miércoles, 3 de julio de 2019

TRASSIERRA, BUITRES DE LOS ESCARPADOS DEL ALTO DE LAS CABRERAS, RÍO GUADIATO, ARROYO DEL MOLINO, TRASSIERRA

Circular de Wikiloc

Sigue haciendo buen tiempo, no tenemos “estrés térmico”, por el norte, “calor de cojones” por el sur, estamos en el resto de España. Tres de julio, faltan cuatro para las locuras de Pamplona y el “riauriau”. Santa María de Trassierra, segundo hogar de Acisclo Jurado Arribas y Antonia Villaviciosa, allí ya tenían sus dos hijos Acisclo y Antonia y todos procedían de Villaviciosa. Ya estaba Acisclo en negociaciones para irse a vivir a Cabriñana y plantar allí sus lares, hasta el final. 

Aquí podemos ver las cotas.

Perfil del recorrido

Cosa curiosa, en los padrones del XIX, en Cabriñana sólo figuró su hijo Acisclo, y tenemos constancia de que allí vivió Antonia Jurado, su hija, porque Julio Romero, amigo del propietario de la finca la pinto en el cuadro “Las Aceituneras”, en 1904. De allí se la trajo para el altar Rafael Carreras, el barbero. Cantaor flamenco por el estilo antiguo, el de verdad, como decía Eugenio Noel, y guitarrista. Son mis antepasados, mis bisabuelos y abuelos, respectivamente, por línea materna.

En este plano del alto de las Cabreras no está la pista

Uno no puede sustraerse a esas historias, que están relacionadas con Trassierra, Villaviciosa y Cabriñana, sobre todo si paseas por esas calles que los vieron a  ellos hace más de un siglo. Tampoco se puede evitar que camino de La Caballera, para bajar por la pista al Guadiato, sienta uno pena por el edificio que fue Hotel Villa de Trassierra, un extraordinario establecimiento, en una ubicación especial, que fruto de mala gestión, o cuestiones bancarias, esté cerrado y cayéndose a pedazos. Y al hablar de la Caballera tampoco puede uno dejar de pensar en el propietario, afortunadamente longevo, si no noventa lo andarán buscando, el amigo Rafael Campanero. 

La pista

Los acantilados de Las Cabreras

O de cuando tuve una responsabilidad institucional y lo primero que me encontré en 1991, fue un enorme fuego en los Arenales y como estábamos en Torrehoria de perol, el camino más corto fue el que ahora llevábamos, para llegar al tajo y estar al pie del cañón. Allí lo que descubrí es que la propiedad de un buen amigo José del Olmo “Chico”, estaba toda quemada, salvo su casa, él sentado con su familia en la puerta con ese panorama, nos abrazamos y yo no sabía que decir. Aprendí directamente, sin anestesia previa, lo que es un incendio forestal y los daños que se producen.

Buitres en los riscos

Otra vista de los acantilados

La pista de bajada al Guadiato por La Caballera (buen vino tenía también), ancha, de pendiente suave. Antes de la cancela, a la derecha el camino de bajada, con brutal descenso, al Arroyo del Molino. Desde allí impresionante Pedro López, y los riscos de Vera o del Guadalnuño. Se señala la cañada que configura el arroyo citado, el del Molino, y la que esculpió el del Coronel, y también la más alejada, la del Bejarano, todas ellas tapizadas de un inmenso bosque de las más variadas especies.

Guadiato abajo

La cueva del Fato

Abajo como una serpiente plateada, el río Guadiato, sonoro, a su paso por las piedras y el puente, al que le hace falta una mano de pintura verde u otro color, en sus barandas metálicas. A la izquierda el impresionante travertino que contiene en sus entrañas la cueva del Fato. Cuantos kilos de carbonato de calcio hacen falta para esa enorme mole, y cuantos litros de agua han tenido que caer por ahí, y lo más curioso, de dónde.

Desde el puente el camino

El camino

Frente, el alto de Las Cabreras, aparentemente inaccesible por su lado sur, el que da al río, lleno de oscuros riscos agresivos, blanqueados de excrementos de los buitres que los habitan. Acantilados de casi trescientos metros. El alto de las Cabreras es una inmensa mole que configuran cuatro cotas, de 384, 469, 476 y 481 m.s.n.m. rivalizando esta última con el Cerro Romera de enfrente, de 482 m.s.n.m. Los buitres no estaban volando,  cada uno de ellos ocupaba un lugar en los riscos. Contamos diez o doce. A lo mejor volarían después de preguntarse entre ellos ¿Qué vamos a hacer? Como aquellos aburridos del Libro de la Selva de Disney. Echamos de menos unos buenos prismáticos o el zoom de mi cámara que no llevaba. Bajamos por el puente por el sendero rocoso de la orilla del río, para acercarnos a la desembocadura del Arroyo del Molino, que está como el ojo de un pirata tuerto, o de una princesa, la de Éboli.

Roquedal del margen izquierdo del Guadiato

Camino del arroyo del Molino

Ya hay una petición de la incansable Plataforma A Desalambrar, a la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, para tratar de saber qué pasa con el acuífero 18. Hay que preguntarse si le está pidiendo demasiado. Sin pararse a pensar que el llenado de un par de piscinas, de "ilegales residencias", significa la muerte de todo un lugar como son los Baños de Popea. El lugar es lo de menos, lo más grave son todas las especies vegetales y animales que lo habitan. Ni una gota de agua corre por la lengua travertínica de la poza principal, la que le da nombre. Unos modestos charcos de agua putrefacta han quedado en el impermeable suelo. Luego el molino. Comprobamos si la higuera que creció en el acueducto, encima del arco, pudimos o no con ella, antes de que ésta pudiera con el arco. Parece que sí que por lo menos esa no iba a destruirlo, para destruir nos bastamos los de las latas y plásticos.

El arroyo del Molino seco

Otro lugar del arroyo de Molino seco

Vimos la alberca de regulación del molino, la que me enseño el Prof. Recio, que continua aguantando en su lugar. Impresionante complejo fabril de su tiempo, utilizando la fuerza del agua, es inimaginable lo que pudo ser todo ese conjunto hidráulico, de diferentes molinos de cubo escalonados para aprovechar hasta la última gota de la preciada agua. Incluso la grafiosis no hizo tanta mella en este lugar como lo hizo en el Bejarano, pero la sequía o la infrautilización de los recursos, la sobre explotación de los mismos, puede acabar con un lugar hermoso. Ya vimos hace días que no hay agua tampoco en la Fuente del Elefante, y si a ello le sumamos las carencias de agua de lluvia, y lo que te rondaré morena, por estas alturas del verano, estamos apañados. 

El arco del acueducto del molino

La poza emblemática de la esposa de Nerón, seca

A la salida del camino una piedra, que dice el Prof. Recio que no debe de estar ahí, que la investigaron y tiene más de ciento veinticinco mil años de edad. Siguen en pie los postes de madera del camino, los que tratan de evitar que los artefactos mecánicos de cuatro ruedas accedan al lugar. A mitad del camino nos encontramos con unos amigos a los que hacía tiempo no veíamos. Ángel Martos, Luis Moreno y Pancho Gamero, por este orden. Lo principal la salud, es el tipo de conversación de la gente mayor, una serie de batallitas hospitalarias y luego lo que nos interesa, la ciudad y la disciplina de cada uno. Luis Moreno es quien más sabe de la Fuente de la Palomera, con diferencia, quien más la defiende, entre otras luchas justas que lleva adelante.

La alberca de regulación del molino

La longeva piedra travertínica del camino

Ángel compañero de fatigas de Pancho, siempre buscando, datando y dibujando alcubillas, doy fe porque he visto sus trabajos. De casta le viene al galgo, su padre fue un afamado y excelente pintor, Rufino Martos. Y de Pancho que decir, de amplios conocimientos hidráulicos subterráneos y de superficie, pero lentos de publicar, según el chiste de Ángel, cuando empezaron a trabajar las cuestiones del agua, no tenía nietos y ahora tiene cuatro. Nos despedimos. Yo me hubiera vuelto con ellos pero teníamos prisa. Y esto es todo lo que ha dado está mañana.

Fotografías del autor y de Google y Wikiloc
Bibliografia del tiempo pasado.

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