viernes, 16 de abril de 2010

RAMASAMA


Un esfuerzo imaginativo de como sería Ramasama

Feria de mayo, mediados del siglo XIX. En las comunes barracas de exhibición siempre se presentaba lo más curioso; la mujer barbuda; el hombre más pequeño del mundo; el todo para hombres, y cuando entraban era un pico y una pala; fenómenos de la naturaleza en animales; pero en esta, en la que nos ocupa, un hombre fiera, como de neandertal prehistórico, cazado en la más profunda selva africana, era lo que se exhibía. Decían muy peligroso, y por ello tenía creado un perímetro de seguridad alrededor de la jaula, que impedía que alguien pudiese alargar la mano y el feroz hombre salvaje pudiera cogérsela, lo que podía significar su pérdida. Era un personaje una mezcla entre hombre de la prehistoria y fiera.

La gente como siempre entre la duda de no creer y la curiosidad entraba a verlo, y normalmente le guardaba el aire, con natural recelo. “Ramasama”, que era como se anunciaba el fenómeno, estaba dentro de la jaula casi desnudo, tremendamente peludo, primitivo, de una “ferocidad indudable”. La piel con que se cubría no se diferenciaba mucho de la suya propia.

La afluencia ese día era notable, los rugidos de “Ramasama” se oían desde el exterior. Movía los barrotes de su jaula tratando de salir, en un espectacular alarde de fiereza y fuerza. Una especie de domador, al que parece temía “Ramasama”. De vez en cuando le daba al monstruo con un palo, a la vez que pronunciaba unas palabras en un extraño lenguaje y éste se apartaba de los barrotes, no sin intentar coger el palo.

De pronto un olor a quemado se percibió en la caseta y por toda la feria. Alguien gritó:

- ¡¡Fuego, fuego, la feria está ardiendo!!

Sucedió lo natural, la desbandada del personal. Afortunadamente la caseta era de lona, y las puertas no eran obstáculo para salir. Pero he aquí que, el espécimen, el fiero personaje de lo más profundo de la jungla africana salió de la jaula como por arte de magia y corrió hacía la calle también. La gente una vez superada la primera impresión del fuego, se encontró en la calle, pero… el salvaje “Ramasama", estaba con ellos también y asustado.

De pronto uno se dio cuenta y gritó:

- ¡¡El monstruo!!

La gente entró nuevamente en una espiral de pánico, pero en esta ocasión los humanos “normales” se unieron para defenderse de la fiera, y con los más variados útiles, bastones, parasoles, e incluso las manos, le estaban propinando a susodicho monstruo una soberana paliza. El fiero y primitivo hombre de la selva, trataba de protegerse de los golpes como podía. Hasta perdió parte de su vestimenta de piel. El dueño de la caseta trataba de proteger a “Ramasama”, interponiéndose entre la gente y él. Los municipales también intervinieron en su protección, y se descubrió el pastel, el salvaje hombre de la selva, pidió clemencia en un perfecto castellano con acento del sur diciendo:

-¡Coño “ dejarme” ya, que soy un actor, que no soy un animal!

La fiereza del público, aumentó. Ahora no era para defenderse del monstruo, que ya sabían que no era, ahora era para resarcirse del ridículo que sentían, al sentirse estafados. Y así, el fuego acabo la carrera artística del hombre salvaje de la selva africana de la feria de Córdoba, pero también supuso una enorme tragedia que causó un gran destrozo en aquella feria, en la que ese elemento destructor hizo grandes estragos.

En una página de ABC del 8 de octubre de 1933, escribe, un colaborador "Menipo", en un artículo que se llama El Entoldado, una reseña sobre el hombre salvaje que reproduzco:

"...Las barracas que cobijan al hombre que come candela, a la mujer que se traga el baúl, a la vaca con cuatro cuernos, a las focas sabias, que saben decir, la papa, la mama, la sardina, y a Ramasama el hombre salvaje con piel de pantera y pelo de león, oriundo de Abisinia, que en el incendio de la feria de Córdoba se salió el solito de su jaula resultando ser un ex-consumista de Badalona, virtuoso del rugido..."

Fotografía: de la red, se desconoce la propiedad.

2 comentarios:

  1. joer Paco jajaja, lo que me he reído leyendo esta entrada pare jejeje, sólo con imaginar al pobre Ramasama bajo una lluvia de palos y gritando a pleno pulmón que no era un salvaje jajaja, de lo más gracioso que he leído últimamente amigo. Un saludo.

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  2. Gracias Amigo Talbanés.

    Era un empleado de consumos. Estaban en la entrada de las poblaciones para cobrar los impuestos reglamentarios. Le llamábamos consumistas. El pobre hombre tenía comer.

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