sábado, 7 de febrero de 2026

INUNDACIONES PERIODICAS

Foto Diario Córdoba

Los que peinamos canas, y otros ni eso, sabemos de las riadas (ahora subidas de nivel o inundaciones del río). Nos acordamos de los azulejos del Santuario de la Fuensanta con la raya y la fecha hasta donde llegó el agua cierto año. Los tiempos cambian y las modas también, ahora no se dejan azulejos pero el peregrinar de los ciudadanos a mirar el río, se convierte en mercadillo eventual, o feria sin atracciones ni puestos de turron o coco mojado con chorrito. Antes el rosario de visitas era ir a ver los gatos subidos en los árboles de su isla de destierro frente al cine de verano Goya, delante de la confluencia de la Ronda de Isasa con el Caño Quebrado.

Foto Diario Córdoba

Otras veces veíamos a familias enteras, la que podía con un carrillo o triciclo, cruzando el único puente que hemos tenido en la ciudad en dos mil años, que se dice muy pronto, buscando casas de familiares que los ampararan, ciudad arriba, prácticamente con lo puesto –llevaban todo lo que tenían en un carrillo- porque Villa Cachonda o parte del Campo de la Verdad estaba siendo reclamado por las madres del río o los meandros antiguos. Luego los comentarios de tocar casi el agua desde lo barandales de la obra del murallón, que fue como las mayoría de las obras de esta ciudad, eterna. Llamaba  la atención el tronco escapado aguas arriba, que apuntaba bien al ojo que le tocara para seguir para Casillas.

Esquema del El Mira sobre Grazalema

Somos ciudad de grandes contrastes, de sequías prolongadas, o riadas antológicas. No quiero entrar en fechas porque es una reflexión de memoria a vuelo de pluma. Había arroyos que decían aquí estoy yo, y ahora os vais a enterar. Recuerdo las crecidas del Pedroches, que engullía Cañero, motivo de las posteriores modificaciones para tratar de domesticarlo. Como era lógico, todas las huertas del meandro del Arenal o cuando se llamaba Santa Matilde, bajo el agua. Una vez hasta trajo el "caimán de la Fuensanta", siempre ligado a una riada, y luego colgado en la galería del Santuario del agua santa, junto a la muleta del cojo que le echó el pan caliente. Toda una leyenda urbana, un mito local.

Grazalema foto TVE

Mi abuela me decía que había visto barcas en la calle de la Feria, amarradas cerca de la fuente frente de la Ermita de la Aurora, y otras moviéndose por la calle, Coronel Cascajo que murió general y Lineros actual, Potro y Lucano. Algunos autores también lo han reflejado en sus crónicas o en algunos libros escritos. Al no haber nacido “pantanófilos” aún, no se regulaba bien el caudal de la cuenca, y el agua llegaba, según la teoría de los vasos comunicantes, al nivel perfectamente detallado en sus curvas en el plano de Casañal. Curvas con las que he jugado para ver los niveles de riada antiguos citados en diversas fuentes. También los arroyos de la sierra hacían de las suyas, como el del Moro, que anegaba las Margaritas, antes de las sucesivas deportaciones que ha sufrido echándolo cada vez más al oeste.

Olvido katiuskas de Sanz -no da para más-

Cuando hicieron el muro del Guernica, el agua salió por los desagües de los patios de las casas del Campo de la Verdad, y el alcantarillado, al haberlo encajonado con la muralla, sin barandales. Los chozos de los más pobres, delante de la muralla medieval de la Huerta de Antoñita, frente a la cárcel, desaparecían totalmente, con poco mobiliario que salvar, y vuelta a empezar. Llama la atención el agua saliendo por la grietas de algunas casas, o enchufes mil veces proyectados en las televisiones, incansablemente, o disertaciones de técnico todo terreno que explican la lecciones primeras del manual de capas freáticas una y otra vez. Y claro como la vez de la dana de Valencia que también tuvo lo suyo con el Turia -como Sevilla con el Tamarguillo-, había tenido un dirigente indeseable ahora había que ser más precavidos y sudar la camiseta bien, incluso con el olvido de las katiuskas del Sanz, ahora sin gafas. Pero que le darían calcetines secos y unos zapatos en condiciones que para eso es consejero de Sanidad. No hay nada nuevo bajo el sol.

Mi buen amigo Paco Guerra, exiliado laboral andaluz en Sestao, me ha enviado un texto que merece la pena ponerlo aquí:
“En un país como el nuestro, por su gran altura media, los ríos tienen que verter sus aguas tumultuosamente; un país tan desgraciado como el nuestro, donde los gritos de dolor por las inundaciones, ahogan las angustias causadas por las sequías y donde a los ardores de un sol abrasador suceden las lluvias torrenciales que todo lo arrasan...”
Del científico de campo Lucas Mallada, en  su libro titulado “Los males de la patria” escrito en 1890.


Fotografías del Diario Córdoba El Mira, RTVE y de la RED
Bibliografía ejercicio de memoria