la ciudad. Volvi la cabeza, vide cinco caballeros muy apuestos, y hermosísimos vestidos de jubones blancos…”

Plano de 1884 con el detalle de la ubicación primitiva de la Cruz de Roelas

En el plano de 1884 está señalada la Cruz de Roelas, un humilladero a la salida de la ciudad. En este mismo sitio se unían el Arroyo de las Piedras y el de la Hormiguita, posiblemente llamado del Camello, extremo que puede verse en el Blog Puente Mayor que perfectamente lo describe. Aunque la cruz estaría, entre los números  nueve y trece de la Calle Cinco Caballeros. Es cierto que de una forma etérea –ya que estamos como estamos- recuerdo esos caminos, de ir con mi padre cuando me llevaba en su bicicleta BH, en un silloncito en la barra. La Avda. de Carlos III era camino donde lo hubiese, y el que comentamos con los arroyos, era uno entre huertas. Una muy famosa era la de Miraflores, con numerosas especies, que era casi un jardín botánico.

Plano anterior superpuesto a la fotografía aérea de Google

Me acerqué al templete y le pregunté a una señora, a la que acompañaba una joven, que trataba de arreglar unas velas que habían en el suelo, desparramadas. 

—Señora, por favor, podría usted contarme algo de este altar, yo lo conozco pero no se su historia. –Le pregunté abiertamente.

—Si señor, porque a mí es a quien se me apareció la virgen. Y me dijo: “Pon la Virgen en una piedra que esto va a ser una feria”, claro la aparición fue en mi casa y como aquí estaban las piedras pues la puse aquí. –contestó bastante amablemente. En un principio me pareció una mujer  de semblante grave, serio, en ningún momento esbozó ni siquiera una leve sonrisa. Sin embargo la joven acompañante se retiro de nosotros y de vez en cuando se reía cuando la miraba.

Posible base de la Cruz humilladero de Roelas

—Bueno estas piedras pudieran ser las de la Cruz humilladero del caso del Padre Roelas y los Cinco Caballeros. –volví a preguntarle.

—Efectivamente -me dijo-, estas son las piedras que estaban aquí otra está allí. -Dijo mirando al otro lado de la calle. 

—Se refiere a la columna del centro del jardín. –le dije señalando al otro lado de la calle donde existe una pequeña placita con una columna en el centro.

Pileta excavada en un bloque de mármol

—No, eso es moderno y no tiene nada que ver. –dijo tajantemente, de una manera que me pareció molesta.

— ¿Y el templete quién lo hizo, creo que por el 96 una empresa constructora, no? 

—Sí, le pedimos a D. Pablo Romero que lo hiciera y lo hizo, ya que antes el ayuntamiento no quería que se hiciera. —Esta cuestión de la negativa del Ayuntamiento del 91/95 la conozco de muy primera mano, luego en el periodo 95/99 el ayuntamiento cambió de color, pero esta autorización mariana se hizo, según la fecha de construcción fue en los primeros meses (diciembre de 1999), del mandato de la actual Ministra de Medio Ambiente, entonces alcaldesa Sra. Aguilar.

Placa conmemorativa de la construcción

—Tiene sentido porque esta familia cuando se estableció en Córdoba lo hizo al final de esta calle, creo que con un bar –continué- ¿Señora y esta pileta de mármol? –le dije señalando a un bloque de mármol tallado, que parece un brocal de pozo.

—Pues estaba aquí, yo le planté dentro unas flores, pero Dios en una aparición me dijo: “Quita esas flores y ponle agua, como si fuera una pila de agua bendita”, y es una orden. Como usted comprenderá ante ello yo le quité las plantas y puse agua. –dijo poniendo la mano en el borde de la pileta.

Pileta de "agua bendita"

—Claro ante una orden así… -continué- pero Sra. debe ser para usted una gran responsabilidad tener esa “comunicación directa”, ya que es un problema conocer muchas cosas antes de que ocurran, aunque creo que todo no lo dirá. –pregunté.

—Claro, le voy a decir una cosa, en cierta ocasión me dijo la Virgen..., 

—La Virgen es de Fátima ¿No? –la interrumpí al a vez que con un gesto le pedía disculpas.

Columna, posiblemente de la cruz primitiva, repleta de exvotos

— Sí. …como le decía, el señor que nos hizo esto, me dijo que iba a sufrir un accidente. –me contestó en un tono que considere como confidencial.

—Me imagino que usted le avisaría al Sr. afectado por la revelación. 

—No, porque pudiera pensar que como nos dio para construir esto, le fuéramos a pedir más. Pero se lo dije a la mujer del carpintero (¿?). 

—Para que indirectamente se lo dijera ¿no? 

Velas en el suelo

—Si eso. Luego días después camino de Sevilla sufrió el accidente y una vez que hablé con él me dijo personalmente, que ya sabía lo que iba a pasar porque se me lo habían dicho. 

—¿Y fue grave?

— No, solo un golpe y fractura de alguna costilla. 

Una señora rezando y algo curioso, a la hora que vaya al lugar siempre 
hay en la ventana de enfrente un Sr. sin camisa (si es verano) mirando.

—Sra. eso es grave. –continué- A ese tipo de responsabilidad me refería yo, que usted sepa cosas que van a pasar y no pueda hacer nada por evitarlas. 

—No se lo puede usted imaginar.  

—Mire Sra.… ¿cómo se llama usted? 


—Antonia Moya. –Cuando me dijo el nombre observé que existe un aviso dentro de un plástico que dice: “Donativo para arreglo capilla virgencita. Los donativos se pueden dar a la hora del Santo Rosario o dirigiéndose a Antonia Moya. Gracias”, luego está claro, que es su nombre.

—Mire Doña Antonia, yo no soy creyente, y no creo en esto, si sé de los recursos que puede tener eso que llaman fe en algo, que en el fondo son las potencialidades del cerebro humano, pero lo que no dudo es que usted escuche esas cosas que dice escuchar y tenga esas visiones, eso evidentemente pensando bien. Ya que en esto hay mucho de aprovechamiento. 

Un Sr. rezando y el Sr. de la ventana.

—Son apariciones, y de cerebro y fe nada. Dos miomas no se quitan con pensar; o una operación de corazón; o una fractura de la cadera; o... –cortó el relato, me supongo de una serie de curaciones inexplicables que comentarán seguramente las personas beneficiadas.

—Señora, no le puedo dar la razón, pero verá que no le llevo la contraria, por lo que le he dicho, la capacidad del ser humano es grande, puede haber errores médicos, etc. ¿Y la Iglesia que dice de esto? –cambié el tercio- porque la Iglesia oficial no se moja nunca en estos asuntos. 

—Nada, a mi me ha ayudado sólo un cura, que ya ha muerto, a escribir mi libro. –me dijo.

—Sí como a la Señora García de Cuenca ¿la conocía? –pude comprobar que no le hizo mucha gracia la mención y continué con lo del libro- Mire, eso me interesa, donde puedo adquirirlo. –le pregunté.

—Está agotado. Hice doscientos ejemplares para los conocidos y amigos, y luego otros doscientos pero no queda ninguno. 

—Qué lástima ya buscaré un ejemplar. –En este momento se acerca un motorista, interrumpe la conversación, y dirigiéndose a mí dice con una confianza que me hizo suponer que me conocía:

—Hola, que estás con la santera.  

—Pues si estoy hablando con Doña Antonia. –le contesté un poco molesto por la interrupción sin pedirla, aunque en principio pensé que venía en plan protector.

—Oye tú sigues trabajando allí donde estabas, y a propósito ¿cómo era tu nombre? -Era una pregunta tipo Gila,  o de diálogo para besugos. Entonces dije, me conoce, y creo que se refiera al Ayuntamiento, pero ni siquiera sabe cómo me llamo. 

—Pues me llamo Paco Muñoz. Y lo del trabajo fue eventual y hace veinte años. –le dije volviendo en seguida a mi conversación con la Sra. Antonia. 

—Eso Paco, que no me acordaba, adiós. -y se marchó. Sinceramente no sé de quién se trataba. Bajito, con un casco integral, sin bajarse de la motocicleta, soy incapaz de relacionarlo con nada, bueno haciendo una gracia me pareció la hormiga atómica, por el conjunto. Lo cierto es que, como el que se pone en la foto sin llamarlo, me estropeo la conversación imprudentemente. Doña Antonia, la santera, en ese momento, hacía ademán de marcharse, por lo que comprendí que la conversación tocaba a su fin. Le di las gracias por su amabilidad, y aunque evidentemente me quedé con las ganas de preguntarle más cosas, me marché yo también. Luego volví para hacer una serie de fotografías. A ella no le pedí una foto porque no lo consideré oportuno.

Me llamó la atención la cantidad de personas que se acercaban se ponían a rezar y se marchaban después. Estuve tentado de preguntarle a un Sr. si estaba allí por algún hecho concreto, pero al verlo tan en trance creí oportuno no molestarlo. Cuando tocamos esas cuestiones íntimas, algunas dolorosas a las que el ser humano se agarra como a un clavo ardiendo, no me parece oportuno hurgar en ellas. Estuve a la espera que se dirigiera a mí pero no lo hizo. Luego una señora se arrodilló y también murmuraba seguro que rezos, y otra y otra.

Estas cuestiones son verdaderamente delicadas, evidentemente yo no puedo aceptar la conferencia con Dios y con la Virgen, porque primero tendría que aceptar su existencia, que no. Espero que la santera no sea una persona de las que dice San Agustín: 

“Los que desean revelaciones merecen ser engañados por el demonio”,  O aquello que: “todos los místicos son de sentir, pero las revelaciones que se pretenden y se desean, son sospechosas” 

La fotografía del exvoto de una Sra. que me hizo pensar en Dolores Ibarruri, pero nada más lejos.

Vamos que sean sinceros, porque seguro que los beneficiados, los que han dejado sus exvotos lo son. De ellos no podemos dudar, y son muchas las fotografías, flores, regalos, incluso una placa grabada, en función de la solución o el poder adquisitivo del beneficiado. Hay una fotografía que al pronto me pareció la de Dolores Ibarruri, cosa que me llamó la atención pero no es. Lo que de verdad está claro es la enorme soledad, en la que, los seres humanos, muchas veces se sienten, y la necesidad dentro de su pequeñez, de buscar donde agarrarse para la solución del problema que le acucia.

Mi estimado amigo Molón Suave, del blog el Cuaderno Escarlata, dijo en cierta ocasión que, a ningún indio (de la India o piel roja, porqué no) se le ha aparecido nunca la virgen, o a un chino, o a un indígena del Amazonas. Siempre las apariciones son deseadas y basadas en las enseñanzas previas de la infancia. El modelo de aparición coincide con lo reflejado en la liturgia habitual de cada lugar, con la enseñanza recibida o inyectada. 

En fin, desde el respeto a lo que se haga desde el corazón, si no existe ningún tipo de interés, que cada uno saque sus conclusiones, compare esto si quiere con el film “Año Mariano”, con el Escorial, o con una ONG del necesario amparo a la soledad de los humanos y, guardando las distancias, piense que una cosa así serían los comienzos de Lourdes o Fátima, de la que esta es “sucursal”, o incluso los comienzos de la Iglesia Católica o cualquier otra confesión, basada en visiones de alguien más o menos sincero, o lo que es peor, más o menos listo. Pero en realidad, desde la barrera de la distancia y el escepticismo, se me quedan muchos interrogantes en el tintero. A saber: Una construcción privada en un lugar público como es un acerado. ¿De quién es la propiedad? ¿Quiénes son los responsables? ¿Está cubierto por algún tipo de seguro, aunque las iglesias al uso lo están? ¿Hay transparencia en las donaciones?
Fotos del autor y aéreas de Google
Bibliografía de la calle.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

MANUELA RAMOS GUERRERO, "LA MANOLA", HINCHA NÚMERO UNO DEL CÓRDOBA C.F.

Doña Manuel Ramos Guerrero, "La Manola"

Los veranos en los barrios, a falta de aire acondicionado, requerían de silla de enea, botijo, y puerta de la vivienda en la acera, o lo que es lo mismo tertulia hasta altas horas de la noche, ya que al no tener televisión o tenerla solo los pudientes, que no era nuestro caso, quedaba la charla ciudadana. Corrían los años cincuenta hacía el final de la década, mi casa estaba en la Mezquita, éste entonces era un barrio sin la aglomeración turística actual, de casas de vecinos, curas ensotanados, mucha chiquillería, que jugaba a un partido de carabineros, a la “una mi mula” –piola, o pídola que es más “fisno”-, sin coches en la calle, con olor a azahar en su tiempo, a dama de noche y jazmín en verano, y por todo ello podía considerarse un lugar feliz, desde la nostalgia de lo que no puede volver, dentro de las carencias que, como no había incitación al consumo, se podían sobrellevar. 

Comienzo de Cardenal Herrero actualmente

Los adultos sentados en las sillas de enea, alguna con olor a Zotal todavía después de haber pasado la revisión de chinches, y los chavales en la losa fría del escalón del puesto de pan, del horno de Enrique Fernández, de la Puerta de Almodóvar, de la calla Madera baja, que regentaba la Juana Benegas, que era la suegra-suegra de mi tío Fernando. Cada noche veíamos desfilar una serie de personajes “ilustres”, entrañables me parecen a mí ahora en la distancia, sobre todo cuando tiene capacidad de valoración. Primero pasaba el ciego, que se paraba poco, era un hombre malhumorado, había visto hasta los treinta años y quedado ciego por un accidente. Mi padre lo cabreaba diciendo bajito, casi en susurro, pero que la compensación de los sentidos que tenía el ciego le permitía oírlo, teniendo en cuenta que lo decía a sabiendas de que lo oía: 

La calle Judería actualmente

—Niño, este ciego ve. 

—¡Qué yo veo, hijo de puta!, a ti te daba yo esto que me ha tocado a mí de no ver. 

Gritaba, e insultaba, a la vez que describía un círculo de casi 360 grados con el bastón que, como estábamos avisados procurábamos estar todos fuera de él, incluso cogiendo cada uno su silla. Y se marchaba relatando en dirección a la Virgen de los Faroles.

Luego los parroquianos de la taberna la Mezquita, iban desapareciendo poco a poco, salvo que estuviera en ella el López, chatarrero del sótano de la calle Cardenal González, con dos copas que alteraba el horario. Al final de la jornada, las señoras prostitutas del Charco de la Pava, se paraban a dar las buenas noches, e incluso tomaban un trago de agua del botijo, después de manifestar sus quejas por su trabajo, camino de su recogida, que normalmente era en los portales de la Corredera. Antes de la prostitutas, pasaba con parada prolongada, el personaje central de este artículo, Doña Manuela Ramos Guerrero, “La Manola”, la hincha número uno del Córdoba C.F.. Manola era de San Lorenzo, de la calle Montero, allí nació, allí vivió, y allí murió.

Mi casa con las reformas actuales

Conocía, por conversaciones con mi madre, a mi tío abuelo Manuel Roldán Carreras, que a pesar de haberse ido a la Lagunilla con su hermana, cuando se casó volvió a la calle del Agua. Trabajaba para el ayuntamiento en la limpieza de plazas del mercado. Cuando volvía de la limpieza posiblemente de la de Fleming, se sentaba un rato en la tertulia con mis padres, y como conocía a mi padre, ya que eran de la misma edad, y ambos tenían la misma afición por el fútbol, discutían jugadas de los futbolistas de su Córdoba, que a mí me sonaban a chino. Ya parecía una mujer mayor, aunque joven de edad, pero tenía un nervio especial, yo le calculo que tenía en aquel tiempo unos cuarenta y pocos años. Era ocurrente con un lenguaje de barrio, por lo que mi madre le preguntaba una vez y otra que había querido decir, porque su argot lo desconocía. 

Miguel Reina y Mingorance

Diez o doce años después, cuando yo trabajaba en la empresa de autobuses de cobrador, se subió en el autobús conmigo para ir a su trabajo, en aquel preciso momento yo tenía un altercado con un individuo que me parecía iba bebido, ella se quitó un zapato y le pegó al provocador en la cabeza con él, diciendo que a los trabajadores no se les podía meter broncas. El individuo ante tal ardor guerrero, como su segundo apellido, se bajó inmediatamente. Ella se acordaba de mis padres y de mí, pues luego me preguntó por ellos, ya no vivíamos en el barrio y ella seguro no pasaba por allí tampoco. La defensa no fue sólo por la amistad con mis padres, y el conocerme, es que ella era así de solidaria con los trabajadores y la gente. E igual nervio y ardor lo demostraba en el campo todos los domingos.

Manola tenía pasión por un futbolista, Mingorance, que le hacía quedar afónica en los partidos gritándole, según decía mi padre. También recuerdo a un tal Onega, argentino y a Benegas, que mencionaba, en realidad animaba y gritaba a todos, cuando lo merecían y en especial al árbitro. Verdadera pasión tenía por Rafael Campanero, el presidente, del que decía:

Rafael Campanero, hace unos "pocos" años.

—¡Leche! Cada vez que hablo de Campanero lloro. Es el que más gloria le ha dado al Córdoba. 

Manola se había quedado viuda, y siempre la acompañaba su hermano al campo, al que cuidaba ella también, por no estar muy normal del todo. Éste creaba unas situaciones trágico-cómicas cuando le colaban un gol al Córdoba, le daba un ataque y se desmayaba, teniendo que intervenir la Cruz Roja. También se cabreaba en demasía, cuando le cantaban, a propósito, con música de pasodoble taurino “Martorell, tu padre es tuerto”, era Rafalito un incondicional del torero cordobés y no consentía nada que lo desmereciera.

Cromo de una baraja de cartas 9 de oros Mingorance

Manola fue una institución en el Córdoba C.F., posiblemente haya sido la hincha número uno. Tenía paso franco en los vestuarios, e incluso iba a los desplazamientos con el equipo, salvo a Barcelona que decía que no iba  por el “reoma”, que había allí mucha humedad. La paga “del 18 de julio”, que así se llamaba la que ahora de verano, decía que la dedicaba a pagar el abono. Su anecdotario es muy amplio. En cierta ocasión le tiró una silla a un árbitro, después de un altercado, y le dio en sus partes más nobles. Fue denunciada y en el juicio el juez le dijo: 

— ¿Vd. Señora en el acto ejecutado lesionó a D. Fulano de Tal en los testículos?

—Sr. Juez, –le contestó— yo no sé qué es eso de los testículos, yo se que le di en ¡“toa” mitad de los huevos! pero es que el antes me dio una patada en la “chochada”.

Aquella salida hizo que rompiera la sala en carcajadas, no pudiendo nadie contenerse. Fue absuelta porque el Juez considero que la agresión fue mutua. En los desplazamientos también existió algún tipo de trifulca con los hinchas contrarios. Era valiente defendiendo los colores de su Córdoba. Luego murió su hermano y ella por los ochenta dejó de acudir al campo. Murió en 1997, mi padre en el 2001. Creo sinceramente que no tiene el reconocimiento que debió tener del Club al que dedicó su vida, pero eso es normal, quien más da, es siempre quien más pierde.

Fotografías del autor y de la red
Bibliografía personal y de la red.

martes, 13 de septiembre de 2011

CENTÍMETROS DE ANATOMÍA FEMENINA REGLAMENTARIOS PARA ENTRAR A LA MEZQUITA

Perspectiva del bosque de columnas de la Mezquita

Esta mañana, después de unos cuantos kilómetros andados, en el ánimo de rebajar algo de peso y darle castigo al aparato circulatorio, recalé para descansar en el patio de la Mezquita. Me senté en las cercanías de la Puerta de las Palmas, recordando juegos infantiles que realizábamos en aquel lugar, idóneo para las madres, a sabiendas de que no se sobrepasarían sus hijos las fronteras de cualquier puerta. 

Caño de desagüe de la fuente, habría que cortarlo por tener forma fálica.

Pero cuál es mi sorpresa que, a todos las mujeres que pretendían entrar, y que sus vestidos eran más o menos escotados, o sin mangas, le obligaban a que se pusiesen una rebeca, o que tapasen la “impudicia” femenina, en suma que se tapasen los hombros o cerrasen el escote. Evidentemente a juicio del guarda de la puerta, ya que este era el que le parecía bien o no le parecía. Lo que no tenía es metro como aquel censor de tiempos oscuros -que pensaba habían pasado-, que medía la longitud de las faldas.

Obscena Fuente del Olivo con cuatro caños en forma de seno femenino..

Entonces la rigidez de la religión católica obligaba a las mujeres -casi siempre es a ellas, bueno a los hombres a ir descubiertos, recuerdo otra vez un señor, que se tapaba una calvicie fruto posiblemente de quimioterapia, fue obligado a que se quitara la gorrilla que llevaba, si no, no entraba-, a usar un velo que le cubriera la cabeza, y a llevar mangas hasta la muñeca para entrar a la Mezquita. Los hombres descubiertos, las mujeres bien tapadas y cubiertas. ¿Qué diferencia existe con los problemas del velo en algunas musulmanas?.

Chal de la señora que probó con las bolsas de plástico

Como muestra un botón. Aunque fueron varios casos, concretamente cuatro, los sucedidos durante el tiempo que estuve sentado, que además no pasó de diez minutos. Llegaron dos matrimonios a la puerta. El guarda, que ejercía de portero-censor, valoró a una de las señoras y le pareció bien, pero la otra llevaba unos tirantes dejando al aire los hombros, muy bonitos por cierto, y le dijo que así no podía pasar. La otra señora sacó dos bolsas de plástico y se las puso a su amiga o familiar debajo de los tirantes.

Chal rosa, como se puede ver enseña la espalda, pero
 tiene el visto bueno del censor porque tapa los hombros

Aquello resultaba grotesco, con el plástico –lástima no haber tenido yo alguna bolsa grande- no consiguió tapar parte del escote, los hombros sí, pero no pasó el examen del censor. Éste, la envío a una tienda frente a la Puerta del Perdón a que se comprara un chal, como el que se ve en la fotografía, so pena de no dejarla pasar. Al pasar por mi lado después de haber efectuado la compra, les pregunté, qué cuánto les había costado el chal, y que la Santa Madre Iglesia le estaba haciendo el septiembre, porque el agosto se lo habrían hecho el mes pasado, a la tienda de los chales. 

Precioso juguetito hidráulico, de quita y pon, como 
el reloj del albañil, una veces está y otras no.

Dijeron que les parecía una vergüenza lo que estaba ocurriendo, que era de siglos atrás, yo intenté decirle que eso era lo que había, pero que podían haber forzado la situación con un periódico, se hace un chal con papel, y ya está. Pero no estaban por la labor. Y así sucedió con varias señoras, lo que no sé es si se le acabaron los chales, a la tienda que existe en lo que fue la casa del canónigo Torres. Y uno no tiene a las nueve de la mañana muchas ganas de meterse en líos. Luego cuando volvía a casa me encontré con unas amigas, que se sorprendieron de la cuestión, bueno Toñi no, porque dijo que a ella la echaron para atrás en Fátima, por llevar unos pantalones cortos por las rodillas.

Caño del olivo, que habría que tapar pues parece un 
seno de mujer. A los chiquillos siempre nos lo pareció
 y lo tocábamos con las bromas, aunque estaba algo frío.

Es decir, el problema es centímetros de carne al aire, a juicio de un guardia de seguridad de una empresa determinada. No dudo que el profesional tuviera instrucciones de los dueños, pero nada escrito en ninguna norma, y nada concreto, la prohibición o no a su albedrío, porque en la norma habría de ponerse un modelo y una medida en centímetros de lo que se puede enseñar o no. Lo que es una vergüenza, o lo que no lo es, para el Dios de los cristianos que, sin entender mucho yo, me imagino no entraría en estas hipocresías.

En las lápidas que había antes, al pie, decía: 
"Sacerdotes diocesanos  vilmente asesinados por las hordas marxistas en la revolución comunista 
de 1936". Y se quedaron descansando. Hoy está suavizado el texto. 
"Sacerdotes diocesanos que dieron su vida por Cristo en la persecución religiosa 1936-1939"

Además el "censor" sin saber idiomas, porque los visitantes de otros países recibían la indicación por señas, y era de lo más extraño como se les decía que debían tapar su cuerpo serrano, y las señoras enormemente extrañadas comentaban entre sí la prohibición, pero claro venían a ver el monumento de la Mezquita y, se iban a ir sin verlos por un chal más o menos. Por otra parte como tendrán reservado el derecho de admisión, y es su casa, pues ea. Siglo XXI. 

Fotografías del autor
Bibliografía del directo riguroso.

domingo, 11 de septiembre de 2011

CALLE MORALES Y CASA DE LOS DÍAZ DE MORALES

Puerta de la solariega casa de los Díaz de Morales

Una mañana de domingo que apuntaba fresca valorando el día anterior, pero que aún hacía calor, algo más mitigado, eso sí, pero todavía molesto. Todavía debemos esperar el “veranillo del membrillo”, ese periódico episodio de todos los años, que en algunos lugares llaman de los arcángeles, porque se da por el 29 de septiembre, en el que las temperaturas suben por encima de lo normal y luego vuelven a las de la estación otoñal. En esa época es la recolección de esa fruta -manzana de menor importancia-, que en el sur de nuestra provincia, Puente Genil, la hacen la cuna de la carne de membrillo, y que si te dicen en la tienda que se va a poner demasiado dura (1), debes pedir dos kilos más. 

El paseo matinal siempre genera descubrimientos. Al llegar a lo que fue el Cementerio de Santa Marina, bajamos por la calle Morales, que desemboca en la Plazuela de Don Gómez. Estoy utilizando un nomenclátor de finales del siglo XIX. Hoy el Cementerio -el de las miasmas de las epidemias-, se llama Plaza de Santa Marina, el ábside está recuperado para la ciudadanía, y Don Gómez ahora es Don Gome.

Balcón principal

La calle Morales que es la que nos interesa, se llama así por la casa número dos, que era la solariega de los Díaz de Morales, y que fue la principal del mayorazgo que fundó Doña María de Morales. Donde vivió la familia hasta su traslado a la calle Muñices, en la Magdalena. La casa citada de esta calle, tiene en su portada el escudo nobiliario de esta familia, muy deteriorado, primer y cuarto cuartel de oro y un moral verde, y el segundo y tercero de platas con tres fajas de sable.

El escudo nobiliario de la familia

En la casa se colocó un caballo de  piedra -dicen que romano-, en una fuente, que se extrajo por el 1847, de la casa número 8 de Muñices. A finales del siglo XIX, el 16 de febrero de 1876, murió en Córdoba con 85 años, el último de los Caballeros Veinticuatro, D. Rafael Díaz de Morales y Bernuy. Se había casado con la Señora Doña Dolores Pérez de Barradas y Arias de Saavedra y vivían en la casa principal del mayorazgo, el 8 de la calle Muñices. Está familia tenía panteón en la capilla Mayor de la Magdalena, que era patronato de ellos. Donde parece que estaba enterrado, entre otros miembros de la familia, D. Francisco Gutiérrez de los Ríos y Díaz de Morales, que ejerció de magistrado en Filipinas y además fue capitán de Navío.

Fachada con coche adosado

D. Teodomiro Ramírez de Arellano, nuestro recurrido notario del pasado local, estaba emparentado con esta familia. Su esposa, Doña Rafaela Díaz de Morales y Pérez Barradas, fue hija de Rafael Díaz de Morales y Bernuy y María de los Dolores Pérez Barradas y Fernández de Córdoba. Así que el último de los Veinticuatro era su suegro. Nos perderíamos en títulos nobiliarios, parientes, etc., y andaríamos por las ramas de esos árboles genealógicos, que al final todos acaban, seguro, en los Fernández de Córdoba, o en los Egas Venegas, por mencionar dos de los apellidos más importantes. Evidentemente desde la ocupación cristiana.

Plano catastral

La parcela de la casa número dos de la calle Morales, según el plano del catastro, tiene 963 metros cuadrados de superficie, con un total de 1194 construidos. Tiene dos patios y su fachada sur linda con patios del palacio de Viana. Es una deteriorada casa, noble que lo fue, con un pasado de importancia de esta ciudad, que no conocemos por dentro y que los automóviles se encargan de impedir una completa fotografía de su fachada, para no perder la costumbre.

Fotografías del autor y del Catastro
Bibliografía variada.

(1) Como el taladalfilo, sildenafilo o vardenafilo, no existían aún en Puente Genil (patria chica de la carne de membrillo), unos amigos le recomendaron a un Sr. octogenario la toma de carne de membrillo, porque iba muy bien para las disfunciones sexuales. El Sr. llegó a un comercio y dijo: 
—Deme dos kilos de carne de membrillo.
—Sr. con su edad se le va a poner dura muy pronto. —Le contestó el dependiente viendo su edad y estimando el tiempo que tardaría en comérsela, a lo que el octogenario le dijo:
—¡Ah, sí! Pues entonces póngame cuatro kilos.