viernes, 11 de febrero de 2011

TORREPAREDONES (IV), CASTILLO DE CASTRO EL VIEJO O DE LAS VÍRGENES, FUENTE DE LA ROMANA.

Castillo de Torreparedones, de las Vírgenes o de Castro el Viejo

Dejamos el Foro y el Mercado incluidas las termas, el Santuario se quedó al sur, en resumen la zona noble. Seguimos subiendo la loma, curva a la izquierda para dirigirnos ahora hacia el oeste. Hemos dejamos antes, a la derecha, la bajada hacia la Puerta Oriental. Nuevamente dirección norte, la silueta del castillo de Castro el Viejo cada vez se hace mayor al fondo de la recta senda. La torre se nos presenta a nuestra vista, majestuosa como todas las torres y el lienzo sur de la fortaleza. Una pequeña explanada nos coloca en la cota más alta de la campiña, 580 metros de altitud sobre el nivel del mar en Alicante -esa era la definición correcta de la altura-. Nos podemos imaginar el paisaje desde lo alto de la torre, pues desde abajo la fortaleza nos reduce una parte de los 360º de visibilidad máxima.

Llegada al Castillo

CASTILLO DE CASTRO EL VIEJO O TORRE DE LAS VÍRGENES

A mitad del siglo XIII, cuando estaba en marcha la conquista cristiana de la campiña, el asentamiento de Torreparedones ya era conocido de la antigüedad como Castro el Viejo. En principio, cuando se conquistó, pertenecía al rey Alfonso X, luego en 1269 le fue entregada la plaza a Fernán Alfonso de Lastres, comendador de la Orden de Santiago y Alcaide del castillo de Baena. A finales del XIII la precaria situación económica y la inseguridad política de la región, hizo que su hijo Gonzalo de Lastres, al que apodaban el “Cautivo” se viera obligado a vender el castillo para pagar su rescate.

Llegada al Castillo 

El nuevo propietario fue Pay Arias de Castro, alcalde de Córdoba y señor de Espejo. Estamos en la época bajomedieval, y el asentamiento que nos ocupa estaba en la frontera castellano-nazarí, y era un lugar estratégico de tierras de frontera. La fortaleza habría sido de construcción cristiana, con planta trapezoidal y torres angulares de planta cuadrangular. Desde fines del siglo XV, el brutal despoblamiento de la zona hizo que se abandonara el lugar definitivamente. Los moradores se quejaban del mal estado del castillo y pasó a formar parte de los bienes de la ciudad de Córdoba, hasta que en el XIX, como consecuencia de la desamortización pasó a manos de particulares.


El nombre de Torre de las Vírgenes o cortijo de las Vírgenes, parece le viene al lugar por un santuario que se construyó por el siglo XVII y que fue dedicado a las mártires Nunilo y Alodia, jóvenes hijas de musulmán y cristiana, que murieron decapitadas en Alquezar (Huesca), y algunas de sus reliquias pasaron a Huéscar  (Granada), pues viajaron con el navarro Luis de Beaumont, al que los Reyes Católicos le otorgaron el Marquesado de Huéscar. Muchas familias navarras viajaron con él a las nuevas tierras y se trajeron sus creencias, y se supone trasladó de alguna manera la tradición a estos lugares.

Lado este del castillo

Dibujo de D. Aureliano Fernández

LA ATALAYA DE LA CAMPIÑA

Ya ha pasado el siglo XVI, el abandono de la población es un hecho. Aunque a pesar de la soledad del mismo no ha dejado de recibir visitantes, y la llegada a él, suponemos, sería por caminos impracticables. Uno de los visitantes fue D. Aureliano Fernández-Guerra, historiador, literato, epigrafista, coleccionista y anticuario. Nació en Granada (1816 - 1894), esporádicamente vivió en el pueblo de su familia Zuheros (Córdoba). En 1838, siendo todavía estudiante, le fue encomendada la cátedra de Literatura e Historia, puesto que desempeñó hasta 1839.

Fotografía de D. Aureliano Fernández Guerra

En la Web de la Universidad de Alcalá en la sección epigrafistas nos viene parte de su biografía de la que extraemos el apartado que nos interesa:

“Fue precisamente en esos años cuando también aprendió el oficio de epigrafista y cuando realizó la mayoría de las autopsias, calcos y dibujos de algunas inscripciones de Andalucía. A comienzos de la misma, en 1833, un descubrimiento excepcional se había producido en el "Cortijo de las Vírgenes" (Baena, Córdoba), el sepulcro de los Pompeyos (CIL II2/5, 409-420), del que realizó dibujos de todos los hallazgos y de la situación en que se encontraron las trece urnas que contenía, todas menos una con inscripción, indicando incluso los restos de minio que todavía se conservaban en alguna de ellas; levantó planos topográficos de la zona y recabó para ello toda la documentación necesaria tanto por medio del trabajo de campo como del de archivo. La satisfacción personal que le había proporcionado este estudio se vio rápidamente truncada: por primera vez fue víctima de un plagio, cuando tras enviar sus trabajos sobre el "Cortijo de las Vírgenes" al inspector de antigüedades Manuel de la Corte Ruano, éste los publicó en el Semanario Pintoresco Español. En otras dos ocasiones le sucedió lo mismo; una, cuando le plagiaron su descubrimiento de que el poema atribuido a Francisco de Rioja, "Las Ruinas de Itálicas", fue escrito por Rodrigo Caro y otra, una vez muerto, cuando el filólogo Julio Cejador y Frauca publicó parte de sus trabajos sobre las obras de Quevedo.”


Vista aérea del Castillo

Es necesario citar al erudito granadino en el ánimo de que cada uno se haga su propia composición de los hechos. No obstante dejando entrever su vena literaria de autor, aprovechamos la descripción que hace del lugar y su hermosa panorámica, en unos tiempos en los que la contaminación sería distinta de la que el sábado cinco de febrero nos estaba ocupando toda la campiña.

D. Aureliano dijo:

“Asomado ya a aquel balcón de Andalucía y atalaya de atalayas, según exactísimamente lo apellida el vulgo; absorto, al dominar desde aquella estación geodésica numerosas villas, fuertes en otra edad por lo elevado del sitio y por el ingenio del hombre; particularmente tocar la Peña d Martos, seis leguas distante hacia donde sale el sol, y al sudoeste la encumbrada población de Espejo, alturas ambas que se comunican inmediatamente con la Torre de la Vírgenes (Torreparedones); y contemplándome, a no dudar en una línea estratégica de pujantes fortalezas romanas, bien enlazadas entre sí, nunca eché de ver ni pude imaginar que en tal hora me asomaba a los altos adarves de la renombrada colonia inmune Itu Virtus Iulia, donde en principio de la guerra de los hijos de Pompeyo, hubo César de desplegar su valor y espíritu hazañoso…”.


Torre
Continuaba: 

“He aquí el inmenso panorama que desde ella se descubre: la villa de Espejo, al ocaso; más allá y más arriba, las célebres Ermitas de la Albaida o de Córdoba; Torre-Árboles, en la misma cordillera a 691 metros de altura la muy lejanas sierras de Espiel; el castillo de El Carpio; Adamuz, las remotas cumbres de la Venta del Puerto, sobre Montoro, en Sierra Morena (752 m.); Bujalance, al septentrión  Porcuna; Arjona (460 m.); la peña y castillo de Martos al oriente; las Bobadillas; la sierra de Ayllo, detrás casi de Alcaudete (1.455m.); la de Parapanda, hacia Illora, Torre del Montecillo; o de Pálvares; Baena; la atalaya de Zuheros; la altísima sierra de Lobatejo (1.380m), entre Zuheros y Carcabuey; la de Camarena, al sur de Doña Mencía y Cabra; Montilla y sus enhiestas cimas (403 m.); Montemayor; y allá en el lejano horizonte, Fernán Núñez detrás de Espejo”.


Ruinas del Castillo

Una descripción que, por sí sola, demuestra el espectáculo que presenta la naturaleza desde la atalaya de la Torres de las Vírgenes (las de Huesca) o Castro el Viejo de Torreparedones. Al leer su texto observo ausencias muy significativas, por lo menos para mí, Sierra Mágina, que estaba nevada, así como la topónimicamente Sierra Nevada de siempre, que tampoco la menciona D. Aureliano. El caso es poner faltas por mí parte.

D. Miguel de Colodrero y Villalobos, granadino que estudió Derecho canónigo en Córdoba y Granada, poeta amigo y seguidor de Luis de Góngora, fue administrador del Duque de Sessa, al que conoció posiblemente en 1627, cuando el Duque estuvo desterrado en Baena por un asunto amoroso. D. Miguel escribió sobre Castro el Viejo los versos siguientes:

“Castillo de Castro el viejo… 
cercado de caracoles 
te veo, cuando de cabe
de que algunos tontos hizo
la codicia mentecata… 
Adiós castillo de bien
 /envejecía compaña
de estas vírgenes prudentes
cuyas luces no se apagan.”

Vértice Geodésico

Señalar que el vértice geodésico, posiblemente indispensable, que tiene el castillo en su paño de muralla norte, le sienta como a un santo dos pistolas, o a San Abundio el cuchillo, pero ahí está, una plasta de hormigón con su columna, que en este caso no simboliza  a Dea Caelestis, sino al progreso. No quiero dejar de señalar el extraordinario observatorio astronómico que puede haber sido en la antigüedad, donde la paciencia en la observación, la agudeza visual, y la limpieza de la atmósfera permitirían disfrutar de unas extraordinarias noches astronómicas.

Vuelta sobre nuestros pasos nuevamente el cruce al Foro, y seguimos hasta llegar nuevamente a la puerta oriental, ahora todo cuesta abajo. Una breve visita a la Necrópolis del este, al lado del centro de visitantes, que días después facilitó una reseña la prensa en la noticia del periódico local. Y después de agradecer las atenciones del responsable del yacimiento, iniciamos la marcha, no sin antes parar en,

FUENTE DE LA ROMANA

Fuente de la Romana o Pilar de las Vírgenes

Pasado el fuerte desnivel del quince por ciento que ofrece la carretera -ya de vuelta-, en este caso pista de cemento, rayado por el necesario agarre, cuando la misma hace un giro a la izquierda, nos encontramos con la Fuente de la Romana, un enorme pilar al que desaguan dos caños, pero lamentablemente es un hilillo de agua el que sale de ellos.

Excavación en la fuente

Es posible que hubiese una relación directa del Santuario con las aguas, porque estas tuviesen algún poder terapéutico. Análisis actuales indican que el agua contiene algunas propiedades. Desde tiempos remotos abasteció a los habitantes de la zona y de momento el Pilar de las Vírgenes como también se la llamó se ha limpiado, y presenta un aspecto distinto  una vez se quitaron las higueras que había en la zona.

Uno de los caños




Fotografías y vídeos del autor, y de los paneles.
Bibliografías de los paneles y red.

2 comentarios:

  1. Qué buenísima información, Paco. Ojalá y esto llegue a mucha gente que desconoce la enorme riqueza que nuestra provincia guarda y se anime a visitarla. Tu labor es impagable. Visité Torreparedones hace tiempo, pero voy a hacerlo otra vez, porque ni sombra con lo que tus fotografías proclaman.

    ResponderEliminar
  2. La pena Rafael es que no ocurra lo mismo con Ategua, y ahí la culpa, o gran parte de ella es de este ayuntamiento, es una barriada de Córdoba. Se que se me puede decir lo de las competencias, pero es que no hacen nada por combatirlas, sí contrarrestan la cultura de la historia con un DC8 que quieren poner en el balcón del Guadalquivir, un dineral que va a costar su compra e instalación, y que no sirve ni está relacionado con nada.
    A mi me ha gustado el yacimiento, tienen carencias pero de momento se puede disfrutar de algo. Luego es que tiene muy poco excavado porcentualmente.
    Saludos

    ResponderEliminar

Debido a la proliferación de comentarios anónimos ofensivos, se moderará la entrada para evitar la publicación de estos. El resto, una vez se compruebe que no es un anónimo se publicará automáticamente. El debate enriquece, el insulto no, y mucho menos anónimo. Por lo que pido disculpas a quienes puedan sentirse molestos con esta medida.

Por otro lado si entra como anónimo el sistema no me lo comunica (y debo buscarlo periódicamente en una página interna), tampoco al comentarista le dice nada, ni lo mantiene al día de las novedades que haya en la entrada en la que ha hecho comentario, ni de lo que comenten otros usuarios. Gracias