lunes, 13 de septiembre de 2010

"IN MEMORIAN" DE JOAQUIN RUIZ RODRÍGUEZ, “EL PEGOLETES”.

Joaquin Ruiz (izda) y Paco Muñoz en la calle Blanco Belmonte. (1965)Joaquín Ruiz (izda) y Paco Muñoz en la calle Blanco Belmonte. (1965)

Sólo vi a mi querido amigo Joaquinito un poco más delgado y con peor color. La tarde del domingo me llamó mi tocayo Paquito, hermano de Antoñi, esposa de Joaquín Ruiz. Traté de demorar un poco la explicación que me estaba dando porque sabía que era una mala noticia la que me esperaba, aunque por mucha demora que le diera me la iba a dar de todos modos. Y me la dio: Joaquín Ruiz Rodríguez, “el Pegoletes”, había fallecido esa misma mañana del 12 de septiembre. ¡Joder! eso no debía ser posible pero lo era. Mi amigo Joaquinito, el “Pegoletes”, mi socio de juventud, el hermano que no tuve, compañero de muchos años de penas y alegrías, le había tocado. Sólo tenía tres años más que yo. Estaba recién jubilado y sólo había podido disfrutar de su primer nieto unos meses. Me dijo Paquito que llevaba enfermo, lo que se dice enfermo un año. Un cáncer de pulmón había acabado con él.

El tanatorio, estaba repleto de una gran parte de mi vida y en menor o parecida medida de la de mi novia, de muchos años de nuestra vida, posiblemente los mejores, los que recuerdas con más nostalgia. Niños que ya eran hombres, niñas madres, y otras abuelas. Allí había personas que hacía cuarenta años que no veíamos, otras algunos menos, pero por la parte más corta veinte, que son los años de la muerte del titular del apodo, Vicente Ruiz Rodríguez, el “Pegoletes” grande, hermano mayor de Joaquinito, el confitero de la confitería California y últimamente de su propia empresa, la Sultana López. De él había heredado Joaquinito el título. Un título cariñoso debido a su simpatía, a sus “pegos” y ocurrencias. La edad de Vicente cuando murió, cincuenta y dos.

Joaquin Ruiz y Paco Muñoz Joaquin Ruiz y su amigo Paco.

Los hermanos de Joaquinito; Cloti y Rafael, Isabel y Paco, Manolín y Loli. Sus hijos, dos “tíarrones”, me dieron un beso como si de un familiar directo se tratase, hecho que me emocionó. Es como si me hubieran visto a diario. Me conocían sólo por los comentarios de la familia. “El Paco”, como me llaman todos era muchas veces el centro de las conversaciones, bueno el centro es ser algo presuntuoso, pero formaba parte de ellas, como Joaquinito y su familia, que eran casi una extensión de la mía. Mis padres, cuando vivían y los visitaba, casi siempre a recordatorio de Conchi –por eso no se puede uno quejar cuando sus hijos no lo visitan a uno-, siempre me hacían la misma pregunta:

-¿Niño no ves al Joaquinito, al Pegos? Que gracioso es, que cariñoso y ocurrente. Mi contestación: -No. Hace mucho tiempo que no lo veo, el tiene su vida organizada por otro lado. -¿Pero estáis enfadados? Me volvió a preguntar. -No mamá, es que no nos vemos. Esa rutina de pregunta era la justificación del cariño que se le tenía. Sus cuñados y cuñadas, tan cariñosas como siempre, su suegro con noventa años, sus cuñados Miguel, Rafa (cuarenta años sin vernos), mi tocayo Paquito, y lógicamente su viuda Antoñi, que seguro aún no se había dado cuenta de lo ocurrido. Hice un amplio recorrido familiar y en un momento me puse al día de muchas décadas. Devoraba presencias y recuerdos para actualizarlos.
Joaquín Ruiz Rodríguez

Podría contar miles de anécdotas. Cantar flamenco y bailar en las escaleras del Conservatorio de música, a altas horas de la noche, los dos solos. Fandangos de letras inventadas, que eran una guasa. No cantaba bien, lo hacía muy mal, pienso que fatal. No bailaba tampoco, y decía que hacía el zapateado de Sarasate, creo que sólo tenía la planta de bailaor, o bailarín si hubiera sido más delicado, que no lo era, o incluso de torero. Acababa sus bailes dando un rodillazo en el suelo que siempre nos hacía temer por una fractura de rodilla, pero como pesaba poco nunca ocurría el accidente.

Cuando pintaba, que ya no pinto nada, y cada día menos, le regalé a Paca, su madre, un cuadro, un óleo. “Las Señoritas de Avignon”, una copia del famoso cuadro de Picasso, se lo enmarqué y llegue una mañana: -Paca, como le hacía falta un cuadro para el salón le traigo uno que he pintado yo. -Qué raras son estas tías ¿no? –me contestó. Lo colgamos y todo, pero yo debía haberlo intuido y no lo intuí. Al día siguiente cuando llegue a la casa de nuevo, no estaba el cuadro. -¿Paca y el cuadro? –Lo he tirado a los carreros, era muy feo. Me dijo. Requerí a Joaquín sobre el hecho. -Joaquinito tú has visto que tú madre me ha tirado el cuadro. -Y que le hago si no le gusta. La verdad es que es feo.

Una de mis primeras obras pictóricas en los carreros. Eso significaba que no le gustaba Picasso a Paca, ni a mi amigo. Pero eso es así y ya no lo podía recuperar, la esperanza es que a algún carrero le gustase y lo tenga en su casa. Creo que estaba firmado. No ha sido el único cuadro que me han defenestrado, “El Puente de Arlés”, de Van Gog, “Niños en la Playa” de Sorolla, un Miró y algún otro. La única que apreciaba mi pintura era mi madre, que guardaba mis trabajos como oro en paño. La explicación es que era mi madre y no entendía de pintura, pero los otros tampoco entendían.

Joaquin Ruiz y Paco Muñoz en Villaharta Joaquín Ruiz y su amigo Paco en Villaviciosa despues de la corrida.

El “Pegos” siempre de cachondeo, a todas horas había un chiste apropiado, o una gracia. No era un gracioso al uso, era ocurrente, espontáneo, él no se consideraba gracioso, era una forma de ser, era genético. Muchas veces hablaba tan ligero que yo incluso, que estaba acostumbrado a oírlo, le tenía que preguntar por lo que había dicho. Nunca perdía los papeles salvo cuando le dije muy serio un día: -¡Joaquinito, tu madre es una inquilina! -¡A mi madre le vas a decir inquilina! Eres un hijo de p… decirle eso a mi madre.

No había caído o no sabía lo que significaba el inquilinato hasta que se lo aclaré, luego dijo que se había hecho el tonto. Bueno. Fuimos socios en la platería, sociedad que se disolvió por culpa de la guerra de los Seis Días o de la huelga de los entibadores ingleses, no me acuerdo del acontecimiento mundial que precipitó la subida de la materia prima, cuando el patrón era el oro. Yo, me presenté –bueno, fuimos los dos-, a un examen para para cobrador de autobús, el no aprobó, y yo sí, aunque siempre me hubiera gustado que hubiese sido al contrario. Yo me sentía con más recursos para encontrar otra cosa. Y pensaba, mal pensado desde luego, que él no iba a levantar cabeza. Pero salió adelante y bastante bien.

En otra época necesité de su favor, estábamos mal económicamente en casa, me facilitó trabajo de diseñador y me apretó las clavijas, haciendo diseños yo sacaba el sueldo, pero luego esos diseños los cobrara él unitariamente, cuando se hacían en cantidad, al mismo precio que me los pagaban a mí. Podía haber sido más sensible y haber subido el diseño de precio, o haberme dicho la verdad, cuando me enteré me sentí mal, pero esa era la tónica de la explotación en ese gremio. Siempre apretar al de abajo. En su descargo era socio con otro amigo y su responsabilidad en ello del cincuenta por ciento. Por dignidad dije no hacerle más un diseño. El mercado estaba lleno, sin pretensión alguna por mi parte, de mis diseños. Aquello ha sido la única nota negativa en nuestras vidas, a lo mejor fue el principio del distanciamiento. No lo sé y no todo puede ser inmaculado.

Llevo todo el día acordándome de él, he repasado las muchas anécdotas que forman parte de mi vida. Enumerarlas sería complicado, ayer mismo, en el velatorio, surgieron muchas entre sus hermanas y yo que nos arrancaron la risa. Reír es sinónimo de velatorio, y más si este es de una persona tan ocurrente como Joaquinito, aunque para mí será siempre el “Pegos”. Saqué a relucir cuando todavía solteros, en un bar cerca de casa de mi novia, en las Cinco Calles, jugamos una partida de dominó con dos grandes de ese bar -posiblemente desaparecidos-, un Sr. que era profesor de matemáticas y un bombero, no había quien les ganara. Les pusimos un “mandil”, es decir los dejamos a cero, pero hicimos trampas, teníamos un código de señales que nos permitía darle al compañero los datos y pedirle la ficha que necesitábamos pusiera. Aquello generó una expectación inusual en el bar, dos chavales ganarle a esos dos grandes jugadores. Si se hubieran enterado nos hubieran colgado de allí donde se imaginan, en el arco del Seis de las Cinco Calles.

Cuando trabajábamos en Rey Heredia, teníamos la broma siguiente: como era un taller de joyería nos habíamos inventado la guasa de pedir una contraseña para entrar. Si en cualquier momento uno salía a la calle, y al volver cuando llamaba escuchaba, una voz decir:

–¿Q-u-i-é-n  e-s? –recalcando la pregunta, iba dado. Tu contestabas lo normal: –Soy fulano de tal. Entonces, te pedían una contraseña para poder entrar que, además te la dictaban desde dentro, pero que nunca escuchaban bien cuando la decías tú y te obligaban a decirla varias veces en voz alta, con el asombro de los ciudadanos que pasaban por la calle. Las frases eran de lo más inverosímil y largas y si querías entrar tenías que decir la frasecita, y algunas bastante indecorosas. Era un número ver a uno en la puerta de la calle diciendo una tontería y a voces, y si no, a esperar, te quedabas en la puerta lloviera o tronara.

O cuando una noche que acabamos en casa de La Felipa, en la carretera del aeropuerto. La Felipa era un homosexual con unas manos enormes y además grandísimo, y Joaquinito pensaba que su establecimiento era un cabaret de chicas, cuando vio aquello me dijo aparte: -¡Paco! ¿Esto no era una casa de putas? –Yo creía que lo sabías. -le contesté. Sin pensarlo dio media vuelta y se marchó. Debió pensar que su hombría podía quedar en entredicho. Tuve que salir a buscarlo a la carretera en una noche de enero, de cielo limpio, que hasta dejaba ver la vía láctea, y con un frío que pelaba. Lo pude convencer, volvimos y nos tomamos una copa, evidentemente no se separó de mi lado por si acaso. Aclaración que no es necesaria pero la hago para que quede constancia; después de que nos echaran del bar Los Mosquitos, por la hora, estaba todo cerrado y un platero al que le trabajaba un primo de Conchi, Manolo Gómez, se le ocurrió decir: -Vamos a casa de la Felipa que estará abierto y si no veréis como nos abre.

Hay que decir que este Sr. era homosexual. Y allí fuimos, el platero, Manolo Gómez, Rafalin Carnago (mi cuñado) Joaquín Ruiz Rodríguez y yo. Sé que no es necesaria la aclaración pero por si, por aquello del prurito personal. Teníamos una conjunción especial, las cogía al vuelo, con insinuarle algo ya estaba en ello, era de una viveza especial. Pero era un chiste viviente, todo era guasa en él siempre. Decir también que sólo yo lo defendí cuando se examinó para el carnet de conducir y no aprobó el teórico y práctico en varios intentos, no digo cuantos, pero yo fui su único abogado defensor en ese momento de las bromas de los demás. Cualquier cosa que me acuerde es ahora importante, muy importante y, en el noventa y nueve por ciento son todas buenas y agradables. Ese es el cielo de los cristianos seguramente, como digo yo, los recuerdos de él son todos buenos, de una buena persona por lo tanto, su memoria, que es lo que vale es grata, lo contrario sería el infierno.

Cantaba flamenco, como dije, fatal, en el baile era algo mejor –efectivamente flamenco también- en la espectacularidad, lo que se llama duende… pero duende pobre. Tenía un buen corazón. Era amigo de sus amigos, salvo la mota mencionada -el mejor escribano echa un borrón o a la mejor p.. se le escapa un pedo-. Era una buena persona en conjunto, cariñoso, sincero. Todas esas cosas que te hacen, cuando ya es imposible, preguntarte porque no lo ha cultivado uno más y ha dejado pasar el tiempo. Cuando estaba enfermo le dijo a su hermano Manolín que el Paco no lo había visitado aún, porque era un hijo puta –es una forma de hablar, no es la expresión en ningún momento ofensiva y menos para mi madre a la que quería mucho y ella a él-, y su hermano le aclaró porque seguro que el Paco no sabe nada de tu enfermedad y así era, y así lo comprendió. La verdad es que me pregunto porque no me lo dijo alguien.

La vida es cruel pero es así. Menos mal que mi tocayo Paquito, su cuñado, hermano de Antoñi, su viuda, me avisó, ocho horas después del suceso, pero bueno, peor hubiera sido no haberme enterado y hacerlo tiempo después. Es la primera vez que he estado en mi vida mucho rato mirando un cadáver, ni con mis padres fue así. No me ocasionó ningún reparo, todo lo contrario, era como si estuviera hablando con él. Observé incluso si se movía, me dije que ojalá pudiera ser yo el mensajero de la alegría del error. Pero no, imposible. Pensé ir la mañana del lunes otra vez al tanatorio pero lo pasé mal la noche anterior y no tuve valor, y además ya lo había visto, aunque… sólo vi a mi buen amigo Joaquinito un poco más delgado y con peor color.

Fotos del autor (1965)

domingo, 12 de septiembre de 2010

FUENTE DE LA SALUD O DE SÁNCHEZ PEÑA


Fuente de la Salud o Sánchez Peña y su "maravilloso" entorno

Siempre que subíamos, andando como era natural, para disfrutar de un día de campo en la Palomera, pasábamos por la Fuente de la Salud, e incluso bebíamos de su agua, cosa que en la actualidad es impensable hacer, so pena que te expongas a sufrir hasta el cólera. Disfrutábamos con la visión de la peculiar casa de la que formaba parte. Con unos ventanales de cristal, y postigos de madera en las ventanas. Varias palmeras completaban el panorama que se veía desde la carretera.

 Primer plano de la Fuente.
Primer plano de la Fuente.

Hoy, una urbanización que se llama Mirabueno, y la urbanización y el ensanche del sistema general Fuente de la Salud-Madres Escolapias, que sube hacia el Barrio del Naranjo, ha obligado a derribar esa casa, a mantener en un estado lamentable de su entorno, y menos mal, no han destruido del todo la Fuente de la Salud.

En una referencia a las Ordenanzas de 1884 se describe así la fuente:

“Aparece citada como «Fuente denominada de la Salud», localizada «En terrenos inmediatos al arroyo de las Piedras», en el Sexto Distrito de la Sección de la Sierra del Apéndice Nº5 de las Ordenanzas Municipales del año 1884 de Córdoba.”

 Trastienda de la Fuente.
Trastienda de la Fuente.

Su ubicación actual, es en la C/. Madres Escolapias, al norte del los acueductos de abastecimiento de agua de Córdoba, dentro de suelo calificado como Urbanizable Programado por el PGOU vigente en Córdoba. Esos terrenos eran de la conocida Huerta de la Salud.

 Vista del Jardín lateral de la Fuente.
Vista del Jardín lateral de la Fuente.

Como apunte que puede ser significativo en lo referente al segundo nombre de la Fuente, debemos decir que D. José Sánchez Peña, que nació en el Paseo de la Ribera 21, un día de Reyes de 1861, estaba catalogado como un empresario ejemplar, innovador, que implantó servicios médicos a sus trabajadores, e incluso los hizo participes de los beneficios empresariales, se retiró a una finca de su propiedad que tenía en Mirabueno, es decir en las proximidades de la fuente que nos ocupa, y el refrendo a esa ejemplaridad que la historia adjudica al Sr. Sánchez Peña, lo hace D. Teodomiro Ramírez de Arellano, cuando dice de él:

“Los operarios a las órdenes del señor Sánchez han encontrado siempre en él un amigo en vez de un principal, y un decidido protector que, lejos de escatimarles el producto de sus trabajos, se los ha favorecido, educando a sus hijos y dando a muchos participación en los productos, lo que a varios ha servido para establecerse, aunque no siempre pagando siquiera con su agradecimiento el bien recibido de una manera tan leal y franca.”

 Vista del Parque de la Asomadilla desde arriba de Mirabueno.
Vista del Parque de la Asomadilla desde arriba de Mirabueno.

Puede que esta referencia justifique el nombre de la fuente que desde tiempo inmemorial se ha llamado Fuente de la Salud, y que incluso dio nombre a la carretera que subía hacia el barrio del Naranjo.

Hoy, forma parte la Fuente de la Salud, de esos muchos de los lugares que fueron parte importante de la historia de esta ciudad, y que ahora configuran el catálogo General de Monumentos Abandonados y Jaramagos Selectos, que seguro no están relacionados en el proyecto de esa entelequia que se llama Capitalidad Cultural 2016, y que se ha adueñado obligatoriamente del sentir de muchos ciudadanos cordobeses, que nadie se atreve a criticar porque te llamarán traidor, o anticordobés, equivalente del antiespañol que la derecha llama a todo aquel que no se pliega a sus intereses o no los comparte, o favorable a disolución del Estado cuando hablas de federalismo, o maltratador cuando protestas por la discriminación positiva que sufren algunos hombres, o muchos etcéteras más.

 Barrio del Naranjo, sierra y un lateral del Parque de la Asomadilla.
Barrio del Naranjo, sierra y un lateral del Parque de la Asomadilla.

Considero que debían valorarse los gastos, que considero excesivos, desde que se empezó con este asunto y hasta que termine. Y en el supuesto deseado de que se consiga el objetivo, descontarlos de los beneficios que se obtengan para ver si la gestión ha sido positiva. Debía hacerse pública la cuenta de resultados de toda esta gestión del dinero público, para ver cuánto se ha arriesgado o cuanto se ha conseguido.

 Escaleras al lado de la fuente que acceden a la urbanización de Mirabueno.
Escaleras al lado de la fuente que acceden a la urbanización de Mirabueno.

Porque de gestiones positivas ya tenemos buena muestra, Estadio de fútbol, edificio de la tribuna este, sin entrar en las reparaciones y cambios; Palacio del Sur; Gestión del urbanismo “melladista” con los gastos de los fastos de la inauguración del puente de la Cruz de Rastro y difusión de logros; Entorno del río con cuatro metros de arena que han tapado las instalaciones piragüísticas que nadie usa y que nadie quita, etc. etc.


 Tuberías de la antigua conducción de aguas a Córdoba.
Tuberías de la antigua conducción de aguas a Córdoba. Aunque no se usen ¿Cómo es posible que en mitad de la ciudad, un desaprensivo puede acceder a la acometida de aguas a Córdoba, y manipularlas?

¿Por qué todo esto? Pues porque es muy poco el dinero que hace falta para conservar esos lugares que configuran la cultura ancestral de esta ciudad, y muy grande la pena de verlos así, sin olvidar esos posibles parques arqueológicos que están fuera del campo de visión de los gestores políticos.

Esa sería, no la Ciudad de la Cultura para un año determinado, sino la Córdoba Ciudad de la Cultura para la eternidad.

Fotos del autor.

sábado, 11 de septiembre de 2010

CRUZ DE JUÁREZ


Cruz de Juárez.
Cruz de Juárez.

Mientras Conchi y yo hacíamos hora para pasar una agradable velada con nuestros amigos Paco y Encarna, me acordé de la leyenda de la Cruz de Juárez, pasamos por allí y le hice unas fotografías. Antes, el calvario o humilladero, estaba en las afueras de la ciudad, éste al que nos referimos estaba camino de la sierra, dirección Molinillo Sansueña, hoy está en un hermoso barrio, en una confluencia de avenidas, y delante del Centro Cívico Norte. A la izquierda el jardín en lo que se convirtió el recorrido del ferrocarril; frente la subida a la Asomadilla y el fabuloso parque de la ídem.; a la derecha dirección Santos Pintados, en espera de esa gran obra que dará continuidad al puente que no va de momento a ningún sitio, pues Córdoba somos muy dados a obras inacabadas.

Delante de la cruz figura una inscripción, sin que esté datada la misma, dice:

“Vestigio de un antiguo calvario o asiento de una novelesca tradición siempre presidió este encuentro de caminos la santa enseña de la cruz.”

 Inscripción.
Inscripción.

En el texto está prácticamente el guión de la historia, novelesca, por no tener crédito la misma estándo en el mundo de lo ficticio.

Si partimos de los llanos del Pretorio, son varios los caminos que tenían los cordobeses de antaño: el de los Arenales, camino de la sierra salpicado de multitud de Huertas y Rosales; el de los toros; el de Trasierra, o a la Albaida, y uno que se dirigía a Santo Domingo, o Santuario de Scala Coeli (Escalera del Cielo), del que decían sus ocupantes era un lugar insalubre, cuando decidieron bajar al Convento de los Mártires de la Ribera. Otros intereses tendrían los frailes, porque el lugar no puede ser más hermoso y saludable.

Desde el Convento de la Merced existían varias cruces instaladas que configuraban un Vía Crucis, hasta la última que es la que nos ocupa, que se colocó en unas gradas y se le dio el nombre de la finca cercana, propiedad del Sr. Juárez. En la Obra Tradiciones Cordobesas, de la que sólo se publicó el primer tomo, está relacionada la novelesca historia.

 Desde otro ángulo.
Desde otro ángulo.

Una enorme fortuna era la que poseía Antón Juárez, con fama de buen ciudadano y esposo ejemplar, cuya esposa estaba enferma, evidentemente virtuosa, piadosa y religiosa en extremo, de hermosura decadente por la enfermedad. Antón sin embargo, a pesar de sus frecuentes visitas a la Merced y otras parroquias no era tan “bueno”. Tenía un compadre –es importante tener un buen compadre o no tenerlo, de eso entiendo yo bastante pues los dos únicos compadres que he tenido me han salido rana, hasta el extremo que decidí apostatar para romper ese vínculo y me diesen de baja de esa filiación. Imposible apostatar, por lo que es un castigo divino supongo por mis errores-. Con el compadre de Antón -que sería más o menos como alguno de los que tuve y me arrepentiré siempre de haber tenido-, vivía una hermosa joven de la que el caballero estaba enamorado.

Ya está el guión estructurado; una esposa enferma, más buena que el pan, pero enferma, una veinteañera dispuesta, y un compadre que empujaba y facilitaba los encuentros, seguro que por sus intereses. Tanta tentación y carencias, terminaron por debilitar los pocos principios que quedaban a D. Antón, y decidió acabar con la situación de forma criminal, asesinando a su esposa. Aprovechando la primavera y el deseo de salir a una casa que tenían en el campo, urdió su plan. Cuando llevaban pocos días en el campo, se inventó una cacería con sus amigos y dejó sola en la casa a su mujer con las criadas varios días. Uno de ellos, en el que se había desatado una tormenta, a media noche, bajó a caballo a su casa de incognito y con una daga a la que había quitado la empuñadura, asesino a su esposa que estaba dormida, dejándole la daga dentro del cuerpo.

Dice la historia: “la introdujo en el cuerpo de aquella desgraciada, de manera que su muerte pudiera atribuirse a la enfermedad que ya hemos dicho padecía.” La verdad es que no se cómo se puede hacer eso pero… lo cierto es que la mató, pero antes de morir ella se despertó de su sueño y como le conoció, le dijo:

-¡Te perdono Antón! -No podía ser menos siendo tan piadosa.

En ese momento un rayo -que seguro sería divino-, prendió fuego en la casa. Antón salió corriendo a por su caballo, y tuvo que pasar el torrente en que se había convertido el arroyo, volviéndose a la montería. Hasta allí llegaron las noticias del suceso, y fue avisado. Las muestras de dolor fueron grandes a pesar de llevar temiendo el acontecimiento desde hacía tiempo, por su enfermedad. Un primo de su mujer sospechaba pero no tenía pruebas. Se celebró el entierro y la esposa fue depositada en un panteón que tenía la familia en un convento.

Pasados dos años, Antón se casó con la jovencita. Y transcurridos diez comiendo perdices, falleció otro miembro de la familia, que se hubo de enterrar en el mismo panteón, al hacerlo, el primo que sospechaba de él participó en el enterramiento, al tener que mover los restos de la esposa de Antón para enterrar al otro familiar, estos se deshicieron y quedó al descubierto la daga de Antón Juárez entre ellos. Antón fue acusado de la muerte de su esposa. El compadre le facilitó un médico que dijera que estaba enfermo para dilatar la acción de la justicia. Así ocurrió, el Corregidor ante la explicación del médico y el estado aparente de debilidad lo dejó en su casa.

Esa noche prepararon la huida su compadre y él. Ensillaron dos caballerías y a una tercera le cargaron un cofre con joyas y dinero. Se citaron en el cruce de caminos, e iban vestidos de frailes. Cuando se disponían a partir el compadre le pidió, en virtud de lo que estaba arriesgando, le diera la mitad de la fortuna, Antón asintió y nada más iniciar el camino intentó matar al compadre, pero éste fue más hábil y quien cayó muerto fue él. Cuando el prior de los franciscanos fue a ver qué fraile era el que había muerto descubrieron que no era fraile, era Antón de Juárez.

Se pensó que se había suicidado por temer a la justicia, pero la esposa dijo que se había marchado con su compadre llevándose un cargamento de dinero y joyas. Al compadre lo cogieron en Extremadura y lo trajeron a Córdoba. Fue condenado a muerte y ejecutado en el mismo lugar del camino. La hermandad de la Caridad que se encargaba de los cadáveres de los ajusticiados erigió posteriormente la cruz por el suceso.

 Aérea de Google del emplazamiento.
Aérea de Google del emplazamiento.

Y colorín, colorado…

Crímenes pasionales, historias novelescas, etc. etc. la realidad se presupone como lo que se dice en el principio: “Desde el Convento de la Merced existían varias cruces instaladas que configuraban un Vía Crucis, hasta la última que es la que nos ocupa, que se colocó en unas gradas y se le dio el nombre de la finca cercana”.

Fotos del autor.
Bibliografía T. Ramírez de Arellano.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

LA FUENTE DEL "CUADRANTE" U ORQUIN


 Fuente del
Fuente del "Cuadrante".

La otra mañana, después de ver el incendio del Cambrón, hicimos una parada en la fuente del Cuadrante. Siempre me ha recordado al Cañito Bazán por la captación, aunque el Cañito era mayor y de piedra. Este lugar, durante un tiempo, fue improvisado y lamentable lavadero de coches, que dejaban el entorno de pena. Además del peligro que generaban, dado lo estrecho de la carretera, con los estacionamientos de los vehículos en cualquier sitio, imagino que la Benemérita habrá puesto orden. Las fotografías demuestran su reparación y la limpieza que ahora presenta. Tiene dos rejillas que impiden que ramas o cualquier otro objeto que se introduzca en la arqueta pueda continuar hacia abajo. Son muchos los años que está dando servicio ininterrumpidamente esta conducción de aguas.

 Fuente vista desde la carretera
Fuente vista desde la carretera .

Laurentino, de Puente Mayor, lo menciona como el venero de Santa Clara, cuya caseta de captación está en los alrededores, concretamente en la ladera sur de la cañada que sube hasta la Urbanización San Cristóbal. Por ese lugar, por la ladera de la derecha sentido de subida, con la desaparición de la línea de radio de Telefónica, instalaron la conducción de la fibra óptica hasta la estación superior. Pasando el venero y un par de curvas, al lado de la carretera, está la estación de radio de Telefónica. Esta estación recibía la señal de microondas de otra instalada en Cerro Perea, en la campiña, cerca de la N-4. Desde “Villa Cacerolas” llamada cariñosamente por los empleados, salvaba la señal la sierra, por medio de un repetidor pasivo, consistente en una enorme pantalla reflectora instalada a la altura del cortafuegos cercano a la pista de despegue y aterrizaje del Infoca, dando el salto hasta la torre del Lagar, de TVE, donde estaba la receptora, y desde ésta última nuevamente la transmisión se realizaba por medio de parábolas. Hay que decir que las microondas se comportan como un haz de luz y los principios de transmisión son muy parecidos a los de ésta.

 La Fuente
La Fuente .

En cierta ocasión que Conchi y yo, subimos hasta la parcelación de San Cristóbal por ahí, nos desviamos de la ruta y a campo través, no había camino practicable, llegamos hasta la construcción tipo alcubilla, punto de partida (supongo) de la conducción de agua citada. Arriba sé de unos pozos con una profundidad de casi doscientos metros, que me hace suponer que la capa freática de los pozos es la misma que la de la fuente. Lástima que no llevábamos máquina fotográfica, la comodidad de las cámaras digitales o los teléfonos con ellas incorporadas, era aún algo así como ciencia ficción. Pero estuvimos en ella, creo recordar una construcción encalada, que tenía una pequeña puerta, era relativamente pequeña, y estaba situada como hemos dicho en la ladera del cerro, casi oculta por la vegetación, que impide verla a duras penas. Después continuamos la subida y al llegar arriba, giramos a la izquierda dirección suroeste, pera luego bajar por el primer collado a la izquierda -antes de llegar al que conduce a los Morales, vereda del Villar-, que nos devolvió hasta la fuente que nos ocupa. En realidad circundamos el cerro que yo siempre cito como de San Cristóbal. El cerro de san Cristóbal está en la cota de 561 m., el siguiente hacia el suroeste en la de 541 m., entre ambos el collado citado, que baja al “Cuadrante”, rodeando la cota de los 421 m. por un camino de notable desnivel. Un recorrido de unos 2,6 km. en el que subimos primero y bajamos después, unos ciento y pico metros.

 Vista de las rejillas y el pilón
Vista de las rejillas y el pilón .

Si utilizamos el Visor Sigpac, vemos que, en mi opinión, tiene errores de bulto en la señalización de los lugares. Cita como urbanización Santo Domingo a la de San Cristóbal, llama Pino Gordo a un lugar que está bastante más al oeste de donde lo marca, y a la Alcubilla Fuente del Orquín, pero que llamaré Santa Clara por merecerme más respeto las opiniones de Laurentino de Puente Mayor que la cita así. Todo ello no obstante el documento: "Caminos públicos, fuentes, abrevaderos y alcubillas en el entorno de la finca La Palomera, Los Morales y Santo Domingo". Que dice: “Fuente del Orquín, Localizada junto a la carretera de Córdoba a Obejo, CV-45 aproximadamente en el km 4,800, y el camino nº39 de las Ordenanzas Municipales del año 1884, unos 150 m al norte de la salida del cortijo de San Pablo, a la margen izquierda en el sentido de la subida. La cartografía del Catastro de 1945-1952 (límites entre Pol. 63 y Pol. 64) la sitúa concretamente en este lugar. Igualmente, la cartografía topográfica más reciente del Instituto Cartográfico Andaluz (ICA).”

 Vista Aérea de Google
Vista Aérea de Google .

Es cuestión de elegir, aunque yo después de haber constatado la multitud de errores de planimetría que observo en los trabajos que existen, fruto de una incorrecta vigilancia por el personal responsable, y que generan una sensación de desconfianza lógica, la llamaré de Santa Clara, por las razones expuestas anteriormente.


 Vista Aérea general de la zona de Google
Vista Aérea general de la zona de Google .

Una fuente de agua trasparente “inodora, incolora e insípida”, virtudes “teologales” de una buena fuente, en suma, una fuente cordobesa de toda la vida.

Fotografías del autor y Google.

martes, 7 de septiembre de 2010

INCENDIO EN EL CAMBRÓN Y VALLE DE SAN BENITO


área del incendio
Área del incendio (Fotografía de Google)

Esta mañana tocó visita-reconocimiento a la zona del incendio que criminalmente ha sido provocado en la Carretera de los Villares, a la altura de la Peña del Cambrón (arbusto), que un cambrón o cambrones, a saber, le han prendido fuego. La superficie quemada es considerable. Es cierto que es monte bajo la mayor parte, pero el daño a pesar de no ser irreparable, es cuantioso. Siempre lo es cuando afecta a la naturaleza, y mucho más cuando amenazó y bajó en parte al antiguo Valle de San Benito, que es el que hace sombra al Cortijo de Cabriñana, Alojamiento rural y Granja Escuela de nuestra sierra.

Esta mañana se habían reavivado algunos focos que humeaban aún, pero que tenía perfectamente controlados el servicio de retén del Infoca, cuya actuación junto con el resto de servicios ha sido ejemplar.

Es de significar, cuando conoces el paño, que los medios de comunicación, o el reportero de turno, para sudar la camiseta, para justificar su actuación, tratan de obtener a toda costa una entrevista de un testigo, normalmente un desocupado, jubilado, o el que menos sabe del asunto, y que además no vive allí. También alimentan los hechos, con espectaculares y exageradas actuaciones, creando un ambiente de tensión muy superior a la realidad.

-Explíquenos Sr. ¿cómo sucedieron los hechos?

-Pues verá usted, yo vivo en la urbanización equis, que está a unos kilómetros de aquí y he venido a ver a un amigo que tiene aquí una parcela, con el ánimo de ver que ha pasado. –contestaba al reportero, un Sr. en traje de parcelista de verano, camiseta de tirantes y pantalón deportivo, con barriga cervecera, y que no sabía nada de nada y no había visto nada.

-Pero ¿cuando se inició el fuego usted dónde estaba?

-Pues en mi casa, a unos cinco kilómetros de aquí. Me he enterado esta mañana al oír la radio.

Siempre es igual. El reportero trata de encontrar a la Marlene Dietrich, que enrede a Charles Laugton, para salvar al Tyrone Power. En una palabra al testigo de cargo. Aunque siempre encuentra a quien no es, pero todo vale para que el morbo y el alarmismo esté servido.

Bromas aparte, lo cierto es que, como siempre, unos desalmados han ocasionado un daño considerable a la naturaleza, han creado un peligro potencial para las personas, y se han quedado tan tranquilos. Esperemos que las investigaciones en curso den con los culpables, cosa habitualmente difícil, y les hagan pagar su crimen.

En la fotografía aérea de Google, hemos delimitado groseramente el área dañada, área que posiblemente en una medición correcta, por profesionales, no a ojo por ciento como la nuestra, sea notablemente superior. Por otro lado la información que dio canal sur la pueden ver en este enlace, donde Miguel Serrano y Lucia Martínez, propietarios de una parcela en San Cristóbal explican su versión de los hechos, versión de primera mano pues ellos viven allí y estuvieron en el lugar del incendio toda la noche, pues no se marcharon al requerimiento de las autoridades.

sábado, 4 de septiembre de 2010

ANTIGUA FACULTAD DE VETERINARIA DE CORDOBA


Fachada principal
Fachada principal

El edificio que contenía la antigua Facultad de Veterinaria de Córdoba, es sin duda alguna uno de los edificios más hermosos y brillantes de Córdoba y, también posiblemente un gran desconocido. Es un edificio teóricamente joven, de unos sesenta años. Por un R.D. de 1914 se aprobó un presupuesto de casi dos millones de pesetas, y el proyecto de construcción, que se encargó al Arquitecto, D. Gonzalo Domínguez Espúñez, éste diseñó un edificio basado en la tradición arabista del momento, de ladrillo visto, arcos de herradura, azulejos y decorados florales de piedra, que se vino a llamar"mudéjar modernizado de tradición cordobesa". El Ayuntamiento compró cinco hectáreas de la Huerta de la Trinidad en cincuenta mil pesetas, que las cedió al Estado.

Fachada este
Fachada este

La lentitud de las obras fue desesperante, siete años después, en 1921, sólo estaba construida la planta baja y el presupuesto estaba casi gastado en más de su tercera parte. Ocho años después, en 1929, el General Primo de Rivera impulsó el proyecto nuevamente, pero con la condición de recortar el mismo por considerarlo muy lujoso. Hubo que aceptar el pabellón principal de tres pisos, para poder continuar. En ese mismo año se aprobó la reforma por cuatro millones de pesetas. Las obras se las adjudicaron a D. Severiano Montoto, y existía el compromiso de acabarlas en 1933, pero en el 1932 ya consumida la asignación se paralizaron nuevamente las obras. Se ponen de nuevo en marcha en 1934 con presupuestos adicionales del orden de medio millón de pesetas.

 Reloj y detalle de la fachada principal
Reloj y detalle de la fachada principal

Llega la Guerra incivil de 1936, y el edificio que estaba casi terminado, fue ocupado por el ejército que materialmente lo destrozó e incluso instaló un polvorín en su sótano. En 1941 se reparan los destrozos ocasionados por las fuerzas militares. Terminada la guerra, el ejército continuó en el ala este para su uso y almacén de proyectiles hasta el 1942. En 1943 deja de ser Escuela de Superior de Veterinaria para transformarse en Facultad de Veterinaria. En una de las fotografías en blanco y negro, la firmada por Ladis, podemos ver la antigua Escuela que estaba en el edificio de la calle Encarnación Agustina –Regina-. En otras fotografías se ven diversas fases de su construcción, inclusive una con el edificio casi terminado, en la que se puede observar el paseo central que tenía la Avenida de Medina Azahara y que estuvo hasta la mitad del siglo XX. Hay un detalle, debajo del reloj estuvo durante toda la dictadura fascista el escudo de la II República y los fachas no se dieron cuenta o lo ignoraron. También estos fachas nos colocaron calles que han estado muchos años vigentes con nombres de criminales. 

 Lado noroeste
Lado noroeste

La Facultad tuvo un periodo de máximo esplendor, con una fama en Hispanoamérica y en el mundo por la calidad de su enseñanza, que hizo que una gran parte de los alumnos fuesen de otras latitudes, luego la tendencia fue cambiando, sin que la causa fuese merma de su calidad de enseñanza, sino un cambio de tendencia, y la creación de otras facultades en los países de origen.

Tuvo notable preponderancia la Facultad, con la incorporación de Rafael Castejón y Martínez de Arizala en 1930, como catedrático, que había estado muchos años vetado por ese príncipe del caciquismo de este país que fue el Ministro Barroso. El Sr. Castejón escribió al respecto:

“Pero allá va otro detalle del que fui protagonista. Pretendí ocupar una plaza de profesor auxiliar en la Escuela de Veterinaria de Córdoba, fastuosa prebenda que tenía mil pesetas anuales de gratificación, que venían a ser unos catorce duros mensuales, pero que para mí tenían el interés de poder trabajar en dicho centro, y acudí al concurso oficial anunciado oportunamente. Fui propuesto por el Claustro y, aunque pasaban los meses, el nombramiento no venía del Ministerio, hasta que en cierta ocasión que mi hermano Federico fue a la corte, le encargue que indagase la causa de aquella tardanza. En el negociado ministerial, el jefe le enseño el expediente, que tenía una nota, escrita de puño y letra de don Natalio Rivas director general o subsecretario de Instrucción Pública a la sazón, que decía: ‘Déjese en suspenso este nombramiento hasta consultar al señor Barroso, por si le interesa’. Sabido es que la política de aquellos años, la llamada política caciquil, consistía en hacer pasar por bajo la férula del correspondiente cacique todos los asuntos públicos de la jurisdicción al mismo asignada. Este no era más que un caso entre todos los que se sucedían a diario de la misma naturaleza.

En Córdoba hubo un juez que cada vez que tenía que resolver un asunto, le escribía a Barroso por si éste tenía interés en alguna de las partes litigantes. Cuando recibía la contestación dictaba la sentencia dando gusto a la inclinación recibida.”

 Antigua Escuela de Veterinaria de la calle Encarnación Agustina (Regina)
Antigua Escuela de Veterinaria de la calle Encarnación Agustina (Regina)

No crean que el señor Castejón era un revolucionario, que no. Era de un partido conservador y luego fue uno más del régimen dictatorial que siguió a la II República y que aceptó sin rechistar, amén de ser de una familia pudiente. Luego su fortuna también se acrecentó notablemente. Eran disputas de familias de partidos, en este caso todos conservadores, donde el interés ideológico, estimo, primaba poco. Era el reflejo de un momento que, en el fondo ha cambiado muy poco en la actualidad, y a los noticiarios me remito.

 Facultad en construcción
Antigua Escuela de Veterinaria de la calle Encarnación Agustina (Regina Facultad en construcción

En los años sesenta participé en un examen que se celebró en una de las aulas de la Facultad. Fue cuando conocí esa maravilla de edificio. No aprobé por torpe, por una falta de preparación, por un exceso de confianza, no por desconocimiento, de verdad, por eso fue lamentable el resultado. Eso hubiera cambiado mi vida notablemente -significaba salir al extranjero, como le ocurrió a un amigo que si entró en la lista de aprobados-, y tener un campo abierto para prosperar en esa disciplina. De todas formas, si eso hubiera sido así no hubieran pasado las cosas que pasaron después, entre otras no hubiera sido funcionario del Ministerio español que más miserablemente paga a sus trabajadores. Por eso cuando algunos autónomos, que no se acuerdan de Santa Bárbara hasta que truena, critican a los funcionarios, les daba yo el sueldo, para toda la vida de funcionario, ya que ellos, en época de vacas gordas, cuando reciben pingües beneficios en su vida laboral, que no discuto, no se acuerdan de esos sueldos miserables de algunos, muchísimos, funcionarios públicos. Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, pues eso…

 Vista de la Facultad recién terminada, cuando aún tenía el bulevar central la Avenida de Medina Azahara
Vista de la Facultad recién terminada, cuando aún tenía el bulevar central la Avenida de Medina Azahara

Luego, hace unos años, visité varias veces la Cátedra de Flamencología, cuyas clases las impartía en esa Facultad Agustín Gómez. Ya estaba el edificio algo deteriorado, e incluso había una vibración procedente de los sótanos que daba algo de repelús, por lo menos yo que tengo una sensibilidad especial para los movimientos sísmicos, lo notaba. Después se ha comprobado el riquísimo parque arqueológico que atesoraba en sus entrañas, y que sigue estudiándose. Pero nada de eso puede compararse a esa joya de edificio, digno de ver y que presumamos de él los cordobeses. Rodeado de un delicado y bien cuidado jardín con especies vegetales de categoría, donde el agua y la estructura del mismo estimulan los sentidos. Hoy es el rectorado de la Universidad. Cuando hice las fotos anteayer, era muy temprano –se puede ver la hora en el reloj- y una fina lluvia refrescaba el ambiente, que lo hacia aún más agradable.



Fotos del autor y wikipedia
Vídeo del autor
.

INCENDIO DE UNA PALMERA EN LA AVENIDA DE EL CAIRO


Palmera quemada en la esquina de El Cairo.
Palmera quemada en la esquina de El Cairo.

Esta noche pasada del viernes han quemado una palmera en la Avenida de El Cairo, esquina Hermanos Juan Fernández. ¡Increíble! ¿cómo se puede quemar una palmera aislada? Una palmera no es un matorral y es necesario quemarla a conciencia, posiblemente rociándola de algún líquido inflamable que permita prender su corteza. Pues bien la han quemado, si no hubieran llegado los bomberos el daño podría haber sido irreparable.

 Otra vista de la palmera quemada en la esquina de El Cairo.
Otra vista de la palmera quemada en la esquina de El Cairo.

Siguen sin entrarme en la cabeza los motivos del destrozo, evidentemente la cercanía de las viviendas, el grupo semafórico, son también cuestiones a tener en cuenta. ¿Son cafres como dijimos en cierta ocasión por la quema de contenedores? ¿O son vulgares delincuentes? Yo creo que lo segundo pero además insensatos. No es lógico ni normal, ni miden el alcance de lo que puede suponer un fuego incontrolado. Una palmera ardiendo que cae encima de los coches aparcados u otros árboles, si alguien no se da cuenta y llama a los bomberos, el daño podía haber sido descomunal. Siempre por la noche, después de las copas.

 Base de la palmera quemada.
Base de la palmera quemada.

Mal futuro tienen estas personas que se dedican a estos menesteres, que pueden incluso estar ya hasta localizados, un vecino con una cámara de video se convierte en el testigo de cargo del vandalismo. Voy a llamarlo así, pero en realidad es un acto criminal. Si cuatro desalmados siguen con este tipo de actuaciones incontroladas, con estos actos puramente criminales, si los demás ciudadanos nos mantenemos al margen, mañana nos puede tocar a nosotros. Es necesario que la ciudadanía denuncie estos hechos criminales para facilitar la labor de la policía de, encontrar y poner a disposición de la justicia estos maleantes, nos va en ello a todos bastante.

Decir para terminar que, afortunadamente son hechos aislados en el tiempo, y no es la tónica normal del barrio.

Fotos del autor.

viernes, 3 de septiembre de 2010

LA ERMITA DEL PRETORIO


Vista de la Ermita del Pretorio en su emplazamiento actual
Vista de la Ermita del Pretorio en su emplazamiento actual.

Hoy vamos a tratar de acercarnos a una pequeña Ermita de la ciudad, la llamada del Pretorio. En primer lugar, hemos realizado una búsqueda por los planos conocidos de la ciudad, para ubicar aproximadamente el emplazamiento original de ésta que hoy nos ocupa y que es sobradamente conocida en nuestra ciudad.

En el plano de la ciudad de 1811, no nos encontramos ninguna referencia a su emplazamiento primitivo pues éste se queda cortado en la Alameda de los Tejares. Sin embargo, en el de 1851, ya figura el Barrio del Matadero y el “Callejón de los Toros”, germen de la actual Doña Berenguela. Tampoco figura en el plano de 1851, en la relación de Hermitas (sic) que contiene, la Ermita del Pretorio.

 Cancel de la entrada y losas del acerado
Cancel de la entrada y losas del acerado.

En el plano de 1884, nos volvemos a encontrar el “Callejón de los Toros”, haciendo pared con las nuevas instalaciones del ferrocarril, y el barrio del Matadero del que desaparecería gran parte absorbido por los terrenos ferroviarios. Aquí sin embargo ya está emplazada la Ermita en la esquina de la Ronda de la Estación, actual Avenida de América. Lógico pues el traslado se hizo en 1872.

 Plano de la ciudad de 1884.
Plano de la ciudad de 1884.

Pasando el Convento de la Merced, en dirección a la sierra, existe en la ciudad el lugar conocido como Los llanos del Pretorio. Las instalaciones del ferrocarril lindaban con la Huerta de la Reina configurando el Callejón de los Toros, que antaño corría entre la huerta citada y la de la Merced, tomando la dirección de la Fábricas de Harinas de San Rafael, cuyo camino continuaba hacia la Carretera de Trassierra. En el lado norte del camino, existía un pequeño montículo que se allanó para las vías. Como podemos ver en la fotografía del plano de la ciudad de 1884, sus curvas de nivel están cortadas horizontalmente para el allanamiento del terreno. En la altura que queda del Callejón de los Toros, pegado a la parilla de las instalaciones del ferrocarril estaba el Humilladero o la pequeña Ermita del Pretorio.

 Puerta interior de la Ermita.
Puerta interior de la Ermita.

Un humilladero es una cruz de término que se ubicaba en la salida de las ciudades. A este del Pretorio se accedía por dos escaleras opuestas y estaba, en este caso configurado como una pequeña ermita, en la que en su interior había un “ecce homo” en lienzo, que representaba a Jesús en el Pretorio Romano -de ahí el nombre de la Ermita y por extensión al llano aledaño-, de notable veneración por la vecindad cercana del barrio del Matadero, y los que por una u otra razón salían de la ciudad hacia la sierra, como los piconeros al salir al trabajo esperando ocurriera lo que decía la copla la Cuesta del Reventón, “desde aquí a Piquín hay mucho jaral, si no viene el guardia habrá un buen jornal”, y al regresar para dar gracias por la carga que les permitiría dar de comer ese día a los suyos.

 Marcas de cantero en las losas de la entrada.
Marcas de cantero en las losas de la entrada.

El deterioro de la pared, adosada donde se ubicaba la ermita, hizo que se agrietara ésta posiblemente por el allanamiento del terreno como hemos comentado y, ante el peligro de ruina se derribó y trasladó el lienzo a San Miguel donde estuvo algunos años. La ermita original ya había sufrido algunas remodelaciones como se pudo observar en su derribo. La constante demanda de los vecinos del barrio, hizo que a finales del siglo XIX, con la ayuda de Ayuntamiento, y la colaboración de algunos afamados toreros, se construyera una nueva ermita.

 Una vista del emplazamiento antiguo, el fielato, y los pisos de Renfe.
Una vista del emplazamiento antiguo, el fielato, y los pisos de Renfe.

Ésta fue edificada por Mateo Inurria Uriarte, padre del escultor. Bajo la dirección de los arquitectos municipales D. Amadeo Rodríguez y D. Rafael de Luque Lubián, posiblemente según diseño neogótico del también arquitecto D. Pedro Nolasco. Se inauguró por el prelado de la Diócesis D. Juan Alfonso Alburquerque, un 14 de enero de 1872, siendo alcalde de la ciudad Agustín Fuentes Horcas, y emplazada junto al Convento de la Merced en la esquina de la Avenida de América.

 Esquina de la Ermita, pisos de Renfe y viaducto.
Esquina de la Ermita, pisos de Renfe y viaducto.

Contenía en su interior, un retablo neogótico, que servía de marco al lienzo que representa al “Cristo del Pretorio”, popularmente conocido como el “Cristo de los toreros”, posiblemente por su contribución a la construcción y mantenimiento. Dicen que en este lugar se detenían los diestros a rezar, camino del desaparecido Coso de los Tejares

Parece que el obispo le preguntó a Lagartijo que estaba presente como uno de los mecenas de la Ermita:

-Don Rafael, ¿quién se va a hacer cargo del mantenimiento de la Ermita?

Respondiéndole el torero:

-La familia Molina, Sr. Obispo.

Esta familia se cuido de su mantenimiento hasta los años sesenta, luego después la cuidaron particulares. Ahora ignoramos quien la mantiene.

 Lateral de la Ermita, viaducto y entrada a la estación.
Lateral de la Ermita, viaducto y entrada a la estación.

Con motivo de la remodelación del “Plan Renfe”, tras su restauración, En 2003, fue ubicada en actual emplazamiento, casi frente del anterior, siendo éste el tercer traslado de la capillita del siglo XVIII, de la parilla del Convento de la Merced, en el callejón que formaba con la Huerta de la Reina, llamado de los Toros.

En los años cuarenta, en el diario Córdoba, se publicaba una pequeña reseña sobre la Ermita del Pretorio:

“En los días que precedían a la Semana Santa, en las últimas décadas del siglo XIX, la Ermita del Señor del Pretorio era objeto de especial atención por parte de los vecinos devotos del barrio del Matadero Viejo y se prodigaban las flores para adorno del retablo y rebosaban de aceite los farolillos que lo alumbraban.

Cuando los Piconeros regresaban de la sierra con su carga, se detenían ante el Señor del Pretorio para rezar. Era una plegaria de gratitud hacia la imagen a cuya protección se confiaba.

Con ellos compartía esta devoción Rafael Molina Sánchez "Lagartijo", cuya prodigalidad era bien notoria, mejoró a su expensas la capilla y él costeaba los gastos de su conservación. Y siempre que el “califa cordobés” toreaba, se encendían varias lamparillas y velas ante el Cristo. La piadosa costumbre no se quebrantó nunca y la buena suerte acompañó siempre al genial artista en su arriesgada profesión.”

Fotografías del autor y del AMC.
Bibliografía de Wikipedia y otras fuentes.

martes, 31 de agosto de 2010

EL MUSEO INTERACTIVO DEL CHICLE USADO


 Chicles usados
Chicles usados.

Esto no es una ampliación a la entrada de la calle de la Feria, primero porque es una curiosidad, también se puede interpretar como una tontería, e incluso hay quien pueda pensar que es una guarrería. Pero no se puede ocultar que es llamativo.

Todos hemos usado el chicle, desde que nos lo introdujeron, como tantas cosas los americanos del norte, los llamados yanquis: pantalones vaqueros; hamburguesas; películas del oeste, en las que siempre puteaban a los buenos, que para mí eran los indios pieles rojas, cosa que me generaba un intenso sentimiento de solidaridad con ellos, y que hacía que me sonara fatal la corneta del Séptimo de Caballería, a la vez que se llenaba de aplausos y zapatazos pro yanquis, en los escalones de madera del gallinero del Gran Teatro.

 Museo Interactivo del Chicle Usado, sala A
Museo Interactivo del Chicle Usado, sala A.

También con el rollo de El Álamo, en el que mi favorito era el General Santa Ana, que defendía al humillado pueblo mejicano, cuya frontera llegó hasta lo alto de California, incluyendo lo que ellos llamaron después el estado de la estrella solitaria, Texas, una vez robado el territorio. Esto me sonaba siempre muy parecido a los episodios de la Virgen de la Cabeza en la incivil guerra española, o lo del Alcázar. Era la utilización de la historia a voluntad, como hacen siempre los ganadores. Con su pan se lo coman. Era la glorificación de eso que llamaban héroes y que sólo era la muerte de inocentes.

El chicle era, como me decía mi madre, un elemento para “estragar” el estomago, para utilizar excesivamente los músculos de la mandíbula y que se nos pusiera la cara como el del anuncio del Netol. Luego estaba el “pegado de tripas” si tenías la desgracia de que en un momento de distracción pasase al conducto digestivo. ¿Qué pasaría? ¿Se pegarían las tripas como se pegaban los dedos al manipularlo y secarse? Era un sufrimiento adicional. Luego no pasaba nada y volvía al puestecillo a comprar otra porción el consabido Bazooka, “siempre en su boca” sabor a fresa. Muchas veces masticado en doble porción con el riesgo de que, al hacer un globo este se te pegara en la nariz, labio superior o la cara simplemente. O Cheiw, o cualquiera de las marcas que existían.

 Museo Interactivo del Chicle Usado, salas A y B
Museo Interactivo del Chicle Usado, salas A y B.

Bazooka era un artilugio de matar al personal de una guerra, un arma antitanque y en ese tiempo estaba en andanza la de Corea. No sé si el nombre venía de lo mismo. Pero otras cosas podían estar más lejos. Lo cierto es que, sin estar lamentablemente el mundo tan globalizado para nuestro pesar proletario como ahora, ya empezaba la colonización encubierta.

Bien, no voy a desvariar más. Lo cierto es que, dando un paseo para ampliar fotográficamente y de actualidad, los alrededores de la calle de la Feria; Ermita de la Aurora, calleja de Junio Galión, Portillo, Fuente, portada del Compás de San Francisco y demás, a la vuelta, a la altura del número siete, una vez pasada la calle Maese Luis, me encontré con el Museo del Chicle, dos postes de recogida de las distintas instalaciones telefónicas para una obra, soportaban toda una enorme gama de colores se chicles pagados en ellos, y a su vez, supongo, una muestra microbiana excelente, además de nuevas marcas publicitarias desconocidas para mí.

 Museo Interactivo del Chicle Usado, sala B
Museo Interactivo del Chicle Usado, sala B.

Por lo tanto si consume chicle –para los que tenemos algún tipo de prótesis dental es un verdadero drama usarlo-, si lo va a tirar, por favor no lo haga en el suelo -esto es un beneficio directo del Museo-, péguelo en cualquiera de los dos postes, y si no tiene espacio, o es bajito/a, con una pequeña escalera que se traiga de casa, o si le sube su novia o novio, puede utilizar el espacio superior de ambos postes. Ánimo, por la limpieza de las aceras, por una ciudad mejor, por el “dormidiecisei”, utilicen los postes del Museo Interactivo del Chicle Usado.

Fotos del autor.