jueves, 8 de septiembre de 2022

HOSPITAL DE CIEGOS

Hotel Alfaros ubicación del Hospital

En la instructiva página de Facebook “Corduba”, cuyos administradores son Alfonso y Sandra Gómez y entre sus varios Moderadores destaco a Manu Rodríguez, leí el otro día sobre un hospital desaparecido de los muchos que había en Córdoba hasta que se aglutinaron todos en el de Agudos hasta el nacimiento de los de la Seguridad Social que conocemos. Como llamó mi atención le pregunté al Alfonso autor del artículo -que lo aderezaba con unos documentos de la BNE- sobre el trabajo, porque mi memoria no lo situaba. Investigué más y vi que D. Teodomiro lo recoge en sus Paseos, concretamente en el del barrio de San Miguel. Repasé también un excelente trabajo, “Monografía Histórico-Médica de los Hospitales de Córdoba” de Germán Saldaña, publicado en varios Boletines de la RAC. Y en todos los sitios estaba el Hospital de Ciegos. Luego busqué lo publicado en el Blog sobre hospitales y vi con asombro que lo tenía preparado para publicar y no lo hice, aunque lo más peligroso es que no me acordaba.

Catastral de la ubicación del desaparecido hospital

Data su fundación en el siglo XV, 1487 precisamente. Y estaba situado en la calle Carnicerías, actual Alfaros, en el número 20. Hay que tener en cuenta que los hospitales no eran como los actuales, muchos tenían cuatro o cinco camas o menos. En la recopilación el autor cita unos 65 incluyendo los de la Cruz Roja y el Militar. Teniendo en cuenta que el trabajo lo realiza en el año 1934. Alfaros veinte ya no existe, si comprobamos en el mapa catastral vemos que la construcción del hotel Alfaros agrega las fincas números 18, 20, 22 y 24 en una sola, y numera las cuatro fincas como el número 20, por lo tanto no podemos precisar cómo era la finca donde se ubicaba el Hospital. Además este Hospital no tiene fotografías como otros que, aunque también desaparecidos la fachada se ha mantenido en pie en el tiempo. Creo que lo ideal es transcribir las paginas 243 a 246 del trabajo citado porque estimo es mejor para conocer el mencionado establecimiento sanitario que estuvo en córdoba tres siglos.


"Hospital de Ciegos
“Las memorias de este hospital y de la cofradía en él fundada suben hasta el año 1487: en el cual, Isabel la Católica que, a la sazón se hallaba en Córdoba haciendo los preparativos para la guerra de Granada, concedió, a petición de los propios interesados, un notabilísimo privilegio a este Hospital de Ciegos que alcanzó también al de Sevilla: del cual será interesante transcribir algunas cláusulas.
«Sepades que por parte de los ciegos que viven y moran en la dha ciudad de Córdoba y en la ciudad de Sevilla me es fecha relación diciendo que ellos eran fatigados por vos los sobre dhos con buestros repartimientos y derramas como en los dar huéspedes, los cuales ellos debían no ser obligados a contribuirlo e pagar por ser pobres ciegos y sus sostenimientos heran de las limosnas de las buenas gentes obieran traído ante ciertos jueces pleitos los cuales dieron sentencia en que declararon no ser obligados ellos con ningunos serbicios personales de contribuciones ni otras ciertas cosas según que más largamente en la sentencia sobre ello dada se contiene, las cuales pasaron y son pasadas en cosas juzgadas en que aora algunas personas han tratado de se las quebrantar, así en los dhos repartimientos, como en los dar y echar huéspedes, en lo qual si así pasare, que ellos recibieran mucho agrabio y daño, y me suplicaron e pidieron por merced zerca dello con remedio de Justizia, la qual veyesemos como la mi merced fuese. Yo hubelo por bien; porque os mando a todos, e a cada uno de vos en vuestros lugares y jurisdiziones que veyades las dhas Sentenzias que en favor de los dhos Ciegos fueron dadas, que pasaron y son pasadas en cosas juzgadas, las guardeis y cumplais y hagais guardar y cumplir como en ella se contiene en todo y por todo según y en la forma y manera que en ella se contiene, y en guardándolas, y cumpliéndolas, contra el tenor y forma de ellas, no les echedes los dhos huéspedes, ni les repartades en repartimientos algunos de que los dos Ciegos son libres y exemptos en virtud de la dha Sentenzia y contra el tenor y forma de ella, no bayades ni pasades, ni consintades ir ni pasar por alguna maonera en tiempo alguno, y los unos y los otros fagades ni faltan en leal por alguna manera, so pena de la mi merzed y de diez mil mrs. para la mi Cámara».


No parece que los corregidores fueron muy dóciles en cumplir tales mandamientos, pues no obstante la sanción severa que pone la Reina a los contraventores de su disposición, en el año 1494, encontramos una sentencia eclesiástica en favor de Alfonso, hijo del ciego Pero García, eximiéndole del pago del derecho de arbitrios de alcabala y de sisa, por vender cosas de la hacienda de su padre. Y para ello afirmase el Juez Eclesiástico en la disposición de la Reina que eximía a los ciegos y a los que traficaran con sus bienes de toda clase de contribuciones y arbitrios municipales.


Por lo que toca a la situación del hospital parece que primitivamente ocupó el lugar en que hoy está el convento de los Carmelitas, pues consta que tales casas las vendió la cofradía para edificar el Convento del Carmen. A continuación se edificó en lo que hoy es casa número 20 de la calle de Alfaros, antes Carnicerías, donde continuó hasta su extinción.
El 14 de Octubre de 1525 fueron aprobadas las Constituciones de la cofradía, en las cuales hay la siguiente notable cláusula:
“Por tanto nos los cofrades de las susodichas cofradías, así los ciegos como los vistosos por quitarnos de diferencias que se esperaban entre nosotros haver sobre los Espitales. El uno que fué antiguamente de la Encarnación del hixo de Dios, que es zerca de las Carnicerías del Salbador de esta Ciudad de Córdoba, y después entraron en él los vistosos y los dhos ziegos le repetían a él o al otro Ospital que se dise de la Coronada, que es en la calle de los Cidros desta dha Cibdad, por tanto por nos quitar de enojos y embarazos todos unánimes ó concordes, pues que somos unos en la fé de Nuestro Señor Jesuchristo: acordamos con lizenzia e abtoridad que para facer o zelebrar esta Regla e Ordenanzas, e Capítulos della pedimos al Ilustre y muy magnífico señor don Frey Juan de Toledo, Obispo de Córdoba de junternos. y que todas las dhas cofradías desuso nombradas, fuesen una, e unidas e una, e todos fuésemos unos hermanos en Jesuchristo, e guardásemos las reglas e ordenanzas siguientes”.
Consta pues, por lo expuesto en esta cláusula, que hubo dos hospitales y dos cofradías con idénticos o parecidos fines, formadas a lo que parece las segundas, por ciegos una y otra por no ciegos o vistosos, como dice el original; los cuales finalmente se unieron en el mismo hospital de la calle de las Carnicerías. Al fusionarse ambas cofradías acordóse que para evitar confusiones, el hospital de la calle de Alfaros volviera a tomar el nombre de la Encarnación que fue su nombre primitivo y que poco antes había cambiado por el de la Concepción. Como no tenían ermita ni capilla donde poder ejercitar sus cultos, pidieron a los Superiores Eclesiásticos les concediera la ermita que estaba extramuros de Córdoba entre la de San Sebastián y la de San Lázaro y cuyo título y advocación era de la Vera Cruz.


Antes del año 1532 hablase llevado a cabo una fusión de diversos hospitales, entre los que se contaba el Hospital de Ciegos; por lo cual, éste, con otros muchos, fueron anexionados al de los Santos Mártires Acisclo y Victoria, con la particularidad de que dicha anexión se hizo sin licencia de la autoridad competente; razón por la cual, y en vista de que no se cumplían con ella los fines impuestos a los diversos hospitales, y el de los Mártires, lejos de aumentar, iba en decadencia, don Cristóbal de Ojeda, Canónigo y Visitador de los hospitales, en nombre y con la autoridad de D. Frey Juan de Toledo, Obispo de Córdoba, dió un decreto en 14 de Marzo de 1532, ordenando que la dicha fusión desapareciera y fuera puesto cada uno de los hospitales anexionados en posesión de los bienes propios que aún se conservaran. Así se cumplió en efecto, como consta por lo que a esto se refiere, de un acta de posesión de las casas y tiendas que de antiguo le pertenecían. 


Para el sostenimiento del pequeño hospital salían los ciegos en rosario pública y solemnemente dos o tres noches en semana, a pedir limosnas, que recogían en abundancia, mientras duró el entusiasmo de la dicha cofradía. A ellas se unían algunas pequeñas industrias manuales, en las que entretenían sus ocios los asilados, y cuyos productos, como consta del privilegio de Isabel la Católica y de la sentencia del Juez Eclesiástico, podían vender, sin pagar contribuciones ni alcabalas de ninguna especie.
La administración de él dependía única y exclusivamente de la cofradía, la cual ordenaba por sus Constituciones que para el mejor gobierno del hospital acudiese cada año un maestro albañil a examinar el estado del edificio y efectuar los reparos que fueran necesarios. Disposición muy prudentemente tomada por la naturaleza de los asilados, los cuales, por ser ciegos, no podían advertir las necesidades de reparo que ofreciera su casa. Manda asimismo al Hermano Mayor que juntamente con el Prioste visite mensualmente a los enfermos asilados para informarse de la quietud y tranquilidad que debe haber en la casa, con poder bastante para requerir públicamente a los revoltosos y aún para expulsarlos si no se enmendaren.


Nada se habla en los diversos documentos de asistencia facultativa propia y peculiar de la Casa, por lo cual es de creer que en caso de enfermedad, fueran los asilados asistidos conforme a las normas seguidas por tantos hospitales que estaban en el mismo caso que el hospital que historiamos.
Favorecido por muchos privilegios de la Reina Doña Juana y del Emperador su hijo, y de Don Felipe II, continuó su vida este hospital, que fue paulatinamente decayendo hasta su total extinción en el siglo XVIII.”

Fotografías de Google. Documentos de la pagina citada
Bibliografía del trabajo citado de German Saldaña

miércoles, 7 de septiembre de 2022

EXPOSICIÓN LA BATALLA DE CERRO MURIANO DE GERDA TARO A ROBERT CAPA.

 

Portada

Esta mañana del siete de septiembre, hemos subido al bonito enclave de Cerro Muriano y Obejo (porque la muestra está en término municipal de Obejo), en la Oficina Municipal del Ayuntamiento de Obejo, el 44 de la calle Arces. Allí está la exposición. Está organizada por la Plataforma “Todos somos refugiados” (no solo los refugiados de privilegio actuales), “Cerro Muriano 5 de Septiembre” y “Culturmedia, Estudio de Patrimonio y Comunicación” y ha contado con la colaboración del Departamento de Memoria Democrática de la Diputación de Córdoba, el Ayuntamiento de Obejo, la Universidad de Córdoba, el Museo del Cobre, la Asociación Divulga Historia y el Colectivo de Fotografía Enfoco. Se llama: “La Batalla de Cerro Muriano: de Gerda Taro a Robert Capa”.




Además, según detalla Fernando Penco, no sólo se exponen las imágenes de la II República sino también de la parte golpista fascista. Los trabajos son de Gerda Taro, Robert Capa, Hans Namuth y George Reisner (que reflejan el dolor que trajo el fascismo a nuestra tierra); y de Juan José Serrano, corresponsal de ABC que recogió imágenes de los fascistas. Cuando ves las imágenes piensas cuanto tuvieron que sufrir esas personas, entre las que casi todos tenemos familiares cercanos padres y abuelos –cada vez menos pues hace 85 años de los asesinatos-, yo he visto fotografías de mi padre de la guerra incivil. En una de las fotografías se ve una cara de terror de una señora, y me vino a la memoria la del vietnamita quemado por el napalm de los “buenos”, corriendo por una carretera, en la expresión de horror de su cara hay pocas diferencias.



Esto no es Ucrania es Cerro Muriano

Fue lo más cerca que tuvimos la guerra en Córdoba, pues en la ciudad no la hubo, solo el terror de los asesinatos en las carreteras y tapias de cementerios, de más de cuatro mil personas, de las que una gran porcentaje, además de haberlas asesinado, condenaron a sus familiares de por vida, por la frase miserable y cómplice “hay que pasar página”, a no tener sus restos cuando menos. Por otra parte, las fotografías de los africanos, dan una idea el terror que significaba para las mujeres caer en manos de semejantes salvajes, alentados por el enterrado con honores de la Iglesia Católica (también una pata del banco), para cometer inimaginables abusos con ellas como voceaba por la radio. No entiendo como muchos de los “equidistantes”, buenísimos, pueden comulgar en su fe católica –pues la mayoría son católicos- y vivir tranquilos, sin que se les revuelvan las tripas. Seguro no tendrán ninguna sensibilidad y mucho menos humanidad.

La cara de horror y no saber dónde ir


El ejército africano

Pero protestan por acercar a sus casas a presos, y aliviar la condena de las familias, que no tienen culpa y siguen reclamando en ocasiones la pena de muerte, ese asesinato legal en algunos países todavía. Cuando las heridas no se cierran adecuadamente supurarán siempre. Son los resultados de un parcheado a la sombra de los sables –por buscar una excusa- y los resultados son los que son. En países americanos que llamamos bananeros, han depurado los crímenes de sus gobernantes, casi siempre militares, sin ningún problema. Es verdad que tienen muchas salidas, pero por lo menos si no van a devolver a la vida a los desaparecidos le dan una respuesta justa a los crímenes de los culpables. Venganza no, restitución y no olvidar nunca, como antídoto para que no vuelva a ocurrir, aunque viendo las tendencias, se comprende porque somos los animales que siempre tropezamos dos veces en la misma piedra. En España no perdió el fascismo se agachó y a la vista de los brotes actuales tenía fuertes raíces.


Fotografías y vídeo de la Exposición
Bibliografía de la prensa y exposición

domingo, 4 de septiembre de 2022

SUPUESTA ELABORACIÓN DEL CIRIO PASCUAL EN EL SÓTANO DE UNA CASA DEL BARRIO DE LA JUDERÍA.

 
Detalle de la casa (Foto de mi amigo Juan)

Antes de existir los medios digitales y sociales (que de sociales poco), existían las tradiciones orales en las familias, si alguna tenía aparato de radio era la reunión de la casa cuando se encendía, y cuando se apagaba era como no tenerla por si pasaba el inspector que las buscaba para cobrar el impuesto reglamentario, que por cierto duró poco. También se escuchaba bajito cuando se sintonizaba en la banda de onda corta “Radio España Independiente, estación pirenaica” (lo de los pirineos era para dar sensación de estar en la frontera, pero estaba la estación en Rumanía), para enterarnos de que los trabajadores demócratas seguían con su lucha contra la dictadura fascista. 

Distintos cirios pascuales (Foto Internet)

Por eso en casa por los comentarios, posiblemente algunos exagerados y por ende deformados, conseguimos enterarnos de que a la abuela Antonia la pintó Julio Romero, en sus visitas a Cabriñana, hoy granja escuela muy floreciente, y este hecho fue corroborado con la presencia del cuadro “Las Aceituneras” durante dos años en el Museo del pintor. Por la prensa y el escritor Eugenio Noel (el que tenía en la taberna de Rafalito “La Mezquita” un barrilito de vino con su nombre "Fino Noel") nos enteramos del cante por el estilo antiguo del abuelo Rafael, en el colmao de Casa Camilo en la calle Morería. O de las correrías taurinas del abuelo Antonio Muñoz Peña “Peñita” en Graná.

La esquina de la casa y la calleja, el de la bata mi tío Fernando y la pequeña mi hermana Loli hace 68 años.

La iglesia era un poder, bueno lo ha sido siempre desde que Constantino, a cambio seguramente de hacer Santa a su “santa madre”, Santa Helena de la Cruz los legalizó. Y desde entonces ha impregnado con el olor a incienso todo, porque lo de la mirra hasta el buenazo y putativo de San José decía en el anuncio ¿Qué para qué? Y aquí otra leyenda oral de la familia. La casa de la familia (era de alquiler y debí decir donde vivía la familia), tenía la barbería el abuelo y mi tío Fernando, también un sótano, era de la misma superficie que las tres plantas superiores y la baja. Con la diferencia que la planta baja estaba dividida por el despacho de Pan, del Horno de Enrique Fernández de la calle Tejón y Marín, que era el propietario de la casa (en el derecho de retracto la pudimos comprar por el equivalente de 1.796 euros o aproximadamente 300.000 pesetas del año 70 del siglo XX, pero eso era una fortuna), y la barbería que era la entrada, bajada al sótano y subida a los dos pisos superiores de tres habitaciones cada uno, y a la cocina cubierta y la pequeña azotea.

Lola Carreras, mi madre, en su balcón enrejado.

La abuela Antonia cuando estaba en sus trece -pues perdió la cabeza al final-, era la que contaba con mucha parsimonia, corroborado por su hija, mi madre, que en el sótano en un tiempo anterior se fabricó lo que en la liturgia católica se llamaba el cirio pascual, dándole ellos a esa fabricación unos visos como sagrados al contarlo. Esta vela que ha se ser mayor que las demás que existan en el templo, se bendice y se enciende en la vigilia Pascual, noche del Sábado Santo. Su luz simboliza a Cristo resucitado. Debe ser elaborado con cera de abejas, o cuando menos contener un alto porcentaje de ella en su elaboración. La ceremonia de encendido es a su vez la de renovación del cirio anterior. Suele además esta vela especial, tener pintada una cruz y otros símbolos. Algunos atribuyen el origen de esta costumbre o rito a las columnas de cera que Constantino mandaba encender en la Pascua.

Perspectiva del sótano desde la calle

Nada más entrar en la barbería, a la izquierda estaban los dos sillones con sus espejos reglamentarios, a la derecha las sillas de espera de la clientela, y un lavabo. Frente un arco con una persiana de cuentas de madera. Un rellano con una puerta al frente y la escalera de subida a la derecha. Escalera con escalones de ladrillo rojo y borde de madera. La citada puerta frontal era la que por medio de un par de tramos nos llevaba al sótano, pasando antes por una ventana que daba a la calleja sin salida, hoy entrada del restaurante el Caballo Rojo. Una habitación igual que la superior, con un ventanuco en el techo con reja y tela metálica a ras de calle, que dejaba ver el grueso  muro que era de más de medio metro.

Boceto de la primera planta

En el centro de la habitación había un arco inclinado que la separaba de la siguiente, y que soportaba el tubo desagüe de la casa, pluvial y fecal. Agachándose para pasar al otro lado, a la izquierda había otra habitación con ventanuco como el anterior. A la derecha una puerta que dejaba ver la tercera estancia, esta sin luz exterior, solo la que le entraba del ventanuco de la calle y la eléctrica, pero está era moderna ya que la puso mi padre. Allí era dónde decía la abuela Antonia que se elaboraban los después sagrados cirios pascuales. Tenía un poyo tipo cocina con dos agujeros superiores y dos frontales. No he podido corroborar documentalmente esta trasmisión oral de la familia, pero nada de extraño tiene que en el archivo del Cabildo (si esto es cierto) deberá haber alguna dato o factura sobre el producto elaborado. Quede aquí la curiosidad de lo que se supone se fabricaba en el sótano de la que fue, nuestra casa de la Mezquita, Cardenal Herrero 32. Hoy el sótano no tiene ventanucos a la calle e ignoro si se utilizará para algo, me imagino que se si se usa será para almacén. 

Fotografías y dibujos del autor, de Juan e Internet
Bibliografía de la memoria y Wikipedia.

sábado, 20 de agosto de 2022

EL PAREDÓN DEL ARROYO DE LA PALOMERA FRENTE AL CAMINO DE CARROS

 
El Paredón desde abajo

Ayer hablaba con un pateador de caminos por excelencia, José–Javier Navas que con su fiel compañero, su perro Link, que anda lo que él, tienen recorridos todos los senderos de los alrededores de la ciudad y parte del extranjero. Me comentaba el recorrido que hizo días atrás, por los confines del Arroyo de la Palomera en su tramo cercano al Camino de Carros de Santo Domingo y la finca La Viñuela. 

En verde el trazado del Anillo en rojo la pista

El Anillo Verde

En el transcurso de la conversación me mencionó un lugar que no conocía, bueno que conocía físicamente pero que no sabía el nombre, “El Paredón” que de seguro viene de los colegas de la bicicleta, que son los Livingstone, a la hora de poner nombres a los accidentes del terreno.

El Paredón desde arriba

Más arriba del Paredón la pista

El citado “Paredón” desde el cruce del arroyo hasta arriba andará por los cien metros lineales y sube según el Raster 30 m. lo que en una simple operación aritmética da un 30% de desnivel, claro le faltan 60º para llegar a los 90º que tiene una pared, pero por lo menos utilizamos la metáfora. Al llegar arriba, nos encontramos una pista que tiene en su totalidad 411 m. y termina en el camino de entrada a la finca de La Viñuela. 

 Un tramo de la pista citada

Otro tramo

Sobre el terreno me pareció que era el Anillo Verde famoso, pero mirando el catastral el trazado del Anillo va desde el cruce del Camino de Carros y vado del Arroyo de la Palomera, hasta la pista citada de La Viñuela, obviando el “Paredón” y la citada pista. Digo me pareció, porque es una pista realizada exprofeso, algo reciente en el tiempo y que no va a ningún sitio, pero alguien sabrá de que va. 

Vado del arroyo de la Palomera

Cauce totalmente seco

Antes seguí el arroyo por su margen derecho buscando la traza del Anillo Verde, que no existe visible según lo señalado en el plano catastral. El territorio está extremadamente seco, y no pude evitar pensar en los incendios que se están sucediendo, y el potencial riesgo de que un desaprensivo provocase un desastre. Llegué con dificultad por la maleza, hasta casi la curva del arroyo cuando un senderillo empinado te lleva a las pistas de arriba de la Viñuela Alta

Sendero margen izquierdo del arroyo

Otro tramo del sendero margen izquierdo

La vuelta la hice por la margen izquierda y me paré ante los muros del cortijo El Naranjuelo, que siguen allí aguantando. Recordé la búsqueda infructuosa de la señalada Arca de Agua en una curva del terreno al lado del arroyo, que deben de estar seguro sus restos porque los topógrafos que levantaros esas planimetrías sudaban la camiseta, no eran el cortar y pegar de otros.

Muros del Naranjuelo

Me volví a maravillar con el árbol que nació entre dos rocas y allí está y bastante lustroso. Pero sentí pesar al recordar que ese sendero es húmedo y umbrío, escurridizo en algunos lugares, en otoño e invierno y ahora es un erial peligroso. Vuelta al cruce del Camino de Carros, vado del Arroyo de la Palomera y subida a la carretera. 

Árbol entre rocas

Que lugares tan concurridos y fértiles eran las huertas los de los cortijos de la Palomera, Baja y Alta. Que impresionantes estructuras hidráulicas, que estuvieron añadiendo caudal a los acueductos que surtían de agua a Córdoba, que hermosa noria de hierro fundido sacaba el agua en su huerto y que de la noche a la mañana desapareció. 

José Javier Navas y su fiel compañero Link

Antes de terminar quiero señalar que siempre que subo en Wikiloc algún recorrido, lo hago normalmente para ubicar en el mapa las fotografías, son recorridos cortos no comparables con los de otros amigos. A pesar de eso recibo lo que se llama “aplausos” de los usuarios, José Javier y Javi “El Lince Ibérico” que están al quite siempre. Con Javi he coincidido en más de una ocasión, con José Javier y Link no. Muchas gracias amigos por estar siempre ahí.

Más del sector:
Fotografías del autor y José Javier Navas
Bibliografía del Blog y los recuerdos

viernes, 19 de agosto de 2022

DE COLECCIONES LIBROS Y RECUERDOS GUARDADOS

Los treinta y tantos kilos del Monitor

Tengo varias colecciones de revistas técnicas y muchos cientos, quizás un par de miles de libros. Teníamos (mi padre y yo) la colección de tebeos de TBO, del Cachorro, y yo tenía otros de Diego Valor, y ciencia ficción. Tres colecciones de todas las obras de Julio Verne, que compró mi padre, una en papel biblia; y algunas enciclopedias; del Cine, de Historia de España, de la Aviación, y varios diccionarios enciclopédicos. Ah, se me olvidaba tuve también una colección de unas revistas de aviación que se llamaban Flash, como el Gordon. De cintas de vídeo y películas de 8 y Super8, para que hablar. El otro día leía a Gerardo Tecé diciendo que el colecciona periódicos, y me llamó la atención cuando decía que su madre se dispuso en cierta ocasión a tirarlos todos, y él, como el chino de las bolsas, o las talegas, en la plaza de Tiananmén (en el 86), que se puso delante del tanque, ya ves, porque el del tanque era un buen chino. Ganó la batalla, Gerardo, pero sólo la batalla, en el momento que se descuide se los tira. Mi madre creo que vendió los tebeos por papel, pero no sabía que unos años más tarde, si los hubiese guardado, hubieran costado un dineral.

El Enciclopédico Universal 44 tomos

Es verdad que yo guardo muchas cosas, que un poco Diógenes si es uno, que son para mí como prosopopeyas muchas cosas, y que siempre digo que cuando falte -que por cuestiones biológicas será pronto-, que hagan lo que quieran con todo lo que uno deja ya que no le va a hacer falta después, no somos como los egipcios ricos. Toda vez porque lo van a hacer así y uno no podrá hacer nada. Yo tuve que desmontar la casa de mis progenitores cuando falleció mi padre. Tuve que deshacerme de todas sus colecciones, la de mecheros, pilas, tornillos metidos en cajitas de plástico (que yo también tengo, además de componentes electrónicos), herramientas (conservo muchas) llaveros, bolígrafos, e incluso des y calzadores. Todavía guardaba quinielas de fútbol, de aquellas amarillas, que usaba para escribir por detrás ya que presentaban el dorso sin nada de impresión, donde una vez me presentó las cuentas de sus dineros, con un error posicional que no entendía. Hasta que descubrí el desplazamiento aritmético y se lo demostré, pero me costó, se había convertido en pródigo y lo contrario a la vez.

La música

Cada vez, cada día va uno cediendo un poco al tanque de la plaza de Tiananmén, sin darse cuenta. Desmonté mi estación de radioaficionado, incluidas todas las antenas, regalé cosas y tiré otras muchas. Guardé algunas antenas, a pesar de que ya no voy a instalar otra estación en ningún sitio, y empaqué los equipos en plástico. Si tu no vendes en el momento preciso, lo siguiente es regalar o tirar a la chatarra. Salvo que venga un caprichoso que quiera en época de Ferraris un Biscúter, y eso es poco corriente. Me pasó con las revistas de informática, me las compraban a euro cada una, se pasó el momento y ya no interesaban. Tengo tres o cuatro diccionarios enciclopédicos, cuando en Internet tienes todo. Los cambios tan drásticos que estamos viviendo son brutales y no nos damos cuenta. Nada más que cambiar de sitio el Monitor (que compramos todos por fascículos) para quitarle el polvo, ya es un esfuerzo considerable.

El grueso está en el trastero

Hay que decir una cosa, yo no le tiro nada a nadie, no soy partidario, ni tampoco me molestan las colecciones de los demás. Con lo de mi padre, guardé muchas cosas que me afectaban directamente, los recortes y documentos que el guardaba de mí. El fechaba todas las fotografías y documentos, esa costumbre no la he seguido yo siempre y tengo algunas lagunas de fechas. Ahora eso no ocurre con las fotografías, pues en los datos ocultos van datadas. Mi padre además ponía el nombre y apellidos de su familia siempre, junto con la fecha, y cosa curiosa lo firmaba, en la rúbrica ponía las letras EMR entrelazadas, eran las iniciales de su madre, mi abuela Encarnación, a la que apenas conoció pues murió de pulmonía, muy joven, con apenas cuarenta años, y yo solo he visto en una foto, creo que es la única que se hizo. Tengo hasta los dos telegramas del aviso de la gravedad de la enfermedad de mi abuelo Antonio, y de su fallecimiento poco después. Los telegramas que tanto usaba Sherlock Holmes, de la mano de Conan Doyle, eran los correos electrónicos de la época.

Otro porte

En algún sitio he dicho que él (mi padre) guardaba el recorte en la prensa 1947, de la reseña de mi nacimiento, incluso la noticia en la prensa también, de 1950, de que un perro había mordido a un niño de tres años -por tunante, ya que debía habérselo comido-. Mi madre guardaba mis dibujos de niño y mis óleos de mayor, cuando tuve casa propia ya pintaba muy poco, la compañera es pintora -muy buena-, y yo decidí no competir. Tengo muchas cosas para tirar, es verdad, pero deseo que las tiren otros. Otras no podrán porque las tengo en el disco duro personal y son difícilmente asequibles. Salvo que yo decida publicarlas y hasta la presente me parece que no. He tenido muchos años en los intercisos del mueble librería, una bandera de Holanda con un palillo que estaba pinchada en un trozo de queso, de un aperitivo que nos dieron en un viaje en barco por los canales de Ámsterdam, una tarde allá por el 1996. He observado que ya no está y me he llevado un gran disgusto, pero al final la he encontrado.

La descolorida banderita de los Países Bajos 

Los telegramas de 1958 enero

Así es todo y cada día es más difícil mantener las tradiciones, y cada día tiene uno menos ganas de hacerle frente al tanque del chino buena persona, ya que si no lo hubiera sido moviendo la máquina de derecha a izquierda, y hubiera seguido recto, solo hubiera quedado una mancha y dos talegas en el suelo y nada que contar. Por lo tanto el de las talegas era un suicida. Como dije antes a los egipcios -ricos por supuesto-, les ponían en la tumba hasta una barca además del ajuar necrófilo. Luego tiraban poco del muerto. En alguna película clásica, vimos como metían en la tumba hasta los servidores y a la propia mujer, vamos una barbaridad. La conclusión es que tenemos muchas cosas, que guardamos más, que cada uno valora las suyas, y que como dijo el torero “ca uno es ca uno”. Y al final el chino del tanque no es el bueno.

Fotografías del autor.

domingo, 14 de agosto de 2022

ADOLFO LOZANO CIDRO 1872-1935 CRONISTA TOTAL DE SU ÉPOCA

Cartel

Yo conocía las ilustraciones de Adolfo Lozano Cidro, de esa colección encuadernada que tenía mi padre, producto de la salvación junto con otras obras a las que evitamos el fuego del fanatismo religioso de tiempos pasados, pero que existe aún. Después, en un viaje cultural a Priego de Córdoba visitamos la casa museo del ilustrador y pintor en la villa barroca por excelencia de la Subbética. Maravillosas ilustraciones para los periódicos y revistas de Luca de Tena, (ABC y Blanco y Negro) que retrataban los tipos del momento y la burguesía existente con un toque especial y que por esa razón lo titulan “El cronista total de su época”.



Hoy, en un agosto soportable por los cuatro litros de ayer tarde, sumado a que eran las diez de la mañana, entramos en la Fundación Botí, a la llamada del vigilante que nos dijo: -Pasen ustedes que es gratis. Se conoce que no podemos disimular nuestra condición económica, vamos que se nos ve a la legua que somos pobres. Subimos a la primera planta donde está adecuadamente emplazada la muestra del prieguense ilustrador-pintor Adolfo Lozano Cidro, que demuestra la calidad artística de nuestros paisanos.  



Dice Wikipedia: "Nace Lozano Sidro en Priego de Córdoba el día 21 de enero de 1872, en la calle de Prim. Era hijo del magistrado, Don José María Lozano Alcalá-Zamora, y de doña Araceli Sidro de la Torre, ambos prieguenses. Aunque de joven se trasladó a Málaga allí estuvo inscrito desde los quince años en la escuela de bellas artes. Más tarde se mudó a Granada donde comenzó estudios de derecho y aunque dejó un poco aparcada la pintura se acercaría más a los ambientes artísticos de la mano de López Mezquita o Ramón Casas. Sin embargo, a partir de su traslado a Madrid su dedicación fue exclusivamente pictórica; allí llegó a trabajar en el estudio de Sorolla.



Para 1892 el pintor ya tenía un estilo definido, caracterizado por su paleta brillante y su preciosismo en los detalles. Prueba de ello fue la exposición realizada en Córdoba, que obtuvo un notable éxito. En 1913 colaboraba de manera regular como ilustrador de la revista Blanco y Negro, del diario ABC. Su estilo brillante lo convirtió en el cronista de la alta sociedad. En 1920 realiza, a petición de la nieta de Juan Valera, una serie de veinte acuarelas para ilustrar Pepita Jiménez. Aunque afincando en Madrid, nunca olvidaría sus raíces, regresando los veranos a su Priego natal. En 1935, durante su estancia en este municipio, contrajo una enfermedad que lo condujo a la muerte, el 7 de noviembre de 1935.”



Y dice la reseña oficial de la exposición: “Un siglo y medio se ha cumplido del nacimiento en la ciudad de Priego de Córdoba del pintor Adolfo Lozano Sidro. En una fecha tan especial, la Fundación Rafael Boti de la Diputación Provincial de Córdoba y el Patronato Lozano Sidro del Ayuntamiento de Priego se unen para ofrecer esta exposición sobre su legado. En total, más de 60 obras entre lienzos, guaches y dibujos que permiten conocer a fondo la labor de un artista que, con su mirada amplia y moderna, destacó en un periodo tan brillante como fue la Edad de Plata de la cultura española. La muestra incluye obras de géneros muy diversos. 



Se puede disfrutar de su maestría para el retrato, de sus célebres ilustraciones en la revista "Blanco y Negro" de ABC, de su obra costumbrista sobre la alta sociedad madrileña y las clases populares de Priego y también de tres cuadros creados bajo el influjo de lo oriental o lo exótico que era tan común en el período. Esta exposición, con obras procedentes del Ayuntamiento de Priego, del Museo Lozano Sidro, del Bellas Artes de Córdoba, del Museo ABC y de diversas colecciones particulares, es un homenaje a un pintor cuya mirada singular, casi de reportero, irónica y tierna al mismo tiempo, refleja como pocas el pulso de su tiempo. La modernidad, la vida y los contrastes sociales de una época.”



Y digo yo que, a todos los aficionados al arte de la pintura les puede resultar muy enriquecedora la exposición, en la que podemos ver los tipos pintorescos, la burguesía local y nacional, la aristocracia, las diferencias sociales, que no son ni más ni menos que ahora, y sobre todo la calidad artística de un pintor-ilustrador (no empequeñece el apellido la categoría del nombre) de un paisano del siglo XIX y primer tercio del XX. Luego decidimos bajar por la escalera y nos caímos los dos por ella, Conchi perdió el equilibrio yo intenté cogerla y de camino acabé también en el suelo (estaremos en las grabaciones de las cámaras de seguridad). No nos pasó nada afortunadamente, a lo peor mañana se nota. Y no se olviden los pobres, “es gratis la entrada”.


Fotografías del autor y C. Carnago y cartel
Bibliografía de Wikipedia y textos de la Exposición.