sábado, 19 de enero de 2013

VISITA AL ALMINAR DE LA MEZQUITA


Fachada este del alminar de la Mezquita de Córdoba

Dentro del espacio Diálogos con la Cultura que organiza la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Córdoba, se ha desarrollado hoy una segunda parte del evento "Relaciones mutuas: La Mezquita de Córdoba y Madinat al-Zahra", con una posterior visita al monumento y subida al primer tramo del alminar. Antes del acto, en el Patio de los Naranjos me encontré a mi amigo Pepe, -compañero de fatigas públicas en equipos distintos hace ya casi  un cuarto de siglo- sentado en la grada de la galería este, junto a la Puerta de la Grada Redonda. Descansaba y meditaba, seguro que escuchando a su admirada Mayte Martín. Y como es de ese grupo de locos, en el que me incluyo, venía de haber estado en el mayor y más surtido museo de capiteles del mundo fotografiándolos. Luego vimos las entradas al aljibe.

Cartel del evento

Como hemos dicho, es una segunda parte de la actividad que se realizó hace unos meses, que por poco hace morir de éxito a los organizadores por la masiva afluencia de público que tuvo. Ésta supero las previsiones y hubo que pedir a los alumnos que esperaran está nueva ocasión. En aquel entonces me acordé de la boda de la hija de la “faraona”, en la que pedía al público asistente, con su natural gracia: ¡Si me queréis…irse!

Antonio Vallejo, Manuel Pérez y Pedro Marfil

En esta ocasión poco menos de un centenar de asistentes configuraba la visita. Después de unas palabras del decano de la facultad para detallar el acto y los motivos de esta segunda entrega, El Prof. D. Manuel Pérez Lozano, explicó en qué consistiría la vista a la vez que la enmarcaba dentro de las actividades de la próxima salida a la luz de la Asociación de amigos de Madinat al-Zahra. 

Aquí vemos el trampantojo del lucernario y la señal en la pared de la cúpula de Enrique II

Los asistentes se trasladaron desde el Aula Magna al patio de los Naranjos, donde se dividieron en grupos. Mientras unos visitaban la Mezquita guiados por Antonio Vallejo Director del Conjunto de Madinat al-Zahra y el Profesor de Historia del Arte Manuel Pérez. Grupos de unas veinte personas, cada vez, por razones del espacio disponible arriba, visitaban el alminar, en este caso guiados por el Arqueólogo y Prof. Asociado de Historia del Arte Pedro Marfil.

El trampantojo de la "cúpula dorada" en todo su esplendor

En este grupo se acopló el que suscribe, y trató de colaborar junto con Sofía -una alumna de Pedro que realiza trabajos de espeleología en las Cuevas de Nerja, según me comentó-, en controlar a los visitantes para que no se pasara del pasillo encima de la bóveda de la Puerta del Perdón. No estaba permitida la subida más allá del lugar mencionado, ni la salida a las terrazas.

El arqueólogo Pedro Marfil explicando en las estrechuras del pasillo

Si se podía ver el tramo de escalera en el interior del alminar, de los dos que tenía. El alminar tenía dos escaleras independientes una de otra, que permitían en su momento la subida y bajada sin cruzarse. La del lado oeste está destruida. La actual estructura, que permite disfrutar de la cara este del alminar primitivo, corazón de la torre cristiana actual -la torre que ahora vemos forró materialmente el alminar por el exterior, manteniéndolo dentro de sí-, ha conllevado a la eliminación de las viviendas de las familias que han habitado a la torre casi cien años, dejando diáfano ese lugar.

Una cabecera de viga original

La subida al cuerpo de campanas y al resto de la torre, se hace de manera distinta a como se hacía anteriormente. Esta configuración actual, destruyó la famosa “cúpula dorada” mudéjar que coronaba la Puerta del Perdón, construida por Enrique II, cuyas huellas aún quedan en las paredes. Esta cúpula desaparecida, ha sido sustituida por otra de vulgares azulejos, con lucernario, a modo de trampantojo cinematográfico que, nada, o muy poco, tiene que ver con la original.

Tramo de escalera primitiva

Eso sí, la mencionada configuración permite ver la fachada este del alminar primitivo, su decoración de yesería y un triple arco con columnas de mármol, modernas, que sustituyeron unos soportes de hormigón que D. Félix Hernández dejó cuando estudio el mismo. Estas columnas distraen la visión de la fachada, y los que visitan el lugar preguntan siempre si son las originales. 

Otro tramo de escalera primitiva

La fachada está construida a soga y tizón, y contienen en su interior unas vigas de madera –puede verse la cabecera de una de ellas en la entrada al pasillo- que, posiblemente fueran la cautela de los constructores, al enfrentarse al alminar más alto de los conocidos en su tiempo. La escalera primitiva del alminar presenta aún la decoración que tenía en su techo, entre los arcos.

Escalera

Los distintos tramos de escaleras están decorados con badajos de las campanas. De pequeños nos decían que estos se amarraban a la campana con “picha” de toro, material que una vez seco tenía una dureza especial. También las porras de los municipales decían estar hechas del mismo material. A saber si ambas cuestiones eran una leyenda urbana de las muchas que tenemos. 

Arcos superiores de la escalera

Lástima que no se pueda subir hasta arriba, como se hacía antaño, por no haber dotado de las medidas adecuadas al acceso superior, que garanticen la seguridad de los visitantes, ya que existen tramos de escalera con aberturas que pueden ser muy peligrosas para la integridad física de cualquier curioso. Por ello la prohibición lógica de acceder a este sector de la torre, e incluso a las terrazas.

Decoración primitiva entre los arcos

Los que nos hemos criado en el barrio de la Judería, y nuestro campo de juegos era el Patio de los Naranjos y la propia Mezquita, y además éramos amigos de todos los niños y niñas que habitaban la torre, acorde con las cuestiones generacionales, sabemos lo que se siente volviendo a esos lugares mágicos de la infancia. Mi relación era mayor con los hijos mayores de Elena Muñoz y Manolo Soriano, el campanero -que sustituyó a su padre, el campanero abuelo-, Manolín y Rosi Soriano Muñoz.  Que siguen siendo muy buenos amigos, con esa relación que se tenía, que sin serlo, era muy cercana a la familiaridad.

Un arco y la abertura del techo

Son muchas las veces las que he subido hasta el campanillo, y sentado en el asiento circular que configuraba la escalera de caracol, soñado con muchas cosas, teniendo la ciudad a tus pies. Eras un poco Diego Valor, el Cachorro, e incluso aquel Supermán de editorial Novaro de Méjico, nunca Roberto Alcázar que era muy del régimen, e incluso el novio de Loli de "Novio a la vista" de Berlanga.  Y se te iba la vista viendo "esa raya lejana que le llaman horizonte" de Rafael de León, que te decían estaba aún muy lejos, y que ahora prácticamente ha pasado. En el campanillo siempre me acordaba del villancico de Ramón Medina: /Será, acaso, el campanillo/ que hay junto al San Rafael/ que esta noche, pobrecillo/ quiso repicar también/ que tan bien cantaba mi madre con ese buen paladar musical que tenía, posiblemente herencia genética del abuelo Rafael Carreras, el barbero de la Mezquita. Guapa como todas las madres, o como la abuela Antonia Jurado, su madre, que fue musa temporal de Julio Romero de Torres.

En esta fotografía se ve otra viga abajo y la decoración del arco

Que yo recuerde, eran del orden de una veintena de personas las que habitaban la torre. Unas cuatro familias. Tres en la parte superior y una en la buhardilla que había encima de la actual galería que contiene las taquillas actuales. Ya se pueden imaginar la calidad de vida que podían tener estas familias, prácticamente hacinadas, y que simplemente para cualquier gestión diaria de las naturales habían de bajar a la calle, más de un centenar de escalones. Si subías en horas del mediodía podías oler los distintos guisos que se cocinaban allí. Era la torre por ello un elemento vivo. Son muchos más mis recuerdos del barrio de la Judería.

Peligrosa abertura de arriba, vista desde abajo

El San Rafael del campanillo, en su halo de santidad, tenía una lámpara que cambió más de una vez el campanero -el abuelo-, cuando se fundía, casi siempre para la verbena. Dicen que ayudado por “Zapatones”, otro vecino del barrio, aunque yo nunca he creído lo del ayudante. Luego por el estado físico de la escalera de caracol final, se tapió la entrada desde el cuerpo del reloj y de la matraca -artilugio de madera con unos martillos que se hacía sonar en Semana Santa- y ya no se pudo subir nunca a él.

Desde la ventana galería este y tejados de la norte

Desde el balcón del reloj, por una apuesta, me deslice por la fachada hasta el pasillo inferior. Evidentemente si me hubiera caído lo habría hecho sobre el pasillo, nunca a la calle –arriesgado pero no inconsciente del todo-, pero mira por donde Juanín, el Sacristán mayor, hermano del campanero, que también había nacido en la torre, y casado con mi madrina Mari Rosa, me vio desde la Puerta de las Palmas, me dio unas cuántas de voces, y después le dio el parte a Loles que me esperaba con la zapatilla en Cardenal Herrero, 32. Ella era partidaria de aquello de “en la cabeza no, pero el culo como un tomate”. Pero gané la apuesta.

Desde la ventana la inmensa mole de la catedral

El repique de las campanas se hacía a mano, y era muy curioso conocer el código de sonidos de los diferentes toques, desde los lánguidos fúnebres y espaciados de difuntos, hasta los alegres del repique. Toda la familia repicaba y era un verdadero arte ver el volteo de las campanas, una mezcla de habilidad y fuerza. Los habitantes de la zona estábamos familiarizados con los toques del reloj que las veinticuatro horas nos daban la hora. Cuartos una campanada, medias dos, menos cuarto tres y las que antecedían a la hora cuatro. Las horas las daba una campana mayor que la de los cuartos. 

Un badajo de campana

La cantidad de recuerdos que suponen simplemente subir a la torre, es algo que te traslada más de sesenta años atrás, a recién retiradas las cartillas de racionamiento -seguro que estos malandrines nos llevan a ello otra vez-, a los Patios llenos de niños -ahora no los hay en ese barrio- jugando. Incluso a la figura de todos esos curas preconciliares, más bien prehistóricos, de la dictadura. Los “franceses” de su Imserso, pues eran todos mayores, en los autocares de Atesa, que fueron de los primeros turistas. Ojalá no se hubieran ido, o mejor dicho no los hubiéramos echado, para cambiarlos por el triste “vivan las caenas” ¿pero… no ha dicho el pueblo español algo parecido ahora?

La galería norte sin la buhardilla citada

La calle donde nací

Para finalizar, suerte a la Asociación de Amigos de Madinat al-Zahra (AMAZ), en su andadura, Medina Azahara se merece ese empujón que le puede dar la Asociación y la gente que la compone, que ayer se multiplicaban difundiendo los folletos de la Asociación. Y como no, gracias a Pedro Marfil por permitirme, con su invitación al acto disfrutar de un rato de recuerdos agradables.

Tríptico de AMAZ

Programación de AMAZ



Fotografías y vídeo del autor

jueves, 17 de enero de 2013

EL CUERPO DEL PECADO, BELMONTE (Y II) (Galería Bermúdez)

La invitación

Ayer la Levedad del Alma y hoy el Cuerpo del Pecado, son las dos exposiciones que tiene en Córdoba hasta el 24 de febrero, el artista cordobés Juan Manuel Belmonte, esta segunda en la Sala de Exposiciones Carlos Bermúdez, en el bulevar de Hernán Ruiz, entrando por la Avda. de Medina Azahara a la izquierda.

Pecado IV

Doce bajorrelieves en resina, íntimamente ligados a la sensualidad, y dos pequeñas esculturas constituyen la muestra. La manzana, símbolo del pecado por excelencia en la religión cristiana es el elemento común en la casi mayoría de las obras. Todas respiran sensualidad y carga sexual. Trata de exponer que el pecado, tal y como nos lo grabaron a  fuego de pequeños no es malo, es el sentido de la vida lo que subyace en él.

Pecado III

El concepto religioso, castrante, ha hecho más daño que bien. Dice "que los cuerpos se han creado para pecar y que es mejor hacer el amor y no la guerra" y trata de mostrarlo anulando aquel "el concepto religioso de que el pecado es malo", más que religioso yo añadiría que católico exclusivamente en nuestra pacata sociedad.

Pecado II

Lo mejor ver las obras “in situ”, con la iluminación adecuada, como la presenta la galería Bermúdez, en la que destacan, como el autor comenta, en dos de ellas, dentro de la tonalidad general de grises “un rojo pasión”. En suma nos demuestra que Juan Manuel Belmonte, domina extraordinariamente también la técnica del bajo relieve.

La lujuria

Los cuerpos creados para pecar

Pecado I

Pecado V

Pecando

El deseo

Siete pecados

Desde arriba

Escultura

Mi agradecimiento a la Galería Bermúdez por las facilidades para fotografiar la muestra, a la que le deseo todo el éxito del mundo, en estos tiempos difíciles.

La galería



Del 11 de enero al 24 de febrero


Web del autor

Fotografías del autor del blog

miércoles, 16 de enero de 2013

LA LEVEDAD DEL ALMA, BELMONTE -EXPOSICIÓN EN LA SALA DE ORIVE

(Fotografía del catálogo)

Hoy no arrancaba mi vieja máquina informática, me asusté otra vez, porque no hace nada perdí mucha información y tuve que empezar de nuevo. Aunque  la realidad es que de nuevo se empieza todos los días, y más ahora que no tenemos los trabajadores y jubilados "esa línea lejana que le llaman horizonte", como decía Rafael de León en su Profecía, nos lo han borrado los depredadores ambiciosos y criminales que manejan el capital del mundo, que llaman mercados y que son simplemente los mismos de siempre, especuladores, usureros, capitalistas de mierda y banqueros.

José Manuel Belmonte, abriendo el compás
(foto de Cordopolis)

Pido perdón por manifestar mis pensamientos en el escrito y por el lenguaje, pero es inevitable cuando miras adelante y ves borrosa la línea. Pero lo importante es la muestra, escultórica. Se puede uno llevar una silla o ir allí a echar el día, a la Sala Orive, a disfrutar y gozar de la maravilla que es la exposición de nuestro paisano José Manuel Belmonte. Tiene apellido de torero rompedor, pero éste en las plazas que torea, son en las de la sensibilidad y el arte. Yo son tres veces las que la he visitado y fotografiado, pues siempre hay un encuadre nuevo.

Hombre pájaro

No recuerdo si el peso del alma eran veintiún gramos, me refiero al  experimento –posiblemente leyenda urbana- de la pérdida de peso cuando uno muere, pero son veintiuna las obras las del maravilloso catálogo. Veinte y la del autor con sus personajes veintiuna. Catálogo para guardar en la biblioteca de cada uno en lugar preferente. Excelentes fotografías de Alfonso Alonso, y literarios textos de la Comisaria, que no podía tener más solera cordobesa, sin serlo de nacimiento Matilde Cabello.

Hombre pájaro III

Veinte poemas lo aderezan, acompañan literariamente a las obras, son el toque exclusivo, el maridaje perfecto: José de Miguel; dos de Vicente Nuñez; Araceli S. Franco; Rafaela Hames; Carlos Clementson; Pablo García Baena; Ana Patricia Santaella; José Daniel García; Pilar Sanabria Cañete; Prudencio Salces; Salvadora Drôme; Soledad Zurera, Manuel Gahete; Manue l Sanchiz Salmoral; Juan Castro; Eduardo García; Francisco Alemán; Joaquin Pérez Azaustre; Antonio Agudelo y Matilde Cabello. Matilde es la última pero la primera, es la comisaria de la exposición.

La levedad del alma

Hablamos con el autor Conchi y yo, y fue un placer. Como siempre, el autor amable y tímido a la vez, sencillo, de a pie de calle, de vecino de tu barrio. Nos dijo que no se considera un artista, sino un “currante”. Hablamos de la inspiración y manifestó que a él le viene como a Picasso, trabajando, echando muchas horas, como jugando con la plastilina. Hablamos de amigos comunes de su mundo, concretamente de otro que admiro, José María Serrano Carriel, que él alabó. De Díaz Roncero padre, "Paco el de Luisa" para mi familia, también de su hijo. A mi pregunta, tonta, de ¿cómo es posible que de un bloque de piedra saliese una obra de arte? nos contestó lo que contestaba el Sr. Buonarroti, el Miguel Ángel, que la obra de arte estaba dentro, lo que había que hacer era que quitar el material sobrante que la envolvía. Se me quedó otra pregunta en el tintero, ¿Y yo que veo en sus muñecos, la cara de su profesor de escultura el Sr. Gallardo...? Serán mis tonterías seguramente.

Jaque mate

Luego entramos en los materiales que emplea, nos explicó la técnica y material, sencillamente, su técnica, sobre todo pensando en la necesidad de los costos. Siempre los costos en todo, que pena que en el arte, que expresa la belleza y la fealdad de este mundo, también estén presentes. No se la pierdan, mis pobres fotografías realizadas con una compacta de Kodak, no hacen justicia, hay que estar allí en la Sala Capitular, y mirarlas de cerca, casi notar su aliento porque están vivas, pero no hagan ruido porque el que duerme en el ábside, con su osito de peluche, se puede despertar.

Punto suspensivo, punto suspendido

Le pedí perdón por mi ignorancia, por haber sabido tarde de su persona y su obra, y que fue precisamente en un programa de una televisión local, hace años, ese entrañable que hace o hacía Matilde Cabello, dondé lo descubrí, lo conocí. Me quedé con las ganas de fotografiarme con él, hubiera sido un lujo. Incluso ya en la calle, mejor dicho en el jardín, pensamos volver y pedírselo, pero también uno es tímido y no le gusta molestar. Pero es igual, nos quedamos con las realizadas en la muestra, y sobre todo con las del catálogo. Ahora los textos de la comisaria:

L'anima se ne va

"José Manuel Belmonte Cortés, Córdoba 1964, se formó en el colegio de La Piedad, Los Salesianos y en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos Mateo murria del barrio cordobés de Santiago, en donde, tras concluir las disciplinas de Vaciado y Modelado, se licenció igualmente en Tallado de Madera.


Bailarina

Con el Torso de Belvedere como referente, continuó sus estudios en la escuela de Pietrasanta (Italia) en la cantera artística de Carrara, familiarizándose con el mármol que lo fuera de la Piedad y el Moisés de Miguel Ángel, mientras recorría los principales museos europeos incidiendo en los de París. Bruselas o Roma.


Cogiendo la luna

El fruto es una obra poderosa y rotunda, plasmada en mármol, bronce, barro, poliéster o nieve, premiada y reconocida en Grecia, Singapur, Turín o Japón. En éste último escenario, y por iniciativa de otros artistas, su escultura, aún incompleta, recibió la visita del emperador Hiroyto, que la dejó emplazada en la ciudad de Akita.


Largo es el camino

Ya desde principios de los 90, coincidiendo con su primera exposición en Córdoba, el conocimiento y reconocimiento del todavía joven artista, le habían sido dados en su ciudad por parte de destacadas personalidades con encargos de numerosos retratos, destacando el grupo escultórico del mausoleo del obispo Infantes Florido en la Mezquita-Catedral de Córdoba, realizado en bronce y mármol.


El solecito

Comienza así la nueva expansión de la obra de Belmonte desde el Museo Fines de Almería a la Galería Dieleman Art Bronze Internacional de Bruselas, o los distintos monumentos alzados en Córdoba y su provincia, trayectoria que alcanza el culmen en 2007 al obtener el Premio Internacional de Escultura Figurativa de la Fundación de las Artes y los Artistas, el galardón de mayor prestigio que se concede a las Artes Figurativas y le abren las puertas del Tyssen.


El vuelo 

En los últimos años, asistimos a la evolución de una obra que guarda en sus títulos la esencia de la búsqueda incesante de la forma y la levedad; figuras que acogió Córdoba en las exposiciones que, bajo los títulos de Anatomía del alma y El recreo de los ausentes, volvieron a sorprender en la estación del AVE, en el Patio Barroco de la Diputación y, recientemente, en la Berger Gallery de la Ciudad Condal.


La mar está en calma

Si Belmonte fuera científico, sería psiquiatra. No esculpe, arranca emociones. 

Son pocos los artistas que detienen su mirada en la gente mayor que seremos: La vieja friendo huevos de Velázquez o El Moisés de Miguel Ángel; El Séneca de Mateo murria o Las Brujas de Goya. Son apuestas valientes de artistas que transgreden la oficialidad; gestos osados en tanto en cuanto suponen un espejo: el de la vejez y la decrepitud del ser humano.


El castigo

Esta exposición antológica, denota la maestría de Belmonte que, como Picasso en su primera etapa de azules, nos muestra la belleza impecable de sus Nadadoras y sus Hombres Pájaro, la perfección en la estética y la técnica para atreverse luego con el devenir del Ser, certero, inevitable; de retratar y retratarnos en la beldad de la senectud, de la pérdida de lo que fue, en la vuelta al juego, a la tierra; de la mirada astuta del ave, que todo lo ve y lo cuestiona, a la del que es mirado, en la carne plegada que sigue siendo bella tamizada por sus manos.


El sueño

Son más que figuras. Son una forma de pensar, de sentir y de hacer algo diferente. Con su mirada transgresora, Belmonte parece decirnos sean ustedes como tengan que ser: jóvenes bellísimos, contorsionistas, aves, prostitutas, viejos... y sin embargo llenos de la belleza y la ternura que están presentes por igual en cualquiera de ellas. Es el equilibrio ante la vida, tan difícil; o no.


Como un niño

En él, la levedad es pasar sin hacer daño, sin rozar la tierra, sin imponer, sin molestar; en equilibrio perfecto con el espacio, donde éste se antoja una excusa para un diálogo con lo eterno y lo etéreo, con la mente, en un soliloquio que nos enfrenta a lo más hondo.


Y tú, ¿quién eres?

En una sociedad del culto al cuerpo, que ha perdido el reconocimiento y la reverencia a los mayores, en un mundo virtual pegado no obstante al suelo, la posibilidad de alcanzar el vuelo, la belleza de la juventud y la pérdida aparente de la memoria en la vejez, advierte de la locura y la vorágine en que estamos sumergidos y reivindica la cultura del Sur; la de la reverencia al tiempo transcurrido sin prisa.

Comisaria: Matilde Cabello"


El columpio


Infancia


Como un niño (primer plano)


El columpio (primer plano)


Jaque mate (primer plano)


Hombre pájaro (primer plano)


Del 11 de enero de 2013 al 24 de febrero de 2013
Entrada Libre
Organiza Ayuntamiento de Córdoba-Delegación de Cultura

Fotografías del autor, una recortada de Cordópolis
Textos de la Comisaria Matilde Cabello el resto de la casa.