Ayer visité la exposición de Baltasar Castellá en la Diputación, aunque por problemas físicos, para evitar la escalera monumental y ver los frailes de las Ermitas (se ven también desde abajo) tuve que buscar un ascensor que está ubicado por el segundo patio, más o menos, porque unos trabajadores me recomendaron que no usara “el del presidente” como le llaman, al ascensor cercano a la puerta. Parece que la Diputación con el volumen de personal y presupuestario que debe mover, no tenga un ascensor adecuado a mano de los muchos disminuidos, temporales o permanentes, que la podamos visitar.
Plaza de Aguilar de la Frontera
“Orígenes de la fotografía en la provincia de Córdoba: el reportaje de Baltasar Castellá (1913-1916)”. “El comisario de la exposición, Antonio Jesús González, ha descubierto el fondo documental en la Biblioteca Nacional de Cataluña. Tras investigar el archivo, el fotógrafo cordobés ha localizado casi el triple de las 200 imágenes conocidas en la época, conservadas en negativos de cristal originales.” Sin saberlo, previamente, veía la mano de Antonio Jesús González en la génesis de la muestra, su labor investigadora y a la vez pedagógica tiene sus frutos. Enhorabuena. Imágenes de pueblos de la provincia; desde el campo industrial de Peñarroya-Belméz, del que sólo quedan algunas chimeneas desgraciadamente, hasta una imagen de Carcabuey, por bajar al sur, aunque están también los grandes núcleos de Cabra, Priego, Aguilar, etc.
Lo cierto es que es una maravilla poder ver como eran esas poblaciones en el primero del siglo XX (1913-1916), antes y durante la Gran Guerra, como se llamó a la primera guerra mundial. Gracias a la fotografía y a la labor de sus investigadores. Comprobamos a su vez que, las generaciones que nos precedan no tendrán los problemas de la nuestra, ya que el nivel actual de fotografías, vídeos, y otros soportes, aliviará el trabajo de los investigadores futuros. Nunca ha habido mayor cantidad de información visual y sonora que actualmente. Salvo que algún descerebrado (rubio o pelado) toque el botón, y el pulso magnético que suceda acabe con toda la información de un plumazo.
Merece la pena, a la vez que se disfruta de esos patios barrocos del Palacio de la Merced, visitar la exposición y visualizar esas extraordinarias imágenes del pasado, con esa máquina del tiempo que es la fotografía. Agradecer a quien las guardó, para que el comisario las haya podido encontrar. Lamentar que no sean las instituciones de nuestra tierra quien las custodiara. Ya que vienen de otras latitudes patrias. Calidad fotográfica, profesionalidad para saber captar el momento, y no saber cual es la mejor o son las mejores.
Fotografías de la Exposición y del autor


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